Bebés de Amor

Dicen los expertos en la Divinidad, que ahora que no tiene fuerzas para castigar como en sus buenos tiempos, “Dios es Amor”. Pero que yo sepa, todavía su desprestigio social no ha llegado al extremo de asociársele a la industria farmacéutica como para que se proclame “Dios es un medicamento”. Siendo entonces como somos creaturas suyas, no acierto a comprender por qué los medios de comunicación consienten en bautizar con tan despectivo adjetivo a los bebés venidos a este cochino mundo para sanar a sus hermanitos que les precedieron en la desgracia de nacer, con lo bien que se está en la Inexistencia, que por algo recientemente los Tribunales de Justicia condenaron a un cirujano abortista que fracasó en su labor, a pagar una pensión al infeliz que vive por su negligencia.

Pero al margen de mi particular opinión sobre traer hijos al mundo, circunstancia que contemplo como una canallada por cuanto considero que sólo las personas que han tenido una existencia dichosa en lo físico y espiritual pueden decir de si mismos que son buenos padres al procrear, teniendo al resto por unos auténticos cabrones…creo que habiendo como hay tanta manga ancha al respecto por parte de la vigente legislación consentidora para con la gente que hace hijos por inercia, descuido, incontinencia sexual y azar, o para estar entretenidos, elevar su estatus social, tener una excusa para salir de paseo, que le cuiden en la vejez, poder tener a alguien sobre el cual mandar, dar sentido a sus vidas, etc, al objeto de preservar los macro-intereses de la comunidad preocupada por las futuras cotizaciones a la Seguridad Social, mantener el flujo constante de elementos que justifiquen los cuadros y salarios intermedios docentes y sanitarios a corto plazo y las estructuras de poder como el ejército, la policía y las cárceles a medio plazo, así como todo el entramado empresarial basado en el abastecimiento de la escoria social y de su servicial consumo dirigido… no entiendo cuál puede ser el motivo aducido por nuestros gobernantes y aún de la Iglesia – la profiláctica sentencia kantiana que establece que el Hombre es un fin en si mismo, no debiéndosele emplear como medio, además de ser malinterpretada habitualmente, en este caso trasciende su literalidad por cuanto nadie entonces podría arriesgar su vida para salvar la de un tercero si en estos casos tampoco vale – para ponerle trabas a unos padres que desean quedarse embarazados con el propósito de salvar la inversión vital ya realizada con un retoño bien crecidito al que se le ha diagnosticado una enfermedad incurable que le conducirá inexorablemente a una pronta y dolorosa muerte de no ser precisamente que sus pobres padres encarguen a la cigüeña un hermanito de diseño genéticamente sano cuya compatibilidad estará en disposición de salvarle la vida.

Por todo ello, me alegro muchísimo del final feliz de un caso que he seguido con expectación por cuanto en esta sociedad resultadista en la que se valoran más los resultados que otra cosa, supongo un tanto a favor de esta solución que posibilita la ciencia y que parece del agrado de Dios, que un niño llamado Izan al que con ocho añitos le descubrieron adrenoleucodistrofia, grave enfermedad hereditaria que se hizo famosa por la película “El aceite de la Vida” ahora, gracias al nacimiento de sus dos hermanas gemelas seleccionadas genéticamente para curarle, ha recuperado la sonrisa y como el mismo ha podido declarar ante las cámaras «Estoy flipando todavía de que pueda salir a la calle sin mascarilla».

Detrás del nacimiento de las dos hermanitas de Izan, no está una instrumentalización de la vida humana, ni la cosificación de la persona, ni el deseo a jugar con la naturaleza del Hombre y mucho menos creernos ser dioses para cambiar nuestro destino. No hay más que lo que ha habido siempre: un inconformismo de la Conciencia ante su inminente desaparición, una desesperante aferro a la vida por parte de un niño plenamente consciente de lo que ocurre, un inmenso espíritu de superación por parte de la especie traducido en el desarrollo científico-técnico que lo ha hecho posible, un Dios bueno y misericordiosos que con su aliento ha empujado favorablemente en esta dirección y sobre todo el Amor infinito de unos padres que han apostado de nuevo por la vida, pese a que han sido ellos los responsables de que su hijo experimente la amarga angustia existencial.

