Diario de cuarentena. Día 85. Mira debajo de la cama

Durante el oprobioso confinamiento, que aún padecemos, la delincuencia ha descendido un 60% en Euskadi. Ha habido episodios de ocupaciones de vi-viendas y numerosos ataques a sedes del PNV y PSOE por bandidos del entorno de la izquierda abertzale, pero, en general, ha sido una época de calma. El crimen se ha tomado un descanso. Mientras, las policías se han dedicado a poner multas ilegales por infracciones del estado de alarma.

Pienso que cada país tiene su propia sociología del crimen. Y hay diferencias. Cada país asesina según su cultura. En Euskadi y el Estado español se mata por envidia, venganza y dinero. En Francia se mata por amor y ambición. Y en Estados Unidos, por cualquier cosa.

Lo más inquietantes son los asesinatos no resueltos. Por así decirlo, los crímenes perfectos. El que me tiene asombrado, es el ocurrido en Castro Urdiales, Cantabria, a tiro de piedra de Bilbao. Allí, en febrero del pasado año, Carmen, una mujer gaditana, hizo desaparecer a su pareja, Jesús Mari, 67 años, vizcaíno y trabajador bancario jubilado. El cadáver no ha aparecido y solo se tiene la cabeza que la presunta asesina entregó a una amiga dentro de una caja. ¿Por qué solo la cabeza? ¿Dónde está el resto del cuerpo? ¿De verdad sabemos por qué le dio la cabeza a esa mujer? ¿Cómo es que, un año después, no hay más pruebas del crimen? ¿Cómo es posible que la acusada no haya soltado prenda estando en prisión provisional desde hace un año? ¿Qué clase de mentalidad tiene? Me tiene intrigado. ¿Qué vínculos existen en este trío? ¿El móvil es económico o de celos? Jesús Mari, dejó hecho testamento en favor de su pareja. Amor, dinero, celos, misterio…

Mi crimen favorito es el cometido por tres mujeres en León, en mayo de 2014, sobre Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León. Lo hicieron a plena luz del día. Madre e hija, Monserrat y Triana, con la ayuda de Raquel, policía municipal, asesinaron a Isabel por venganza. Un crimen de mujeres contra una mujer, casi perfectamente calculado.

Otro crimen perturbador fue el que le costó la vida a Asunta, de 12 años, hija adoptiva de Rosario y Alfonso, periodista de Bilbao. Ocurrió en Santiago de Compostela en 2013. Los detalles son oscuros, al igual que la personalidad de los asesinos. ¿Por qué matar a su hija, una niña inocente? ¿Cuál fue el motivo? Asunta era una niña genial de origen chino. Quedaron muchos interrogantes antes de que Rosario y Alfonso fueran condenados a 18 años de cárcel. ¿Qué secreto guardan? Digan algo antes de morir, la verdad, por favor.

También el crimen del falso Shaolín de Bilbao me angustió. Juan Carlos tenía un gimnasio de artes marciales en el centro de Bilbao y allí descuartizó a dos mujeres, además de vejar, maltratar y violar a otras más. Un psicópata de libro al que le han caído 38 años. Ocurrió en 2013 y conmocionó la ciudad. Nunca sabes cuándo, quién y cómo cometerá un crimen. Y no podrás entenderlo. Mira debajo de la cama.

Diario de cuarentena. Día 84. ¿Somos racistas?

Las protestas contra la violencia policial sobre los ciudadanos de raza negra, tras el asesinato de George Floyd en Mineápolis, Minesota, a manos de un policía blanco, se ha extendido por todo el país, de Nueva York a Los Ángeles, y también por todo el mundo. Desde los disturbios raciales de la década de los 60 no se había visto nada igual. Pero seguramente, el racismo lleva enquistado en los Estados Unidos prácticamente desde su fundación y si no se ha resuelto es porque una mayoría blanca, supremacista, y otro sector social, no quiere aceptar algo tan elemental e irrefutable como la igualdad de las personas

Floyd fue asesinado por un policía porque ese hombre había pagado una compra con un billete falso de 20 dólares en una tienda de comestibles. Un delito menor (suponiendo que Floyd fuera consciente de que tenía un billete falso) que ha desencadenado una ola de violencia y de protestas. Poner una rodilla en tierra es el símbolo de este movimiento y que ya se usó en el deporte con el mismo sentido antirracista. Pero con símbolos nada cambia.

