Ingenuos contra escarmentados

La Tele en Onda Vasca, 10 noviembre

Evole
1.El tema de hoy

El poder de la influencia, contra el poder

Hoy quisiera hablar de la influencia de la televisión y los medios de comunicación en general. La influencia es un concepto inquietante. Es un modo de persuasión más o menos silencioso, lento y eficaz. Afecta a nuestra libertad de criterio, a la estabilidad de nuestras ideas u opiniones. La influencia es también peligrosa, porque lo mismo te limita que te engrandece. Contrariamente a lo que se dice, la influencia es mayor sobre las personas mentalmente abiertas, porque están más expuestas a lo que les llega del exterior que las personas cerradas, a las que ninguna influencia les hace variar. A un bobo no hay quien le mueva. Estamos, pues, a merced de la influencia de todo y de todos. Y todos somos seres influyentes y seres influenciados.

¿La información/comunicación es influyente? Claro, en la medida que tiene capacidad de modificar la opinión. Pero la información puede ser falsa, parcial o tergiversada. La clave entonces está en combinar el filtro y la influencia. El filtro para evitar el paso de lo falso y la influencia para mejorar o alterar nuestro conocimiento. Es muy complicado, porque nada en la vida es firme e inalterable. Y lo mismo que necesitamos aumentar nuestro conocimiento, nos es imprescindible una identidad intelectual básica, forjada a partir de valores constantes.

Los medios de comunicación cambiaron el mundo. Ahora, la televisión e internet han multiplicado el poder de influencia, del que se deducen grandes amenazas, pero más aún oportunidades de mejorar nuestro conocimiento, sabiendo que esto nos lleva a un torbellino de novedades y a una prodigiosa inestabilidad.

A mi modo de ver, hay una novedad histórica en el juego de las influencias mediáticas en la sociedad del Estado español. Por vez primera, la tele va por detrás de la gente: es la sociedad la que está influyendo a los medios y, específicamente, a la televisión. La televisión ha captado el deseo de cambiar el sistema. Y, a su vez, la televisión está respondiendo a esa influencia. Y de esta se derivan programas como Salvados, de Jordi Évole; El Intermedio, de Wyoming; los plurales debates de ETB, laSexta y Cuatro y, por supuesto, en los informativos. No es del todo nuevo, porque ya ocurrió con los desahucios: sin las imágenes brutales de los desalojos servidas por la televisión ni la banca ni la judicatura hubiesen movido un dedo.

Hay, pues, una mutua influencia. La televisión influye y se deja influir por la urgencia del cambio de modelo. Es un fenómeno interesante. ¿Puede el sistema evitar su desplome controlando los medios? No, ya es demasiado tarde.


2. El minuto de oro

El culebrón Cristina

Ha sido el bombazo de la semana, junto con la consulta catalana. En esto la sociedad se divide en dos: los ingenuos y los escarmentados. Los ingenuos creen que finalmente la hermana del actual rey de España se sentará en el banquillo de los acusados y será condenada. Mientras que los escarmentados pensamos que, de una u otra forma, después de este procedimiento previo, Cristina de Borbón se marchará de rositas y acaso su marido, Iñaki Urdangarín, privado de todo privilegio y separado de los aledaños de la casa real, pasará algún mes en la cárcel.

La noticia es esta: una carrera de pronósticos entre ingenuos y escarmentados. Un culebrón o quizás una especie de concurso a ver quién gana finalmente.


 

3. La liga de la tele

un-tiempo-nuevo– “Un tiempo nuevo”, con los días contados. Por tercera semana, el nuevo programa de debate de la noche de los sábados en Telecinco ha fracasado. Y está perdiendo la batalla contra La Sexta Noche, de Iñaki López. Si el estreno de “Un tiempo nuevo” fue un fiasco, con un 9,2% 71.130.000 espectadores, frente al récord histórico de “laSexta Noche”, con un 16.6% y 2.053.000; y la semana pasada fue de un 9,6% para Telecinco y un 15,9% para La Sexta; el pasado sábado el resultado se ha vuelto repetir: un 8,5% de “Un Tiempo Nuevo” frente a un 15,5% de La Sexta Noche.