La mitad de los españoles no sabe

Hay tantas cosas que no sabemos que de dejar la frase sin completar podríamos concluir silogísticamente que media España es mortal y la consecuencia de ello sería una aberración lógica por culpa de Sócrates quien además de ser un hombre, resulta que solo sabía que no sabía.
Pero sucede que uno de esos estudios que de cuando en cuando forman la opinión de quienes los leen, nos asalta en los medios alertándonos de que “La mitad de los españoles es incapaz de citar el nombre de un solo científico” ¡como si eso fuera con nosotros! ¿Hemos de angustiarnos por ello? ¿Acaso avergonzarnos? ¿Hemos de corregirnos? ¿Por qué saber el nombre de un científico es importante?…¡Calma! ¡Calma! No se me amontonen que preguntar se pregunta con dos palabras y las respuestas requieren su tiempo.
Como prueba la Historia, la memoria humana es muy tiquismiquis a la hora de recordar, pues la química cerebral que rige su fijación depende también de algo más voluble que la voluntad, a saber: el interés o la motivación. Por supuesto, la presión social de la costumbre conduce la mente hacia los objetos o sucesos merecedores de pasar a los anales de nuestra experiencia como lo son bodas, bautizos, comuniones, entierros, finales de fútbol…pasando a la escoria del inconsciente cualquier tarea o acción rutinaria como el comer o dar un paseo, aunque a la postre para el psicoanálisis sean los que acaben gobernando desde las profundidades del olvido nuestra entera conducta por medio de fobias y frustraciones.
Ciertamente, la estructura vital que nos factura distintos compartiendo una misma naturaleza permite no obstante que un hecho particular que para la mayoría no le supone nada en especial, para otra persona sea todo un acontecimiento como una melodía determinada o el primer día que vistió pantalones largos como los mayores. Todo esto está muy estudiado por la psicología y las leyes de la asociación desde Hume. Pero lo que se desprende de ese titular es que todo un colectivo como es la población española parece coincidir en una de sus mitades en no recordar el nombre de un solo científico, cosa que no sucede por ejemplo con otras colecciones de nombres como el de los deportistas o gente del cotilleo y debe en consecuencia explicarse.
Yo, la verdad, es que ni me angustio ni me avergüenzo por el dato. No todo el mundo ha de saber de todo. De hecho, cuando todavía era un escolar incordié lo mío ejerciendo de incipiente interrogador como el maestro de Platón para descubrir que el profe de mate no sabía la pasiva en inglés, la profe de inglés desconocía el desarrollo reproductor del caracol, el profe de natu no sabía conjugar el pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo de Roer, la profa de lengua no sabía hacer un sencillo quebrado, etc. Entonces ¿Por qué a mi se me exigía aprender todo eso? Con todo, reconozco que nuestra cultura general científica raya el analfabetismo si se me permite la expresión, porque es inaceptable que un Doctor en física pase por inculto por reconocer no haber leído el Quijote, pero que un profesor de Historia no sepa hacer una raíz cuadrada como que es normal.
Que la mitad de la población sea incapaz de nombrar a un solo científico más que avergonzar y angustiar debe hacernos reparar en qué clase de comunidad nos estamos convirtiendo: que el asunto no es un problema de memoria lo revela lo bien que todo destripaterrones recuerda los nombres de los jugadores de cualquier equipo de fútbol o toda Marujilla te recita sin pestañear la retahíla de personajillos del mundo del famoseo. Evidentemente a ello contribuye enormemente la gran difusión mediática que de esos temas se realiza a diario. Sin embargo, sería craso error atribuirles todo el mérito al respecto.
Cuando la colección de nombres remite a “chutador de pelotas” o a “compañero sentimental de tal y tal”, personas de capacidad intelectual baja no tienen dificultad en archivar un gran número de elementos, pues aunque aumenta el significante, no lo hace el significado. No así sucede con los nombres de científicos que siempre requiere como mínimo ubicarle en el nicho correspondiente de físico, biólogo, astrónomo…no hablemos ya de la información que hay detrás. Ciertamente tras un nombre como “Cristiano Ronaldo” que para mejor comprensión de las personas que se lo han de memorizar es abreviado a “CR7” puede haber un conjunto de conocimientos, pero este siempre será menor que el que nos encontremos tras un Einstein. En consecuencia, no se puede pedir peras al olmo ¿O sí?
Ahora que llevo casi un lustro sin ver la tele y me encuentro recuperado para la creación y desintoxicado de la basura informativa, les declaro un secreto que si me sonroja: ¡Yo también llegué a saber que Prosineschi era novio de Ana Obregón. ¿Cómo fue posible? Eso me pregunté yo un día con treinta años. Yo que me dedico al estudio, que leo libros, veo películas mudas en blanco y negro de la disidencia iraní. ¡Yo! Que no sé de fútbol ni veo programas del corazón. Muy fácil…esa información basura me la han metido en la cabeza subliminalmente a través de anuncios, y en los propios Tontodiarios de la cadena pública, donde sin ir más lejos, el otro día estando en el bar “La Ronda” de Castro donde mi amigo Erkicia, escuché sin querer en TVE1 lo bien que le va a Alfonso de Borbón con su novia venezolana.
Pues bien, los hay que creen que si alguien como de mi especie, sin estudiarlo ni pretenderlo puede alojar en su memoria datos semejantes, la solución al problema del analfabetismo científico y en otros órdenes del saber, se halla en bombardear de igual modo al público general con los conocimientos que deseamos que aprendan. Y es posible que algo se les quede de todo ello al más puro estilo de Chiquito de la Calzada con el peligro que ello comporta para el sano saber como se ha ocupado la novela histórica de demostrarle a la Historia a manos de Dan Brown y compañía. Porque, de no trabajarlo bien, corremos el riesgo que digan de carrerilla Einstein, Bohr, Schrödinger… como nuestros abuelos aprendieron la lista de los Reyes Godos. Para evitarlo no estaría mal que en vez de informarles sobre la Teoría de la Relatividad, el modelo del átomo y la famosa ecuación, les informásemos de los amoríos con su jovencísima primita del primero, que el segundo fue miembro de la selección de fútbol danesa y que el tercero no sólo pensaba en mujeres correteando por su cabeza mientras escuchaba soporíferas conferencias de sus colegas, que además de empalmarse, se veía a él mismo persiguiéndolas. Y con estas tres observaciones ya he hecho más por la divulgación científica que otros que se las dan de divulgadores, siempre hablando de ciencia.

