Por una esclavitud libre y gratuita. Carta abierta al Presidente del Gobierno

http://www.youtube.com/watch?v=DzdDf9hKfJw

Si la Progresía ha aupado el Aborto al mismo rango que la vivienda digna, la educación obligatoria, la sanidad universal…¡pero que digo! a un nivel muy superior pues además de convertirlo en Derecho lo ha establecido como libre y gratuito – la verdad, no sé a qué esperan las adolescentes a quedarse preñadas para hacer uso de él – no veo motivo de retrasar más el clamor popular para que la derecha, por una vez, arrebate a la izquierda la bandera del progreso proclamando, antes de que se le adelanten los sindicatos, la constitucionalidad de esa vieja aspiración social, cuál es, que todo ciudadano, hombre, mujer o niño pueda ofrecerse en esclavitud de forma libre y gratuita, es decir, de modo voluntario, sin costes para su Amo.

Mal que les pese a los abolicionistas, la esclavitud, nunca nos ha abandonado ni del todo, ni en parte. La existencia de trabajo, debería ser prueba suficiente, pues si no nos diluimos en semántica, creo que todos entendemos, que salvo enfermedad mental, nadie trabaja por gusto, que sólo se hace por necesidad y que cuanto más se trabaja, más necesitado uno está. Obviada la confusión con su pseudosinónimo “empleo”, por descontado con la voz “salario” con la que en ocasiones se la intenta asociar, el trabajo es realizado normalmente por esclavos. La incomprensión de esta realidad obedece, primero, a que a nadie le gusta reconocerse como tal, prefiriendo denominarse cosas tan malsonantes como obreros, trabajadores, empleados, asalariados…eufemismos todos, que identifican a cuantos hacen lo que otros no quieren hacer y que entroncan, la mar de bien, con aquellas otras expresiones de siervo o criado, que se pusieron de moda durante el feudalismo.

Por supuesto, las condiciones de vida del esclavo contemporáneo mejoraron lo suficiente, como para que en comparación con el pasado cercano, el contraste justificara la ficción de que el fenómeno había desaparecido, cuando en el mejor de los casos, sólo se había transformado, pues “la mano de obra”, no es otra cosa, que una más de las energías renovables, cuando se observa la realidad con los ojos de la élite social.

Alguien reducido a esclavitud, da más problemas que uno que ha nacido bajo esa condición y este todavía es menos de fiar que aquel que no tiene conciencia de su situación y toma su circunstancia a lo Orteguiano, como parte consustancial a su persona. – Seguramente esta sea la situación disfrutada en estos momentos por la mayoría de españoles. Una forma de testar si uno pertenece a la clase dirigente o a la masa obediente, consiste en hacerse varias preguntas: primero ¿Tengo algo más para vender que mi propio cuerpo, mi tiempo y mi fuerza de trabajo como un animal? Si la respuesta es ¡No! Usted ya puede considerarse todo un esclavo de esos que aparece en los libros de historia, en las películas ambientadas en el XIX y cuya definición viene recogida tal cual en los diccionarios. Si su respuesta es ¡sí! entonces hágase esta otra pregunta ¿Lo que poseo me permite dejar de trabajar? Si la respuesta es ¡No! Entonces usted, sigue siendo un esclavo con cosas que le permiten vivir más cómodamente que el anterior, pero poco más. Si sorprendentemente su respuesta sincera y verificada – no vale autoengañarse con que se dispone de un utilitario – fuera otra vez ¡sí! o sea, que tiene riqueza suficiente para no trabajar, pueden suceder dos cosas, a saber, que usted tenga un empleo, en cuyo caso usted no es que sea esclavo, es que es directamente tonto, o que se dedique públicamente al disimulo e íntimamente a afianzar el statu quo, si esta es su realidad, entonces le reconozco como Amo y señor de la situación.

