
En los medios de comunicación más circunspectos, algunos ( y algunas) columnistas de abolengo no dejan de reseñar , con tristeza y en ocasiones con indignación, la violencia verbal en la que se mueven públicamente las diferencias políticas.
Sin embargo y probablemente debido a la obligación de dar cuenta del día a día, no profundizan críticamente en el contexto de estas manifestaciones que acaso no sean sino un epifenómeno de algo más estructural.
Pues, teniendo en cuenta la relevancia contemporánea del mundo electrónico y contemplando la extrema virulencia que se puede observar en algunas de las redes sociales – y particularmente en las de contenido más breve, como Twitter, Tik-Tok o Whatsapp- se puede comprobar que lo que fuera íntimo se vuelve éxtimo ,en el sentido de Paula Sibila -publificando perversamente lo que antes era privado.
Y en este punto no se debería dirigir tan solo la mirada hacia las nuevas generaciones, pues más de un talludito ( y talludita) , formado en la crudísima educación franquista, ha encontrado en estos nuevos medios una oportunidad única de catarsis, una ocasión para descargar violentamente todo el autoritarismo acumulado, dando muestras de un espíritu dictatorial drástico en el límite del fascismo que , como decía Michel Foucault, no solo reprime sino que exige una adhesión pública y sin fisuras a lo proclamado.
Detectar estos micro-fascismos que ahora circulan electrónicamente, denunciarlos y combatirlos, puede que sea la única opción a largo plazo para conjurar esta violencia estructural que constituye un cáncer silente para el pensamiento y la práctica democrática…
(c) by Vicente Huici Urmeneta








