
Uno de los efectos colaterales de la pandemia del COVID-19 ha sido la extensión imprevista del tele-trabajo.
Anticipado desde los parámetros futuribles , es muy probable que el tele-trabajo se vaya a implantar fundamentalmente en el sector terciario, de gran importancia en nuestra sociedad incluso por su vinculación digital con los sectores agropecuarios e industriales.
Pero , asimismo, el tele- trabajo va a servir de punta de lanza en la instauración de una relación laboral que ya no se va a sustentar en la articulación espacio- temporal disciplinaria ( tan acertadamente caracterizada en su momento por Michel Foucault), sino en un criterio algorítmico de productividad. Todo ello en consonancia con la nueva figura de individuación psico- social – el zoon elektronikón– que ha generado la revolución de las TIC`s y las redes sociales.
Por todo ello, será inevitable una profunda discusión sobre esta nueva variedad de relación laboral, pues, más allá del criterio de productividad consensuado, será complicado definir las circunstancias productivas, el desglose y cobertura de los gastos que se aduzcan -¿ quién debe pagar el hardware, software o la conectividad? – así como las coberturas socio-sanitarias.
La prueba de la necesidad de abordar estas cuestiones reside en el debate social que ya se ha comenzado y que probablemente deberá tener su reflejo en los correspondientes convenios colectivos habituales.