Pues bien, es a Usted Señor Presidente, en su condición de Amo, a quien va dirigida esta reflexión, para que sopese los múltiples beneficios que podrían seguirse de recuperar socialmente la denostada imagen histórica de la milenaria institución humanitaria que es la esclavitud. ¡Sí! Ha leído bien. ¡Humanitaria! Preste un poco de atención y verá cómo la esclavitud puede ayudarnos en estos tiempos sombríos a iluminar la sociedad y hacer más felices las vidas de los hombres, permitiéndoles ofrecerse libre y voluntariamente en esclavitud a cambio de nada, salvo dejarles vivir, de ahí lo de gratuito.

A la esclavitud le pasa lo que a la muerte, es más temida por el camino que lleva a ella, que por su misma consecuencia. La mayoría de los seres humanos desde la salida del Paraíso han tenido que ganarse el pan con el sudor de su frente. Por supuesto, cuando esto es así, que sudan para beneficio propio, digamos que no sufren tanto como cuando es para terceros. Ahora bien, dado que el hombre es un animal sensorial, siempre prefiere sentirse libre a serlo, por lo que, puesto a escoger, entre la libertad de afrontar un futuro incierto bajo su entera responsabilidad siendo dueño de su destino pero a merced de la madrastra Naturaleza, o la seguridad de delegar en un tercero la toma de decisiones aunque ello le suponga un estrecho margen para conducirse en la vida, escogerá esto último, aunque una vez tomada esta sabia decisión, la aborrezca y diga de palabra, pero no de acción, que desea libertad. Es aquí, donde intervienen los de nuestra clase, Amos que se hacen cargo de organizar la producción y de su justo reparto. No crea que la Humanidad está donde está por decisión malévola conspiranoica de unos pocos. La Humanidad, como especie que es, ha arribado al modelo que más le conviene en su evolución y este no es otro, que el que los más, trabajen para los menos, a cambio de que estos les ofrezcan garantías suficientes de: primero procurarles trabajo suficiente como para impedirles pensar en la libertad y segundo, la suficiente seguridad como para que se puedan sentir libres, porque la verdadera libertad, no consiste en poder elegir, sino en poder comer y sobre todo, poder vivir. No lo olvide. Y qué quiere que le diga…hemos de reconocer que los esclavos han tenido tiempos más felices.

Usted Señor Presidente, como Amo que es, debe garantizar que haya mucho trabajo para todos; No se preocupe tanto de si es un trabajo digno o indigno ¡No hay trabajo digno! Ni salario digno, ni contrato digno…¿No se habrá creído usted su propia propaganda verdad? ¡Ay! ¡Dios mío! Entre nosotros…¡Todo es mentira! Por consiguiente no quiero oírle hablar más de Pacto Social, firmar y respetar convenios, horas sindicales, derecho a huelga, contrato indefinido, prestaciones al desempleo…eso son tonterías que se les dice a los trabajadores para que no se den cuenta de su condición. Pero usted, sí debe tomar conciencia de que es Amo. De lo contrario, el auténtico Contrato Social antes confesado, se va al garete.

Porque al contrario que el esclavo, que ni para él ni para la sociedad conviene sea consciente de modo explícito que lo es, el Amo ha de serlo en todo momento, porque de su cuidado depende precisamente la supervivencia no ya suya, de su familia, de su progenie, de su clase, país, raza o cultura, sino de toda la civilización. Sé que está algo asustado por los acontecimientos y en un intento desesperado por huir de ellos está dispuesto a dejar que el Socialismo práctico y el espíritu fraternal cristiano acaben desgobernándolo todo, sobrecogido como está por el incesante incremento global de la población mundial ya aventurado por Malthus y como usted, soy partidario de deshacernos de tres cuartas partes de la actual masa biológica humana, en este sentido algo se está consiguiendo por medio de los aditivos alimentarios encaminados a reducir la potencia sexual del varón y el valor reproductivo de su semen. Mas mientras esto se consigue, usted ha de afrontar su responsabilidad.

