Adiós, bienestar

Manda narices que tenga que ser un rey quien anuncie, a modo de arcángel del apocalipsis, que se acabó lo que se daba con el estado de bienestar. El de Holanda, para más señas, que atiende por el culebronesco nombre de Guillermo Alejandro y pertenece a la misma generación que el hijo de Juan Carlos, como les gusta subrayar a los lametobillos borbónicos. Emparentado por vía inguinal con la jerarquía que mató a saco durante la dictadura militar argentina. Después de haber hecho carrera en el papel cuché y los programas del colorín, el tipo recién coronado debutaba con picadores ante el parlamento de su país, el de los diques, los tulipanes, los bucólicos molinos de viento y los coffee shops. Y lo primero que suelta, a palo seco y sin anestesia, es que sus (¿malacostumbrados?) súbditos se van a tener que ir haciendo a la idea de que a las arcas públicas ya no les llega para pagarles educación, sanidad, pensiones y el resto de los vicios. Que se siente en el alma, pero que en lo sucesivo cada cual deberá ocuparse de su propio culo, como corresponde a “una sociedad participativa del siglo XXI”, que es como bautizó el gachó a la nueva era de tinieblas en que ha entrado la otrora próspera Europa. Eso sí, él y los de su sangre seguirán viviendo a todo tren porque las penurias no van con los residuos del pasado.

Me dirán que gasto en sulfuro y vitriolo inútilmente, que a fin de cuentas, este baldragas con cetro no pinta nada en el concierto europeo y que lo que diga no va a ninguna parte. La cosa es que de momento, su discurso sí ha ido a unos cuantos titulares más allá de su condominio. Por lo demás, el tal Guillermo Alejandro no ha dicho nada que no supiéramos o, mejor enunciado, que no temiéramos desde hace tiempo: la llamada crisis era la tarjeta de visita del modelo que se nos viene encima irremediablemente. El estado del bienestar quedará muy pronto para los libros de historia. QEPD.

4 comentarios sobre “Adiós, bienestar”

  1. Lo malo o bueno es que ellos , en holanda tenían una sociedad de bien estar, más bien estar que el nuestro.
    Osea, que ahora estarán como nosotros antes.
    Y nosotros,???

  2. Vaya, perdón por la prueba anterior pero es que ya han sido unas cuantas veces que me curro el rollo y luego no hay quien lo suba.

    Sobre el tema en cuestión…es que yo creo que el propio término de «estado del bienestar» ha hecho mucho daño. Eso de «bienestar» suena a relax, a pachorra, casi a lujo. Como si lo que implica ese «bienestar» fueran caprichos o prebendas para vagos y aprovechados.
    Y, claro, ahora nos dice; «oye, ya vale, se acabó el chollo y el vivir como reyes» (para los que no son reyes, claro).
    Ando con un trancazo del copetín. Con algo de fiebre, tos, garganta, pecho…un cuadro. Y ayer me pasé por la farmacia a por lo de costumbre, que si el frenadol, que si el fluimil (o como se llame) que si ya la jalea real (porque si ya he cogido el primero eso que es ando bajo de defensas y tal) y…zas! oye casi 40 euros (fui de motu propio, sin receta y eso). Afortunadamente ahora no me supone ningún problema pero me dio que pensar. Con la mala noche que había pasado…necesitaba algo que me aliviara un poco.
    Y eso no es bienestar. Bienestar es un gin tonic de tankeray sin limón exprimido. El frenadol (o couldina o lo que sea) cuando se tiene un gripazo es una necesidad.
    Y miraba yo a los paisanos que estaban conmigo en la farmacia, gente mayor, sacando recetas, papeles, tarjetas sanitarias…¿y qué pasa si no se llega, si no te da? ¿Es una cuestión de bienestar que una persona enferma no pueda quedarse bajo ningún concepto sin tratarse una enfermedad? No, joder, es de humanidad. O poder tener calefacción los días de frío, unas condiciones mínimas de vida digna, etc, etc.

  3. Aprovecho Larry, tu trancazo para comentarte desde el bolsillo de mi bata: No compres Frenadol, ni nada parecido.
    No hay que gastarse 40 euros con los virus;
    eso si….les gusta la aspirina la leche caliente con miel y sudar en la cama (son unos salidos).
    Lo jodido, es que las complicaciones de la M.Privada la paguemos con la M.Pública, que no se cubran las sustituciones, que se demoren las consultas sine die… que creamos que en salud nosotros no podemos hacer nada para estar mejor y que todo depende «del ente».
    Más que bienestar diría de dignidad en todas las vidas, y de racionalidad
    Pero que vengan los aristócratas a decirnos que andamos mal…ya está bien!!

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