Parece que estuviéramos volviendo a tiempos bajomedievales, aquellos en los que enemigos y amigos se confundían de un día para otro y se liquidaban entre sí reclamando todos la ortodoxia y condenando todos a todos como herejía la puntual y ordenada discrepancia.
Triste pasado este el de una piel de toro que no hizo a tiempo ninguna verdadera revolución, ni siquiera la revolución industrial, como dejaba entrever una y otra en sus novelas Manuel Vázquez Montalbán, ni tuvo verdadera burguesía pues todo se subsumió en juegos de pactos oligárquicos, como demostró Manuel Tuñón de Lara en sus numerosos estudios históricos.
Y fatal destino el del sentido crítico autóctono, que hubo casi siempre de desarrollarse en prolongados exilios interiores y exteriores. Pues nunca se vió que la tal crítica- o juicio, en su sentido etimológico- construía más que destruía o en el menor de los casos eliminaba adiposidades de antaño y de hogaño – «michelines» en célebre y posterior expresión.
Y así, embarrados ( y embarradas) en legitimidades más propias del Antiguo Régimen, renacen una y otra vez aparentes tirios y troyanos, cuando en realidad son todos carlistas disfrazados de carlistas y liberales…Malos tiempos para la crítica…
No corren buenos tiempos para la Iglesia Católica. Al escándalo de las inmatriculaciones amparadas en una ley de la dictadura franquista y que ha supuesto la apropiación de muchos edificios sufragados por el pueblo o por particulares (1), se ha sumado la reclamación del pago del IBI correspondiente de aquellos edificios en los que no se cumple el requisito de operar sin ánimo de lucro, como ocurre en el Seminario de Derio.
A todo ello, se ha añadido una larga serie de operaciones de especulación inmobiliaria como las que llevadas a cabo en San Sebastián, en Córdoba o, en estos momentos, en Bilbao (2), estas dos últimas, por cierto, bajo el mandato del mismo prelado.
Nunca ha sido fácil la relación entre la Iglesia Católica y los poderes públicos, una vez que desapareció el vínculo del nacional- catolicismo, y la polémica constante acerca de la enseñanza de la religión ha sido y es un buen botón de muestra.
Todo apunta a que en estos tiempos nuevos se ha de llegar a un nuevo acuerdo, a un nuevo Concordato , pues el vigente es heredero de tiempos muy oscuros (1953) y sus actualizaciones ( 1976 y 1979), no lo han modificado sustancialmente.
Para ello la Iglesia Católica tendrá que asumir que su prevalencia ideológica ha remitido y que ya han quedado muy lejos los tiempos en los que el poder político estaba sometido a algún tipo de poder espiritual.
Y sin menospreciar, más aún, valorando muy positivamente la acción de algunas instituciones como Cáritas – probablemente la ONG más limpia de polvo y paja de todas las existentes – las diversas actividades de voluntariado o la enseñanza universitaria , la Iglesia Católica se ha de tomar muy en serio la tarea de limpiar su casa deshaciéndose de las adiposidades incongruentes y reactivando su mensaje espiritual en favor de los más desfavorecidos, un mensaje completamente incompatible, por ejemplo, con la especulación inmobiliaria que no es sino una muestra del capitalismo más devorador.
Y para esta labor no hace falta un Savonarola,sino simplemente una lectura del Evangelio adaptada al siglo XXI.
Según una investigación del rotativo The Daily Telegraph, esos frágiles infantes que tan adorables salen al rectángulo verde de la mano de escogidos y aguerridos futbolistas en la gloriosa Premier League anglosajona, cotizan a 700 libras esterlinas ( osease 829 euros) por cada vez y ocasión .
Por lo que, haciendo las oportunas cuentas , por esta pecha insólita, los dichos infantes, denominados «mascots» o «mascotas» ,generan a los clubs unas 500.000 libras que vienen a ser unos 592.000 euros por temporada.
La noticia documentada de esta recreación infantil de pago , de la cual, al parecer, tiran equipos tan conocidos como el Tottenham , el Arsenal o el Aston Vila, ha llegado hasta el Parlamento de Westmister, y el nuevo presidente de la comisión de Deporte, Cultura y Medios, Julian Knight, ha puesto el grito en el cielo y ha manifestado que tal conducta «se está convirtiendo en un privilegio para las familias más acomodadas, algo que va completamente en contra de las raíces de clase trabajadora del fútbol».
