Colorín, colorado…

En Onda Vasca hablamos de la TV

 19 mayo 2016

 

1.A debateTELETODO ANA DUATO E  IMANOL ARIAS

Se acabó el Cuéntame

Seguimos con la repercusión que los llamados Papeles de Panamá está teniendo sobre la tele. Ya quedó claro que Bertín Osborne había recibido un serio aviso por su presunta implicación en este caso de evasión fiscal. Es verdad, que parece haberse recuperado del primer aviso. Los otros implicados de la tele, Imanol Arias y Ana Duato, no sufrieron una caída en las audiencias de la serie “Cuéntame lo que pasó”. Hasta que ahora se ha sabido que TVE puede terminar con la serie, en parte como consecuencia del escándalo en el que están envueltos estos dos actores.

TVE ha filtrado la posibilidad de que la serie se cancele si la productora, llamada irónicamente Ganga, y su administrador único, Miguel Ángel Bernardeau, marido de Ana Duato, no demuestra documentalmente estar al corriente de sus obligaciones fiscales. Esta parece ser la condición que ha puesto TVE, bajo el impulso, un tanto oportunista y electoral, del Gobierno del PP. De momento, lo único que sabemos es que el despacho de abogados que había realizado las operaciones en paraísos fiscales tanto para Arias como para Duato, por un importe total de tres millones de euros, ha declarado que los actores no tienen responsabilidad alguna. Es una declaración de libro, sin ninguna credibilidad, porque ambos dieron su consentimiento a la operación y no pueden alegar, al estilo Cristina de Borbón, que se limitaron a firmar bajo la confianza que les ofrecía el despacho de abogados.

¿Qué puede ocurrir? ¿Se acabará la serie después de 17 años y de 310 capítulos? No lo sabemos, aunque no creo que TVE deje escapar una serie de éxito, más allá de que su sentido histórico es más que discutible, un relato complaciente con una transición política tramposa y un a vistazo sociológico bastante superficial. Pero es bueno que se plantee la necesidad de que, así como los políticos implicados en casos de corrupción dimitan y sean procesados, los personajes públicos reciban el reproche social correspondiente.

Por otra parte, se trata de que esta pareja de actores y presuntos evasores fiscales trabaja para una televisión pública, y no es lo mismo que si lo hicieran para una cadena privada. Los medios públicos tienen que ser más exquisitos con estas cuestiones y manejan los dineros de la ciudadanía. Y están obligados a ser ejemplares. En mi opinión, la serie Cuéntame debería dar por finalizado su periplo. No puede sustituir a estos actores por otros, porque la historia está asociada a sus nombres. Lo que puede hacer es dar paso a una secuela, que de alguna forma sirva de continuidad. Pero firmar la continuidad de la serie, en mi opinión, es dar cobertura a las presuntas responsabilidad de estas dos personas y del responsable de la productora. Pero temo que, una vez más, la tele pública no esté a la altura.

 

  1. Impacto

Justa reprimenda a La Sexta

El domingo pasado se cumplía el quinto aniversario del 15M, un movimiento social contra los efectos injustos de la crisis y un alegato contra las anquilosadas instituciones democráticas del Estado. Y allí, a su epicentro, la Puerta del Sol de Madrid se fueron las cámaras de La Sexta para cometer un error de bulto: tratar de capitalizar ese movimiento. El error de Ana Pastor y de su programa “El Objetivo” no fue, como se ha dicho, informar de ese aniversario y de la concentración que allí se había vuelto a producir. El error fue de soberbia. Creer que, porque se trataba de La Sexta, la cadena que más había apoyado el movimiento, le daba derecho a montar un set en el lugar y de, alguna manera, asentarse como la cadena oficial del 15M. La consecuencia fue que Ana Pastor fue abucheada, con todo merecimiento. Su actitud no fue la de una informadora, que va a cubrir una noticia. Fue decir “aquí estamos los de la Sexta, los buenos de la tele”. Pocos fueron los pitos para los que mereció. ¡Qué gran lección contra el periodismo-espectáculo!