Lo cual nos lleva a pensar que el programa de Telecinco tiene los días contados. Su fracaso se debe a que intenta competir con La Sexta con sus mismas armas, que no aporta nada nuevo, y que la presentadora, Sandra Barneda, carece del suficiente tirón para conducir un programa como este. Creo, por otra parte, que el programa de Telecinco tiene una visión editorial más conforme con el Gobierno de Rajoy, mientras que La Sexta apuesta fuertemente por dar voz a los indignados y a una visión alternativa.

36519_jose-sacristan-aitana-sanchez-gijon-galerias-velvet– La serie “Velvet” arrasa en Antena 3. En su segunda temporada, la serie que protagonizan, entre otros José Sacristán y Aitana Sánchez Gijón. El pasado martes obtuvo un 22.2% y 4.030.000 espectadores. Y no dio tregua a una miniserie sobre el ex rey Juan Carlos, que es un fracaso, con apenas el 12.8% y 2.269.000 espectadores. Quizás esta serie pro monárquica le haya gustado al Gobierno o a la Zarzuela, pero es un producto muy desgastado para una sociedad saturada de historias trucadas.


 

4. Superanuncio

La rentable venta de ilusión

A falta de dos días para que se emita el anuncio de la Lotería de Navidad (uno de los hitos publicitarios de la época, junto con el de Freixenet y El Corte Inglés), la Lotería ha creado este anuncio, sencillo pero impactante, del sorteo especial del pasado sábado, 8 de noviembre. La historia es clara: dos mujeres en la peluquería. Una enseña a la otra un décimo de esta lotería, como si fuese la foto de sus hijos. A partir de ahí se crea el diálogo sobre lo muy rica que es una para pagar la educación selecta de sus hijos. Muy bonito, pero algo repelente.

El argumento es un clásico: la ilusión, una emoción peligrosa pero generalizada, que lo mismo vale para los juegos de azar que para vender coches, atraer votos en las elecciones o la salvación eterna que propone la religión. Vivimos mal, porque vivimos de ilusiones. Y las ilusiones no tienen riesgo. Estaría bien vivir de ilusiones o sueños si al menos intentáramos convertirlas en historias temerarias, en proyectos con riesgo, en cambios de vida…

Si a la ilusión, le añadimos algo de humor, no sale el estilo por el que apuestan todos los anuncios de juegos de azar, la ONCE, la primitiva, la Lotería de Navidad… La ilusión tiene un precio, pero se renueva siempre después de perderla un sorteo tras otro.


 

5. Noticias de la tele

índice– Estreno de “Cuéntame un Cuento”, en Antena 3. Interesante estreno hoy de “Cuéntame un cuento”, versión moderna y absolutamente diferente de los cuentos clásicos. Hoy, arranca con “Los tres cerditos”, en formato de thriller. En esta ocasión son tres hermanos no muy buenos precisamente, hasta que se cruzan con el lobo, que resulta ser un arquitecto. Después vendrán “Caperucita Roja», «Blancanieves», «Hansel y Gretel», «La bella y la bestia» y «La bella durmiente».

pantoja-carcel– España contiene la respiración: ¿La Pantoja a la cárcel? Si la pasada semana ha sido la de la consulta catalana, esta será la de Isabel Pantoja. Se plantea como una historia de intriga: ¿Irá a la cárcel? ¿Conseguirá el dinero para evitarla? Los programas de telebasura alimentarán a la plebe con este asunto. Incluso trascenderá a los espacios informativos y los debates. España necesita alimento para no sucumbir a su ruina moral. La Pantoja sale al rescate.

 

 

Poder de influencia: la retransmisión del cambio

EvoleLa influencia es inquietante: te limita o te engrandece. Es el punto crítico de la libertad de criterio. Paradójicamente, cuanto más te abres, más influenciable eres; y cuanto menor es tu conocimiento, menos pueden influenciarte. Un bobo es invariable. ¿La información es influencia? No por sí misma, pero tiene la capacidad de modificar la opinión. Por tanto, la clave está en combinar el filtro y la influencia: cambiar, sí; pero sin merma de la libre voluntad. Muy complicado, porque nada es firme e inalterable, al tiempo que necesitamos una identidad intelectual básica, forjada a partir de valores constantes. La TV e internet han multiplicado el poder de influencia, del que se deducen grandes amenazas y oportunidades, este feliz torbellino de novedades en el que vivimos y su prodigiosa inestabilidad.

