
para Zubi
En su célebre libro La memoria colectiva, dice el sociólogo Maurice Halbwachs que «el espacio en razón de su estabilidad, nos da la ilusión de no cambiar en absoluto a través del tiempo y poder durar sin envejecer ni perder ninguna de sus partes».
Por otro lado, ya advirtió Stendhal que no es muy convenientemente volver a los lugares que tuvieron importancia años atrás, porque su significado profundo se puede perder fácilmente.
Ayer, impulsado por la nostalgia, se me ocurrió recorrer algunas plazas y calles que solía frecuentar hace ya más de dos décadas por las tardes y sobre todo por las noches. Lo cierto que apenas si reconocí las tabernas, bares y establecimientos para mí entonces tan habituales : casi todos habían desaparecido y donde antes estaban ubicados aparecían otros, por lo general bajo el amparo alguna multinacional. Este recorrido casi arqueológico fue poco a poco derivando en un itinerario funerario pues iba comprobando que la mayor parte de los recuerdos que me unían a aquellos lugares estaban puenteados por las presencias fantasmales de amigos y amigas que también habían desaparecido por el exceso de alcohol, el SIDA, o , luego, por un infarto o un cáncer inesperado.
Y así ,en la última vuelta de aquel camino, deseé por un momento convertirme en uno de aquellos begardos alumbrados que, poseídos por algo o por alguien, se disolvían en la nada cósmica del olvido de sí mismos.
Pero cuando volví a mi barrio habitual, y a pesar de tener el corazón contrito, sentí una profunda alegría al reconocerme en otras calles, en otras plazas, entre otras gentes, y me dí cuenta de que el paseo había merecido la pena porque había rememorado en mi interior muchas marcas de las cuales soy ahora una consecuencia inevitable, mal que me pesé… y con moderado orgullo…








