Como he dicho lo haré con mucho gusto y por tres razones.La primera y la más importante porque se trata de un amigo de una larga duración en la que hemos compartido avatares varios tanto en lo personal como en lo profesional.
La segunda, en tanto que académico, pues en su momento tuve la oportunidad de formar parte del Tribunal de la Tesis Doctoral en la que se fundamenta este libro y que obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude.
Y en tercer lugar como editor, ya que que desde el primer momento me ocupé de encauzar el texto que desarrollaba aquella investigación hacia una obra adsequible que recogiera lo fundamental de esta sugerente y amplia aportación.
Una aportación que desvela, desde un punto de vista multidisciplinar, la trama de roles que desempeñamos en la vida cotidiana así como la sublimación estética tan histórica como por otro lado atemporal que ha supuesto la existencia del teatro como arte y en el que el autor ha estado implicado durante largos años, sobresaliendo su trabajo como director de la famosa compañía Maskarada.
Es de esperar que esta obra , prologada por Carles Sans (Tricicle) e ilustrada con fotografías de Ernesto Valverde, sirva de referencia para quienes han estado , están y estarán implicados directamente en la escena, pero , sin duda, otros profesionales del mundo de la sociología , la psicología o la antropología pueden sacar mucho y buen provecho de ella.
«Tome el que escribe asunto que no sea superior a sus fuerzas…»
El amigo Sarrasketa, al parecer, está haciendo lo que yo debería,es decir, una revisión a fondo de este blog al límite de las 1.500 entradas.Y me ha propuesto que reproduzca de nuevo una vieja columna que «empalmaría muy bien con la anterior» y que en su momento se tituló DE PISONES Y PISOTONES.
Así que hay va:
De Pisones y pisotones
«Estoy sentado en la minúscula terraza del Bar Avenida, mordisqueando una de sus célebres «felipadas» y bebiendo, a pequeños sorbos, una caña. Espero a M. que tiene que terminar su bolo en la Alhóndiga-Iñaki Azkuna Zentroa en un cuarto de hora.
En lenguaje del nouveau roman, a dieciséis grados y tres minutos por el oeste atisbo una sombra que se mueve con gestos compulsivos en torno a lo que pudiera ser un teléfono móvil. Cada tres minutos arroja impetuosamente una colilla que cae junto a mi zapato izquierdo sin apagarse. Comprobado el ritmo del proceso, a la tercera colilla me veo en la obligación de apagarla, ya con un pisotón manifiesto, y la sombra se eleva sobre mi y oigo un a modo de gruñido y, a continuación, pasos que se alejan. Y recuerdo que una vez Miguel Sánchez-Ostíz me recomendó un libro que todavía tengo pendiente de leer: Molestias del trato humano, de Juan Crisóstomo de Olóriz.
Viene M. y le cuento el susedido. Sonríe por no reírse. “Es que te lo tomas todo demasiado a pecho. En vez de enfadarte por usar el cenicero grande y no ese pequeño que tiene sobre la mesa, deberías pensar en la carga de trabajo – como se dice ahora- que su expansiva actitud aporta al colectivo de trabajadores de la limpieza”.
Hago una cambiada y le pregunto por su conferencia, charla o lo que sea (tenemos mutuamente prohibido acudir a las que da cada uno pane lucrando: así nos ahorramos esa frase fatal del «¿qué te ha parecido?» y podemos mantener nuestra amistad.
Está satisfecho pues, según dice, ha conseguido que al menos una persona haya decidido dejar de escribir. «Pero», le pregunto, » ¿no habías venido a un taller de creación literaria?».»Así es, pero recuerda el <Sumite materiam vestris, qui scribitis, aequam viribus> de la Epistola ad Pisones de Horacio». «Ya, ¿y en cristiano?»- «Tome el que escribe asunto que no sea superior a sus fuerzas…«
Y yo me quedo pensando en cuántas veces nos metemos en asuntos que son excesivos para nuestras fuerzas, desde pincho-potes amistosos hasta deportes de no-riesgo: la próxima vez me guardaré y muy mucho de dar pisotones demasiado expresivos…»
Y pues sí que esta escriturilla tan antigua empalma y bien con la última, pues háblase de lo mismo mas desde diferente punto de vista – ¡ Cielos, qué clásico que me he vuelto de pronto!- Y la recomendación mayor para el colectivo de lletraferits– esa Epistola de Horacio llamada también Arte Poética- es de las mejores que han salido de aquesta mi pluma (O, my god!)…
¿Qué es preferible, una felicidad mediocre o un dolor superior?
