
En los ya lejanos tiempos del apogeo profesional, cuando a uno le invitaban a hablar y dar que hablar en universidades extranjeras, el viaje a Estados Unidos de América se hacía muy condicionado por la promesa de que, a la vuelta, se traerían unos cuantos Levi’s 501 y varios números de zapatillas Converse.
Desde entonces todo ha cambiado y mucho – y está cambiando-: «The -Times-They -A- changin'» – pues ahora ya no hay ningún problema para conseguir los mentados blue jeans y de diferentes numeraciones, y aquellas zapatillas históricas se han diluído en un mar de marcas de nombres tan significativos como Nike, ( o sea, Victoria en griego) o, por poner otro ejemplo, ASICS ( es decir «anima sana in corpore sano», en latín).
Y los tiempos han cambiado tanto que si los Levi´s eran muy working class en su origen,y luego hicieron furor entre el pijerío progre, la zapatilla, como arma cargada de futuro, se ha soltado la melena hasta el zapatillismo.
Pues, tal que micro-sociólogo ( burgués) en excedencia, varias aproximaciones empíricas de carácter cuantitativo pseudo-estadístico, no han dejado de confirmarme la prevalencia del uso de la zapatilla deportiva floreada entre todo tipo de gentes, desde los palacios más altos hasta las cabañas más bajas, y desde la juventud multicultural y polícroma hasta la vejez tan ridícula por proactiva.
De manera que, desde aquí, hago un llamamiento a profundizar en este fenómeno tan singular que sobrepasa la moda por su connotación «sportif»,que al mismísimo Roland Barthes ( el de El sistema de la moda ) hubiera dejado en orsay – como se decía antes- y que a la vista de la post-pandemia puede constituirse en trend topic social.
Pero, entre tanto, y aunque como decía el buen y desaparecido amigo Aitor Mazo, «del deporte también se sale»…por si acaso… ¡ ponte las zapatillas ya !








