¿Cuántos somos?

25 por ciento de participación en las consultas sobre el derecho a decidir organizadas por Gure Esku Dago el pasado domingo. Hablamos de 35 municipios con una sociología claramente proclive a la cuestión, como se ha venido demostrando en incontables citas electorales. No parece que sea un secreto, de hecho, que igual que en las tandas anteriores, se ha escogido estas localidades porque se pensaba que podían ejercer como locomotora. ¿Reconocemos de una vez que los números no se parecen ni de lejos a lo inicialmente esperado o seguimos despejando a córner con las manidas excusas, interpretaciones o acusaciones cruzadas de culpa?

Por lo que veo, impera nuevamente la segunda opción. Que si tampoco está tan mal. Que, oye, ya mejorará cuando sea de verdad. Que no ayudó el tiempo soleado (con lluvia, ídem de lienzo). Que lo importante es crear cultura democrática. Que en realidad no se planteaba ningún objetivo. Que no hay que cegarse por las cifras. Que qué quieres, si el PNV anda pactando con el PP los presupuestos y eso desanima mucho. Que si no vas a ayudar, no molestes a los que lo están intentando…

Como me sé encuadrable en uno o varios de los enunciados anteriores, antes de hacer mutis, me limitaré a evocar la imagen del lehendakari Ibarretxe en el reciente acto del Kursaal junto a Artur Mas invitando a los asistentes a corear la canción Zenbat Gera? Hay que empezar por ahí, por contarnos. Una vez más, sin pretextos, evitando la tentación de hacernos trampas en el solitario. Ojalá estuviéramos dispuestos a afrontarlo, pero me temo que resulta más sencillo dejarse arrastrar por la cómoda inercia.

4 comentarios sobre “¿Cuántos somos?”

  1. Es cierto k vamos con retraso
    es cierto k la participacion es baja
    es cierto k los abertzales estamos desmoralizados desde hace 5 años
    Es cierto k lo de cataluña nos llena de espectacion
    Es cierto k hay miedo en este tema pro lo tocados k estan muchas personas con la crisis y lo que se ha visto o con las amenazas españolas, no nos creemos ya sus mentiras buenistas pero si todas sus amenazas por experiencia.
    pero tambien es cierto k si mañna se pusiera una urna permitiendo una autonomia mejor k esta la indpendencia y la pertenencia a españa como una provincia mas ganaria la independencia todas las veces k se celebrase

  2. Dejando a un lado esta campaña de Gure Esku Dago larga en el tiempo pero que no acaba de prender quizá por ser una mera copia de lo antes realizado, con empuje y garbo, por la sociedad catalana.
    Cuando la gran movilización, hace casi dos años, en las ciudades cabeceras de Basconia, desde Gasteiz a Baiona, se representaron como si de una romería se tratara, que algo no pitaba era claro, al menos para mí, pues es difícil avivar una posición socioplítica, el derecho de autodeterminación, con las bolitas de colres de telepredicadores de aquí y de allí.
    Ello no es óbice a que, muchos o pocos, los derechos permanezcan por más que se impida su ejercicio.
    Y hablando de Autodeterminación y de la voluntad de conseguirla vaya desde eta notita, si se me permite, un recuerdo al excelente Martin McGuinness fallecido hoy tras una corta pero intensa y sacrificada vida.

  3. Y si en vez del 25% hubiese votado el 80% hubiese sido exactamente igual en este caso.
    Ademas si tan baja es la participacion y estan tan seguros de que el resultado va a ser negativo,yo soy partidario a dejar hacer una votacion legal con todas las garantias y asi ver y confirmar lo que la sociedad vasca quiere,pero muy seguros no estaran cuando rechazan cualquier posibilidad de consulta.

  4. Aclaremos, de principio que las «consultas sobre el derecho a decidir organizadas por Gure Esku Dago el pasado domingo», así como las del próximo día 2, no son tales.
    La pregunta es directamente sobre la independencia, «¿Desearía ser usted un ciudadano en un estado vasco independiente?» es lo que se consulta; no sobre el derecho a ser consultado. Con ello el que se enfrenta a esa pregunta sabe perfectamente que su respuesta no tiene validez legal alguna.
    Mi opinión, posiblemente contra corriente, es que esta especie de metonimia puede rebajar el ánimo de los que irían a votar, pero que no les apetece colaborar en un evento descafeinado por su falta de eficacia legal y su evidente promoción por parte de los partidarios de una de las dos decisiones, enmascarada en la reclamación de un derecho.
    Una campaña por el derecho a decidir debería reclamar la legalidad de las consultas, incluyendo iniciativas legislativas populares (500.000 firmas) y deberían arroparse por las distintas tendencias que periódicamente se enfrentan en elecciones, es decir, los partidos. No solo daría una mayor imagen de «las cosas claras» sino que se apoya más en estructuras legales.
    El «no es cosa de partidos, sino un movimiento popular neutral» ni me parece una virtud de la consulta, ni le concede la suficiente fuerza representativa para atraer a un electorado significativo.
    Pidamos lo que pidamos, vayamos paso a paso, un pie en cada escalón. Si no tenemos todavía ni posibilidad legal de una consulta, empecemos por ahí, no por la pregunta final.
    Y si se quiere a la brava, de forma unilateral, imitando Cataluña, pues adelante. Pero los números no dan, creo. Y ni aunque dieran valdría, como dice Javier Larrinaga.

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