
El sociólogo Maurice Halbwachs apuntó que la memoria individual está sustentada en la memoria colectiva que, a su vez, se organiza en función del grupo familiar, la clase social y los vínculos religiosos e identitarios.
De aquí que el contraste entre los relatos de las diferentes memorias individuales sea tan enriquecedor, sobre todo cuando parten de espacios sociales próximos pero diferentes.
Y este eficaz contraste es el que nos ofrecen Iñaki Arbilla y Eduardo Laporte en su reciente Pamplona- Iruña, dos orillas ( Ed. Eunate, 2026), pues tomando como referencia la capital navarra en su conjunto, y ordenada según una temática amable pero ambiciosa – los orígenes familiares, el mundo colegial, los sanfermines o los veranos , entre otros – , muestran las diferencias entre la vida cotidiana del barrio de La Rochapea y la del Ensanche capitalino.
Y cada uno de ellos lo hace alternativanente, sin pretensiones protagonistas, describiendo , en ocasiones con nostalgia,su infancia y juventud en la Pamplona de las últimas décadas del siglo XX, y con la habilidad de quienes tienen detrás una ya dilatada trayectoria literaria y artística.
Ni que decir tiene que, a pesar de la diferencia generacional- yo pertenezco al baby-boom, ellos forman parte de los xennials – me he sentido evocado toda vez que mi infancia y gran parte de la adolescencia transcurrieron entre la huerta familiar de los Huici de la Rochapea y el Paseo de Valencia, territorio de los Urmeneta, bajando y subiendo, y cruzando una y otra vez el río Arga, poderosa arteria de la ciudad.
Una obra , en fin, que se suma con acierto a los relatos autodiegéticos que contribuyen a ilustrar nuestro pasado desde diferentes perspectivas, alimentando esa memoria colectiva que siempre resultará discutible y discutida, pero que será y es memoria al fin y al cabo…
(c) by Vicente Huici Urmeneta