
Da miedo acercarse a la tele y la prensa y ver, no ya las noticias, enfocadas a lo trágico, sino el discurso de los expertos. ¿Pero expertos en qué? Los medios dan cabida por igual a lo válido y lo inválido, a lo contrastado y lo arbitrario. Y en eso estriba la confusión, en saber qué creer y qué no.
Una bata blanca no hace experto a nadie. Ni un uniforme. Ni siquiera un título pomposo. Porque de esto, de cómo abordar una pandemia global, en lo sanitario y lo estratégico, no hay expertos, lo estamos aprendiendo ahora, con el coronavirus encima. ¡Esta crisis es nueva! No hay antecedentes, ni experiencia. El enemigo era desconocido.
Yo lo veo así. Me fío de los que hablan sin intenciones ideológicas. Los que no van a la carroña. Los que tienen un criterio bien intencionado y no tratan de sacar partido o protagonismo en este drama. Me fío de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación, aunque haya podido equivocarse alguna vez. Me gusta su tono mesurado, su fortaleza ante una situación que a todos nos ha rebasado. Me fío de él también por lo mucho que le atacan los políticos opositores y sus voceros. Necesitamos alguien al frente que no se venga abajo.
Porque algunos de nuestros dirigentes han perdido el pulso. El presidente Sánchez transmite con su lenguaje corporal, su mirada y su palidez lo muy hundido que tiene el ánimo. Sí, es humano, lo entiendo; pero no me diga con sus ojos que no tiene esperanza ni fuerza para seguir porque me mata, presidente. Y qué decir del ministro de Sanidad, cuya flojera de rostro es el claro exponente de una derrota anticipada. Necesitamos líderes, no gente de espíritu fracasado.
Pero no me fío de los expertos tertulianos, portavoces de quienes esperan sacar tajada electoral. Y es que no tienen ni puta idea de lo que hablan. Son peritos en decir lo que se debía haber hecho, como que no tendrían que haberse autorizado las concentraciones del 8-M. Es un reproche miserable. Esta gente calla acerca de las concentraciones futbolísticas masivas que ese mismo día hubo en los campos de fútbol. ¡Ay, mezquinos asquerosos, buitres!
No me fío de los expertos dogmáticos. ¿Acaso aquí y en todo el mundo los gobiernos no hacen lo que pueden? Estamos improvisando, pues claro que sí, porque no sabíamos nada de epidemias globales. Seguro que ahora mismo hay algún experto en pantalla pregonando su verdad absoluta. Me enfurece su descaro.
Por favor, oportunistas, expertos en nada. Hagan el favor de no estorbar. Si no quieren ayudar, al menos no entorpezcan el trabajo de la gente que se muere por salvarnos. Son ustedes peores que el maldito virus.