Despejando la X de la ciencia

http://www.youtube.com/watch?v=RIN2zdf_530

Contemplado su oscuro resplandor a mediados del siglo XX, la Ciencia, tenida hasta entonces únicamente por una entidad buena, parece haber madurado lo suficiente como para ser aupada al Olimpo de los dioses ambivalentes, que tan pronto ayudan como te hacen la puñeta. En consecuencia, vista cual Isis tras el velo, corre la misma suerte que el Dios Cristiano, desprovisto de todo reconocimiento, salvo el que le dispensen aquellos que todavía confíen en su aspecto positivo marcando esa vergonzante casilla a la que ha sido relegado socialmente.

Esto es lo que se desprende tanto del hachazo metido al presupuesto dedicado a la Ciencia por el desgobierno del Partido Popular, como de la iniciativa ciudadana emprendida por un prometedor físico-matemático soriano de 26 años, llamado Francisco J. Hernández, desde su blog “Resistencia Numantina”, dónde conmina al Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, a que inserte en la próxima Declaración de la Renta una nueva casilla que permita a los ciudadanos destinar parte de sus impuestos a la investigación científica, iniciativa que ya ha sido suscrita por más de 15.000 personas que, paradójicamente, han firmado a lo Pascal, es decir, más con el corazón que con la cabeza. Porque, aun comprendiendo los imperiosos motivos que han llevado a este joven científico a proponer tan desesperada medida reservada para eso de la caridad y hasta reconociendo su buena intención y la de cuantos se han sumado a su solicitud, no puedo estar más en desacuerdo con la medida que lo que lo estoy con el recorte habido en la partida presupuestaria dedicada a I+D+i.