En las primera páginas de la excelente y voluminosa biografía de Josep Pla escrita por Xavier Pla ( Un cor furtiu, Destino, 2024) se reproduce una anotación de la versión manuscrita de El primer quadern gris , de 1918, que dice «És horrible no tenir cap il-lusió- mes que aquesta secreta i diàbolica il-lusió d´ escriure a la que ho sacrifico tot. Què és preferible, una felicitat mediocre o un dolor superior?»
¿Qué es preferible, una felicidad mediocre o un dolor superior?…En 1918 , Pla tenía 21 años y podía escribir algo así como si la alternativa pudiera presentarse en perfecta equidistancia y dotada de la pertinente claridad y la oportuna distinción.
Pero en su caso, y en la mayor parte de quienes se han dedicado y se dedican a la creación artística, la pregunta no deja de ser una impostura pues no tienen otra opción que dedicarse , en la medida que les sea posible- o sea, en la medida en que si no hay venta haya renta, que diría Pierre Bourdieu- a alguna «secreta y diabólica ilusión».
Además, y como ya se ha repetido en numerosas ocasiones desde Aristóteles hasta Freud pasando por Nietzsche, esa dedicación es su forma única de «estar-en-el- mundo», o de socializarse, en términos psico-sociales, y de aquí que sea tan necesario , más si cabe que nunca, distinguir entre su obra y su vida, y acaso entre su personaje y su persona, siendo preferible aquello de «know the poetry, not the poet» que mentaba T.S. Eliot en su famoso The sacred wood.
Pues también es muy conocido que una vez poseídos y poseídas por la musa correspondiente, sus vidas suelen ser una sucesión de desequilibrios que en muchas ocasiones, se fagotizan a sí mismas en una abdución que tan hábilmente se exponía en aquel film titulado Arrebato, de Ivan Zulueta.
Pero, por supuesto, y a pesar de todo ,hay quienes encuentran en esa forma de estar en el mundo el equilibrio que no pueden conseguir en otras maneras de vivir, como ya lo expuso Robert L. Stevenson en su Carta a un joven que se propone abrazar la carrera del arte, texto que quizá debería leerse antes de dejarse llevar por la bandera de un dolor superior…
¿Toda esta gente hubiera sido capaz de tragarse toda la película en ese 2D desvaído?
A lo largo de estos ocho años en los que vengo publicando estas escriturillas gracias a la generosidad de este rotativo y que van a sumar unas mil quinientas ( ¡1.500!), ha habido muchos seguidores explícitos e implícitos, a quienes aprovecho para agradecer y mucho su atención.
Entre los primeros, últimamente el más proactivo está siendo un tal SARRASKETA del que algún día tendré más datos que su seudónimo. Pues bien , el ( o la) colega en cuestión me ha recordado una columnilla que hace tiempo yo escribí pensando en mí y que no sé por qué le ha parecido que debería volver a poner en circulación.
Y así lo hago, sin más, como dicen ahora los adolescentes, si bien bajo el nuevo título que S. propone ,para fermento de rostros cariacontecidos:
«Acabo de salir del cine. De la película no voy a hablar pues, aunque recomendada, me ha parecido un bodrio más de esos que circulan entre lo que antes se consideraba engagé y una sensiblería tan de moda como infantil. En esta cuestión, como en tantas, no he podido traspasar la barrera de los años setenta- ¡Ya quisiera alguien hacer algo parecido a Tarde de perros, de Sidney Lumet!
No, voy a hablar de la sesión en cuanto que tal. Para ello, y en primer lugar, he de describir mi situación al modo del nouveau roman: sentado en el extremo de la fila 5 asiento 11, en una sala sin pasillo central, tenía por delante un grupo de veinteañeros que formaba , ya en la oscuridad, una barrera multicolor mientras tecleaban con ardor sus teléfonos móviles; por detrás, una cincuentona se abanicaba a ritmo de tendido de sol aunque yo más bien me había arropado ante el frío glacial habitual en estos recintos ; y a mi derecha , un señor bastante entrado en carnes deglutía sin cesar ( y ostentoreamente que hubiera dicho Don Jesús Gil y Gil ) más y más palomitas que sacaba sin descanso de una bolsa big-size.
