EpC: Cómo sobrevivir a la crisis en el Estado del Bienestar

La gente está muy preocupada, no ya tanto por la incertidumbre del futuro, cuanto por la certidumbre del presente, en un desquiciado Carpe Diem colectivo que, a más de uno, le está costando la vida, sin que ello compute en estadística alguna como violencia de ningún género y mucho menos terrorista. Pero nuestro controvertido Estado del Bienestar, siempre en entre dicho, puede ofrecer distintas alternativas a todos y cada uno de los miembros de una buena familia cristiana, de esas formada por un matrimonio como dios manda, con sus hijos mayores que no tienen a dónde ir y los abuelos con sus pensiones reunidos bajo el mismo techo embargado, sentados a la misma mesa aunque no tengan para comer y que pasan felices sus vidas junto al televisor por no tener ninguno de ellos trabajo, ni disponer de dinero para salir a tomar un café, ahora que ha subido la luz…

Los abuelos, ya tienen edad de vivir en un psiquiátrico de la Seguridad Social. Con dicha intención, evidentemente no basta aducir que chochean. Se debe presentar un cuadro convincente de demencia senil para que su solicitud de ingreso sea aceptada. A tal efecto, bueno sería que antes de tramitar nada, varios vecinos del barrio les vean pedir por las esquinas, recoger cosas de los contenedores y ¿por qué no? robando las meriendas a los niños en el parque al estilo del oso Yogy. Gracias a su testimonio, con que vayan mal arreglados, despeinados y sucios, será suficiente para que la demanda prospere; A cambio pueden comprometerse a votar cuando haya elecciones.

Los hijos pequeños, lo tienen muy fácil para que las autoridades que no condenan ni prohíben la apología de la pedofilia, retiren su patria potestad y se hagan cargo de sus tiernas infancias. Con los adolescentes, ya es un poco más problemático, sobre todo si son chicos, aunque también, puede encontrárseles cierto acomodo si dan con el juez adecuado que les pueda enchufar en algún hogar de acogida sobre todo por las noches; Quienes de verdad lo tienen muy chungo, son esos menores de edad mental que pese a contar con la mayoría biológica, han sido educados al margen de los problemas hasta que estos les sobrepasan. Sé que es difícil de aceptar, pero a lo mejor su mejor salida, sean las drogas, para así tener motivo de ser enviado a un centro de esos que trata la desintoxicación; Eso, o cometen un delito grave antes de los dieciocho, como para que le condenen a permanecer en un reformatorio varios años más y luego pueda acogerse a medidas de reinserción que deben ser supereficaces, pues la mayoría reinserta y vuelve a reinsertar en otros centros penitenciarios.

Las mujeres entre nosotros, a diferencia de los pueblos musulmanes, sí tiene dónde caerse muerta: cuenta con toda una red de asistentes sociales que velan por su seguridad a la mínima que el marido le levante la mano. Por eso, de mutuo acuerdo, el buen esposo, con todo el dolor de su corazón, podría propinarle una buena zurra y ella gritar más de la cuenta para que el escándalo sea denunciado por buenos samaritanos, antes de que desaparezcan los moratones. Que ser llevada a un piso refugio y librarte de la pobreza, bien vale una paliza, pero no ir de verdad al hospital.

Por último, los hombres, a consecuencia de lo anterior, si ellas cumplen su parte del trato y nos denuncian como deben, seguramente acabemos en la cárcel, que ahí donde la tienen dicen que ha entrado en crisis, pero es falso, porque cada vez hay más. Una vez en prisión, podemos apuntarnos a cualquier taller educacional que nos prepare para nuestra futura salida laboral, pues según un reciente estudio publicado por Instituciones Penitenciarias, más de la mitad de quienes hacen estos cursillos en chirona, encuentra trabajo fuera. ¡Un chollo!

Así, con los abuelos en el hospital municipal, los hijos repartidos por orfanatos provinciales, hogares tutelados por la Diputación o en centros de desintoxicación, la mujer escondida en algún piso de acogida de la Comunidad, y el marido metido en la cárcel del Estado, una familia puede pasar la crisis desayunados, comidos y cenados, disfrutando del auténtico Estado del Bienestar, que algunos se empeñan en preservar y otros destruir.

