
La naturaleza del Gran Bilbao parece ser el fruto de la eterna lucha entre el viento del noroeste y el viento de sudoeste. En unas ocasiones el primero vence al segundo y entra el frío y todo lo que viene de la mar desde Cantabria; en otras, vence el segundo apurandose desde el sur y trae temperaturas altas hasta el desasosiego. Esta lucha sin fin es aprovechada por las bandadas de gaviotas para sus vuelos rasantes y sus remontadas espectaculares y a veces, despistadas, invaden la ciudad provocando un gran alboroto. También la ría se resiente, y el paseante puede observar como la marea sube sobre sí misma con una marcha inusitada o como se ralentiza en olas breves y diminutas…
Algunos ( y algunas) toman este enfrentamiento como anecdótico , sin tener en cuenta que ya Montesquieu apuntaba la influencia del viento – y en general, del clima- en las costumbres y en las tradiciones – aquí habría que recordar desde la txapela hasta el poteo.
Otros ( y otras) conceden a la pendencia mencionada un carácter simbólico: algo así como la confluencia de un yin y un yang arcanos, y de su combinación deducen hasta perfiles psicológicos- aquí, «gentes de la mar y de la madera y las del hierro»
Algo de todo lo anterior habrá .Y si sirve para explicar algunos de nuestros comportamientos más primarios y acaso, de entrada, para aceptarlos, podría convertirse en algo ventajoso.
Viento del noroeste,viento del sudoeste…¡ Vaya remolinos que provocáis de vez en cuando!