Frente a los enemigos de la tele, que comparten superficialidad y pesimismo antropológico, reivindico el efecto positivo -una influencia favorable- que el medio audiovisual está ejerciendo en la sociedad para afrontar la redención del sistema político y moral de España. Por vez primera, la tele va por detrás de la gente, que, a su vez, se ha referenciado en algunos programas para catalizar la rápida sustitución de los comportamientos públicos por otros decentes. Dicho de otra manera: la urgencia de cambio que sienten millones de personas ha encontrado su complicidad en Salvados, de Jordi Évole; El Intermedio, de Wyoming; los plurales debates de ETB, laSexta y Cuatro y, por supuesto, en los informativos. Ya ocurrió con los desahucios: sin las imágenes brutales de los desalojos servidas por la televisión ni la banca ni la judicatura hubiesen movido un dedo.

De esta influencia se está derivando una transformación que ya tuvo su reflejo electoral, que la demoscopia atisba aún mayor en próximas votaciones y que la televisión está retransmitiendo paso a paso. ¿Qué es la influencia? La acción de la que se vale la verdad para movilizar el cambio. Al sistema no le queda otra que rectificar o censurar los canales. Demasiado tarde.

¡He encontrado un filón… electoral!

PodemosLas ideas se le agotan a la clase política, mientras sus asesores se afanan en encontrar nuevas fórmulas de aproximación a la ciudadanía. Es un camino equivocado, porque el problema de la desafección social hacia el sistema de partidos no es de naturaleza comunicativa: es ética y de conducta, lo que va más allá del arte de llamar la atención, incrementar la simpatía, cambiar de imagen o diseñar teatralizadas elecciones primarias. Es una cuestión de mensaje. Y el mensaje no es el eslogan o los tópicos repetitivos de los líderes, sino el relato dominante percibido por la gente, que determina, finalmente, su disposición electoral.

Las elecciones son como una mina. Un yacimiento en el que se extraen, escarbando y abriendo boquetes, el mineral de los votos. Con pico y pala. Con mucho trabajo y riesgo. Hay que ir despacio, sosteniendo las galerías y afianzando las zonas exploradas. Los partidos saben que es un espacio inestable y que las posibilidades de excavación son limitadas. Hasta que alguien encuentra un nuevo filón.

Un filón electoral es una veta sociológica, muy superficial, cuya explotación se realiza de forma intensiva en la medida que su composición emocional suele dar resultados inmediatos. Eso sí, sin la menor consideración y a sabiendas de que su producto tendrá salida en el mercado a precios inmorales. Los nuevos filones electorales dependen de la situación de crisis o las contradicciones del sistema y permiten resolver las penurias de quienes las encuentran y deciden aprovecharlas, pese al riesgo que para la seguridad de la mina -la sociedad- tiene su excavación salvaje.

La ventaja del filón electoral para quien lo explota es que condiciona la campaña y hace girar alrededor de su eje los mensajes y estrategias de todos. Se convierte en referente, al margen de su sustancia democrática. Casi todas las elecciones han tenido su veta: la catastrófica herencia de Zapatero fue el filón afortunado de Rajoy, mientras que el victimismo de la ilegalización fue el tesoro que llenó de votos las vagonetas de Amaiur y EH Bildu. Para el PNV fue un regalo el fiasco del frente españolista López-Basagoiti. Uno se puede encontrar el filón en superficie o hallarlo por sondeo en lo más oscuro y fétido del yacimiento ideológico.

El filón de la RGI

El PP ha localizado un gran filón electoral en esa zona baja de la mina: el sentimiento de agravio hacia los inmigrantes como beneficiarios de uno de los instrumentos solidarios de los que está dotado el sistema social vasco desde hace 25 años, la Renta de Garantía de Inserción, creado por el Gobierno Vasco del lehendakari Ardanza con consenso general. La ferocidad de esta bolsa de votos estriba en que, en su ignorancia o mala fe, no pocos ciudadanos creen que los extranjeros se aprovechan, mediante fraude, de estas ayudas sin contar con los requisitos exigibles y que viven del cuento, sin trabajar. Es una opinión muy extendida, aunque carente de base real. El gran explorador, el alcalde gasteiztarra, Javier Maroto, puso palabras a este sentimiento inequívocamente canalla: “Marroquíes y argelinos viven de ayudas que pagamos todos”. Un mensaje premeditado que actuó como explosivo para abrir la veta populista.

