
A media mañana, bajo la luz amarilla del flexo, mientras corregía una vez más las páginas de un futuro libro sobre el «zoon elektronikón» , esa forma de socialización a través de la redes electrónicas que se va imponiendo paulatinamente, unos gritos acompañados por irritantes toques de sirena, me han sobresaltado.
He abierto la ventana y , bajo una luz blanca, casi cenital, he visto un par de cientos de hombres y mujeres, ordenados en varias filas indias, desfilando tras una pancarta en la que se oponían al cierre de su empresa. La marcha iba muy lenta, y sin solución de continuidad se podían escuchar varias consignas, entre ellas una que me ha llamado particularmente la atención: «¡Menos gestores, más trabajadores!»
He cerrado la ventana y me he quedado pensando. La empresa, supongo, será una de las muchas que habrán pasado del ERTE al ERE, y del ERE al cierre, con el consiguiente deterioro de la red industrial pero también, y acaso eso sea lo más importante, con la consecuencia terrible del paro insospechado hace apenas algunos meses.
Sí, este es un efecto de la pandemia del COVID-19 que al pertenecer al mundo de la más profunda infraestructura social, no ha cobrado el relieve mediático del cierre de la hostelería que, al cabo, afecta a todos y a todas, por no hablar de lo relacionado con la enfermedad, que acapara titulares a cualquier hora del día.
Es posible, además, que la situación sanitaria esté generando en el mundo laboral, un efecto similar al que se está produciendo en la educación , el comercio, o el ocio, cada vez más digitalizados, y que a fuer del teletrabajo, «los gestores» estén aprovechando la coyuntura para llevar a cabo una silente reordenación del sector industrial.
Y, claro, frente a la labor silenciosa de «los gestores», solo quedan los gritos de «los trabajadores», utilizando una de las formas clásicas de protesta como son las manifestaciones, un último recurso para, al menos, dar cuenta de algo que también está ocurriendo por mucho que se obvie en esos tweets audiovisuales en que se han convertido la mayoría de los informativos televisivos.
Pero constatar es solo constatar: en los tiempos de la Transición, cuando por fin se reconoció el habeas corpus y los abogados podían estar presentes en los interrogatorios «oficiales», la policía golpeaba a los detenidos en su presencia y los letrados tan solo podían constatarlo en sus papeles, por si luego el juez en cuestión tenía a bien tenerlo en cuenta…
También en este ramo laboral hay no una sino varias constataciones,así que es de esperar que los jueces tengan a bien evaluar con la claridad y distinción que quería Descartes, la solicitud de cada ERTE, de cada ERE y de cada cierre…








