Diario de cuarentena. Día 10. Un baile de mascarillas

Una de las mejores óperas de Verdi se titula “Un baile de máscaras”, relacionada con el hecho histórico del asesinato del rey Gustavo de Suecia a finales del siglo XVIII. Hoy, aquella obra trágica sería una ópera bufa y se llamaría “Un baile de mascarillas”. La protagoniza un coro de gente corriente, personas que van por la calle embozados en mascarillas inservibles.

He visto hombres y mujeres con mascarillas verdes, blancas, azul celeste, negras y hasta rosadas, todos los colores de la primavera. Y van luciéndolas como prendas de moda. ¿Será porque este año no hemos podido disfrutar de la campaña de “Ya es primavera en El Corte Inglés”? Es un desfile absurdo de máscaras que algunos llevan como el último modelo de Carolina Herrera. 

Vamos a ver, señoras y señores, ladies and gentlemen, esas mascarillas, en su mayoría, no sirven para nada. Ni protegen ni aportan seguridad contra posibles contagios. A lo más, si sus portadores tuvieran el virus, podrían evitar contagios. Y en este caso, sería una irresponsabilidad salir a la calle infectados.

Creo que los portadores de mascarillas saben de la inutilidad de sus bozales, pero los llevan como un elemento de seguridad psicológica. O, en el peor de los casos, lo hacen para presumir de un artículo escaso y muy demandado. En fin, que la ciudad se ha vuelto algo idiota y barroca en medio de esta plaga criminal. Como no hay moda que lucir, presumimos de nuestras coloristas mascarillas. 

He visto cosas muy raras entre los embozados. Una señora que regenta un estanco muy cerca de mi casa llevaba puesta mascarilla. Pero, oiga, si su profesión es vender tabaco, que envenena los pulmones, ¿qué demonios hace con un trapo en la boca? También vi hace unos días, en la cola para comprar el pan, que una mujer fumaba con ansiedad y llevaba en el cuello una mascarilla. Después de expulsar el humo se ponía la mascarilla en la boca. Contuve la risa para que no se sintiera ofendida conmigo. 

Las cajeras del super donde compro la comida no llevan mascarillas. ¡Pues claro! Llevan, eso sí, guantes de látex para evitar el contacto con tarjetas y clientes. Los fabricantes de mascarillas de todo el mundo (hay una en Euskadi) se están enriqueciendo con esta moda de taparse la boca para nada. Necesitamos, eso sí, mascarillas específicas para el personal sanitario, no para el baile de disfraces donde jactarse de higiénicos.

Verdi haría una versión moderna de su “Baile de Máscaras”, pero sería una ópera de risa. Y no estamos para bromas. La gente se muere del coronavirus. Y el coronavirus se ríe de la gente con mascarilla. 

3 comentarios en «Diario de cuarentena. Día 10. Un baile de mascarillas»

    1. Muy instructivo, Silber. Ahora hay que ver cuántas mascarillas de las que se ven por la calle son útiles, inútiles o mediopensionistas.

  1. Todas son útiles, en mayor o menor medida. Son una barrera física más. Soy veterinario y creo que conozco un poco el tema. Un saludo y ánimo.

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