
Leo en La Sicilia, periódico local (y localizado) de referencia, que ,tras varios años de cierta calma, se ha producido la detención de un grupo no se sabe si mafioso o masónico, dedicado «al negocio inmobiliario». De hecho, el boss del cotarro descubierto tiene algún cargo importante en las filas de la masonería legal ,y en su casa se ha encontrado junto a un gran crucifijo una foto de dimensiones notables de Totò Riina, el último Capu di ‘i Capi , a modo de santo de su devoción.
Y me he quedado pensando en la suerte que tienen estos pueblos en los que las diferentes mafias, con sus distintivos y sonoros nombres, resumen bajo una advocación toda una amplia variedad de actividades criminales que además todavía son reconocidas como «benéficas» por parte de la población.
Pues en nuestros lares, la ausencia de nombres o su insuficiencia casi pastoril – hablando como mucho de corrupción– impide que prácticas como las dobles contabilidades, los sobresueldos bajo manga, las inversiones fraudulentas, el tres ( o cinco) por ciento o las recalificaciones manifiestamente interesadas de terrenos , queden como actos moderadamente delictivos adquiriendo más bien un tono folclórico.
Y sin embargo, sería necesario contar con algún sugerente nombre operativo – tipo Camorra, Cosa Nostra o Ndrangheta.
Así que a ver si a algún experto ( o experta, of course) en «posicionamiento» se le ocurre algo sencillo y claro que sea susceptible de circular con habilidad y frescura en las redes sociales…








