CRÓNICAS DEL CORONAVIRUS (30.-Metrópolis)

La excelente y oportuna reflexión de Javier González de Durana sobre la actualidad del Panóptico de Jeremy Bentham (1748-1832),  me ha llevado a buscar en mi videoteca Metrópolis  ( 1927), la famosa película dirigida por Fritz Lang con guión de su esposa Thea von Harbou.

Metrópolis, rodada entre guerras, en un ambiente de desolación total tras la derrota alemana , fue censurada y mutilada en numerosas ocasiones, según los regímenes de los países en los que se fue estrenando, y asimismo criticada dura y sucesivamente como apología del nazismo, del cristianismo o del marxismo según las versiones.

Pero,a pesar de todo ello, e incluso en su versión más corta, es un film calificado en su momento de ciencia ficción y acaso hoy de «distopía», en el que se muestra con la grandiosidad del expresionismo alemán y del cine mudo, una sociedad drásticamente dividida entre ricos ( los de arriba) y pobres ( los de abajo), el sometimiento a un maquinismo infernal, un poder político omnímodo y hasta la utilización de las mejores y más generosas intenciones, pervertidas por la Ciencia vendida al Sistema del inventor Rotwang.

Pero aun así ,lo más sorprendente de esta sociedad, ubicada por cierto en el año 2026, es el control exhaustivo de la población, magníficamente metaforizado en el despacho de Joh Fredersen, el amo de Metrópolis , lleno de teléfonos, pantallas y palancas.

Y sin quererlo, se me ha ocurrido que la utopía de Bentham y la distopía de Lang, pueden convertirse en el modelo de poder recauchutado que aflore por defecto tras los meses de disciplina social que está suponiendo la larga cuarentena de contención del COVID-19… ¿Tendré un mal día?

5 comentarios en «CRÓNICAS DEL CORONAVIRUS (30.-Metrópolis)»

  1. Gracias por tus palabras, Peli. Más vale, creo yo, tener un mal día y ponerse en que lo peor puede llegar a suceder que no hacerlo y dejar correr las situaciones -por ejemplo, esa mezcla de Bentham y Lang- sin darles importancia. Si somos pesimistas y cenizos hoy quizás podamos poner los medios para que eso que tememos no llegue a suceder. Vivimos tiempos en que resulta obligatorio -casi inevitable- pensar en el tipo de fantasmas que pueden recorrer y adueñarse de las sociedades en que vivimos. Un abrazo.

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