La llegada de Obama a la Casa Blanca fue una gran esperanza para los afroamericanos; pero los efectos de las políticas del primer presidente negro de los Estados Unidos han sido ineficaces. Después, la presidencia de Donald Trump ha llevado al país al pleistoceno. Por eso, las protestas tienen, junto al componente antirracista, el rechazo del actual inquilino de la Casa Blanca. Estamos ante un movimiento antifascista, con el telón de fondo de las elecciones americanas del próximo noviembre. Trump las tenía ganadas y ahora se abre una posibilidad de que el frívolo presidente sea derrotado ante los riesgos de llevar a USA al enfrentamiento civil y la ruina en un momento de crisis mundial y cuando China aspira a tomar el liderazgo del planeta bajo un régimen totalitario.

Podríamos preguntarnos si nuestra sociedad es racista y en qué medida. Es innegable el rechazo de algunos hacia los magrebíes, gitanos y también los latinos. ¿Es real? En mi opinión, no hay un problema de racismo en Euskadi y España. Lo que existe es un claro hartazgo de la delincuencia y problemas de convivencia asociados a gentes de esos países. Y estadísticamente, no son relevantes. Esas personas cubren trabajos y tareas que no quieren los nacionales. Y es de agradecer. 

Racista es mirar por encima del hombro a otros seres humanos. Racista es decir que se aprovechan de nuestro sistema de protección para hacer el vago. Racista es generalizar a todo el colectivo los problemas que dan algunos. No somos una sociedad racista, sino una comunidad que no entiende la diversidad. Porque no la hemos tenido en la historia. España expulsó a los judíos, en mala hora. Cristianizó a quien no quería cambiar de fe. El problema del Estado español es más de intolerancia que de racismo. La huella de Franco y siglos de complejos de inferioridad siguen vivos. 

Diario de cuarentena. Día 83. ¿Quién mató a Maddie?

Todos nos arrepentimos alguna vez de nuestras palabras. Cuando releo viejos artículos casi siempre me siento orgulloso, pero en ocasiones me asusto: no debí decir ciertas cosas. En ETB estuve unos cuantos años opinando sobre la actualidad. Hoy recordaba mis intervenciones de 2007 sobre el caso Madeleine McCann, la niña británica que desapareció en el Algarve, Portugal. Nunca la encontraron. Y ahora su caso se ha reabierto con la detención por la policía alemana de Christian B., de quien sospecha es el asesino de la niña. Se trata de un criminal y pederasta con un largo historial delictivo.

Recuerdo los debates sobre aquel misterioso asunto. Mis palabras en la televisión vasca fueron muy contundentes y siempre, siempre a favor de los padres de Maddie, a quienes se acusó de haber matado a su hija y escondido su cadáver. Por entonces la opinión pública -y la publicada, sobre todo las televisiones- sostenían la tesis del parricidio, bien por accidente o bien con intención. Yo me negué a entrar en el coro de los fiscales que señalaban con el dedo a Kate y Gerry McCann.

Mis compañeros de tertulia también acusaban o al menos sospechaban de los padres. Ahí están los vídeos para atestiguarlo. Hoy, a la vista de las noticias, se van a tragar sus palabras. Fue la policía portuguesa quien acusó a los padres con pruebas insostenibles. Ni Torrente lo hubiera hecho peor.  Gonçalo Amaral fue el inspector que coordinó la investigación. Este tipo ruin declaró entonces que “el padre escondió en un primer momento el cadáver en la playa”. Dijo también que “Gerry al cabo de unos días lo trasladó a otro sitio en su coche alquilado”. Este policía corrupto escribió tiempo después un libro sobre el caso del que vendió miles de ejemplares. ¡Canalla!