EpC: Los teléfonos públicos no son para la cháchara

El otro día, estuve más de media hora buscando un bar con teléfono o una cabina que funcionase, tarea harta difícil en tiempos en que todos parecen haberse compinchado y bien que con-pinchado, en la única movilización social que triunfa: la de los móviles; De hecho, todo el mundo me dice que ya no hacen falta teléfonos ni en bares ni en las calles, porque todos, tenemos móvil, asunto que no discuto, pero que no me convence, pues a lo mejor sucede, que todos tenemos móvil, porque no queda más remedio, desaparecidos los teléfonos públicos… Cuando finalmente, di con una cabina ocupada, ciertamente me alegré al modo en como lo haría una jovenzuela que ve mejor a un adulto con anillo que sin el, pues mal que bien, es indicio de que funciona; pero lo que jamás sospeché fue que, también aquí, aparecería el problema de la fidelidad, pues suponía que siendo un teléfono público, mi único problema estribaría en esperar mi turno y tener dinero suficiente como sucede en el caso de las analogías paralelas cuyos detalles dejo a su discernimiento.
Y es que, vivimos entre quienes opinan que las cosas de fuera son del viento, como declaró nuestro ZP ante la ONU para vergüenza propia y ajena del Socialismo, y quienes mantenemos que son de Todos. Sin embargo, si el riesgo de proclamar a los cuatro vientos que lo que no es de alguien, no es de nadie, es que venga Uno y se lo lleve todo para él…el peligro que corremos al designar como público el uso de cualquier bien, es que muchos crean que puedan hacer un abuso de dicho bien como si fuera privado. Empero resulta que hay una grandísima diferencia entre que cualquiera tenga derecho a acceder a un bien público que es de todos, a que todos podamos hacer un uso privado del mismo. Por ejemplo, un transporte público no tiene por qué dejarte a ras del portal de tu casa, no puedes quedarte durante todo un año “El Quijote” de la biblioteca, por muy largo que sea, y tampoco deberías apalancarte toda una hora hablando por teléfono cuando ves a otra persona esperando para llamar junto a la cabina pública.

Constato que mi apreciación es mayoritariamente compartida, pues no es infrecuente que hasta quienes acostumbran a realizar estas impropias prácticas de los bienes públicos, sienten que algo les remuerde en lo más recóndito de sus conciencias, dado que, son incapaces de mantener el contacto visual con su paciente víctima, sabiendo muy, pero muy requetebién que, están haciendo mal teniéndole tanto rato esperando, por supuesto, esperando a que se aburra y se marche. Y como quiera que todo se pega menos la hermosura, este mal ejemplo, que la gente no sabe cómo afrontarlo sin empeorar la convivencia, acaba por sentar cátedra por aquello de “si no puedes con el enemigo…¡únete a él!” Por lo que mi amigo Rafa Álvarez, por mucho que nos duela a ambos reconocerlo, no ve otra salida al asunto que, Telefónica invierta el orden lógico, y cobre más barato los primeros tres minutos de la llamada, para luego ir aumentando su coste, según pasen el tiempo de conversación útil al de cháchara insustancial, y no como sucede ahora a la inversa, porque a caso sea dicha política la que esté animando tan incívico comportamiento.

EpC: Cómo distinguir a un pobre

Hay dos clases de pobres. Los pobres vergonzantes y los pobres sinvergüenzas.

