
Las protestas contra el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél están siendo protagonizadas por gente joven,incluso por menores de edad.
Independientemente de la discusión sobre la libertad de expresión o sobre la calidad de la música que se ha condenado, el aspecto generacional puede llegar a tener gran importancia a la hora de intentar comprender este fenómeno contestatario en ocasiones tan violento.
Y en este punto, se deberían considerar las condiciones generales en las que se están desarrollando las protestas que son las circunscritas por la pandemia y las decisiones políticas concurrentes.
Santiago Cambero, profesor de Sociología de la Universidad de Extremadura, decía recientemente que aunque el hartazgo social que se ha desarrollado en estas circunstancias es intergeneracional, la juventud es uno de los sectores más afectados «porque la pandemia se ha gestionado desde el adultocentrismo«, añadiendo a las dificultades estructurales para encontrar un trabajo digno o una vivienda, «una castración sexual y afectiva que puede degenerar en secuelas psicosociales».
Y, si como se ha repetido una y otra vez ante los doctrinarismos autistas corporativos , la pandemia del COVID-19 no es una cuestión tan solo sanitaria , sino también psicológica y social, a fuer de jurídica y económica, tener en cuenta las consecuencias que la política anti-pandémica está teniendo entre la juventud , debería ser tan relevante como para hacerla presente en los pertinentes órganos consultivos.
Así, de paso, se podrán explicar algunos comportamientos de violencia explícita tan aireados por los medios de comunicación y acaso también aquella pancarta en la que se podía leer: «Nos habéis enseñado que ser pacíficos es inútil” …