  1. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

El Conquistador termina, el peor Eurovisión de la década y Bertín pierde con Espe

El lunes pasado terminó el concurso-reality, el programa de más éxito de ETB. Y terminó con la paradoja de que a su ganadora, una tudelana, Erku, no la pudieron ver en su pueblo, porque la derecha más sectaria de Europa ha puesto fronteras al campo y a la televisión vasca. El concurso terminó con una gran audiencia del 15,9%, una media de 113.000 espectadores, acumulando en la noche más de 300.000 espectadores. Es un valor seguro y ya está en marcha la siguiente edición.

El Festival de Eurovisión, además de otras consideraciones de carácter político, tuvo la peor audiencia de la década: 29.8% y 4.292.000. Recordemos que hace un año, con Edurne, llegó al 39.3% y 5.958.000 espectadores. De la década, la mayor audiencia fue para Chikilicuatre, en 2008, con el 59.3% y 9.336.000 espectadores. Un fracaso de audiencia que contraste con el gran espectáculo que hoy es el festival, si bien musicalmente, a mi juicio, es muy pobre.

Por su parte, Bertín Osborne sufrió el pasado lunes un gran revés, al caer más de 700.000 espectadores respecto del lunes anterior. La entrevista con Esperanza Aguirre tuvo un 19% y 3.302.000 espectadores. Lo que demuestra este dato que no vale con que sea Bertín y solo Bertín suficiente para obtener el éxito. Depende de cómo sea la entrevista y lo que dé de sí el personaje. La entrevista a la política madrileña fue la peor que hayamos visto en muchos años. Incluso el propio Osborne estuvo incómodo, porque Aguirre impuso su antipatía, su protagonismo frío y su relato sin alma, distante. Fue una entrevista con poca carga emocional y eso hizo que se resintiera la audiencia.

 

  1. La buena publi

Espectacular Campofrío

Campofrío la ha vuelto a armar con un anuncio de los que hacen época. Este anuncio de su producto Pavofrío es uno de los mejores que hayamos visto últimamente. Va dirigido específicamente a las mujeres de hoy, que lo tienen mucho más difícil que los hombres y que tienen que aguantar aún las acometidas del machismo y la herencia de la desigualdad. Contra eso se establece el discurso del anuncio. Se llama Deliciosa Calma y es un restaurante donde sirven platos muy especiales, pero muy apetitosos para las mujeres. Es un discurso irónico, moderno, duro incluso, que provoca la sonrisa pero también la aprobación de complicidad.

En este caso, no lo ha dirigido un cineasta de renombre. No ha hecho falta llamar a Iciar Bollain ni Alex de la Iglesia. Lo ha hecho un profesional desconocido, Dionisio Naranjo, con uno de los equipos creativos de la Agencia McCann, la agencia de Coca-Cola, formado por Mónica Moro, Raquel Martínez, Jon Lavin, Héctor Losa y Lorena Álvarez. Ellos son los artífices de esta joya publicitaria que ha puesto el nivel en la estratosfera y que ya se apunta como ganadora del premio en el próximo festival de Publicidad El Sol, de Bilbao, que se celebrará en unas pocas semanas. Anticipo mi opinión de que ganará el gran premio. Lo veremos.

http://www.youtube.com/watch?v=1wX5tq-EStk&sns=em

 

  1. Qué ver este fin de semana

Tres buenas opciones

El domingo, final de la Copa entre el Barça y el Sevilla, a las 21:30, en Telecinco. Al margen de lo puramente deportivo, más favorable a los catalanes que para el Sevilla, que ayer volvió a conquistar la Europa League, el espectáculo extradeportivo está asegurado, de nuevo por la cuestión simbólica de las banderas y su impulso político que se traslada a los estadios. La absurda prohibición de la estelada catalana ofrece argumentos de interés para ver cómo se gestiona una situación que dará mucho que hablar. Esperemos que Telecinco ofrezca la realidad sin censura tanto en la cuestión del himno como de las banderas. Ocultar la realidad no resuelve nada, todo lo contrario.

