
El video ( 1) que supuestamente ha grabado un vecino del pueblo asturiano de Soto Cangas acerca del dueño de un hotel rural que ha denunciado, con éxito judicial, a otro vecino que tiene una casa contigua a su hotel porque sus gallinas molestan a los hospedados , se ha vuelto viral.
Y no es para menos porque de la anécdota y de las reflexiones que se recogen en el vídeo se desprende una ácida crítica a cierta versión de esa nueva modalidad de colonización que se ha venido en llamar » turismo rural».
Pues en efecto, y como queda muy claro, algunos ( y algunas, of course) de quienes se acercan a estos establecimientos pretenden que se les ofrezca una naturaleza adaptada a la idea que tienen de La Naturaleza, que como toda idea, es ideal (» de la muerte» que diría una querida amiga).
Y cuando no es así, cuando este personal » cara-pijo» y » pecho- palomo» ( sic) no se encuentra con cantos programados de pajarillos y atardeceres orgásmicos, sino más bien con gritones gallos matutinos , olorosas y pringosas bostas de vaca, o, como en este caso, ruidosas por libres gallinas , se queja » a la dirección » como si esta pudiera cambiar a su merced el rigor rítmico de lo natural…
Y, en fin, que todo esto se convierta en un casus belli, y que haya alguna autoridad que se avenga a terciar y que sentencie contra un gallinero , más allá de parecer un episodio surrealista digno de Luis Buñuel ,sólo es comprensible en un lugar en el que se piense que se ha llegado a la post-modernidad sin tener la menor conciencia de la modernidad…
Por eso, quizás, el testimonio vivo y en ocasiones escatológico que se ofrece resulta tan directo como relevante…
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