¿Quién lo ordena?

La organización católica Caritas, aprovechó la presentación de su informe “La situación social de los inmigrantes” para denunciar un ilegal aumento de los controles por parte de la policía en sus centros asistenciales e inmediaciones, así como en locutorios, parques y estaciones de transporte público. Para Caritas, esta práctica, no está justificada, únicamente responde a una política migratoria planificada que trata al inmigrante irregular como a un presunto delincuente, con el riesgo de generar sentimientos racistas en la población que sólo percibe cómo se les detiene cuando no han cometido ningún delito.
Aunque el Ministerio del Interior lo desmiente, resulta que el pasado Miércoles, el propio Sindicato Unificado de Policía presentó una denuncia similar ante el Congreso por medio de su Secretario General, José Manuel Sánchez-Fornet, quien reconoció precisamente que, en España se producen millones de identificaciones a inmigrantes sin que se cumplan los requisitos estipulados por el Tribunal Supremo para que un agente pueda exigir la documentación a un ciudadano en la vía pública, cuáles son: que resulte sospechoso de haber cometido un delito o parezca que puede cometerlo. En su opinión, la libertad ha sucumbido escandalosamente a la seguridad, pero no por los policías que se ven forzados a cumplir órdenes.
¡Y es verdad! Hace tiempo que el SUP está dando un auténtico ejemplo de democracia y valentía a toda la sociedad, especialmente a la casta política, en lo que concierne al trato despiadado y contrario a los DDHH que España dispensa a los inmigrantes. ¿Quién ordena las redadas indiscriminadas en el centro de nuestras ciudades para dar caza a la carrera a esos desgraciados que intentan malvivir entre nuestra inmundicia moral? ¿ Quién manda a la policía a los comedores sociales para pillar con el pan en la boca a un pobre indocumentado? ¿Quién ordena darles palizas para evitar que molesten a los buenos ciudadanos en los barrios residenciales y se limiten a quedarse en los guetos asignados? ¿Quién amenaza a las madres con quitarles a sus bebés si no desaparecen del lugar? Es evidente, que un trabajo tan ingrato como el descrito, no participa de la voluntad de los agentes que se ven obligados a llevarlo a cabo directamente, llenándose de vergüenza ante sus familias y ante si mismos para toda la vida. Entonces…¿Quién lo ordena?
La primera respuesta que viene a la cabeza, son sus superiores en la cadena de mando. Pero si pese a todas las películas que se hagan, nadie aquí se creyó lo de Tejero, lo suyo es que todo el cuerpo de policía no haga otra cosa que seguir las directrices políticas, pues de lo contrario, no viviríamos en democracia, sino en un Estado policial. Por consiguiente, parece plausible que sea Alfredo Pérez Rubalcaba que está al frente del Ministerio del Interior quien de las órdenes en este sentido. Pero, sería ingenuo pensar que una acción sistemática, planificada, de carácter general, con el concurso de varios organismos implicados, como la denunciada por Caritas, tenga por responsable de la barbarie a un solo individuo, por depravada que sea su conciencia, de igual modo que la Historia se ha abstenido de volcar sobre la figura de Hitler toda la culpa de las atrocidades cometidas durante el Nazismo.
Y es que, el Ministro del Interior, es a la vez Vicepresidente del Gobierno, por lo cual, es fácilmente deducible que no actuará por su cuenta y riesgo, sino en sintonía del buenismo, sonrisismo y solidarismo propio del talante de ZP quien a su vez, como demócrata que es, sin importarle lo más mínimo que le llamen demagogo en los asuntos sociales, no hace nada que a ciencia cierta sepa, le pueda restar votos entre las filas socialistas. Así pues, cabe suponer que es el PSOE, sus militantes y sus votantes, quienes dan las órdenes, bien sea por activa, bien por pasiva, para que se cometan estos actos contrarios al espíritu cristiano y de lesa humanidad.

