
¿Cómo serán – seremos- los seres humanos individualmente en el futuro inmediato, tras las transformaciones que se están acelerando durante la pandemia?
Sin duda, todo apunta a que el vínculo electrónico se habrá establecido definitivamente entre nosotros y que articulará la mayor parte de nuestras actividades.
La nueva forma de vida se acogerá muy probablemente a la figura que se ha denominado «zoon elektronikón», actualizando la expresión aristotélica del «zoon politikón», o animal social, ya que su socialidad estará estructurada de manera preferente por medio de redes electrónicas.
En este sentido, nos reconoceríamos cada uno y cada una como un “individuo en red, permanentemente conectado, desubicado espaciotemporalmente, cuyo ámbito de socialidad se vinculará a su propia activación en la red para lo cual no necesitara sino una limitada memoria de trabajo” (Huici y Davila, 2016).
Ni que decir tiene que la implantación de este nuevo modelo será escalada según el desarrollo desigual global ya que precisa de unas condiciones de suministro de energía, de hardwares y sofwares, así como de aceptación social y exigencia institucional muy específicas.
Y, por otro lado, y atendiendo a los supuestos psico-sociales más recientes, quedan por ahora en el aire las formas subsiguientes de conversión o apertura de este nuevo modelo de individuación-que no deja de ser pasivo y hasta cierto punto resiliente -a expresiones proactivas de subjetividad que vayan más allá de lo previsto.
Pero aun así, reconocer este vínculo básico electrónico en la socialización del futuro, a fuer de que se mantengan algunos aspectos de las formas anteriores, sería un gran paso para dar cuenta de lo que (se nos) viene (encima)…








