Una y otra vez sale a los medios de comunicación la reivindicación de alguna «Memoria». Tal ocurre con la memoria de las víctimas, sean de ETA o del Franquismo, o incluso de nuestra última Guerra Civil. Se pretende así , según se dice, recuperar del olvido -acaso deliberado y programado – un conjunto de hechos que de alguna manera reestructuren por una vía aparentemente científica el relato de » La Verdad». Incluso se hacen leyes al respecto y se crean Institutos ad hoc.
Teniendo en cuenta que a la luz de la Ciencia – física y social- » La Verdad» es un concepto de origen teológico que está sujeto a continua revisión probatoria, La Verdad Única de la Memoria es difícil de alcanzar salvo que se parta de un espíritu fideísta en el que cada quien recordará lo que le interese en función de sus creencias. Lo cual, por supuesto, nunca dejará de ser legítimo – y útil para la acción política y social.
Pero, como recuerda la historiadora Ana Iriarte, en su excelente obra De amazonas a ciudadanas: pretexto ginecocrático y patriarcado en la Grecia Antigua, es curioso que en el teatro ateniense la noción de memoria aparezca asociada al deber de venganza que ella misma alimenta.
¿Se estará así quizá cebando , consciente o inconscientemente, el deseo de venganza cuando se habla de La Memoria?
Por otro parte, para quien piense que El Olvido es algo saludable que evitaría pagar una y otra vez las culpas de los ancestros ¿ qué sería La Memoria sino la ocasión de la peor de las paranoias?
Difícil cuestion sí, y aún más para hacerla partícipe a quienes carecen de sentido de lo histórico, sumidos ( y sumidas), como están, en la horizontalidad inmediata y electrónica de las redes sociales que nos rodean…