A partir de ahí, todo ha ido rodado para Maroto. Los partidos e instituciones han denunciado su propósito de poner exigentes limitaciones a la solidaridad, sin percatarse de que cuanto más arreciaban eran esas críticas mayor era la recogida de votos para el PP en determinados nichos electorales. La grotesca recogida de firmas para una Iniciativa Legislativa Popular, propiciada por el alcalde-parlamentario a favor de la exclusión de los foráneos sin recursos, es la extensión a la calle de su estrategia electoralista. Y lo ha conseguido: la próxima campaña de las elecciones municipales y forales girará en torno de este asunto y es muy posible que Maroto conserve una alcaldía que, antes de este descubrimiento xenófobo, tenía perdida. Con su victoria pírrica heredará la deshonra de ser siempre el político desalmado que enfrentó a los pobres contra los más pobres para ganar miserablemente unas elecciones.

El filón de los presos

Sólo hay que tener un escaso sentido ético y una gran capacidad de oportunismo para recabar votos a cuenta de los agravios recibidos a la vez que se olvida el daño causado. En esto la izquierda abertzale es un genial gestor. La negación de los derechos de los presos de ETA es un poderoso filón electoral para EH Bildu, en la medida que esa vulneración pone de manifiesto una injusticia, además de una ilegalidad e inmoralidad democrática, aún mayor en el caso de Arnaldo Otegui y otras personas a quienes se ha llevado a la cárcel por obvias e inconfesables motivaciones políticas.

La causa de los presos favorece el victimismo y los sentimientos de rencor, que a su vez se transforman en votos, cohesiona ideológicamente a la izquierda nacionalista y proporciona excusas útiles para que este sector siga sin reconocer, indefinidamente, que su apoyo tácito y táctico al terrorismo fue un desastre moral, político y económico para Euskadi y que sus víctimas y la sociedad vasca merecen un resarcimiento sincero y completo, sin el cual no se cerrará el ciclo más negro de nuestra historia.

El filón de los presos es un regalo que España ofrece a la radicalidad de EH Bildu y la tensión política en Euskadi. Es una distorsión que cada uno -la España constitucional y el extremismo abertzale- aprovecha para sus propios fines. Sin el pretexto de la dispersión, el alejamiento y la no excarcelación de quienes, según las leyes, tendrían derecho a volver a casa, la izquierda nacionalista estaría desnuda ante su estricta miseria y el recuerdo de su complicidad criminal. En esto, como en otras muchas cosas, la democracia española es tan mezquina como estúpida.

El filón de la corrupción

¿Quién puede administrar la limpieza de un sistema político al que se percibe corrupto de arriba abajo? Difícilmente los partidos clásicos, porque el problema está en su propia raíz y en los males de su financiación y a los excesos de su poder sin contrapesos ni control. Esta es la oportunidad de las nuevas marcas que, como Podemos, surgen por la indignación social frente al saqueo de los recursos públicos y sus consecuencias en los recortes de derechos y servicios públicos.

El mal de la corrupción es el gran filón de Podemos, y está bien que exista una marca electoral sin mácula. Se necesitan nuevos referentes, con expectativas de honradez, al margen de sus proyectos redentores y la inconsistencia gestora de líderes como Pablo Iglesias. Estamos en uno de esos momentos de la historia en que se hace urgente una mudanza, aunque sea arriesgada e incierta. El sistema se merece esa humillación regenerativa. ¿Qué más se puede perder además de la repugnancia?

La gestión del saneamiento del modelo actual deja -demasiado- libres las manos al populismo y se ponderan proyectos de poca enjundia, irreales y dispersos que merecerían un examen democrático más exigente y severo. Este es su filón: se prima el cambio apresurado a la autorregeneración de un estándar político en el que casi nadie cree. Al final, los filones electorales pueden ser ricos y provechosos, incluso necesarios; pero son transitorios. Se agotan en su ansiedad. Esquilman la democracia y la dejan exhausta. ¡Viva la humana imperfección!