Por descontado prefiero esta deshonra de marcar una x para que mis impuestos se empleen en Ciencia, a tener que ir por las calles, hucha en mano, pidiendo para un Acelerador de Partículas como hace la pobre Iglesia Católica para mantener las Misiones con el Domund, o convertirme en un Testigo de jehová e ir de puerta en puerta por comercios, empresas y particulares mendigando una ayuda para que puedan seguir investigando contra la diabetes que padece mi pobre hijita como ha tenido que hacer esa buena madre, Cristina Ponce, que ha reunido 7.000 euros en una colecta destinada a recontratar durante tres meses a una investigadora que recientemente había sido despedida junto a otros 114 compañeros del centro de investigación valenciano por falta de presupuesto en la misma Comunidad que con alegría se va a gastar los dineros en traer la Fórmula 1.

Pero es un error colocar a la Ciencia en la Cruz de San Andrés. De colocarse esta casilla seguramente el Estado del Malestar no dudará en contraponer la casilla de la Ciencia a la de la Iglesia reeditando falsas disyuntivas dieciochescas entre Fe y Razón, e incluso a las de las Oenegés, que indistintamente de lo que pensemos de una y otras, lo que es seguro es que en dicha contraposición no ganará nadie, pues de una parte lo concedido a la Ciencia se detraerá de prestaciones sociales y con el tiempo la Ciencia misma será tratada como la Iglesia Católica a la que olvidados los servicios prestados con anterioridad y aún hoy en día, se la dirá que se las apañe solita; Y que quieren que les diga…No sé qué me parece más indigno, si poner a nuestros Científicos a pedir por las esquinas o en las entradas del metro – lo de editar una revista científica al estilo “La Farola”, como que no lo veo – o marcarles pecho, espalda y culo como se hace con los deportistas con el nombre de los patrocinadores, porque ya sería la repanocha que una empresa como Coca Cola financiara la lucha contra la diabetes o Repsol combatiera el cáncer.

Lo que toca no es que nos crucifiquen en el IRPF; Esa medida sólo parece adecuada para el cristianismo. Si la Ciencia acepta el recorte y no contesta como merece al Gobierno poniéndole en su sitio, ¡es que esta Ciencia no vale! Yo estoy dispuesto a difundir el provecho social que de su trabajo se sigue para que en los presupuestos la Ciencia sea tratada como se merece y para evitar la lamentable continua fuga de cerebros. Pero para aceptar de buenas a primeras, como un sindicato vertical amarillo, que se mantenga el gasto en la adquisición de equipos militares y se derroche los impuestos en contratos millonarios de los clubes de fútbol mientras se recorta bruscamente las partidas para la investigación médica, de biotecnología, etc, no pienso mover un dedo. Al contrario: Acusaré a la casta Científica de docilidad a cambio de participar del festín en el desmantelamiento del Estado de Bienestar.

Porque si la Ciencia pasa de estar contemplada como merece en los presupuestos oficiales a depender de la voluntad de los españoles, además de correr un riesgo innecesario por lo que comentaré al final, mal ejemplo daría a la Sanidad y la Educación que también están en el punto de mira. ¿O es que ese es el camino a sembrar que como la Ciencia escuelas y hospitales han de buscarse la vida en la Declaración de la Renta mientras la Casa Real, las subvenciones a los Partidos y demás criminales bajo cuerda del BOE parecen blindados a estas eventualidades?

El entusiasmo con el que ha sido recibida esta propuesta, sólo se explica por la cobarde autoconfianza de los científicos de salir bien parados del envite, no por supuesto contra el Gobierno de Rajoy, sino contra la Iglesia Católica. Pero que no canten victoria tan pronto, que en cuanto el fútbol entre en liza en la disputa por los impuestos del españolito medio – incluidos los aficionados del Barca y el Athletic – lo que encontrarán en la casilla ya no será una x, sino el Principio de Incertidumbre de Heisenberg.

El verdadero objetivo de la ciencia

 

Desde mi más profunda vagancia, desayuno con desasosiego la inquietante apreciación con la que se estrena en una entrevista Carmen Vela, Secretaría de Estado de I+D+i, para quien “el objetivo final de la ciencia es generar trabajo, empleo y riqueza.” Del susto se me ha atragantado el donut.