Me siento muy honrado de no haber caído entonces en el amarillismo y sostenido, prácticamente solo, la inocencia de los McCann; pero sí me duele haber dicho tiempo después que “los pederastas solo deben salir de la cárcel con los pies por delante”. Fue un exceso verbal situado en el contexto de la historia personal.

Leo la prensa de hoy y ningún medio acude a su hemeroteca para reconocer sus difamaciones. Los McCann podrían poner millares de querellas por falsedad y ganarlas todas. El olvido suele ser injusto; pero yo recuerdo bien aquella historia. Y lo denuncio en nombre de la verdad. Los McCann cometieron un gran error: irse a cenar con unos amigos y dejar a la niña sin cuidado. Una imprudencia que nunca se han perdonado. Pero ese error no vale el calvario que han vivido durante 13 años.

Veremos en qué queda lo relativo a este pájaro detenido en Alemania, que residió en la zona portuguesa en aquellos años y cuyo historial como delincuente sexual estremece. Tras el caso de la desaparición de Maddie la televisión ha vuelto una y otra vez a los juicios paralelos. No parará nunca si una ley no lo impide. No es solo la tele, es la gente con alma de “la vieja‘l visillo”. ¿Dónde estás, Maddie?

Diario de cuarentena. Día 82. Repelega/Fuenteovejuna

El barrio de Repelega está en Portugalete, en la margen izquierda de la Ría de Bilbao. Un núcleo obrero, de gente sencilla y trabajadora. Por su espíritu de justicia y fuerza combativa se ha convertido en el símbolo del poder de la unidad del pueblo contra lo ilícito. Al grito de “El pueblo unido, jamás será vencido”, el mismo bajo el que se hizo la revolución de los claveles en Portugal contra la dictadura salazarista, en 1974, la gente de Repelega liberó ayer una vivienda del barrio ocupada por unos delincuentes, siguiendo el mismo método -frente popular- con el que desocuparon la casa de Vitori, de una señora de 94 años, de la que se habían apropiado unos sinvergüenzas en octubre del pasado año. La justicia del pueblo, lisa y llana.

La surrealista ley actual impide que la policía saque de una casa a sus violentos okupas. Cuando se produce se inicia un interminable proceso judicial, con lo que el propietario no puede entrar a su vivienda hasta que el juez dictamine su desalojo. Y mientras llega la justicia parsimoniosa a hacer su tarea, los delincuentes incurren en gastos de luz, gas, agua y electrodomésticos y, normalmente, saquean la casa y la destrozan sin miramientos, en la seguridad de que, dado que suelen ser insolventes, no irán a la cárcel y no pagaran los daños y gastos producidos. Una ley kafkiana. 

La gente de Repelega volvió ayer a hacer pacífica pero contundentemente lo que no hace la justicia del Estado: provocar la huida de los delincuentes, devolver la propiedad a sus dueños y restaurar la paz en el barrio. Frente a ellos, la Ertzaintza y la Policía Municipal hicieron de parapeto para evitar males mayores y que los usurpadores no sufrieran el proporcionado castigo de los vecinos. Nada grave ha ocurrido. A lo más, uno de los okupas ha recibido una buena tunda y acabado, algo caliente y magullado, en el hospital de la zona. Eso es mejor que la tardía e inutil sentencia del juez.

Lo curioso es que la vivienda liberada pertenecía a un banco y había sido desahuciada a una familia durante la pasada crisis. No era como la vivienda de Vitori. Aun así, el vecindario se movilizó y se plantó delante de la casa con tal resolución que provocó la huida de los ladrones que han salido escoltados por los beltzas de la Ertzaintza ya de madrugada.