Pues bien, pasados diez minutos de la proyección y teniendo en cuenta que era una película en 3D, yo no alcanzaba a ver sino un 2D desvaído por lo que se me han ocurrido tres hipótesis: a) que mi nervio óptico se había dañado repentinamente; b) que las gafas que me habían dado ad hoc ( previo pago de 1 euro) no eran las adecuadas ; y c) que había algún problema en la cabina. Descartadas las dos primeras hipótesis tras las oportunas averiguaciones, he decidido levantarme, y ante la conmoción general básica y sucesiva, atravesar doce asientos para llegar al pasillo y alcanzar la salida.
Ya fuera, me he encontrado con un acomodador somnoliento al que le he contado mis cuitas. Se ha encogido de hombros, ha dado media vuelta y ha desaparecido tras una puertecilla en la que ponía «PRIVADO». Al cabo de unos minutos ha salido y ha dicho » Ya está».
He vuelto a la sala y a mi asiento. Me he colocado las gafas y he comprobado que veía perfectamente. Por delante y por detrás, y a mi derecha todo seguía igual. Y entonces he pensado… ¿Toda esta gente hubiera sido capaz de tragarse toda la película en ese 2D desvaído? Y he recordado a tantos dirigentes (de familias, municipios y sindicatos) que con un gesto de sufrida humildad suelen decir: «Esto es lo que hay». Y me he dormido».
Any way, me ha parecido que para compensar estas lineas acaso tan delicuescentes, y visto el finde que se nos aproxima, no está de más aportar esta amplia reflexión que ha hecho al respecto Juan Ignacio Pérez Iglesias (Iñako) en su blog Conjeturas y que se títula: «Lo que nos jugamos el 9 de junio».
Tras el sentido homenaje que recibió Patri Urkizu el lunes con ocasión de la concesión del Premio Pluma de oro en la 54 Feria del Libro de Bilbao – y que me permitió saludar a viejos amigos sin incurrir en aquello que Pla llamaba dolorismo recreativo tan propio de estas nuestras edades – ayer por la tarde acudí a la Biblioteca de Bidebarrieta.
Bajo el título de «Amores y pecados capitales», se desarrolló un interesantísimo coloquio entre Karmele Jaio(Premio Pluma de plata 2024) y Goiatz Labandibar- que recibió el premio Zazpi Kale de la mano de Jose Agustín Iturri, presidente de la Cámara del Libro de Euskadi- a cuenta de la presentación de sus respectivos libros Maitasun kapital y Bekatua.
El interés del acto residió, en mi opinión, en dos aspectos , uno explícto y otro implícito que se manifestaron sin solución de continuidad.
Así, por un lado, y gracias a la habilidad de la presentadora, Idoia Jauregi,se fueron entrelazando varias y diversas aproximaciones de la percepción que algunas mujeres de diferentes generaciones pueden tener del mundo amoroso, con sus sentimientos a veces contrapuestos, destacando la importancia del autoconocimiento así como del respeto y el reconocimiento mutuos, apuntando levemente hacia una sororidad de larga duración.
Y por otro lado, la condición de que el debate transcurriera tanto en castellano como en euskera, proporcionó un botón de muestra más de que también en esta última lengua se pueden tratar sin remilgos y con un punto de vista diferente los temas arriba comentados.
En un reciente artículo acerca de la supresión de las lecturas obligatorias en las próximas pruebas de acceso a la universidad en Catalunya, Magí Camps recordaba aquello de que «si no lees, no pasa nada, si lees pasan muchas cosas» ,algunas tan sugerentes como las señaladas, y eso a pesar de que a la hora de planteárselas los escritores, en esta caso las escritoras, continúen afirmando que, como dijo en su momento Roland Barthes y dejó caer Karmele Jaio, en principio escribir es un acto intransitivo…
Desde que en Europa la política ocupó el lugar de la religión como criterio de dilucidación ideológica – o sea, más o menos desde el siglo XVIII- tanto la izquierda como la derecha han utilizado el mecanismo mesiánico para intentar tomar el poder y, al parecer, lo continúan haciendo, configurando muchas variantes, algunas de ellas claramente etno-nacionalistas y/o populistas.
Ha habido muchos comentarios sobre el artículo del profesor Martínez a que se refería la última columna – DE RODODENDROS ( elecciones y democracia)– pero solo se ha publicado uno que no contenía insultos ni descalificaciones – para eso ya tenemos a «los parientes mayores» y a «los padres ( y madres) de la patria».
