Bidegorris, por supuesto, pero…

Acojo con enorme satisfacción el anuncio de la inminente construcción de un bidegorri en una zona por la que transito frecuentemente en mi triple condición de conductor, peatón y bicicletero (que no ciclista, a eso no llego). Me alegra porque se trata de una antigua demanda que, al unirse a los varios tramos que ya funcionan y a alguno más en proyecto, pondrá a disposición de los ciudadanos un amplio espacio que podría ser un paraíso para quien le concede valor a moverse a su anchas.

Y aquí es donde me cambia la cara y remarco el modo potencial del verbo: podría ser… pero no lo es. Porque la realidad sufrida por los que pretendemos hacer un disfrute razonable de tales infraestructuras proyectadas para nuestro bienestar y pagadas por un potosí a cargo de las arcas publicas, es una suma estratosférica de cabreos al comprobar que muy buena parte de los usuarios se pasan por la entrepierna la mínima urbanidad y, desde luego, las normas básicas de empleo. Y así es como nos encontramos a legiones de runners trotando por donde no deben, con el descomunal peligro que supone. O a pelotones de ciclistas ocupando los dos carriles y pasando un kilo de apartarse cuando les viene un pobre desgraciado de frente. O a esos mismos ciclistas invadiendo el terreno de los peatones porque trazan la curva más fácilmente o porque van charlando en paralelo con uno o dos colegas. O a patinadores avanzando en zig-zag a todo lo ancho de la pista, como si no hubiera dos carriles. Así que, queridas autoridades, aplaudo su decidida apuesta por los bidegorris al tiempo que les suplico que no la desbaraten permitiendo su mal uso.

8 comentarios en «Bidegorris, por supuesto, pero…»

  1. O cuando un peatón quiere atravesar un paso cebra y se encuentra con una manada de esforzados de la ruta. Ante lo cual opta por la decisión más prudente, que es la pasividad porque si no……..

  2. Por no utilizar los bidegorris le ha pasado a un pobre chico lo que le ha pasado. A bordo de una bici eléctrica pagada por los ciudadanos bilbaínos se dedicaba a robar bolsos a señoras, preferentemente mayores, hasta que justo enfrente del Ayuntamiento distraido porque iba a lo suyo, se pegó contra un pilar del puente. dar tirones desde una bici municipal enfrente del edificio del ayuntamiento y sin usar el bidegorri tiene riesgos. Bicicleta reparada, chico curado y libre señora asustada con bolso es el resultado de este «sucedido» txirene.

  3. Creo que te ha quedado la entrada un poco de «señor mayor» algo cabreado.
    Lo digo porque a mí también me pasa. Depende mucho del estado de ánimo o el humor del que esté el día en cuestión.

    Yo no soy ciclista así que, cuando tengo el mal día, el objeto de mis inquisitoriales miradas y mis gestos de desaprobación suelen ser los ciclistas que, por ejemplo, van por la acera en una ciudad llena de Bidegorris o el que va por el bidegorri pero pasa a tu lado como si fuera sprintando para ganar en la etapa final de loa Campos Elíseos.

    Claro, luego cruzo yo un bidegorri despistado o voy andando por el mismo sin darme cuenta (a veces están en la misma acera sólo delimitados con pintura en el suelo) y el ciclista de turno se venga con un timbrazo acompañado de cuatro gritos. Y esa «bronca» le sienta a uno tan mal que se la apunta: «Como vea un ciclista por la acera…se va a cagar». Y así estamos en bucle, en una guerra de baja intensidad entre ciclistas, peatones y runners.

    Luego, cuando uno tiene el día más optimista y relajado, se da cuenta de que tampoco pasa nada y pasa a tu lado uno en bici por la acera (si va tranquilo) y te dices «¿Qué problema hay? ¿de verdad que este vaya en bici por aquí me afecta algo como para ponerle cara de cuerno?

    En Donosti hay un bidegorri subterráneo, un túnel, que es exclusivo para bicis y que une Amara (Morlans) con la zona de Igara. Si vas andando, si usas el bidegorri, tardas en llega a esa zona quince minutos, si no…pues los 45 minutos no te los quita nadie.
    Yo (y mucha gente) uso el bidegorri…incorrectamente. Tiene unos arcenes por los que se puede caminar sin estorbar a los que van en bici.
    Y agradezco mucho a los ciclistas que me adelantan, que el 99% de ellos me vean y me dejen tranquilo, porque no les supone ningún problema. Y me sienta fatal cuando alguien me mete un bufido: «¿Qué más le dará?»

  4. Que difícil es conseguir un uso adecuado de las infraestructuras, de los servicos públicos, en definitiva de todo aquello que es para el uso común y no privado.
    Y el secreto está en olvidarse del «YO», y pensar en el «NOSOTROS».
    Es desalentador ver cómo se malogran muchos proyectos pensados, diseñados, y pagados con el dinero de todos, y para el disfrute de todos, por el egoísmo de unos pocos (a veces no tan pocos) que piensan que el mundo gira a su alrededor, y que por tanto, el resto, se tiene que acomodar a lo que ellos hacen.
    Es una pena. Pero es lo que hay, y quienes diseñan esos proyectos lo tienen que tener en cuenta, y quienes, después, son responsables del uso adecuado también tienen que poner los medio necesarios para obligar, sí para obligar, a que se cumplan y respeten las normas para su uso. Y al que no lo haga…»palo», que es algo que todos entendemos.

  5. Larry, por alusiones y con cariño. Esa imagen que le pones a Javier de «señor mayor cabreado», no deja de ser un estereotipo negativo sobre las Personas Mayores. Las Personas Mayores también sonreimos…
    Aprovecho la ocasión y te mando una «SONRISA DE SEÑOR MAYOR».

  6. ¿No os parece que los bidegorris deberían estar trazados por las carreteras y no por las aceras? Lo que sobra son los coches y no las personas.
    Y ya puestos a pensar en ello, es curioso cómo a todos nos sigue pareciendo normal que un coche pueda estar en la calle durante días, semanas y meses. ¿Porqué los bares no pueden poner terrazas pagando lo mismo por metro cuadrado que paga el dueño del coche?
    Los coches deberían estar en sus garajes. Y si no hay garajes, habrá que hacerlos o renunciar a tener coche.

  7. Buen apunte, Ismael.
    Con señor mayor me refiero, y me incluyo, a todo lo que no es chavalería.
    Es raro que un chico/chica de veintitantos o menos te lance un bufido por andar unos metros por acera en bici o por ir andando por un bidegorri.
    A partir de los treinta y pico…empezamos a ser más gruñones. Yo creo que está relacionado con el trabajo. Con los años trabajados. El currelo nos va aumentando las reservas de mala hostia.

  8. En las aceras de cualquier municipio, estamos viendo una verdadera invasión de bicis y patinetes, que acarrea peligro e inseguridad para el peatón. Esto es constatar un hecho, no una opinión.
    Y a los políticos habría que recordarles, que la búsqueda del aplauso unánime de las decisiones políticas lleva a la inacción y con ello al caos. Que por cierto no es lo mismo que la anarquía: que es ausencia de poder pero no de reglas de convivencia.

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