Aun comprendiendo qué le ha conducido a proferir semejante aserto dirigido al mundo de la industria y a una opinión pública cuyo horizonte causa-efecto se pierde más allá del próximo finde…tal afirmación, es rechazable como mínimo en sus dos terceras partes.

Yo siempre he pensado, que el final primero y último de toda Ciencia, es el Hombre, su felicidad y sobre todo, su supervivencia, teleología que la colma de sentido, por cuanto permite adaptarnos más cómodamente al entorno, cuidar la salud, vestir y alimentarnos de manera más idónea, desarrollar nuestras capacidades comunicativas, de transporte, interpersonales, haciéndonos más comprensible la propia Naturaleza, la sociedad en que vivimos, desentrañar en qué consiste la vida, qué es el Mundo y algún día cuál es el origen del Universo, por qué hay Ser en vez de Nada y demás misterios de la Existencia. Nunca se me pasó por la mente que el final último de la Ciencia fuera crear trabajo. Antes ¡al contrario!

Una de las funciones que la sociedad tiene confiadas a la Ciencia, es precisamente ahorrarnos el mayor trabajo posible o en su defecto, convertirlo más liviano o derivarlo a terceros como animales o máquinas y si es posible minimizando los costes energéticos y maximizando su rendimiento. ¿Estoy en un error? ¿Es posible que mi amor por la Ciencia me haya cegado tanto que lo que yo veo como un hermoso lunar, sea en verdad una terrible verruga? No lo creo.

La temprana lectura del “Discurso sobre las ciencias y las artes” de Rousseau durante el instituto, me vacunó lo suficiente como para no caer en la candidez de reemplazar la Fe por la Razón y la Religión por la Ciencia como iba camino de hacer en una marcha intelectual a la que le vino muy bien escuchar aquello de “A lo mejor, el progreso ha ido demasiado lejos” que me permitió entender, ya en segundo de carrera, la observación de mi profesor de Antropología, Carlos Beorlegui, de que, el desarrollo de humanización no iba muy parejo al de hominización. En consecuencia, no albergo temor alguno de haber sufrido ningún tipo de ensoñación al respecto, pues siempre me he mantenido muy crítico, no con el verdadero objetivo de la Ciencia, sino con el de los científicos, los cuales se ven obligados a rendir pleitesía a quienes desde el Poder establecen las prioridades del momento y de su época, no siendo infrecuente que al igual que le sucede a los artistas, los científicos deban supeditar sus investigaciones a los distintos caprichos de los mecenas-patrocinadores y de igual manera que aquellos se han pasado la vida pintando retratos feos y bodegones absurdos, estos han debido dedicar su preciada existencia a construir armas, con la esperanza de poder desarrollar su auténtica vocación e íntimos ideales.

Quién está en una enorme confusión, es la nueva Secretaria de Estado. Es cierto que la Ciencia en su eliminación de trabajo antiguo, ha generado nuevas formas de trabajo, verbigracia, el tractor ha sacado del campo a miles de campesinas que de sol a sol azada en mano no levantaban cabeza, pero ha dado empleo en las fábricas donde se construyen los tractores. ¡Vale! Pero concluir de ello que •el objetivo de la ciencia es crear trabajo…es como si la Ministra de Salud saliera con que el objetivo de la medicina es formar a médicos y construir más y mejores hospitales. Porque no se puede tomar por objetivo de una Ciencia lo que meramente es el instrumento para su consecución.

Y ahora para limar asperezas, me dejaría nombrar su asesor personal, pues mi objetivo en esta vida es no trabajar.

Experimentación con pobres

 

Durante el curso 07-08 14 bebés de familias pobres argentinas murieron tras participar sin saberlo en los ensayos de una vacuna contra la neumonía y la otitis aguda del laboratorio británico GlaxoSmithKline. La Justicia argentina, recientemente ha ratificado la multa de 179.000 euros que el Ministerio de Salud le impuso a dicha empresa en cuanto se supieron los hechos. No está mal para ser pobres, casi podría decirse que les ha tocado “El Niño”.