  • El sábado, en Cuatro, a las 16:00 horas, una joya de Tim Burton: “Alicia en el País de las Maravillas”. Pues eso. Una maravilla, de una historia maravillosa, de un relato y personajes maravillosos. Hay que volver a verla. Reparto de lujo, con Mia Wasikowska, Johnny Depp y Anne Hathaway, entre otros.
  • Y a la noche, también el sábado, otra película de las buenas, en la 1 de TVE, a las 22:00 horas: “El jurado”. Peliculón sobre las intrigas judiciales de un consorcio de armas contra la gente víctima de la impunidad de las armas de fuego. Una película para los que creemos en la utopía. Con John Cusack, Gene Hackman y Dustin Hoffman. De las que se dejan ver una y otra vez.

¡Hasta el jueves que viene!

Pucherazo en Suecia. Eurovisión contra Rusia

 

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Había que innovar. Con 61 años y tras sucesivas crisis de identidad, el abuelo necesitaba algunos cambios para justificar su penosa vida. Los anteriores recauchutados ya no funcionaban. La vieja Eurovisión pensó que lo mejor era democratizarse, ponerse en modo guay y, a imitación de los talent show de la tele, dar la palabra a los espectadores a través de sms, apps y smartphones, la etérea tecnología comunicativa. ¿Con qué control, bajo qué parámetros? No importa: lo esencial es que la Europa cantarina revolucionase el sistema de votaciones, dando el poder de decisión, solo la mitad, a sus ciudadanos. Australia había vencido en el panel de los jurados profesionales; pero los sufragios on line dieron la vuelta a la tortilla y proclamaron ganadora a Ucrania con un tema esencialmente político y anti ruso, que trata del genocidio tártaro de 1944.

El resultado es un fiasco de proporciones continentales que ofrece la sensación de un enorme pucherazo. Rusia no debía ganar, aunque tuviese la mejor música, por inconveniencia estratégica; y tampoco Australia, exótica y reciente. Ha sido la edición más política y virtual de la historia. Con más banderas que nunca y más ocultaciones de los verdaderos conflictos europeos: la insolidaridad con cientos de miles de refugiados, un desgarrador Brexit y un neofascismo que se impone con callado miedo. No, la Europa que canta, sus males no espanta.

Tras las misteriosas votaciones de Suecia los que temen el voto electrónico tienen más motivos para desconfiar de su transparencia y limpieza. Hay como una pesada sensación de trampa. No obstante, el espectáculo fue grandioso en coreografías y efectos especiales. La música, algo mediocre. Lo kitsch reinó en todo su esplendor. La nostalgia nos embriagó, con el grupo Abba de mágico talismán. ¿Y España? Como siempre. Barei, la multimillonaria Bárbara Reyzabal, de raíces bilbaínas, probó la amargura del fracaso y José María Iñigo aromatizó la retransmisión con naftalina. Consuélese: Alemania, dueña del tinglado, quedó la última.

De Suecia al Carpe Diem

En Onda Vasca hablamos de la TV

 12 mayo 2016

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1.A debate

 Eurovisión, friki pero un gran acontecimiento

Este sábado toca una de esas citas tradicionales de la tele: el festival de Eurovisión, que cumple su edición número 61. Pocas cosas duran tanto tiempo. Eurovisión es nostalgia pura, de lo poco que ha acaparado la atención de todas las generaciones. Los que tengan cierta edad, recordarán que Eurovisión se vivía como un acontecimiento social, cuando la tele era en blanco y negro y no existía más que un canal. Quizás en los años 60 y también en los 70 se vivía como un festival donde importaban las canciones, la música. También el aspecto patriótico, pero se valoraba la música. Con los años, el festival se ha convertido en un gran espectáculo, además de la excusa perfecta para los directivos de las televisiones públicas europeas para darse unas vacaciones pagadas de lujo y lujuria. También por esto, el Festival ha llegado a la 61 edición.

Eurovisión es un dinosaurio. Un dinosaurio que arrastra a cien millones de espectadores, cuatro de ellos en el Estado español. La imagen de Eurovisión son las banderas, las banderas de los países. La imagen de Eurovisión es también las coreografías, es decir, la parte espectacular de las escenificaciones musicales. La imagen de Eurovisión son las votaciones, con la alegría y la decepción por el triunfo y la derrota. Hoy la música que sale de Eurovisión apenas tiene trascendencia de nivel internacional. En la radio apenas se ponen las canciones de eurovisión. No surgen estrellas de Eurovisión. Y solo unos pocos han llegado al verdadero estrellato. El mejor producto de Eurovisión fie den los años 70, con Abba, el cuarteto sueco. Son los que más lejos han llegado. Marcaron la década de los 80 y era un grupo adorable. Eran fabulosos y aún hoy se escuchan sus canciones. Cantaron en 1974 Waterloo.