Cuidado, Teresa, con el virus de la tele

teresaFelizmente, a Teresa le ha salvado Francisco Granados y los cincuenta púnicos corruptos. De no mediar este escándalo de rapiña política y empresarial, la auxiliar de enfermería, contagiada del ébola y vencedora del virus, aún sería carne de noticia y pasto de tertulias mediáticas. Esta es su oportunidad para empezar a gestionar con criterio lo que va a ser su vida «after ébola». Si fuese su amiga o me contratase como asesor de comunicación para velar por sus intereses personales e imagen pública, le trazaría un plan para recuperar su feliz anonimato y la calma natural de una ciudadana cualquiera, sin dejar de reivindicar ante los culpables su dignidad robada. Objetivo: vacunarla del virus de la tele, mortal de necesidad, y salvarla de la infección de la fama.

Es verdad que la historia de Teresa cambió para siempre el 6 de octubre, cuando ingresó en el hospital y se convirtió en símbolo de la incompetencia gubernamental y víctima vapuleada de la mezquindad de quienes le endosaron las responsabilidades de la crisis sanitaria y hasta le mataron a su perro. A la salida le esperan cámaras, micrófonos y golosas ofertas de exclusivas y reportajes. El apetito de dinero es su peor enemigo, lo mismo que la vanidad de ser reconocida como personaje en la calle o el supermercado, ser la estrella del barrio. Y puede que Rajoy y el rey la inviten a palacio; pero a España no la gobierna Obama, que abrazó a la enfermera Nina Pham, sino una liga de miserables. Cuidado, Teresa.

Hay muchas trampas en su camino. Judicializar la compensación que merece es una de ellas. O dejarse llevar por su imprudente marido. Necesita un fuerte apoyo psicológico y afectivo frente a la avalancha emocional que se le avecina; pero si cae en la tentación de hacer caja, pagará un alto precio. De esto se sale con la grandeza de la humildad y la discreción. O se sale friki. Y la televisión no tiene piedad con los frikis. Si no atrapa a Teresa hasta pulverizarla, lo hará con el pequeño Nicolás, metáfora de España, o la Pechotes, próximamente en sus pantallas.

EL IMPOSTOR: JUEGO DE TROLAS

impostor_foto960¡Una niña de doce años engañó a todo un experimentado Juanito Oiarzabal! Esta es la sorpresa a la que condujo el juego de mentiras de El impostor, el nuevo espacio de ETB2, estrenado el pasado miércoles con un buen resultado de audiencia, 9,4% de cuota de pantalla, unos 155.000 espectadores de media, y que también ha servido de presentación de la bilbaína Adela Úcar en nuestra cadena pública después de su exitoso periplo como reportera de acción en Cuatro. Este reality familiar, intrigante y divertido, viene a ser como esos entretenimientos que, entre risas e ingenuidades, ocupan la sobremesa de los fines de semana en los hogares donde reina la alegría. Tiene de bueno que es auténtico: la familia que inserta en el clan a una persona ajena, el invitado que intenta desenmascarar al infiltrado y el complot de trampas e intuiciones de los que se valen unos y otros para intentar ganar el premio. Atrapa su sencillez y el poder de simulación de las personas corrientes.

La producción es excelente y adquiere ritmo con los cortes flashback de los diferentes personajes y el relato conductor de Adela. El único error está en desvelar, casi al principio, la identidad del intruso. El programa toma así partido por el grupo y deja emocionalmente desvalido al invitado. Es una opción discutible, porque podría resultar más atractivo situarse en un punto equidistante y dejar la resolución del misterio para el final. Puestos a implicar al espectador en el juego es mejor que cada uno elija sus preferencias por cualquiera de los bandos. Lo previsible es la antítesis de la intriga.

El impostor, producto de Pausoka, triunfa en China y otros países y se mantendrá con éxito entre nosotros por su cercanía y capacidad participativa. El debut de Adela Úcar queda minimizado con un papel excesivamente secundario, al que cabría otorgar mayor protagonismo en el diálogo con los concursantes, de ese modo que ella domina en la inmersión en la trama. Por cierto, ¿dónde tiene ETB a la otra Adela, nuestra Adela de siempre? Qué despilfarro.