La piedra de toque ha sido mayormente cierta indignación ante el reconocimiento de la política referencial de hogaño como una variante civil de la religión tradicional de antaño.
Al respecto, quiero recordar hoy una frase de Josep Pla, esta vez referida al fascismo mussoliniano : «La gente estaba bien, pero una vez leída la propaganda, le parecía que estaba mal».
Pues bien , he aquí otra magnífica muestra de mesianismo , en este caso fascista, en una vertiente civil que no puede apenas ocultar su profunda raigambre judeo-cristiana. Pues todos los mesianismos, implícitos o explícitos, parten de este principio de desvelamiento de una supuesta penosa situación para, a continuación, sumirse en el acaramelamiento en torno a un líder salvador – el supuesto mesías- que con su autoridad carismática -Max Weber dixit – dirige a las sensibilizados, a veces naciones enteras, supuestamente hacia la libertad.
Las pautas últimas de comportamiento de estos movimientos mesiánicos pueden encontrarse sistematizadas en el libro bíblico del Éxodo ( lectura muy recomendada) pero se hallan convenientemente socializadas en muchas partes del mundo por medio de la enseñanza de las religiones semitas en cualquiera de sus variantes.
Curiosamente, desde que, en Europa, la política ocupó el lugar de la religión como criterio de dilucidación ideológica – o sea, más o menos desde el siglo XVIII- tanto la izquierda como la derecha han utilizado el mecanismo mesiánico para intentar tomar el poder y, al parecer, lo continúan haciendo, configurando muchas variantes, algunas de ellas claramente etno-nacionalistas y/o populistas, sin que se puedan atisbar otras posibles alternativas salvo las precisamente apuntadas por Paco Martínez.
Bien es cierto que el sociólogo Karl Mannheim, en su obra Ideología y Utopía , otorgó el carácter de utópicas a aquellas formas de pensamiento que denunciando situaciones sociales opresivas, incitaban a la movilización social, pero cualquier movilización, por mucho que pretenda cambiar las cosas a mejor, no consigue necesariamente su objetivo: el mismo Mannheim hubo de exilarse a raíz del triunfo del nacional-socialismo alemán. Pues el mesianismo, en cualquiera de sus variantes, es, sin duda, desde su origen y en su práctica, un irracionalismo.
Pero, en fin , parece que si hay alguna mentira más allá de todas las mentiras sobre la condición humana no es sino aquella que decía » Historia, magistra vitae», pues la estupidez masificada, y más si es programada – y ahora convenientemente difundida por las redes sociales- neutraliza cualquier capacidad de reflexión, y más bien anima a salir a la calle cantando de nuevo un a modo de aquello de «Por Dios, por la Patria y el Rey…»
Dicen que cuentan que en una ocasión, dando un paseo con un amigo, el célebre poeta Rubén Darío se detuvo de pronto extasiado ante un arbusto floreado y que preguntó qué era aquello, a lo que su amigo le respondió : «Esto, querido Darío, es un rododendro, uno de esos arbolicos que sueles mencionar tan a menudo en tus poemas».
Es sin duda excusable que en el mundo de la literatura se le pueda conceder a Darío y a otros tantos una licencia poética como la que se manifiesta aquí, incluso aunque asuma una dimensión ontológica en versión nominalista, pero no está muy claro que tales excepciones sean trasladables a otros ámbitos de la vida como, por ejemplo, la política.
Y así ocurre en algunas circunstancias que a los políticos se les llena la boca con palabras como Constitución o Democracia , pero luego se les tiene que recordar algunos artículos frecuentemente olvidados de la primera y varios procedimientos establecidos en la segunda, lo cual que resulta bastante penoso.
Ahora que se acercan unas nuevas elecciones en medio de la astenia primaveral en la que mayo mucho marcea, convendría no olvidar estas distinciones ,pues es legítimo llamar a la participación tanto para ganar como para derrotar, para detener o, en su caso, aislar, arguyendo «que nos jugamos mucho», acaso «el todo por el todo», configurando estos comicios casi como revolucionarios en la medida en que de ellos dependería una radical alteración de lo que hasta ahora tan solo ha evolucionado, sea el huevo de la serpiente o el fuero y el huevo.