También Celine Dion cantó para Suiza en 1988, a pesar de ser canadiense. Olivia Newton-John cantó para Inglaterra en 1974, el mismo año que ganó Abba. Años más tarde la vimos en esa mítica película que fue Grease. Bueno, también cantaron para España Julio Iglesias y Raphael, que ahí siguen, como dinosaurios. Otros famosos que participaron en Eurovisión fueron Bonnie Tyler, que representó al Reino Unidos hace poco, en 2013. Y Mocedades, cómo no, los más nuestros, que hicieron época con Eres tú.

Este año, hay algunas novedades. El voto del público será decisivo y se dará a conocer después de las votaciones del jurado, de manera que el jurado popular podría dar la vuelta a los jurados profesionales. Es la mayor novedad. Vuelve Portugal, que había dejado el Festival por estética de ahorro en medio de su crisis. Rumanía ha sido expulsado, por impago. Ha participado Australia, que no estará en la final. Y tendremos cierto morbo entre Rusia y Ucrania. Precisamente Rusia es, según las quinielas, la gran favorita, algo que generalmente nunca se cumple. También suena fuerte la canción de Armenia en las apuestas. Y en cuanto a España, pues ya sabéis. Canta Barei, lo hace en inglés y solo el coro utiliza 19 palabras en castellano.

Eurovisión es un producto que todos denostamos, pero que ahí está 60 años después. Que ven 100 millones de personas, que es un gran espectáculo, no hay duda, y que apenas tendrá trascendencia en el mundo musical. Es muy friki, ahora un poco menos, y es como la abuelita que se resiste a morir.

 

  1. Impacto

 Inda, al límite

Todo en la televisión corre el riesgo de convertirse en espectáculo, también la información. Lo vemos en los informativos y, por supuesto, en los debates o tertulias. Debatir es un arte, porque su esencia es persuadir, convencer por medio de la palabra. Y la calidad de los debates depende de la calidad de las personas que confrontan sus ideas y argumentos. ¿Qué ocurre cuando un tertuliano se pone al servicio del espectáculo y pasa de persona a personaje? Que resulta Eduardo Inda, un periodista empeñado en ser la caricatura de sí mismo y regodearse en el propio personaje por él creado. El problema de Eduardo Inda no son sus ideas, muy conservadoras. Su problema es que deja de ser un buen periodista y pasa a ser una caricatura, cuyo propósito es ser odiado y el centro del rechazo, lo que le convierte en referencia. No se sabe por qué pero a una parte significativa de la audiencia le atraen los personajes odiosos. Inda es uno de ellos. Él lo sabe y se esfuerza cada día en incrementar la artificialidad de su personaje, en la seguridad de que eso aumenta su notoriedad y su prestigio. Se equivoca.

Este incidente del pasado sábado con Javier Sardá es ejemplo de lo que decimos. Atacar por lo personal es uno de los trucos del tertuliano canalla, que Inda cumple a la perfección.

https://www.youtube.com/watch?v=fjyGDzV_oSU

 

3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

El Bertinazo

Han transcurrido tres semanas desde Bertín Osborne se trasladó con su programa de TVE a Telecinco. Y también han transcurrido varias semanas desde que se supo que el cantante-presentador tenía cuentas en el paraíso fiscal de Panamá. Creímos que la audiencia, cuyo voto de premio o de castigo, es el mando a distancia, ejercería un acto de justicia y retiraría su apoyo al espacio de Osborne. No parece que haya sido así, porque “Mi casa es la tuya” rozó su récord el pasado lunes, con una audiencia espectacular, del 22.5% y 4.004.000 de espectadores, en una buena entrevista, todo hay que decirlo, al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla.

Obviamente, los telespectadores dan por amortizado el delito social de la evasión fiscal. No castigan a Bertín Osborne.

