
Doy acuse de recibo al comentario que me ha hecho llegar un lector anónimo ( con nick) reprochándome que dedique tiempo y escritura a asuntos banales y cotidianos cuando «hay temas tan relevantes como el calentamiento global o el auge de la extrema derecha».
Ni que decir tiene que tales cuestiones me parecen importantes, pero son muy frecuentemente tratadas por mis compañeros de esta globosfera y, sobre todo, por aquellos a quienes les ha sido concedida la condición de «columnistas». De manera que poco tendría yo que añadir , aunque en ocasiones me parezcan un tanto inclinados hacia la tutología , el buenismo o la disputa modus medii aevi.
Por lo demás, el hecho de que la insistencia en determinados temas sea una doble insistencia, ya que tal es lo que significa en última instancia «tema», me previene metodológica, profesional y personalmente de entrar en esos círculos supuestamente mayores de la actualidad , pues atisbo plusvalías mentales y políticas incontrolables, a más de pensar con mi querido Baltasar Gracián – siempre a mano su Oráculo manual y Arte de prudencia – que «Trae un empeño otro mayor, y está mui al canto del despeño».
Y, por ello, dedícome a hacer algo así como una micro-sociología de la vida cotidiana y prefiero chascarrillear sobre la omnipotencia circular de las bicicletas frente a la impotencia municipal o sobre los nuevos cultos civiles como el veganismo o la orinoterapia , aun cuando ,en ocasiones, debido a alguna ira brevis y afectado como ciudadano de proximidad, dé voz a la denuncia de , por ejemplo, un pelotazo urbanístico descarado ( como el del Obispado de Bilbao en el barrio bilbaino de Abando). Eso sí, siempre con un toque de humor por aquello que ya dijo mi también admirado Billy Wilder: “ Si quieres decirle la verdad a la gente, sé divertido o te matarán”.
De modo y manera que, aunque la sangre no llegue al río- ¡ nunca se sabe!- prefiero seguir esta mi menor vereda, mientras el tiempo o la autoridad competente no lo impidan.Aún así, la inestabilidad técnica de este medio augura una despedida agradecida, pero despedida al cabo…