Y, en fin, sin eludir la posibilidad de que esta noticia forme parte de una red de fake- news que tenga como propósito resucitar a la Pérfida Albión, ahora que la Ingla-terra se ha vuelto sobre sí misma abduciéndose en las sombras del fantasma de su splendide isolement, no estaría de más preguntarse si por estos lares también ha florecido este singular y cuasi-pedófilo negocio , como a la vista está que han florecido otros de compra-venta y no sólo de camisetas y bufandas ad hoc.
Eso sí, teniendo en cuenta que por aquí el Salario Mínimo Interprofesional acaba de alcanzar, y tras muchos sudores políticos, los 950 euros…
La crónica del proceso simultáneo del intento del Obispado de Bilbao por construir un gigantesco edificio de ocho plantas y cuatro sótanos en la parcela que actualmente ocupa la Escuela de Magisterio -BAM en el barrio bilbaino de Abando, así como de la oposición ciudadana a dicho proyecto, se ha recogido en una publicación que lleva por título Pelotazo en Abando (1).
En este libro, bien glosado y contextualizado por el historiador del arte Javier González de Durana, se describe minuciosamente el periplo que ha llevado al Obispado de Bilbao desde su primer intento de crear un gran edificio de viviendas en la parcela mencionada en el año 2017, hasta la última propuesta de edificar un edificio mixto compartiendo dependencias diocesanas, casi mitad por mitad, con la clínica privada Mutualia, en 2019.
La obra da cuenta asimismo de los pasos intermedios, como una recalificación del terreno de dudosa legalidad aduciendo la inexistencia de actividad docente a pesar de la presencia de la Escuela de Magisterio -BAM , o la fase transitoria en la que se suponía que lo que se iba a construir era un edificio diocesano que se acogería al nombre de Bizkeliza Etxea (2018).
Como se ha indicado, en sus páginas se recoge también la reacción ciudadana , señalandose tanto la movilización y protestas colectivas lideradas por la Asociación Abando Habitable y Saludable,como el trabajo llevado a cabo por diversos profesionales de la Historia, el Derecho, la Sociología o el Arte,vecinos y vecinas del barrio (2).
Es de esperar que el libro ,dirigido “al obispo de Bilbao, Mario Iceta Gavicagogeascoa, al obispo auxiliar de Bilbao, Joseba Segura Etxezarraga, al alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, y al pueblo de Bilbao“ ,contribuya a aclarar alguna de las muchas oscuridades que han acompañado a esta iniciativa inmobiliaria especulativa, tan aparentemente impropia del espíritu cristiano y tan extrañamente acompañada por fuerzas políticas que se supone que velan por el bien común.
(1) Se puede adquirir en las librerías Binario (c/ Iparraguirre 9 bis), Cámara (c/ Euskalduna, 8), Louise Michel (c/ Elcano, 27) y Anti (c/ Dos de Mayo, 2).
«193. Hacen algunos ajeno el negocio proprio» ( Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia)
De los muchos juicios que en la actualidad reclaman mi atención en practicando el otium cum dignitate
jubilar, uno de los que me está resultando más sorprendentes es el
relativo a los hallazgos arqueológicos del yacimiento de Iruña -Veleia.
Aparentemente se trata de dilucidar si unos graffitis hallados en
dicho yacimiento y que recogen algunas expresiones en euskera son o no
verdaderos. Al respecto se han podido escuchar opiniones y testimonios
varios, desde el manifestado por uno de los miembros del equipo que ha
admitido que realizó unas inscripciones por su cuenta porque es «muy
bromista»; hasta las declaraciones del director de la excavación – que,
por cierto, al parecer tenía media familia vinculada a la misma por
medio de la empresa Lurmen S.L.- en el sentido de que «no se ha podido
demostrar» que los graffitis sean falsos, en un curioso retruécano
retórico.
Probablemente el caso no habría llegado a los tribunales si la
investigación no hubiera estado subvencionada con cerca de 400.000 € por
parte de la Diputación alavesa y por 3,7 millones de euros de la
sociedad pública vasca, Euskotren , una gran inversion para resultados
tan controvertidos.
Pero, tal y cómo se está manifestando el contexto social del juicio,
bajo la apariencia de esta discusión científica con arborescencias
jurídicas, lo que parece estar poniéndose de manifiesto de nuevo es la
cuestión de la existencia constatada del euskera en un periodo
anterior a las Glosas Emilianenses el siglo XI, pues en el caso de que
los grafittis fueran verdaderos, el testimonio se remontaría al siglo
III , en la época romana.