Pero alzando la mira, en ese nivel macro-político es más que posible que , como le hacía decir Giuseppe Tomasso de Lampedusa al Príncipe Salina en El Gatorpardo , todo cambie para que todo siga igual, porque así es el juego político, y sea quien sea quien tenga el mando en plaza, nadie va a renunciar al marco liberal burgués que todos llevan en su esencia y que es la condición de su existencia.
Y si bien, en primera instancia, es posible que al menos podamos librarnos de aquello de que «volverá a reír la primavera que por cielo, tierra y mar se espera», todo apunta a que los verdaderos cambios (¿revolucionarios?) provendrán más bien, como ha comentado mi viejo amigo Paco Martínez, de que se creen la condiciones para ellos, para lo cual se precisa un esfuerzo colectivo y cotidiano de muy larga duración, sorteando con habilidad los enjuages ling¨´üísticos que confunden las palabras y las cosas… Por ejemplo, los rododendros con los rododendros, o la democracia con la democracia…
Según vengo comprobando una y otra vez, en las presentaciones de libros de narrativa suele haber un a modo de contención a la hora de hablar del contenido para , según se dice, «no hacer spoiler».
Curiosa expresión este anglicismo que se usa con el sentido de ‘revelación de detalles de la trama de una obra de ficción’, según la RAE que , a su vez, recomienda usar en su lugar destripe ( como acción de ‘anticipar el desenlace de una historia a quienes no lo conocen») que ciertamente suena «más peor» – que dirían en la Ribera- y otro sí, menos cuqui.
Pero justamente «spoiler» era lo que se hacía en la Grecia clásica al resumir antes de cualquier representación teatral el argumento de la obra, pues la importancia se otorgaba no tanto a la trama sino a la forma en que se (re)presentaba, es decir a la habilidad expresiva de quienes actuaban o cantaban y a los «decorados» que les rodeaban.
Este rito o costumbre, por lo que se sabe, se fue manteniendo durante la Edad Media y hasta los albores de la modernidad ,y acaso fue progresivamente desapareciendo cuando la novela asumió la primacía social frente al teatro (Bourneuf, R. – Ouellet, R. La novela ,1983) ,acentuándose con las novelas por entregas de los primeros periódicos y más adelante, de mano de la novela negra, madre de todas las intrigas que en el mundo de hoy son, han sido- ¿y serán?
Pero, aun así, no parece que la elusión del» spoiler» permita generar muchas expectativas pues salvo contadas ocasiones los argumentos son tan canónicos como repetitivos, pues como destacaron los formalistas rusos con Vladimir Propp a la cabeza, las situaciones y los personajes son limitados a pesar de sus aparentes variaciones.
Así que, bienvenidos sean todos los «spoiler» posibles, pues de esa manera se dirigirá la atención hacia la evaluación de la forma en que se presentan los argumentos, con lo que , de paso, se podrá valorar mejor el trabajo de creación que hay detrás de lo leemos línea tras línea…
Siendo conocida mi inclinación por la literatura japonesa, hace unos días me llegó por correo 100 HAIKUS (Lapislàtzuli, 2024), de Valentín Gómez-Oliver.
El autor (Barcelona, 1947) cuenta con una dilatada trayectoria como profesor en La Sapienza y en la Università degli Studi Roma III y en tanto que experto en literatura comparada, así como traductor y escritor.
En esta ocasión, Gómez-Oliver ha elegido un centenar de haikus de entre los muchos que ha escrito para presentarlos en forma de libro a lo largo de cinco capítulos, en los que las ilustraciones del propio poeta se alternan con traducciones de los poemas , originariamente escritos en catalán, a diferentes lenguas como el castellano, el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el japonés.
No hay duda de que en esta recopilación se lleva a cabo un uso singularmente personal de esta breve forma poética japonesa tan sugerente , pues por un lado, y desde el punto de vista formal, cada haiku incorpora una inusual rima generalmente en consonante entre el primer y tercer verso , esbozando entre los dos últimos un a modo de contraste sorprendente (¿kireji?).
Y, por otro lado, su temática es muy variada , pues yendo más allá de los motivos habituales con su correspondiente mención estacional (kigo), asume breves apuntes reflexivos aproximándose al aforismo- Inte.ligècia: ho fa la pensa:/ aprende coses noves/ gran recompensa (XLIII)- o desarrollando un anecotario referido a personajes históricos y mitológicos – Minotauro: Animal mitic/ meitat home i toro/Teseu fou crític (LXV) – o a coyunturas recientes- Coronavirus: covid-19/ s´ amaga i ens tortura/ un virus nou (LIX)-.