Es natural que, en una sociedad cuya tasa de natalidad a penas alcanza para reemplazar a quienes pasan a mejor vida, no queden proletarios. Lo que no era de esperar, es que la desaparición de aquellos, no llevase aparejada o bien el aumento de los propietarios como prometía el liberalismo, o en su defecto, la eliminación de estos últimos, como profetizaba el comunismo, sino la absurda extendida pretensión engañosa de pertenencia a la Clase Media por una inmensa mayoría de gente que si pusiera negro sobre blanco la auténtica circunstancia de sus vidas, cuando menos, habría de revisar qué significa en su caso eso de “Media” porque no vaya a ser que, en lugar de apuntar que pertenece a un grupo de riqueza intermedia, pertenezca a un grupo de riqueza media, que no es lo mismo…pues en esta segunda expresión, la palabra “riqueza” puede intercambiarse por “pobreza” sin ver alterada en nada la realidad a la que apunta.
Por esta regla de tres, si con la desaparición de la prole, desapareció el proletariado, con la ausencia de los pobres, se acabó el problema de la pobreza. El problema ahora lo tienen esas Oenegés solidarias que están en peligro de extinción por motivos semánticos, de no ser que sufran el correspondiente proceso de reconversión para poder asistir sin cortapisas estatutarias a la Clase Media española.
Mientras llega esta reconversión, se que hay muchas personas entre las asistentes sociales y miembros de Cáritas que lo están pasando ciertamente mal por no saber a quién otorgar o denegar las ayudas, dado que hoy, resulta muy complicado distinguir quien necesita de verdad, del que solo necesita por capricho, dada la tremenda igualdad social que padecemos. Por eso, es primordial atender a algunos indicadores eficaces para distinguir a un pobre de quien no lo es: lo primero en que hay que fijarse, es en si tiene el hábito de fumar, es una de las señales inequívocas de que si no es pobre él, lo habrán sido sus padres, o de que lo acabará siendo; otro rasgo evidente de su pobreza, es si viste ropa de marca, y cuanto más grande se ve el nombre o el logotipo de la marca, mayor es el grado de desamparo, no digamos si luce camiseta del Barca, o del Real Madrid…Suele ser típico que los pobres tengan móvil y no paren de usarlo compulsivamente, es casi su seña de identidad; Si se diera el caso de que estas señales externas faltaran un modo de distinguir a un pobre, es ofreciéndole escoger algo de beber entre zumo, café, té, chocolate, o un refresco como Coca Cola, quien escoge el refresco, ese sin lugar a dudas, pobre de solemnidad; también es posible detectar al pobre, atendiendo a cómo pasa el tiempo libre, si gusta ver la tele, y disfruta paseando por las grandes superficies, está claro que es muy pobre…Da igual el arte y el talento con el que los pobres avergonzados de su condición traten de evitar ser descubiertos haciéndose pasar por Clase Media, al final, los detalles antedichos les traicionan, y las instituciones democráticas y asociaciones caritativas, podrán ayudarles, socorrerles, asistirles y cuanto sea menester, sin miedo a equivocarse.

EpC: De cómo sentarse en el autobús

Aquí no tenemos ese problema. Todos somos amigos: cambiamos cromos, vamos juntos a comidas y cenas, y no nos importa tener que pasar unas horas juntos. A fin de cuentas cobramos lo mismo.