Además de procurar mucho trabajo – por qué cree usted que en la antigüedad se hacían pirámides, templos y catedrales – en cuanto Amo que se beneficia del esfuerzo esclavo, tiene contraída con los esclavos, la obligación moral de procurarles cobijo, vestido, alimento y cuidados cuando ya no valgan para trabajar, bien por ser muy viejos, bien cuando estén enfermos, porque los esclavos pueden ser tontos, pero hasta los tontos distinguen lo que sabe bien de lo que sabe mal. Si se ocupa de esto, si transmite la seguridad de que todo esclavo suyo que trabaje para usted, tendrá garantizado de por vida trabajo que le impida pensar, no demasiado lejos de su hogar, suficiente tiempo para satisfacer sus necesidades biológicas de nutrición, defecación, dormir, higiene, pero no demasiado como para aburrirse, algún motivo de esparcimiento no demasiado elevado para evitar innecesarias contradicciones internas que le podrían entorpecer su mecánica obediencia, una vestimenta apropiada para cada ocasión, algo que poner sobre la mesa, un sitio donde vivir con su familia y seres queridos y que su dicha será igual para sus hijos y los hijos de sus hijos…créame que además de hacer felices a sus esclavos, estos producirán más y en consecuencia usted también será más feliz de lo que lo es ahora, porque todo se contagia. ¿Pero a qué viene esa cara? ¿Le parece excesivo? ¿Le sale más a cuenta el modelo actual que seguir los preceptos establecidos por el rey visigodo Wamba?

Eso cree usted, porque en su cómputo de ingresos y gastos solo contempla, de una parte el consumo de sus esclavos, y de otra, la cuantía de las nóminas, la seguridad Social, los impuestos…sin tomar en consideración que facilitando que la gente escoja ser esclava libre y gratuita, ya no habrá necesidad prácticamente alguna de pagar impuestos, ni salarios, ni seguridad social y si me apura, ni policía, porque los esclavos felices en su quehacer, creerán trabajar para si mismos, construyendo sus propias casas, haciendo sus carreteras, tejiendo su propia ropa y cuidando los unos de los otros en aspectos tales como educación, dependencia o sanidad sin necesidad de que intervenga el Estado. Por tanto, como quiera que en cuanto bestias consumidoras que son, todo será beneficio y ganancia extra para usted, a quien alabarán, sino como a un Dios, si como a un santo que les procura todo cuanto tienen y desean tener: Trabajo, Paz y Seguridad.

Suena un poco anarquista, lo sé. Pero tenga presente, que el camino a la libertad no puede ser la libertad misma. Por contradictorio que parezca, a la libertad se llega por la más completa y absoluta sumisión y servidumbre como demostraron el Nazismo y el Comunismo. No por casualidad a la entrada de Auschwitz un letrero recordaba a los recién llegados “El trabajo os hará libres” y el marxismo establecía la necesidad de instaurar nada menos que la Dictadura del Proletariado; Esta es la idea que se ha de inculcar a la población; Cosas más difíciles se lograron como convencerles de que el amor se vive dentro del matrimonio logro de la Iglesia o incluso confiar su dinero a terceros que le cobran por hacerlo, mérito que debemos a los bancos.

Para finalizar, Sr. Presidente, aprenda de los ejemplos anteriores y ceda a la presión social de la gente que desea trabajar como sea. Continuar velabndo por los derechos laborales no es más que una excusa para mantener los privilegios de unos pocos en detrimento de una multitud que deseosa de cambiar libertad por seguridad, se ve privada por ley de ofrecerse, como antiguamente se pudo hacer desde Israel, hasta nuestra península, en régimen de esclavitud que hoy suena mal, pero que no es más que cambiar trabajo por comida y un lugar donde vivir. Se lo ruego, no nos prive de este Derecho si verdaderamente desea salvar el Estado del Bienestar.

Libertad ¿Sólo comercial?

