
Una lectora, a lo que se ve culta ( por las referencias) y que responde al nombre o nick de Miren, me ha enviado esta nota que reproduzco porque da una visión un poco diferente del día de hoy:
«Todos los llamamientos que he escuchado a lo largo de esta campaña electoral han sido para votar. Para votar a los grandes partidos estatales, supuestamente constitucionalistas, o a sus hijuelos pródigos ( y también a uno sietemesino), o a aquellos partidos nacionalistas periféricos que tanto pueden condicionar el futuro gobierno español.
Incluso un grupo de artistas y escritores mayormente madrileños, ha llegado a proclamar en un manifiesto que » hay que estar alerta contra la abstención, porque, como el centro, es de derechas».
Nadie, sin embargo , ha recordado la opción del voto en blanco que tanto le gustaba a José Saramago por ser una forma de abstención activa.
Y es que probablemente, y más dadas la circunstancias , no vale sino el voto que es contablemente útil.
Pues al cabo las elecciones lo son siempre de un Estado, mayor o menor, global o local , y la Estadística ( es decir, la Ciencia del Estado) articula su monopolio de la violencia legítima en este caso democráticamente ( Max Weber.Y es que, en última instancia, lo que se dirime, al menos políticamente, es el reparto de esa violencia, una vez legitimada.
Y sí, dan ganas de votar y muchas , si se desea inclinar ese reparto decidídamente hacia algún lado- – y en mi caso, lo tengo claro- …Pero también de no hacerlo, abandonando, como Arquíloco, el escudo democrático, por miedo o por sabiduría, para huir ya sin peso alguno en medio del fragor de la batalla de tanto macho y marimacho…»








