
Si las autoridades político-sanitarias mantienen el cierre perimetral para los próximos meses ,una buena alternativa de «movilidad» puede ser el paseo .
Pues, en efecto, pasear es algo relativamente sencillo, a no ser que también se considere un «deporte» – esa nueva modalidad de «trabajo» que le llamaba Ernst Jünger- en este proceso de «deportivización» que, una vez más,ha llegado desde el Imperio Americano con su Corte de camisetas, pantalones, zapatillas, cronómetros y toda una larga serie de adminículos varios.
Y es que para pasear , como ya lo mencionaba Louis Huart en su Fisiología del flâneur, en realidad solo se necesitan buenas piernas, buenas orejas y buenos ojos: buenas piernas para recorrer calles y plazas, parques y muelles; buenas orejas para escuchar al paso palabras de amor o de odio, simplezas o delicadezas metafísicas; y buenos ojos para avistar rostros y figuras, arquitecturas y monumentos.
Ciertamente esta manera de pasear, la del flâneur ( hoy ya también la de la flâneuse), despreocupada, acaso sin rumbo, y desde luego sin más reloj del necesario quizá sea la más conveniente en estos tiempos en los que hay motivos suficientes para el estrés y la tristeza cuando no para la ansiedad.
Bastaría para ello con salir de casa o del trabajo y comenzar a caminar, añadiendo en este caso la posibilidad de tomar un autobús para visitar un barrio desconocido con todo lo que conlleva de pequeña aventura.
Se recuperaría así ,además, una vieja tradición, la ya mencionada del vagadundeo, la del «andare a zonzo» italiano, tal como lo cuenta Francesco Careri ( Walkscapes. El andar como práctica estética) …o la del «ir de propio», mismamente de la Cuenca de Pamplona…








