
¿Cómo vivir los peores días, cuando todo consuelo es inútil ante un sufrimiento insuperable? Hoy es de esos días. Cuando pierdes una parte de tu corazón. Andrea, de 8 años, hija de Adela González, de Euskal Telebista, ha muerto de cáncer. No puede haber nada más cruel que perder a una hija, lo más sagrado y por quien darías la vida. Si nadie merece esa amargura, Adela mucho menos, por ser quién es y cómo es.
Podría parecer que Andrea es una vida perdida más en esta época de desolación y miedo, en medio de una pandemia. Pero no. La niña de Adela era inocente. Era una vida de solo 8 años. Y sufría cáncer y contra él luchó hasta el final. ¿Cómo entender la vida? ¿Qué sentido tiene?
Adela González es uno de los rostros más populares de la televisión vasca, una todoterreno y profesional de enorme versatilidad. Imposible olvidar las horas, días y años de debates que compartimos. Hizo tándem con Iñaki López durante mucho tiempo en las sobremesas de ETB y ha trabajado también en La Sexta. ¿Cómo podría uno mitigar su dolor?
“No es justo”, me decía esta tarde alguien que sabía de la enfermedad de Andrea y confiaba en su recuperación. Pues claro que no es justo. ¡Es una niña de 8 años! E hija de Adela, un alma inocente a quien lo absurdo de la vida la ha convertido en víctima. ¿Por qué?, nos preguntamos y se interrogan los padres.
No hay respuesta. Ni los más devotos de la religión te pueden dar una contestación coherente, ni siquiera hay consuelo, porque los designios de Dios no tienen sentido. No hay Dios ni Cristo que te proporcione una palabra con sentido para explicar la muerte de Andrea, ni de ningún niño y de ningún inocente.
Adela y su marido darían hoy todo porque Andrea continuara viviendo. Sus vidas a cambio de la suya. ¿Y dónde y cómo se hace ese trueque? Podrían al menos dar esa opción, ponerse en su lugar, la gran empatía.
Es un día de preguntas sin respuesta. ¿Por qué? ¿Por qué a Andrea? ¿Qué ha hecho para este sufrimiento? ¿Qué sentido tiene la vida, si la vida se trunca sin motivo? ¿Vale la pena todo, si no se puede dejar vivir a los más inocentes, que murieron sin apenas vivir?
Uno no se recupera de algo así. Te marca para toda la vida, si es que a esto se le puede llamar vida. Todas las palabras de ánimo, toda la compañía y solidaridad del mundo palidecen ante el sufrimiento de perder a una hija de 8 años. Y no sé qué decirte, Adelitxu, que no sea llorar contigo, compartir en lo posible este sufrimiento tuyo, intentar mitigar tu dolor tras haber perdido una parte de tu corazón. O todo.