Allá por los años treinta, había un hombre culto, sensible, idealista y de gran oratoria, amante de las artes y los animales, disciplinado, entregado a su trabajo, honesto, abstemio, vegetariano, con gran sentido del humor, galante con las mujeres, cuyo propósito en el mundo era traer la Paz y la prosperidad para su pueblo y sus vecinos…claro que Adolf también buscaba “Lebensraum” término que solo dicho en alemán asusta, pero que no es otra cosa que “el espacio vital” que todos precisamos para vivir en sociedad.
Cualquiera que se meta en un buscador podrá localizar infinidad de estudios sobre cómo funciona nuestro particular calibraje del “espacio vital” y cómo este varía su tamaño en función de si interactuamos con la pareja, los distintos miembros familiares, amigos, personas de otro sexo y edad, gentes de otra raza y cultura… pero también en función de la circunstancia, pues es evidente que somos capaces, si no hay más remedio, de estar unos junto a otros apretaditos sin capacidad para bailar que es a lo que supuestamente uno acude a la discoteca. Y ¡Claro! Este “ si no hay más remedio” da para mucho cuando no queremos ni por lo más remoto que alguien se siente a nuestro lado y nos invada nuestra “Lebensraum”
Por supuesto, uno debe aprender ciertas cosillas desde pequeñito, sin que nadie se las enseñe de forma reglada; entre ellas es a no sentarse en el mismo banco cerca de un desconocido cuando hay más bancos libres en los alrededores al alcance de la vista, y a no hacerlo justo al lado si solo hay un banco, cuando el otro extremo del mismo está vacío, además de peligroso, puede resultar embarazoso por los múltiples equívocos a los que da lugar entre personas de sexo opuesto y no digamos del mismo sexo…otro tanto rige para los asientos del autobús. Mas como sucede que hay demasiada gente a medio cocer en su formación básica, algunos han empezado a confeccionar distintas estrategias para evitarse en lo posible verse afectados en su intimidad espacial, fruto de una dilatada observación que paso a relatar.
Las personas, siguiendo las pautas individualistas de nuestra segura sociedad, buscan la soledad y que nadie les incomode en su Lebensraum, cosa que cuando el mundo era algo más inseguro, era bien a la inversa: todo el mundo buscaba la cercanía…el caso es que al entrar al autobús más o menos la regla entre nosotros consiste en ir sentándose en aquellos lugares donde los dos asientos estén libres, y solo accedemos a sentarnos en un asiento donde ya hay un vecino al lado, cuando todas las parejas de asientos, ya tienen un ocupante. Sabido esto, se ha colegido que los asientos que más boletos tienen de ser ocupados por un vecino cuando todas las parejas ya han sido mancilladas con presencia indeseable, son los de alante por personas mayores y gente que se marea, cuya circunstancia personal les compensa el verse invadido su “Espacio Vital” y también los de atrás, precisamente por gente como ellos que busca denodadamente no tener nadie a su lado, realidad verdaderamente incómoda, dado que se juntan personas bastante irascibles por la presencia de los demás, y que se pasan el viaje pensando “¡Por qué a mi! Por qué me ha tenido que tocar a mi que este idiota se siente a mi lado…” Así pues, los mejores sitios son los centrales a los que las personas con problemas no llegan y los que buscan asientos libres, pasan de largo. Con todo, hay problemas con individuos despistados que son capaces de sentarse en el primer sitio que encuentran: el que tú hayas dejado libre junto al pasillo. Para evitar este percance, una primera táctica consiste en dejar algún tipo de bulto en el asiento, una chaqueta, un libro, un maletín…algo que le haga ver al que viene que para sentarse junto a ti, va a tener que pedirlo y preferirá buscar otros sitios junto a otra persona que todavía no se haya familiarizado con dicha técnica del bulto sospechoso. Claro que hay un momento en que los recién llegados a un autobús con bastantes pasajeros, no les quedan más asientos que los ocupados por bultos. ¿Qué hacer entonces? En este caso, conviene no mirar a quién viene por el pasillo, es mejor perderse entre las hojas de un periódico, para que ese indeseable de última hora, prefiera hablar con un ingenuo que le mira a su paso, antes de tener que interrumpirte en tu lectura. En cualquier caso, lo que nunca se ha de hacer, si se desea mantener el Espacio Vital intacto, es hacer ademán de retirar las cosas a su paso, ni cuando aparentemente haya pasado, la capacidad desesperada de un ojo buscando donde sentar su trasero alcanza un ángulo de visión superior a los 180 grados. No obstante, hay que estar preparados psicológicamente por si sucede ser fatídicamente preseleccionados; en ese momento, se debe cuidar la coreografía de gestos y palabras; una equivocación ¡Y lo tienes sentado a tu lado! Lo primero, es dejar tu cuerpo de frente y girar bruscamente la cabeza, esta vez sí mirando fijamente a quien te interrumpe y espetándole “¿ Quieres sentarte?” o mejor aún “¿No querrás sentarte?” Lo normal es que de haber otro sitio libre, prefiera salir de tu presencia pitando. Pero también hay gente muy cabrona que basta que te fastidia tener alguien al lado, para que se empeñen en sentarse cerca de ti. Por eso, empieza a ser muy recomendable sentarse en el asiento que da al pasillo y dejar los bultos junto a la ventana; con ello conseguimos plantear una especie de barricada corporal que habrá de ser franqueada por los potenciales intrusos, quienes por lo general, preferirán solicitar que les retiren bultos de asientos del pasillo, a atreverse pedirle a alguien que se levante para dejarlo pasar. Pero esta estratagema tiene un clamoroso defecto, a saber: que mucha gente prefiere ventanilla, y evidentemente, para gente así, localizar un puesto le permite vencer todo escrúpulo. Para estos casos se ha ensayado fortificar la posición corporal asiendo con las manos el asiento delantero para evidenciar la situación, pero con bajo resultado. Hasta aquí, digamos que ha bastado la sugerencia, la persuasión, y un poco de psicología. Pero a veces, es necesario ir un poco más allá…aún a costa de quedar como un cochino y mal educado, puedes dar a entender que el asiento libre está libre porque está sucio o pringado de algo…Por supuesto, todos estos esfuerzos tienen sentido siempre y cuando hay indicios de que el autobús no se va a llenar. De lo contrario, se invierte la estrategia y se actúa de tal modo que a tu lado se sienten chicas guapas, y en el peor de los casos , personas delgadas.