Por si fuera poco, los manguis han gritado a la gente ¡Viva Franco! y ¡Viva España! O sea, además de bandidos, fachas. Eran tres o cuatro jóvenes sin cultura ni seso, forasteros y con un amplio historial de violencia. Por la mañana, una señora mayor había sido asaltada, lo que encendió la indignación del pueblo. 

Que cambien esa ley oprobiosa que protege al ladrón. Repelega ha sido de nuevo Fuenteovejuna, escenario de la obra de Lope de Vega, cuando el pueblo hizo contra el abusador lo que la justicia no quiso: “¿Quién mató al Comendador? / Fuenteovejuna, señor. / ¿Quién es Fuenteovejuna? / Todo el pueblo, a una”.

Diario de cuarentena. Día 81. Los buenos regresos

Como seres humanos somos seres de regresos, de vuelta al lugar, tiempo, situación, sentimiento o placer que ya experimentamos y en los que estuvimos. En eso, como “seres regresantes” hay que entender bien lo que esto significa. Regresar no es volver a la misma situación, igual tiempo o idéntica situación. En absoluto. ¿Cómo vamos a regresar a lo vivido antes si ya no somos los mismos, si hemos evolucionado y cambiado? Hay una condición básica para “saber regresar”: el propósito de que sea mejor que lo ya conocimos. No confundamos el regreso, el buen regreso, con la nostalgia, que es el sufrimiento de no poder regresar. Regresar es revivir, vivir mejor lo que ya conocimos.

En esa situación estamos tras meses de confinamiento forzoso y cruel. Estamos de regreso. Haríamos bien en no hablar de normalidad y mucho menos de “nueva normalidad”, el mantra de los dirigentes autoritarios que nos han robado la primavera. Ni vieja ni nueva normalidad. Regresamos a la vida con el propósito de re-saborear y re-descubrir lo que teníamos antes de la tiranía sanitaria. No es lo anterior, es una nueva versión de lo que fue nuestra vida. Mejorada.

Hoy he vuelto a la comida con los amigos, con quienes se puede pasar horas y horas de charla, comida y bebida sin importar el tiempo. Eduardo, Josetxo y José Luis son de esas personas con quienes discutes, sin piedad, y nunca llegas a una idea común, pero compartes las propias a ver si, por convicción o por emoción, mejoramos las que traíamos a la mesa. Quizás, por deformación profesional, mi intención siempre es influir y persuadir. No siempre lo consigo. ¡Pero qué bueno es escuchar!

El lugar del regreso ha sido el restaurante Rauleaga, en el Hotel Abando, en el centro de Bilbao, a tiro de piedra de Albia y Sabin Etxea, donde Aitor, el chef, hace maravillas. Su carrera le avala: Goizeko Kabi, Zuberoa… Ensalada de tomate de Lezama o espárragos de Navarra para empezar; marmita de atún (¡impresionante!) o guisantes lágrima para plato de cuchara; y taco de atún rojo o rabo estofado de principal, todo ello regado con un excelente crianza de Sierra Cantabria. ¡Esto es el regreso exactamente! Volver a comer como la tierra manda, regresar al sabor de la comida casera, pero con toques de innovación y buen ambiente. 

No hemos alcanzado puntos de vista comunes en lo político. Era previsible. Pienso que Sánchez no es tan malo como ellos creen, aunque es mediocre. Nos preocupa la recuperación económica y no lo vemos claro. ¿Cuántos años de retraso añadirá esta crisis a la llegada del Tren de Alta Velocidad a Euskadi?, preguntaba Eduardo. Dos o tres más, al menos. ¿Salvaremos el sector de la automoción, vital para Euskadi? ¿Y qué ocurrirá con Sener, nuestra mejor ingeniería, que ha entrado en un ERE? Hay que regresar a la economía real con cambios en la gestión y la visión. No tenemos que ser y hacer como antes. Tenemos que ser mejores. Mucho mejores. Más vascos.