Tras agotarse las vías legales para la experimentación con animales, el siguiente paso a dar, antes de sacar al mercado un medicamento nuevo, es probar su eficacia, posibles efectos secundarios e incluso fatales desenlaces en humanos. Lo deseable, es que se presenten voluntarios a quienes se informa pormenorizadamente de los riesgos que corren como individuos y de los enormes beneficios que de su estudio y seguimiento se derivarían de salir con éxito el experimento; Suelen prestarse a este procedimiento sobre todo religiosos que se han creído de verdad la Fe, parientes de afectados por la enfermedad investigada y personas que buscan dar sentido a sus vidas.

De no aparecer altruistas, lo siguiente que toca, es retribuir el riesgo a la persona que acepta se ensaye con su cuerpo, informándole igualmente de todos los perjuicios que de ello puede derivarse para su ser particular, más sin llegar a desanimarle, riesgo psicológico que de aparecer, pronto es contrarrestado metiéndole en bolsillo el beneficio inmediato que obtendrá, treta que suele salir bien dado que la gente que se presta a experimentos médicos por dinero, es por extrema necesidad, circunstancia donde pesa más la inmediatez de la retribución contante y sonante que un remoto problemilla que de surgir, nunca podía haber pasado en más feliz ocasión que rodeado de profesionales de la medicina que le tratarán como a un héroe, cuidados a los que un pobre no aspira, al menos en esta vida.

Pero sucede, que por tradición los pobres desconfían de todo lo que huela a matasanos – salvo en los denominados Estados del Bienestar, donde desmemoriados de su función de “conejillos de indias”, todavía acuden alegremente a que les curen; Pero eso va a cambiar en breve…- no resultando sencillo convencerles para que se presten voluntarios por dinero.

De no ser…que se les pinte el asunto como una campaña solidaria de una Oenegé que viene a ayudarles. Para este menester se escogen ejemplares con dolencias extraordinarios que como diría nuestra Vicepresidente, requieran intervenciones extraordinarias que seguramente por aquí ni se les permitiría intentar. Así los pobres son atendidos y nuestros médicos cogen experiencia…

Un modo menos complicado de obtener voluntarios es acudir a penales – da igual que sean de países pobres que ricos, ya que en las cárceles sólo se encuentran ejemplares pobres – donde se ofrece a los presos reducir condena o mejorar su régimen de reclusión a cambio de participar en el desarrollo de la ciencia.

Pero hay ocasiones en que ni por esas es suficiente. ¿Qué hacer entonces? ¿Es bueno moralmente privar a la entera especie del progreso por preservar un muy discutido derecho particular a la salud, la seguridad y la vida de unos cuantos ejemplares? Los nazis ya respondieron a esta cuestión por todas las indecisas democracias liberales, de modo que hoy la medicina que disfrutamos debe más a Mengele que lo que pudiéramos imaginar la carrera espacial debe al también nazi Von Braun inventor de los misiles U2 y posteriormente artífice de la llegada del hombre a la Luna.

En consecuencia, necesitamos experimentar con seres humanos aunque estos no quieran; lo podemos hacer con los de nuestra misma posición social o con seres cuya existencia es prescindible, con nuestra propia gente o con la de otras razas…Empero, lo que no nos podemos permitir, es que por evitar el daño a terceros, estando en nuestra mano hacerlo, dejemos que la arbitraria naturaleza escoja por nosotros y nos hagamos daño a nosotros mismos y nuestros seres queridos. Es muy fácil ser respetuoso con los demás cuando no se tiene más remedio. Pero si se tiene el Poder para usarlo en tu beneficio, el mal consiste precisamente en no emplearlo de ese modo.

¡Bravo! Entonces por nuestra industria farmacológica y los laboratorios médicos que aplican en la salud global los mismos parámetros de actuación que desde siempre rigen en las empresas dedicadas a la extracción de materias primas como madera, carbón, petróleo, gas…de cuyo comportamiento se siguen grandes sufrimientos de pueblos enteros que no caen en saco roto gracias a nuestro sabio aprovechamiento de su dolor, sólo que, ahora en vez de tratarse de recursos naturales, hablamos de recursos humanos.