
Desde los idus de julio resulta muy difícil, por no decir imposible, sentarse en una de las múltiples y largas terrazas que se han habilitado con gran generosidad municipal en las calles de la Villa donde asiento mis reales ( con perdón).
La situación suele llegar a ser tan crítica que, tras un deambuleo por el barrio y por los barrios adyacentes, y entre el cansancio muscular y el desasosiego mental, encontrar una mesa adquiere una dimensión más trascendental de lo que podría suponerse.
Así que cuando el milagro se produce, cuando el dedo de un dios ( siempre absconditus) por fin ya nos ha señalado, un regocijo inusual recorre nuestro cuerpo, por haber triunfado sobre las limitaciones físicas y también sobre las metafísicas- esos empeños del personal hostelero que pretende que se coma a partir de las doce y se cene a partir de las ocho en dichas sean las terrazas.
Encontrada pues la plaza adjudicada por la divinidad y aun con la perspectiva de que ningún camarero o camarera se acerque hasta la mesa- ¡ Ah, viejas constumbres de nuestros antepasados!- el gozo puede acabar en un pozo si se ha salido en solitario y se ha de combinar la presencia sentado y junto al borde de la barra petitoria desde el mismo punto de vista y en el mismo momento – que diría el listo Parménides- pues la mentada divinidad todavía no nos ha otorgado el don de la ubicuidad hiperespacial.
Visto lo visto, no sería de extrañar que desde el pulpo electrónico surja la consiguiente aplicación terrázica para «gestionar» , como se dice ahora, nuestra cerveza o nuestro txakolí, sentados/as of course.
Y ya puestos ( y puestas, of course too) no estaría de más invitar a nuestros ediles a que tomen la iniciativa al respecto. Al fin y al cabo si por algo se está posicionando nuestro municipio en el mundo mundial es por iniciativas tan singulares como, por ejemplo, reducir la circulación de automóviles a menos de 30 km/h generando más atascos y más polución.
En fin, y para que no me saquen cantares, que me identifico y mucho con aquella frase de Josep Pla en su libro Humor, candor : “Som uns conformistes d´adhesió incompleta” . Y es que no me puedo adherir al régimen de terrazas distópicas habiéndolas conocido utópicas ( en tantos y graves sentidos).








