
Abro el periódico por la última página. Es una costumbre que heredé de uno de mis, llamémosle, guías espirituales y que sólo rompo con La Vanguardia, en cuyo caso voy directamente a la columna de Quim Monzó, que siempre es capaz de hacer trascendente lo aparentemente intrascendente en medio de tanta trascendencia.
Me encuentro con una oferta televisiva muy curiosa. Por un lado se me ofrece la historia de Thor ,un arrogante guerrero que por designio paterno debe luchar contra las fuerzas » más ocuras de Asgard» (sic). También puedo elegir entre una película en la que «la Tierra está siendo invadida por unos alienígenas que pretenden hacerse con los océanos para utilizarlos como fuente de energía » ( sic, too) u otra , titulada The Amazing Spider- Man, en la que «Peter, que , como la mayoría de los adolescentes está intentando descubrir quién es, termina por reconocerse como Spiderman…» ( sic, too, too)
Cierro el periódico. ¡ Y luego dirán que esto de la Democracia no es sino una continuación del Franquismo! Desde luego quienes lo dicen no tienen ni idea de lo que era una Semana Santa de aquellas. Los cines cerrados, las iglesias permanentemente abiertas con los cristos, las vírgenes y los santos ( y santas, of course) tapados con paños morados ( nada que ver con los repúblicanos, ¡eh!), la cantinela circular de los tambores lejanos de las severas cofradías de encapuchados, y en la televisión, en la única televisión que había, la reposición exacta, sistemática, regular, obsesiva, de la tragedia de Ben – Hur y de la epopeya de Los diez Mandamientos con aquel siempre transido Charlton Heston.
Aún así, parece que los hay que añoran aquellos tiempos que, por cierto, a pocos números que se hagan duraron menos que estos, y por ellos ( y ellas, of course too) volveríamos a la televisión única de la patria única para la familia única…No se han dado cuenta de que estamos en la época de Netflix, de las matrias y de la monoparentalidad optativa…