 

Antes de nada, me gustaría felicitar a los medios de manipulación, por haber facilitado a la población asimilar sin demasiados traumas que trabajar los días festivos es una más de las libertades a sumar a nuestro estado Democrático del Bienestar. ¿Con qué derecho los dependientes de cualquier tienda pueden imponernos al resto de los ciudadanos sus ganas de hacer fiesta, precisamente cuando podríamos ejercer nuestra libertad para consumir en nuestro tiempo habilitado para el descanso?

Es posible, que antaño, la gente parcelara su vida en un periodo para trabajar, otro para descansar y un tercero para realizar las compras y que lo hicieran todos a la vez. Pero hoy, ya no es así; Sólo contamos con tiempo para producir momento en el que no podemos consumir y algún ratito que en principio lo deberíamos reservar para el descanso y los afortunados al ocio. Mas, por lo que se ve, hemos de dedicarlo a consumir como se espera de nosotros.

La libertad de horario y calendario comercial, no sólo permitirá trabajar a las personas de este gremio de Lunes a Domingo las 24 horas del día, también posibilitará al resto de la clase trabajadora poder hacer sus compras fuera de su jornada laboral, por la noche si es preciso y en épocas festivas, si es que quedan. ¡Eso es lo que todo el mundo quiere! Pero ¿Por qué sólo libertad de horario y calendario comercial? ¿Por qué no igual libertad en la Administración? así todos podríamos hacer nuestras gestiones de madrugada antes de ir a currar. ¡Tiempo al tiempo!

Porque de aprobarse la libertad de horario y calendario comercial, no se tardará en exigir lo mismo para el transporte público, pues de qué vale que las grandes franquicias y superficies estén abiertas todo el día y todo el año, si autobuses, trenes y demás medios de locomoción tienen reducidos los servicios como sucede actualmente a un tercio de lo habitual. Por supuesto, teniendo operativos distribuidores, tiendas y transportes, lo suyo es que bares y restaurantes tampoco bajen la persiana nunca y con tanta gente circulando lo deseable sería que tampoco se viera reducida demasiado ni la plantilla de policía, ni de bomberos u hospitales, pues ya no bastaría con la de guardia o urgencias. Una actividad tal, requeriría que los bancos, pusieran de su parte para evitar que la riqueza generada esos días permaneciera fuera del circuito financiero a disposición de los cacos. Evidentemente, con tanta gente trabajando y consumiendo, los niños serian toda una molesta carga. A tal efecto, lo mejor sería diseñar un plan de estudios que obligara a los colegios a permanecer abiertos para permitir a los padres llevarlos allí durante los fines de semana, puentes, vacaciones, a cualquier hora por lo que el profesorado debería también estar sujeto al nuevo régimen de libertades. En definitiva, se generaría tanta burocracia, que lo quieran o no, las administraciones e instituciones se verían obligadas a abrir de par en par sus puertas para atender al ciudadano que se lo viene reclamando desde hace más tiempo que al comercio, pero con menos atención de su parte.

De este modo, la libertad comercial se traduciría en libertad de distribución, de transporte, de construcción, sanitaria, alimentaria, educativa, en la Administración…como desde siempre ha sucedido en prensa que están al pie del cañón hoy sí y mañana también. Será por ello que con tanto entusiasmo apoyan desde sus tribunas y titulares estas medidas tan liberadoras.

Cosas de la censura

De cuando en cuando, por esas cosas de lo chocante y estrafalario, los medios de comunicación se hacen eco, de que tal obra de teatro ha sido suspendida del programa, porque en ella los actores aparecen fumando, que una Autonomía a decomisado una publicación por contener imágenes xenófobas, que una cadena de televisión ha sido sancionada por vérsele el trasero a una actriz saliendo del agua en una serie propia del horario infantil, que una película ha sido retirada de un festival por su contenido catalogado de pedófilo o que como el pasado Noviembre una productora ha sido multada con 30.000 euros por editar un cartel promocional en la que puede verse a los protagonistas en un momento del film, sin casco. De todo ello, uno deduce que los vigilantes de la ficción andan más al loro de lo que sucede en nuestros comics, escenarios y pantallas que los distintos cuerpos policiales u organismos oficiales parecen enterados de cuanto ocurre en la realidad de nuestras calles, colegios, empresas y mismas Instituciones.