No es la primera vez que se busca el prestigio de los orígenes en el caso del euskera aunque ya el lingüista Koldo Mitxelena – con quien por cierto tuve el honor de realizar una primera investigación sobre el fuerista e historiador navarro Arturo Campión (1) – constató que «el verdadero misterio del euskera es su pervivencia, no su origen».
Y no sé, se me ocurre que quizá sería ya el momento de apartarse un
tanto de las argumentaciones historicistas del siglo XIX, y
reivindicar la diferencia por sí misma , pues puede ser un deber o un
derecho sin más en un contexto democrático contemporáneo .
Y otro sí ,de dejar de hablar en clave del «no datamos», proponiendo ancestralidades a troche y moche…Como por ejemplo la que se quiere otorgar a las celebraciones de Santa Águeda que según diversos estudios, tal y como las conocemos, no van más allá de las que probablemente con acierto pergeñó Euzko Gaztedi hacía mediados de los años treinta del siglo pasado- y todo ello, por supuesto, sin dejar de afirmar que estas celebraciones, a punta de makila y cánticos corales,y como bien apuntaba mi compañero de blogosfera Iñaki Anasagasti, son una ocasión para el encuentro y el reencuentro tras las fiestas navideñas, lo cual que es una gran oportunidad en esta sociedad nuestra de insularidades electrónicas…
(1) Huici Urmeneta, V. ( 1981) «Ideología y política en Arturo Campión» Revista Príncipe de Viana 42 (163), 641-690.
«214. No hacer de una necedad, dos. Es muy ordinario, para remendar una, cometer otras cuatro.» ( Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia)
Mientras el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco estudia la demanda relativa al proyecto del Obispado de Bilbao para convertir la parcela de la Escuela de Magisterio diocesana- BAM , sita en el barrio bilbaino de Abando, en un gigantesco edificio de ocho plantas y cuatro sótanos, se han divulgado algunos rumores que de ser ciertos, mostrarían que todo va de mal en peor.
Así, se ha comentado que la mentada Escuela de Magisterio BAM trasladaría su actividad docente a partir de setiembre a los locales del antiguo Seminario Diocesano de Derio, edificio, por cierto, ahora en el ojo de otro huracán, toda vez que desde el municipio en cuestión se ha solicitado de dicha institución de la Iglesia Católica que pague religiosamente el IBI, y todos los impuestos que le correspondan por las actividades empresariales que se desarrollan en sus locales.
De confirmarse este rumor, se podría en evidencia que la recalificación realizada entre febrero y junio de 2018, y que eliminaba la condición de uso docente de la parcela mencionada, junto con otras, por ausencia de dicha actividad en la misma, no estaba justificada, pues la actividad docente de la Escuela de Magisterio-BAM existía, existe y de hecho se va a trasladar a otra ubicación: es de suponer que el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco tomará buena nota al respecto.
Por otro lado, y como ex-Profesor Titular de la citada institución – de la que guardo un gratísimo recuerdo- no puedo apreciar en este traslado sino una dejación máxima de las autoridades diocesanas respecto de BAM, pues su retorno, aún provisional, a Derio, lugar desde donde llegó con gran reconocimiento social a Bilbao en 1994, puede significar su desaparición como centro docente: en mis largos años de desempeño en la gestión universitaria he visto intentos muy similares ( y al cabo frustrados por la oposición colectiva ),cuando ha habido una confluencia solapada de intereses espurios. El profesorado , el PAS y el estudiantado deberían a su vez reflexionar sobre lo que se les puede venir encima, y más aún cuando las obras de remodelación del edificio en que se asienta BAM son tan recientes.
En consecuencia,que se traslade una actividad docente que no debería existir y que su traslado pueda constituir la desaparición de un centro universitario de reconocido prestigio en el ámbito privado, son hechos que vienen a indicar que la deriva inmobiliaria del Obispado de Bilbao, vehiculizada incomprensiblemente por el Ayuntamiento de Bilbao, y contestada desde dentro y desde fuera, va de mal en peor. Y que lo que ya desde el principio fue calificado como un pelotazo descarado, puede acabar convirtiéndose en una goleada en portería propia…¿De verdad que no hay nadie que pueda detener tanto desatino?
«Universidades :un ver si caes». Esta frase, tal cual, aparece en una carta escrita a mano y ya muy amarillenta. Es de un viejo amigo, hoy conocido y reconocido novelista, y la recibí a mediados de los años setenta ( del siglo pasado, of course) cuando la universidad se presentaba como un lugar liberado en medio del oscuro páramo tardo-franquista, y que sin embargo, mi amigo veía como la última trampa del «Sistema».