EpC: Dónde vivir

Cuando el pasado septiembre accedí a las declaraciones de la ex Primera Dama Ana Botella, actual Concejal de Miedo Ambiente en el consistorio madrileño por el PP, no podía dar crédito…¡Por fin! alguien se atrevía a decir lo que a mucha gente se le pasa por la cabeza – para pensar hace falta más de esfuerzo- a saber, que los mendigos que pernoctan en el centro de nuestras ciudades, son un problema añadido a las tareas de limpieza. Asunto éste que, en las calles de Chicago o Sáo Paulo tiene rápido remedio llamando a Mr.Proper, también conocido como brigada especial que se ocupan de mantener desinfectadas las calles de estos defectos estéticos aparecidos al cobijo del Estado del Bienestar, al tiempo que proporcionan un suministro constante de órganos para el libre mercado organizado al mejor postor, aunque no faltan quienes lo ven casi como una acción misericordiosa para aliviarles el sufrimiento, como declaró un policía brasileño ante un tribunal.
No voy a decir que eso me parezca bien, pese a quien pese. Creo que en nuestra sociedad, hay sitio para todos, incluidos vagabundos, mendigos y pordioseros. Pero, con esto de las crisis cíclicas capitalistas, detecto una creciente demanda entre la juventud ansiosa por saberse manejar sin titulación alguna en una vida miserable para la que nadie le ha sabido o querido preparar, ni su familia, ni la escuela, ni la Iglesia, ni el Estado, siquiera la videoconsola o la televisión.
Comparto con ustedes la tentación de inyectar veneno en varias botellas de Coca Trola como se ensayara en Bélgica y dárselas caritativamente a beber a esta pobre gente. Pero ¿No creen que antes se les debería dar la oportunidad de vivir entre nosotros de un modo digno? Les recuerdo que el final auténtico de la fábula de la cigarra y la hormiga no lo escribió ni La Fontaine ni Samaniego, sino muchísimo antes Esopo quien presentaba a la laboriosa hormiga apiadándoe de la zángana cigarra, no sin antes darla un consejo, que es a lo que me presto hacer yo ahora, con esta generación que espera a verlas venir, mientras ecucho el susurro de Crystal Waters “Gypsy woman”.
Pues bien, queridos alumnos de la vida. Si habéis atendido algo a las clases de manualidades de chavales, casi casi tenéis medio resuelta la cuestión de la vivienda unipersonal; Id de mañana a cualquier gran almacén como el Corte Inglés dónde los pijos van a hacer sus compras y expropiadles en nombre de los desamparados, una de esas cajas grandes de cartón cuyos triangulitos verdes y negros recuerdan a su nombre sin tilde. Así, desnuda, sin ubicar parece poca cosa, pero con un trapito aquí y otro allá, con el uso le iréis tomando cariño hasta lamentar el día en que su natural deterioro requiera de volver a requisar de nuevo otra vivienda de cartón. En cierto modo, esta, digámosle así, molestia de tenerse que mudar constantemente de envoltura, puede verse como una ventaja respecto a las cuatro paredes de los nichos urbanos en los que la gente ve pudrirse su cochina existencia dentro de su hipoteca bancaria, pues hoy tu casa es de Samsung, mañana de Grundig y mal que bien, vives a la moda con casas de marca. Si finalmente te hallas a gusto viviendo en tetrabrik, acostumbrad a vuestros hijos desde pequeños haciéndoles dormir en una cajita de María Fontaneda. En cierto sentido, residir en una caja de cartón viene a ser una versión moderna del modus vivendi del filósofo cínico Diógenes que tenía un tonel por morada.
Si por lo que sea, tuvieras alergia al papel o te viniera a la mente el cuento de los tres cerditos y prefirieras cobijarte en una estancia más espaciosa que a la vez te ofreciera mayor solidez, con techo abatible ruedas para su mejor transporte, capacidad de añadirle accesorios externos, pero no te llega para una caravana de lujo, tienes a mano en cualquier esquina unos fabulosos contenedores que están ahí esperando a sus futuros propietarios. Los hay de plástico o de metal en varios colores. Yo particularmente me decantaría por los que tienen una especie de claraboya, aunque los cerrados del todo ofrecen, que duda cabe, mayor seguridad. Como en el caso anterior, bueno sería que vuestros retoños aparte de buscar comida en el cubo de la basura, fueran acostumbrándose a pasar largas temporadas en su interior, como si fuera esa casita de juegos que los niños ricos en las pelis, tienen en su jardín.
La opción anterior, con todo, no es recomendable para personas proclives a padecer claustrofobia. En ese caso, lo mejor es hallar un coche en condiciones abandonado antes de que lo lleven al desguace; No hagáis caso a los Inhumanos que dicen que es difícil hacer el amor en un Sinca 1.000. Lo que es difícil, es no hacerlo, si tienes con quien; Los asientos de los coches ponen mucho, por ello hasta el más humilde SEAT Panda –tampoco hay que pensar en un Mercedes para hallar la felicidad- puede ofrecerte un confortable nidito de amor con ventanas al exterior, bien ventilado, iluminado y unas cortinillas del todo a cien puede procuraros la intimidad que tanto deseáis por las noches a la luz de la luna. Verás como la vida te va sobre ruedas. Un posible inconveniente de esta alternativa podría provenir de su ubicación. Habéis de poner cuidado de no generar una deuda por aparcamiento indebido, no vaya a ser que os hubiera salido más barato suscribir una hipoteca con el BBVA.
Las personas con problemas de fotofobia o que gusten de vivir todo el rato rodeadas de cemento, tienen reservado todo el subsuelo, bien bajo las alcantarillas, bien pasos subterráneos, o en los túneles del metro. Es un poco Gore, pero tiene su aquel. No suele haber disputas por estos espacios y hoy por hoy para personas conformistas que no precisen de demasiadas florituras, puede estar bien.