Por supuesto, estas actuaciones responden al principio general de que trabajando sobre los motivos culturales o modificando las representaciones de las distintas artes, se facilita la buena transmisión de los valores que se desean inculcar a la población, como se hace en toda buena dictadura que se precie – sea de izquierdas o de derechas si ello tiene cabida en un régimen falto de libertad. El problema reside, en que este procedimiento sólo es consistente, si además de en la ficción, el mismo celo se pone en la realidad, cosa de la que si se ocupan las Tiranías que se cuidan de que lo que no aparece en el cine no lo haga en la cotidianidad, pero no así las Democracias, que a este respecto tienen mucho que aprender de aquellas.

Una buena Dictadura como la Franquista, puso todo su empeño, dentro y fuera del cine, en que no se vieran momentos demasiado saliditos de tono, de desenfreno, jolgorio, disputa, conflicto o rebelión; A lo más, algún que otro ¡Recórcholis! muy acorde a la España de perpetua Cuaresma. Qué bien nos iría si con el mismo rigor, la Democracia lograra llevar a la práctica la excelsa moral a la que somete al artista en publicaciones, carteles y programas en pos de salvaguardar la infancia, educar en la igualdad, combatir el racismo, prevenir la homofobia, la drogadicción, etc.

Pero, es que la Democracia tampoco hace bien su cometido en la ficción. Me explico: se supone que un ideal democrático es convencer al ciudadano de que nadie debe tomarse la justicia por su mano, de que el monopolio de la fuerza corresponde al Estado y esa sensiblería legal para pardillos que todos conocemos. ¿Cómo es posible entonces, que el otro día, en mitad de una película anunciada hasta la saciedad, pude contemplar una escena en la que se ven a varios jóvenes aprendiendo a dispar en mitad de un bosque en un pasaje que de estar doblado al lenguaje protodelincuente del euskera, no habría juez en España que dudaría en tachar de apología del terrorismo ordenando su inmediata incautación?

Al final, resulta entonces, que se trata de lo de siempre, a saber: te dejo hacer para tener motivos de preguntarte, controlarte, cachearte, vigilarte y cuando sea conveniente denunciarte, multarte, detenerte, encarcelarte y dar un escarmiento a navegantes mostrándote en el Tontodiario. Por lo demás, se prefiere que la población entienda de armas en la ficción y no en la vida real y de que no haga ni disfrute con lo que le apetezca ni en la realidad ni en la ficción, para entendernos: ni sexo, ni drogas, ni rock and roll, ni correr, decir palabrotas, dar de hostias a las autoridades, dejar de trabajar…

Demasiados «Ones»

Inspirándome en una idea que publicara la poetisa María Evangelina Cobo Zaballa por la que recibió un premio negativo de 6.000 euros en forma de multa, su hijo no escarmentado que le admira, les invita a leer esta reflexión presentada en prosa rítmica.

En los Partidos ante las elecciones / hay muchos cabritos que quieren ser “ones” / repartidos en facciones y secciones / sin hacerle ascos a recibir pisotones y dar empujones. / Se les conoce como Barones / no por ser nobles / sino muy mandones. / Viven de lujo en sus grandes mansiones / gracias a lo que afanan en sus despachos salones / o en las sedes de los partidos u oficinas bancarias que son ramificaciones / por donde pasan los Al Capones / dejando caer comisiones a montones / a cambio de recalificaciones. / Por eso no paran de hacer reuniones / ni aún estando de vacaciones / como los buenos ladrones.

