
Tres artículos publicados recientemente en la prensa conservadora me han llamado la atención .
En el ABC madrileño Gabriel Albiac (1950), en sus tiempos maoísta de altos vuelos y – todo hay que decirlo- agudo ensayista, se desparramaba teóricamente sobre todas las religiones civiles surgidas a raíz de «la muerte de Dios», desde el socialismo y el nacionalismo de antaño hasta el feminismo de hogaño, presentándolas como aparatos genocidas en manos de nuevos sacerdotes y sacerdotisas oficiantes sin el freno de, precisamente, un dios moderador .
El también ex- militante marxista leninista Federico Jiménez Losantos (1951) volvía a su columna de El Mundo con una diatriba contra Macron afirmando que su oferta de ayuda para paliar los incendios de la Amazonía ha sido pura retórica interesada pues dicho pulmón vegetal terrestre, según sus informes, no ha sufrido más quema que en otras ocasiones.
Por fin, el profesor y parlamentario de Navarra Suma, Iñaki Iriarte (1971) se quejaba en el Diario de Navarra, – a propósito de las continuas vejaciones a la escultura que recuerda la letal intervención policial de julio de 1978 – del relato que «la izquierda radical» y «el nacionalismo» (vasco, of course) hace de tal episodio, relacionándolo arbitrariamente con el ataque fascista de Montejurra en 1976 y la muerte a tiros de la ecologista Gladys del Estal en Tudela en 1979.
Como se puede observar, los tres artículos se reclaman de un relato alternativo de hechos más próximos o más lejanos, inscribiendo esa reclamación en una «lucha por el relato» que parece ser uno de los ejes de la actual estrategia conservadora en estos tiempos de «fake news».
Pudiera considerarse que esta estrategia estaría balizada por el pensamiento posmoderno – bien que simplificándolo hasta el esperpento- y que denotaría un conversión democrática en aceptación de una pluralidad de versiones , pero la tenaz insistencia en la posibilidad de relatos siempre alternativos y sucesivos, muestra más bien un deseo de generar la duda sobre todos los relatos y de enredar en esa duda todo posible debate sobre los hechos .
Por lo demás, y salvo en el caso de Iñaki Iriarte ( por su juventud histórica ), en los de los talluditos Albiac y Jiménez Losantos, su intento de enhebrar nuevos relatos rezuma una culpa todavía no expurgada que también es observable en otros camaradas de similares camadas…