Por último, dentro de la oferta más parecida a lo que ha sido hasta la fecha una casa de trabajadores, tendríamos los cajeros automáticos. El problema es que hay muy pocos y están muy solicitados, por no hablar de las mafias que los tienen controlados y a las que hay que pagar sea para su alquiler mensual, bien para hacerse con uno en propiedad. Su funcionamiento es como el de los albergues municipales, pero con el horario más restringido, de 23:00h a 6:00h. Tiene a favor que son de uso doble o individual, iluminación constante, cámara de vigilancia y puerta de seguridad. El problema es que puedes coger complejo de escaparate y corres el riesgo de que la entidad, te tome con el tiempo como de su propiedad, acabando en un anuncio de Aquarius, sin ver un duro por tu participación. ¡Que ya han ocurrido cosas de estas…

Ahora bien, si por lo que sea, buscáis alejaros de la vida rutinaria de vuestros padres y no deseáis reproducir los arquetipos modernos que se han impuesto al urbanita obligándole a pernoctar en corrales, sean estos de hormigón, plástico, hojalata, o acero, y anheláis volver a vivir como nuestros ancestros, teniendo por suelo la Tierra y por techo el cielo, entonces se os abre un sinfín de nuevas posibilidades donde escoger:
Para quienes todavía no lo tengan del todo claro y quieran probar sin arriesgarse demasiado, lo ideal es encontrar algún puente sobre un río o una autopista. No os podéis hacer ni idea, lo bien equipados que pueden llegar a estar estos sitios cuando se le pone un poco de ingenio, habilidad e ilusión. ¡No les falta de nada! Colchones, cocina, radio, nevera, televisión…las he visto hasta con Internet. No hay gastos de comunidad aunque si vecinos. Pero lo mejor es que tanto el agua como la electricidad, te salen gratis. Es otra forma de hacer puenting.
Para aquellos que hayan pasado una temporada viviendo bajo tierra y deseen experimentar algo más atrevido, lo suyo son los vertederos para que no echen de menos del todo su antigua morada. Estos lugares situados a las afueras de las grandes ciudades, tienen la ventaja de ofrecer al lugareño un paisaje colorista repleto de gangas con las que poder vivir de regaliz. Suelen tener buen transporte tanto diurno como nocturno, mas debe ponerse especial cuidado en no quedarse dormido en el trayecto para evitar ser triturado que luego, no todos vais al Malc Omas.
Sin embargo a cuantos hayan disfrutado de vivir, en pongamos por caso, un dos caballos, entonces les recomendaría hacer de Pocholo yendo de playa en playa por el largo litoral de nuestra querida Península Ibérica. También aquí, se ha de evitar el sueño profundo, sobre todo por el Mediterráneo, pues las escavadoras no distinguen y os pueden hacer una avería.
Los bancos en verano, aunque últimamente los diseñan cada vez más raros para evitar que durmáis en ellos, son un excelente lugar para cuantos escogisteis las cajas de cartón en invierno. Claro que dos peligros os acechan: el aburrimiento juvenil y las palomas.
Bueno, ya no sé que más os puedo decir. Quizá disculparme por no ofreceros el mejor refugio que se me ocurre nuestra sociedad puede aseguraros a todos vosotros: ¡La cárcel! Sí. El trullo, la chirona, el talego…allí dispondréis de alojamiento en PC, celadores a vuestra disposición para daros seguridad en no ser molestados, disfrutareis de ocio recreativo, oportunidad de aprender artes y oficios de vuestros compañeros de celda y no os preocupéis de la droga que de eso no os va a faltar por si os queréis también evadir de allí.