Mientras los muy bribones / como los Borbones / sonríen a las televisiones prometiendo ayudas y subvenciones como quien reparte a los mendigos dones / mas tras los telones / los muy trincones / meten mano a los públicos cajones / importándoles dos cojones que se descubran sus corrupciones / pues como mucho, si la gente lo exige en manifestaciones / recibiendo de la propia formación presiones / después de haber hecho uso de todo tipo de obstrucciones y ocultaciones / en el peor de los casos, salen indemnes física y económicamente, presentando sus dimisiones / cosa que en España sólo ocurre en muy raras ocasiones / tantas como una por cada ciclo de Krishna que se cuentan por eones / y jamás de los jamones / uno de ellos pisa las prisiones.

Ante tal desfachatez, la gente colmada de razones / empieza a pedir explicaciones / no con la fiereza de las fauces de leones, sino con la tibieza del rabo enroscado cual si fueran de laboratorio ratones / presentando de transparencia peticiones / de justicia reivindicaciones / saber dónde ha ido a parar el dinero en forma de reclamaciones / ahora que van a disminuir las pensiones / reducir las prestaciones / aumentar las contribuciones / y con descaro hablan esos tiburones / de apretarnos más los cinturones / porque como dijera Guerra, llevan tirantes los muy chones. / Ante la pacífica demanda de estas informaciones, desde las instituciones los muy arpones / hacen toda suerte de manipulaciones / antes de entrar a saco con detenciones, sanciones e imposiciones / para ver de frenar el despertar popular de las sumisiones / que sólo clama por soluciones. / Porque los muy sinvergonzones / de sobra saben que ya no creemos en sus grandilocuentes declaraciones / repletas de buenas intenciones / sus coyunturales conclusiones / sus transversales determinaciones / que ya no nos van a timar con pactos y condiciones / para que como los sindicatos vayamos de la manita a comer turrones y polvorones con los patrones / para luego tener que tragar los marrones / de salariales restricciones, de sueldos congelaciones, de convenios revisiones y todo de lo que son capaces de firmar en nombre de la clase trabajadora esos ca…catones / desactivando nuestra capacidad de lucha cual simples peones.

¡Ya estamos hasta los mormones, de hacer concesiones! / a cuantos no han hecho otra cosa que contra el pueblo urdir conspiraciones, confabulaciones y maquinaciones / desde todos los rincones / sirviéndose de nuestras provisiones para poner en marcha contra los servicios públicos operaciones / encaminadas a favorecer las privatizaciones / Son tantas nuestras frustraciones / de verles como si nada sentados en sus sillones / que en momentos de ofuscaciones soñamos con ponerles ante los paredones / y emprenderla a escopetazo limpio de perdigones / como si fueran pichones. / ¡Basta de indignados sermones! / ¡Basta de democráticas reflexiones! ¡Basta de pacíficas oraciones! / que ha pasado el tiempo de ir a misa ha desearnos la paz, realizar confesiones y otorgar perdones. Lo que ahora toca es dar hostias para recuperar el cepillo y que rueden melones.

