Como no hay una sin dos, ni dos sin tres, sensible que estoy a todo lo que se refiere a » los jóvenes asesinos » no pude evitar ayer seguir una conversacion de la mesa de al lado en el restaurante en el que estábamos cenando.
En dicha conversación una profesora comentaba que un niño de ocho años lleva dos meses sin aparecer por su clase de Primaria. Por lo visto, la familia ha sido requerida en varias ocasiones y al no obtener una respuesta adecuada, el asunto se ha trasladado a las autoridades municipales y a la inspección escolar sin ningún éxito. La profesora se lamentaba de la desorganización institucional – era evidente que el asunto se había quedado varado en algún despacho- y se mostraba muy preocupada por su alumno – » ¿ Y si está muerto o muy enfermo, o herido , o secuestrado. ..?».
De vuelta a casa pensaba en este niño, en su desamparo, pero también en el incumplimiento rayano de la ley y en los políticos que la hicieron y en los que no la hacen cumplir…y, lo que es peor, en esos políticos que son tan mediocres que ante casos como este reaccionan como si tuvieran diez años y estuvieran en medio de una bronca en el patio de un colegio o como si fueran monjitas seguidoras de Sor Angustias de la Cruz.
La cosa no es para menos pues un reciente estudio concluía que en el Congreso de los Diputados de Madrid, tan sólo una de cada tres de Sus Señorías tienen formación suficiente como para seguir los debates de la Cámara .No sé cómo saldrían las cuentas por aquí pero en algunas ocssiones parece evidente que la designación de » puestos» en los partidos políticos obedece más a fidelidades internas que a capacidades manifiestas.
Y si hay un MIR para los médicos y ahora quieren poner uno para los enseñantes…¿ habrá que implantar también uno para lxs políticxs?