Conclusivamente, ambos aspectos confieren a 100 HAIKUS una particularidad acaso objetual, más allá de los principios teóricos tradicionales en los que se ha articulado mayormente la creación haikista.
Quedando a la espera de una prometida antología de los haikus de Gómez-Oliver en euskera, he de confesar que para mí, que en estas lides soy más bien clásico, uno de los mejores de este libro es el titulado Sicilia: el taronger/ l´ olivera, la vinya, / el mar proper (XXXIII)…
El cruel conflicto que se está desarrollando en Gaza está teniendo también eco en el Taller de Escritura que coordino. Una buena muestra de ello es este texto de Valen Riaño:
«Mis ojos lo iban escrutando todo. Cualquier detalle era vital, y eran muchos. El dolor me absorbía. Sin poder resistir empecé a llorar, no podía soportar lo que veía. Maldije la decisión. – ¡Vaya sueño de mierda! Se me escapó de los labios. Me di la vuelta y volví al hotel.
Cuando vienes de la civilización, la guerra es un horror. No piensas en los motivos, en la posibilidad de la liberación con la barbarie, solo ves el horror.
No hay futuro, solo presente. Y el drama es el presente.
En mi habitación pensaba en el papel que había elegido. Las cámaras encima de la cama me esperaban ansiosas, dispuestas a captar el escándalo.
Pero, ya no tenía esa necesidad. Los disparos reales y los morteros impactando en los edificios, me habían centrado en una realidad sin destellos de color, en un blanco y negro de miedo y dolor.
Revolví en mi cerebro, rebusqué en las ilusiones de la Escuela, donde nos enseñaban a seguir la noticia hasta el final. No encontré esa lucecilla, solo vi la desgracia y la indignidad.
Seguí allí parado, y pensé en mis padres, en sus rabias, en las angustias que vivieron en su conflagración. Y las lágrimas me volvieron a desbordar.
Así recuperé la chispa. En el fondo, era por ellos, por todos los silenciados, por lo que había elegido este camino.
Recogí el chaleco amarillo de prensa, las cámaras y el teléfono.
Necesitaba, no ya la foto del “pulitzer”, el triunfo, el reconocimiento ajeno.
La imagen denuncia, esa era mi lucecita, y necesitaba el grito, el alarido de la rabia.
Con el pensamiento erizado comencé mi caminata, moviéndome entre la destrucción. Una ráfaga de metralla me hizo retroceder.
– Unos pasos de precaución nunca están de más. Pensé, mientras me agachaba. Metros y metros, agazapado, esquivando el odio de todo aquello. Un combatiente, a mi lado, me gritaba, en mi protección. Y yo entre los escombros. El fuego de un edificio iluminaba la oscuridad de la mañana. No se oían voces, solo disparos, el sonido del tableteo. El combate era angustioso, directo, el enemigo enfrente, el exterminio gritando.
Di la vuelta, entre los cascotes de un edificio derruido. Y allí estaba mi horror, mi denuncia en imagen. Lo vi fácil, lo vi real, lo vi miserable. Pensé en el horror, desde fuera, sintiéndome el denunciante.
Una cría, de apenas 6, 7 años, haraposa, sucia, con los ojos negros infinitos, sujetaba a un bebé inmóvil, desvencijado, sin vida, entre sus brazos. No lloraba, solo miraba, solo sentía como el calor le abandonaba, cómo se quedaba sola en un mundo hambriento de muerte, sin padres, sin hermano, sola.
Le di al disparador de la cámara, una y mil veces, queriendo olvidar aquello, queriendo inmortalizarlo. Entonces sí lloré, intentando lavar la conciencia de mi culpa, en la vergüenza de ser persona.
Me agaché y les abracé, en mi desagravio. Oí otro clic, detrás de mí.
La historia la recompuse de camino del hospital, internet hizo el resto. Mi noticia se publicó con éxito. Me sentí reconocido.
La foto dio la vuelta al mundo, no la mía, sino la de mi compañero. El premio fue para él. Pero yo conseguí uno mejor.
Han pasado 4 años, y aún recuerdo aquello con lágrimas. Pero ahora mi hija de 10, juega en los columpios y en sus ojos negros, ahora, hay felicidad».
[VHUk argitaratuta]
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