De mayores quieren ser médicos

En algún lugar del mundo, ahora mismo, se están escribiendo los guiones de los que saldrán grandes películas y series sobre la pandemia y sus consecuencias humanas y globales. Serán historias de médicos y de quienes tienen nuestra salud en sus manos y que, en estos instantes oscuros, son los héroes de una lucha contrarreloj por la vida y contra la muerte. Sí, siempre hubo relatos de galenos, enfermeras y quirófanos; pero esta vez contendrán más factor humano, con doctores que caen y se contagian en acto de servicio, vistos como luchadores contra un enemigo invisible y letal en las trincheras de la supervivencia.

            La casualidad ha hecho que la tercera (¿y última?) temporada de The Good Doctor, que gira en torno de un joven cirujano autista y genial, terminara la semana pasada y que el episodio final fuese dramático, con la crisis provocada por el derrumbe de un edificio en la sísmica California y con víctimas entre los médicos.  Cuando a muchas personas les alcanza el sufrimiento los hospitales se convierten en el centro del universo. Es lo que ocurre hoy y de lo que tratarán las historias que ahora se imaginan los guionistas y que veremos en las pantallas en un año, de salvadores y salvados, de la épica que se ovaciona cada día a las ocho de la tarde en los balcones.

            Esta realidad amenazante estimula que muchos niños y adolescentes estén deseando convertirse en hombres y mujeres de la medicina, la enfermería y la investigación. Y como habrá avalancha hacia las facultades, ya puede ir pensando la Universidad en abrir la limitación del numerus clausus y dar cabida a tanta vocación sobrevenida. Esos soñadores tardarán diez años en recorrer su camino, y la mayoría lo logrará. Por cierto, un candidato médico tendría hoy más posibilidades de ganar unas elecciones que un aspirante común; pero esa es otra historia.

Un comentario en «De mayores quieren ser médicos»

  1. Dudo que haya esa avalancha de solicitudes de inscripcion a las facultades de Medicina con ese numero ridiculo de plazas, en nuestra EHU creo que han venido siendo 200 por año, pues por muchos aplausos a las 8 que haya, son un estamento invisible tras la propaganda de los gobiernos intentando engañar a la poblacion ocultando sus constantes meteduras de gamba.
    Por cierto que el actual presidente de la OMS se hizo medico tras ver morir a su hermano de pocos años por carencia de recursos sanitarios.
    A mi me agrado mucho aquella serie norteamericana, ER, que dejaba al descubierto lo mejor y lo peor de la atencion hospitalaria estadounidense, con profesionales sacrificados y abnegados en un entorno muchas veces contrario al codigo deontologico.
    Vivan los profesionales de la medicina doctorada y vivan con mas estruendo las enfermeras y auxiliares, que estas si que son el dia a dia en contacto permanente con la persona hospitalizada.
    Que sean pasto del desprecio quienes mandan a estas profesionales a trabajar sin los mas elementales medios de proteccion. Y que yo lo vea.

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