
A este diario ya no le queda vida. Ha cumplido su andadura y hoy concluye con la honra de lo escrito con el corazón limpio. Quedará para siempre en mí como reflejo del sufrimiento vivido, el propio y el ajeno, y como revuelta contra la libertad arrebatada y los abusos sufridos por unas autoridades insensatas que, primero, no estuvieron atentos a sus responsabilidades y, después, pagaron sus errores con los excesos de un confinamiento brutal, que deja más daños que ventajas. Imperdonable su táctica del miedo y la tutela de nuestra libertad. Deja grandes estragos por mucho tiempo. Estamos en estado de shock.
Es hora de irse. Todo está dicho y toca recuperarse, hacer redoble de conciencia y mirar de frente a los que nos han apabullado. Hay que blindarse porque esto no ha terminado, no porque el virus, como dicen, siga presente, sino porque hay un riesgo real de recorte democrático y el virus solo es la excusa.
Queda la herida de los que murieron y pudieron haberse salvado si alguien les hubiera atendido como seres humanos. Lo ocurrido en las residencias de mayores llama a nuestras conciencias. No seré yo ahora quien señale a los culpables. Lo que la pandemia ha dejado a la vista es que los mayores, a determinada edad, no son ingresados en las UCIs, sino dejados morir. Es el protocolo. Pues maldito protocolo, inhumano. Y tiene que cambiarse. Toda persona a cualquier edad tiene derecho a ser atendida con todos los medios al alcance de la medicina y no se la puede dejar a su suerte.
Queda el miedo agazapado en nuestros corazones y la vergüenza de haber caído en la trampa de quienes creyeron que solo con miedo y amenazas podría hacerse frente a la pandemia. Anulando la voluntad de la gente, tuya y mía. Es falso que fuera necesario un confinamiento tan largo. Solo lo fue hasta que tuvimos los medios de protección y asumimos que la responsabilidad de cada uno era el muro de contención. Con el miedo se mató nuestra libertad y la economía. ¡Y a ver cómo salimos!
Queda la vergüenza de las más de 1.100.000 sanciones, más de 30.000 en Euskadi. Un país de palo y tente tieso no vale una mierda. Y se aproxima a la tiranía. Se pudo confiar en la grandeza de la gente, pero se optó por macha-carla con sanciones, amenazas y miedo, por lo demás, ilegales. Hagan el favor de retirar esos castigos y reponer el honor de la ciudadanía, que bastante ha sufrido. Nos trataron como a niños o peor, como a ciudadanos necios.
He escrito en este diario en casi cien días la crónica del horror y el error, la historia de cómo el mundo se sintió en peligro y lo pagó caro, en vidas, pobreza y miedo universal. ¡Qué lejos estábamos de la libertad! ¡Qué lejos de la autonomía y la autoestima! A por los despojos de la libertad acuden los carroñeros fascistas de la ultraderecha, que dicen venir a salvarnos.
Cierro el relato. Viene ahora la epopeya de la reconstrucción y la defensa activa de la demo-cracia. Más que nunca creo en mis sueños.










