
«Si vis pacem , para bellum», o sea, si quieres la paz, prepara la guerra, decía un viejo adagio latino basado en Epitoma rei militaris, del escritor del Imperio romano Flavio Vegecio Renato, y Karl von Clausewitz , afirmaba en su obra Vom Kriege ( De la Guerra, 1832) «La guerra es la continuación de la política por otros medios».
La diferencia entre estas dos afirmaciones es crucial a la hora de comprender, una vez más en sentido weberiano – que no explica para justificar – ,qué está pasando en Ucrania.
Porque el texto del relato que está llegando a través de los medios de comunicación con gran profusión audiovisual, en ocasiones más engañosa que empíricamente comprobable, anula mayormente el contexto y consecuentemente condiciona gravemente la interpretación.
Y si bien el texto es cruel y descorazonador , por solo mentar un intento de analizar el contexto, se puede citar un artículo titulado «¿Expansionismo de quién?» ,publicado recientemente en un periódico de talante conservador por José María Ruiz Soroa, un ensayista político a quien no se puede ubicar precisamente en el ámbito «bolivariano», sino más bien en el espacio ilustrado y liberal.
En dicho artículo, una vez aceptado que «Putin es es un autócrata despótico», Ruiz Soroa afirma que su política no obedece al intento de «rehacer por la fuerza el imperio soviético ni zarista», como se viene repitiendo una y otra vez por los «tutólogos» de turno, sino que defiende que «el cinturon de países que rodean a Rusia sea neutralizado», respetando, se podría recordar, los acuerdos Helsinki , de la época de la URSS, firmados en 1975 y los Acuerdos del 6 de marzo de 1991.
Y añade que, en este sentido, la política occidental, dirigida por USA ha sido «seguida sin más por la Unión Europea», preguntándose: «¿Por qué expansionar la OTAN y su misiles hasta la puerta de Rusia?¿Por qué Estados Unidos , cuyos intereses vitales no están en el Este de Europa, se empeña en una política alocada de acoso a quien ya no es su enemigo, pero tiene mucho orgullo y mucho miedo?»
Puede ser que la respuesta no esté tanto, o no solo, en el ideario político norteamericano en una reverberación de la doctrina Monroe , o en el correspondiente y ya señalado «lebensraum» del espiritu imperial ruso, sino también en las gigantescas presiones de los grandes lobbies armament´ísticos que deben vender sus productos y crear guerras donde nos las hay para incrementar la demanda.
En este contexto, el texto toma otras dimensiones, y por más que la guerra solo traiga destrucción y muerte,teniendo en cuenta que la conflagración tiene lugar en Europa, debería ser la Unión Europea quien postulara un acuerdo entre las partes sin ingerencias ni presiones mayores.
Y sobre todo que apartara de su acción exterior todo intento de escalada militar aun indirecto, reservándose acciones políticas en sentido estricto, es decir sanciones económicas – muy efectivas, según el Premio Nobel Paul Krugman– y , por supuesto, ayuda humanitaria.
Porque entre preparar la guerra por desear la paz y revertir la guerra en la política, hay una enorme distancia moral, desde luego, pero también una civilización, aquella que diferencia con claridad y distinción cartesianas entre El Poder y La Gloria de los dioses y las bestias…y La Humanidad de los mortales.