Pareció, y a mí me dio que pensar que la audiencia tomaba posiciones sobre el caso de los Papeles de Panamá, que Osborne iba a recibir un castigo por su comportamiento fiscal. El 25 abril, primer día de su programa en Telecinco. Recibió un severo castigo, al caer a un 15.6% de cuota de pantalla y 2.814.000 espectadores, un millón menos de espectadores, cayendo derrotado por Belén Rueda, en Antena 3, y su serie La Embajada, que consiguió un 22,5% de share y 4.034.000 seguidores.

El segundo día, el 2 de mayo, Bertín recuperó prácticamente lo que había perdido, con un 21.2% de cuota de pantalla y 3.750.000 espectadores de media y derrotó a la serie de Antena 3, pero no llegaba a los 4 millones de espectadores.

Y ya, el lunes pasado, como decimos, Bertín casi llegó al récord. Bertín vuelve a tener el apoyo, todo el apoyo de la audiencia. Esta es la historia. Los reproches por un comportamiento incívico se quedan en nada. Se castiga un poco al principio, y luego, nada. Así se escribe la historia. La tele es un paraíso.

 

  1. La buena publi

Martini y el Carpe Diem

Nos habíamos olvidado de Martini, la gran marca de vermut. Es, en realidad, más que una marca. Es un estilo de vida que Martini ha cultivado en su publicidad durante muchos años, haciendo hincapié en el glamour y en la estética erótica, centrada tanto en las figuras de los hombres como de las mujeres. El vermut está considerado una bebida alcohólica, de graduación media, para mujeres, cuya expresión más popular es el llamado Marianito.

Ahora, Martini ha dejado atrás su viejo marketing glamuroso y erótico. Y centra su mirada en la dialéctica del tiempo, al que define en este anuncio como “lo que tenemos y hay que gastar”. No le falta razón a Martini. La vida se mide en tiempo y no en dinero. Creo que Martini acierta con la filosofía de este anuncio, al vender hedonismo y acierta en las imágenes irónicas que acompañan un discurso que es todo un modelo de vida: gastar bien el tiempo, en disfrutar de la vida. Magnífico, Martini:

http://youtu.be/nq-0zQmWAZs

 

 5. Qué ver este fin de semana

Denso fin de semana en la tele:

–  Sábado y domingo, fin de la liga de fútbol. Se acabó lo que se daba, el mayor espectáculo de la tele, que es el fútbol. En mayo se acaba la liga y el fútbol europeo y la Copa. Y este sábado, toca el fin de la Liga. Para los que tienen la plataforma Movistar TV lo podrán ver gratis todos los partidos. Así lo viene haciendo Movistar desde hace unas semanas: dar gratis los partidos a sus abonados. El sábado, a las cinco de la tarde, se podrán ver los partidos para el título, Barça o Madrid. Y un poco más tarde, a las 19:30, el partido Athletic-Celta en la lucha por el quinto puesto. Y ya para el domingo, a partir de las 19:00 horas, los dramáticos partidos en los que tres equipos, Rayo Vallecano, Sporting y Getafe se juegan dos puestos de descenso a Segunda División. Adrenalina para adictos, con seis partidos al borde del ataque de nervios.

  • El sábado, a la noche, a partir de las 22:00 horas, festival de Eurovisión, en TVE. Es una larga transmisión que llegará a su final hacia la una de la noche, para los que quieren ver solo el tramo final y las votaciones.
  • Y para los que pasen de fútbol y Eurovisión, una de estas películas:

. El Código da Vinci. Podemos volver a verla en Antena 3, a las 22:00. Es una gran producción, mágica, pero muy elemental, muy americana, en el fondo del misterio. Espectacular Tom Hanks y la dulce Audry Tatou, la inolvidable Amelie.

. En el valle de Elah, en la 1 de TVE, a las 22:05. Una película dramática, protagonizada por Tommy Lee Jones, basada en hechos reales, una de esas cosas que hacen los americanos con todo lo malo que les sacude, en este caso los efectos de la guerra de Irak.

¡Hasta el jueves que viene!