Brigadas vecinales de observación de los DDHH

Desde que saltara la polémica durante el 2009, cuando se filtró a los medios una honrosa circular de la propia Policía denunciando lo discriminatorio de las redadas contra los inmigrantes que sus superiores les mandan ejecutar, el Ministerio del Interior ha negado sistemáticamente la existencia de dicha práctica en nuestro territorio. Al objeto de poner en evidencia su desmentida realidad, en todas las ciudades donde hay al menos un reducido grupo de personas bienacidas, se han constituido desde hace año y medio, las denominadas Brigadas Vecinales de Observación de los DDHH integradas por lo más selecto de la sociedad, quienes dedican su tiempo libre a hacer patrullas dos o tres veces por semana por las zonas con altas tasas de extranjeros, denunciando públicamente la presencia de estos controles policiales, provistos unicamnete con chalecos reflectantes para “vigilar al vigilante”.
Pues bien, la hipocresía del Gobierno criminal de Zapatero, parece haber llegado a su fin o cuando menos su zorril Rubalcaba paciencia, dado que la pasada semana ¡Por fin! los españoles podemos enorgullecernos de contar entre nosotros, por primera vez desde la aplicación de la inhumana Ley anti-inmigrantes, con cuatro personas multadas con 301 euros cada una, por ayudar cristianamente al perseguido, encarcelado, torturado, vejado, denigrado y estigmatizado, cuando los pasados 21 y 22 de Diciembre mientras los demás nos felicitábamos las Navidades e íbamos de compras al Puto Inglés, ellos hicieron su noble cometido en los barrios madrileños de Lavapiés y Carabanchel advirtiendo a los viandantes de la presencia de estos – secretos que no discretos – controles “Caza inmigrantes” La cosa es que, a raíz del informe que realizaron los agentes implicados, la Delegada del Gobierno, María Amparo Valcarce, cómplice que llena de ignominia al fruto de su vientre y de vergüenza a sus progenitores,, les acusó de cometer una falta grave según la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana: «Provocar reacciones en el público que alteren o puedan alterar la seguridad ciudadana», según versa la denuncia contra uno de ellos.
Seguramente, usted sea una de esas almas bienintencionadas que disfruta sentadita en su sillón frente a mamá televisión comiendo patatas fritas y bebiendo Coca Trola ejerciendo de buena persona llena de nobles sentimientos, dispuesta al auxilio de desamparados, cuando en una de romanos, aparecen en la arena del circo inocentes e indefensos cristianos amenazados por fieros leones y hasta se avergüenza de aquellas gentes capaces de regocijarse con tan sangriento espectáculo; Su inteligente mente se pondrá siempre de parte del débil permitiéndole a su conciencia encarnarse e identificarse en todo momento con el héroe justo y valiente del relato; Fluirán entonces todos los ¡Yo haría! ¡Yo no haría! que cabe imaginar, tantos como lágrimas que inundarán sus ojos viendo en el cine la vida cruel que debieron soportar los esclavos negros en las plantaciones americanas, situación que le hace asentir internamente su apuesta por la libertad diciéndose para sí una y otra vez ¡Yo no aceptaría eso! ¡Yo lo denunciaría! ¡Yo jamás tendría esclavos! ¡ Yo lucharía por su liberación! ¡Yo sería abolicionista! Elogiable Yoísmo que nada tiene que envidiar al propuesto por el idealismo de Fichte y que aflora interrogativamente espeluznado cuando se nos presenta en la gran pantalla cualquier escena del Holocausto de Gitanos y Judíos a manos de los malos Nazis bajo las fórmulas ¿Cómo pudieron? ¿Cómo lo consintieron? ¿ Cómo nadie se rebeló contra tan magna barbarie?…en cuyo caso, permítame avisarle de que usted, ¡Sí! el majete sentadito en su sillón al que aludían los Celtas Cortos, es el villano de la trama aquí expuesta en nuestras calles y aceras: el Pilatos que se lava las manos después de condenar a la cruz a uno que sabe inocente, el cortesano que ríe las gracias salvajes de un Calígula en palacio, el capataz que chasquea el látigo sobre la desnuda espalda de los esclavos, el miembro de las SS que conduce a los niños a la cámara de gas, el Gobernador de Texas que firma la pena de muerte de un deficiente menor de edad de 14 años ejecutado en silla eléctrica al cumplir los 18…Pero como no es tiempo de tragedia, usted también está a tiempo de volverse bueno como Schindler y figurar en la lista de los justos uniéndose a estas Brigadas Vecinales de Observación por el cumplimiento de los DDHH en su ciudad y al tiempo, salvará el buen nombre de su ciudad, pues en estos tiempos de crisis, hasta nuestro indignado Dios, hace rebajas, de modo que, a diferencia de Lot que precisaba de diez justos para preservar a Sodoma y Gomorra de la destrucción, a nosotros, nos bastan cuatro personas decentes por localidad para aplacar su ira y las ciudades que no cuenten con una de estas Brigadas, serán reconocidas como nidos de víboras y estercoleros morales por inhumanidad.