Y es que en aquellos tiempos se hablaba mucho del «Sistema» , que no era sino el Sistema Capitalista pleno que ya comenzaba a mostrarse en el horizonte como infraestructura condicionante de la Democracia que se atisbaba inminente.
Pues bien, he recordado esta frase – la repito: «Universidades: un ver si caes» – al escuchar en la radio la publicidad de una universidad, previa a una «Jornada de Puertas Abiertas», en la que , tras una larga cantinela con la oferta de «grados» y «dobles grados» en una combinación de titulaciones a priori metafísicamente imposible, se alababa el entronque directo de los futuros egresados ( y esgresadas) con las empresas y/o la Administración.
Lo más curioso es que en la publicidad mentada no se hacía la menor
referencia a los deseos de saber del futuro estudiantado, ni a sus
conocimientos previos ni a sus particulares habilidades, lo cual que
obviaba un principio básico de la motivación para el aprendizaje tal es
el estímulo personal y personalizado. De hecho, la sustitución, un tanto
jocosa pero también perversa, de la expresión «estudiante» por la de
«cliente» en un momento esquinado de la presentación, valía por toda una
declaración.
Y ante esta deriva mercantil tan descarada , he recordado un párrafo que figura en la «Aprobación del doctor Juan Francisco Andrés» de la obra El Discreto de Baltasar Gracián, dada en Huesca el 5 de febrero de 1646 y que dice así :»Señalando los padres a sus hijos las artes y ciencias que eligió un antojo sin averiguar sus geniales inclinaciones, se originan las desdichas de las repúblicas»…
Puede ser que el dictamen anterior no sea aplicable en nuestro caso pues en vez de vivir en una república sobrevivimos en una monarquía- y ya sé que hago trampa léxico-histórica – pero , ¿estaremos inconscientemente apostando por futuras desdichas personales, profesionales y sociales, a costa del negocio de hogaño? «Universidades: ¿un ver si caes?»
El siempre lúcido Joaquín Estefanía Moreira iniciaba una de sus columnas dominicales recientes haciéndose eco de cómo «el oficio de economista se extravió porque sus componentes, como grupo, confundieron la belleza vestida con unas matemáticas de aspecto impresionante, con la verdad».
Estefanía es un periodista e historiador de la economía de largo recorrido, del que se conocen sus libros –La larga marcha: medio siglo de política (económica) entre la historia y la memoria,
ya un clásico- y también su periodo como director de «El País» en
otros tiempos no necesariamente mejores. Pero también fue, a finales de
los setenta del siglo pasado,el factotum editorial
de la revista de ciencias sociales «EL CÁRABO» en la que quien esto
suscribe participó junto con gentes de lo más variopintas como el
actual columnista de ABC y ex-trotskista Jon Juaristi o el proactivo
adalid de la tertulia de Federico Jiménez Losantos y post-maoísta,
Gabriel Albiac.
Estefanía no se encaminó hacia estos predios de la derecha más o
menos civilizada , sino que siempre se ha mantenido en una posición
crítica, desde su atalaya de una socialdemocracia general básica. Y
quizá por ello sus reflexiones siempre son novedosas en la medida en
que apuntan a una nueva vuelta de tuerca, como en el caso que le ocupa
en la mentada columna.
Porque si ha habido algo que haya desconcertado más al personal, y
no ya sólo al ilustrado, en los últimos años ha sido la comprobación de
que los altos representantes de esta profesión dorada y adorada , a
pesar de sus muchas y fisnas teorizaciones, de sus elocuentes
planes a corto y largo plazo, de sus exquisitas disquisiciones entre
lo microeconómico y lo macroeconómico, no hubieran sido capaces de
atisbar en el horizonte la crisis financiera del 2008, como en un
dechado de humor anglosajón lo proclamaba el famoso video de The last Laugh.
Y, lo peor de lo peor, que su incapacidad se hubiera debido a haber
sido seducidos por sí mismos , sucumbiendo al paradigma tecnocrático
de lo científico como lo cuantificable matemáticamente, ignorando todas
las prevenciones de Max Weber y suponiendo al cabo que los seres
humanos – y su economía – se podían regir por leyes
inalterables como los cometas o los electrones ( y de esto último ahora
también habría mucho que hablar.