Brigadas vecinales de observación de los DDHH

Desde que saltara la polémica durante el 2009, cuando se filtró a los medios una honrosa circular de la propia Policía denunciando lo discriminatorio de las redadas contra los inmigrantes que sus superiores les mandan ejecutar, el Ministerio del Interior ha negado sistemáticamente la existencia de dicha práctica en nuestro territorio. Al objeto de poner en evidencia su desmentida realidad, en todas las ciudades donde hay al menos un reducido grupo de personas bienacidas, se han constituido desde hace año y medio, las denominadas Brigadas Vecinales de Observación de los DDHH integradas por lo más selecto de la sociedad, quienes dedican su tiempo libre a hacer patrullas dos o tres veces por semana por las zonas con altas tasas de extranjeros, denunciando públicamente la presencia de estos controles policiales, provistos unicamnete con chalecos reflectantes para “vigilar al vigilante”.
Pues bien, la hipocresía del Gobierno criminal de Zapatero, parece haber llegado a su fin o cuando menos su zorril Rubalcaba paciencia, dado que la pasada semana ¡Por fin! los españoles podemos enorgullecernos de contar entre nosotros, por primera vez desde la aplicación de la inhumana Ley anti-inmigrantes, con cuatro personas multadas con 301 euros cada una, por ayudar cristianamente al perseguido, encarcelado, torturado, vejado, denigrado y estigmatizado, cuando los pasados 21 y 22 de Diciembre mientras los demás nos felicitábamos las Navidades e íbamos de compras al Puto Inglés, ellos hicieron su noble cometido en los barrios madrileños de Lavapiés y Carabanchel advirtiendo a los viandantes de la presencia de estos – secretos que no discretos – controles “Caza inmigrantes” La cosa es que, a raíz del informe que realizaron los agentes implicados, la Delegada del Gobierno, María Amparo Valcarce, cómplice que llena de ignominia al fruto de su vientre y de vergüenza a sus progenitores,, les acusó de cometer una falta grave según la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana: «Provocar reacciones en el público que alteren o puedan alterar la seguridad ciudadana», según versa la denuncia contra uno de ellos.
Seguramente, usted sea una de esas almas bienintencionadas que disfruta sentadita en su sillón frente a mamá televisión comiendo patatas fritas y bebiendo Coca Trola ejerciendo de buena persona llena de nobles sentimientos, dispuesta al auxilio de desamparados, cuando en una de romanos, aparecen en la arena del circo inocentes e indefensos cristianos amenazados por fieros leones y hasta se avergüenza de aquellas gentes capaces de regocijarse con tan sangriento espectáculo; Su inteligente mente se pondrá siempre de parte del débil permitiéndole a su conciencia encarnarse e identificarse en todo momento con el héroe justo y valiente del relato; Fluirán entonces todos los ¡Yo haría! ¡Yo no haría! que cabe imaginar, tantos como lágrimas que inundarán sus ojos viendo en el cine la vida cruel que debieron soportar los esclavos negros en las plantaciones americanas, situación que le hace asentir internamente su apuesta por la libertad diciéndose para sí una y otra vez ¡Yo no aceptaría eso! ¡Yo lo denunciaría! ¡Yo jamás tendría esclavos! ¡ Yo lucharía por su liberación! ¡Yo sería abolicionista! Elogiable Yoísmo que nada tiene que envidiar al propuesto por el idealismo de Fichte y que aflora interrogativamente espeluznado cuando se nos presenta en la gran pantalla cualquier escena del Holocausto de Gitanos y Judíos a manos de los malos Nazis bajo las fórmulas ¿Cómo pudieron? ¿Cómo lo consintieron? ¿ Cómo nadie se rebeló contra tan magna barbarie?…en cuyo caso, permítame avisarle de que usted, ¡Sí! el majete sentadito en su sillón al que aludían los Celtas Cortos, es el villano de la trama aquí expuesta en nuestras calles y aceras: el Pilatos que se lava las manos después de condenar a la cruz a uno que sabe inocente, el cortesano que ríe las gracias salvajes de un Calígula en palacio, el capataz que chasquea el látigo sobre la desnuda espalda de los esclavos, el miembro de las SS que conduce a los niños a la cámara de gas, el Gobernador de Texas que firma la pena de muerte de un deficiente menor de edad de 14 años ejecutado en silla eléctrica al cumplir los 18…Pero como no es tiempo de tragedia, usted también está a tiempo de volverse bueno como Schindler y figurar en la lista de los justos uniéndose a estas Brigadas Vecinales de Observación por el cumplimiento de los DDHH en su ciudad y al tiempo, salvará el buen nombre de su ciudad, pues en estos tiempos de crisis, hasta nuestro indignado Dios, hace rebajas, de modo que, a diferencia de Lot que precisaba de diez justos para preservar a Sodoma y Gomorra de la destrucción, a nosotros, nos bastan cuatro personas decentes por localidad para aplacar su ira y las ciudades que no cuenten con una de estas Brigadas, serán reconocidas como nidos de víboras y estercoleros morales por inhumanidad.