Todo en uno: tal como somos

 

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Los que desprecian la televisión -críticos de una comunidad inevitablemente mediática- tendrán que reconocer que el televisor sigue siendo un temible artefacto, hasta el punto de que se decreta el cierre o la interferencia de canales peligrosos. La tele es rebelde, problemática, radical. Invasora. Ocurre en Corea del Norte y Cuba con las cadenas extranjeras, que transmiten impurezas por el aire; y en Navarra, donde se ha ordenado por el Gobierno central la interrupción de las emisiones de ETB. Por vasca, qué caramba. Porque hay pánico a su perversa influencia cultural y política, no vaya a ser que los ciudadanos del Viejo Reino se hagan vascos todos. Y todas.

Esta capacidad transgresora es una fantástica contradicción de la televisión alienante y despótica de la que se lamenta con amargura la clase intelectual. No se entiende una cosa y su contraria. Que la tele fabrique a Podemos desde los foros espontáneos de la indignación social y cambie la sociología electoral de Navarra y, a la vez, promocione la ignorancia, el feísmo y el mal hablar y lleve al estrellato a esperpentos como Belén Esteban y Mila Ximénez. Y glorifique en las audiencias a los panameños Bertín Osborne, Imanol Arias y Ana Duato. ¿Qué está ocurriendo? ¡Ay, amigo mío!, es el difuso mundo postmoderno, la diversidad absoluta sin escándalos producto de un marketing total que acepta todos los modelos sin rechazo de ninguno, en nombre de la democracia, donde también cabe Donald Trump.

Vamos a tener dos meses de exuberancia en las pantallas, mayo y junio. Al cierre de la liga de fútbol, con Movistar TV regalando los últimos partidos a sus suscriptores, se suma el festival friki de Eurovisión, ya sin ikurriñas prohibidas pero con la representante española cantando en inglés y diecinueve palabras en castellano. ¡Y los debates electorales! A dos, a cuatro, a coro… Como si ese fuera el problema. ¿Si no saben dialogar en lo institucional, van a convencer en lo audiovisual? Así es la política estatal: conciben la tele no como medio, sino como remedio.

Lección de historia. 50 años de Euskadi

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Cuando la historia quiere ser Historia comete un error mayúsculo. Porque todo lo grande está compuesto de minúsculas porciones. Y así la historia, concebida como un enorme mosaico de relatos y enfoques distintos, asume su plenitud de ciencia social. Los guardianes del Estado intentaron una narración unilateral de la dictadura y el terrorismo en Euskadi. Frente a ellos se alzó un proyecto de desmemoria encubridora de graves responsabilidades políticas y éticas. Las dos opciones compartían, por sus respectivas sentimientos de culpa, el miedo a la verdad, y ambas hurtaron a la sociedad vasca el derecho a contar y valorar, de forma coral, todo lo sucedido. Y ahora lo hace desde la fortaleza de su radiotelevisión pública y el pragmatismo del Gobierno vasco, ensanchando el camino de la convivencia con la serie Las huellas perdidas-Oinatz Galduak que arrancó ayer y que tuvo el sábado su anticipo con el documental Periodistas, nuevos caminos, presentado por Dani Álvarez, un preludio necesario.

Dividir la serie histórica en décadas, de los 60 al 2000, no es el formato más original; pero el tono nada dogmático, sensible y emocional, sin concesiones, acierta en el propósito de ser un contenedor de testimonios plurales, evitando la pretensión de constituirse en el relato oficial y categórico de cincuenta años, bien conducido por Amaia Cayero. Ese era su riesgo y lo ha salvado. Las miradas apuntan en todas las direcciones: unas hacen hincapié en las acciones de ETA, otras ponen énfasis en los crímenes del Estado y hay quienes contemplan los hechos al margen de la política. Puede ocurrir que este relato no termine de gustar a todos, pero tampoco disgustará a la mayoría, no por equidistancia sino por el propio equilibrio de una historia que tiene víctimas y culpables en diferentes sectores. No señalará ganadores ni perdedores: los buenos y los malos los fija cada uno y suelen ser opciones divergentes.

Las huellas perdidas es una clase de historia y también de ética. Y es una lección de auténtica televisión pública que engrandece a ETB.