Es de esperar que las palabras de Joaquín Estefanía Moreira detengan por un momento la marea de torpeza de todos esos programadores económicos guays, que confunden sus deseos con la realidad…
Dice un amigo mío , condenado por cinefilia y cineasta de no mucho
éxito que ,con carácter general, las series se pueden clasificar en
malas y muy malas, aunque él prefiere calificarlas de 3-R ( mayores con
reparos) y 4 ( gravemente peligrosa), siguiendo una antigua normativa
moral.
Y aunque es cierto que yo no suelo eludir los márgenes
clasificatorios cualitativos por mor de mi degenerada visión
sociológica, poco sabría afirmar al respecto. Tan solo que he podido
constatar la polución efervescente de las susodichas ,que se expande en
plataformas varias mayormente de pago y que ,eso sí, no dan tregua de
tramas multiplicadas desde sí mismas como si se les hubiera suministrado
un a modo de pastillita azul para mantenerse en permanente excitación.
Seguramente este modo de proceder tiene mucho que ver con la vana
pretensión de generar una adicción sin tiempo ni espacio, otra de las
claves de esta nuestra inmediatez horizontal actual, pero aún así los
niveles de saturación son objetivamente limitados y la prolijidad de
crímenes abdominales ( ¡Perdón quería decir abominables !), tenebrosos
misterios cada vez más misteriosos y tenebrosos, y sangre replicante a
raudales junto con comentarios del más refinado sadismo familiar, toda
esa pamema , vamos, que antes hacía las delicias de los lectores de «El
Caso» y acaso de los videntes de las telenovelas venezolanas, terminará
, es de suponer históricamente, en el hartazgo y con la quiebra
drástica («Oh, my God!» )de las mentadas plataformas, una quiebra que
quedará subsumida y numerada en el largo catálogo que ya acoge los
fracasos audiovisuales, desde que el mundo es inmundo.
Se cumplirá así la ley más pura y cristalina del capitalismo más
duro y oscuro, esa que obliga al personal a reinventarse y empoderarse
para entrar con encono en la nueva burbuja que habrá que explotar hasta
que explote y se reinicie el ciclo.
Agrupémonos todos, pues y consecuentemente, en torno a los terminales pantállicos , y gocemos mientras podamos porque no sabemos ni el día ni la hora en que desaparecerán las series y ya todo será llanto y crujir de dientes…
“Si existen en el mundo fuerzas, poderes o energías productoras de
innovación, la única disciplina que puede comunicar directamente con
ellas es el arte, cualquier arte, siempre que sea fiel a su propia
esencia, que es la actividad creadora en el orden de la forma», afirma
Etienne Gilson en su ensayo Pintura y realidad .
He recordado esta frase al salir de la proyección de Trafic
(1971), la película de Jacques Tati ( 1907- 1982) que acaso sea la
obra- suma de su carrera cinematográfica. En ella , el director
francés ( de origen franco-ruso-ítalo-neerlandés, por cierto) nos
sumerge en una leve trama en la que el famoso señor Hulot ( el
personaje par excellence de Tati) aparece como un diseñador
de coches de París que viaja en un camión hasta Amsterdam para exhibir
su modelo en el Salón del Automóvil. Los avatares de este viaje, con
continuos pinchazos, averías, retenciones e intervenciones policiales
dan cuenta de una reflexión sobre el tráfico automovilístico, que ya
en el año en que se rodó el film se anunciaba como un fenómeno en
crecimiento que pronto iba a colapsar las ciudades, y que ahora ,
cincuenta años después, se quiere conjurar.
Y precisamente, el valor incombustible de la película parece residir
en esta continua reactualización que nos recuerda que los avances
tecnológicos no tienen necesariamente que ser avances ni materiales ni
morales. Y lo hace desde un dispositivo formal en el que desde la
sátira, la parodia y la ironía se combinan la crítica y la sonrisa,
el dispositivo quizás más eficaz para fomentar la reflexión.
Quizás hoy en día Tati se hubiera entretenido y nos habría hecho reír, y mucho, si le hubiera dado por escribir y filmar un Smartfone,
a la vista de los innúmeros aparatitos luminosos que se encendían y
apagaban aquí, allá y acullá a lo largo y ancho de la sala mientras
avanzaba la proyección.
No quiero terminar este breve apunte sin señalar que ha sido el Colegio de Oficial de Arquitectos Vasco Navarro (COAVN) en su sede de Bilbao quien ha permitido recuperar este clásico del humor, en el contexto de uno de los mágníficos ciclos de cine presentados con tanto tino y euridición por el profesor Eneko Lorente .
(c) IBILTARIA by V. Huici
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