El niño-torero sin la cara pixelada

EL FOCO

15 de septiembre 2016

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El pasado martes los periódicos vascos sacaron en portada a un niño. Esto suele ocurrir en casos trágicos: a Aylan Kurdi, de tres años, le mostraron ahogado en una playa de Turquía, tumbado boca abajo; Omran Daqneesh, de cinco años, fue portada en todo el mundo, aturdido y roto, cubierto de polvo y la cara ensangrentada, sentado en la silla naranja de una ambulancia en Alepo. A los niños de los famosos, en las revistas del corazón, les suelen sacar con la cara pixelada, porque la ley obliga a proteger su identidad y su derecho a la intimidad. A las niñas del rey de España, no: estas salen con sus mejores galas y repeinadas, porque se supone que su imagen se publica bajo consentimiento de sus padres y por pura propaganda monárquica, para transmitir la imagen de la continuidad de la tradición de la corona. La verdad es que no entiendo esto del pixelado a unos niños sí y a otros no. Al menos el pixelado es una forma más sutil y estética que hace un tiempo, aquella banda negra que se les colocaba sobre los ojos como si fuesen delincuentes o demonios.

A Alberto Donaire, de 11 años, no le pixelaron la cara los periódicos de aquí. Simplemente, le encumbraron como noticia del día dando unos capotazos a un becerro, con aires de torero adulto. ¿Era noticia Alberto porque era una nueva o estrella o un héroe? ¿O porque hubiera sido víctima de algún tipo de violencia? ¿O era más bien porque se trataba de un niño raro que quiere ser torero? La foto y la noticia sobre este niño me perturbaron, porque no entendía muy bien la razón periodística por la que los medios pusieran tanto empeño en esta noticia. Me pareció ligeramente frívolo. Y con los niños, creo yo, no se frivoliza, salvo que la sociedad haya perdido el norte y sus prioridades éticas. ¡Dime cómo tratas a tus niños -y a tus mayores- y te diré en qué clase de sociedad vives!

A los 11 años los niños y las niñas están en el apogeo de su fantasía y sus sueños. Es cuando forjan lo que quieren ser de mayores. Unos aspiran a ser bomberos, médicos, aventureros, astronautas, inventores, o puede que políticos. No sabía que había niños que, como Alberto, quisieran ser toreros. Los hay. Dependen en qué ambiente y familia se estén criando. Es poco moderno querer ser torero, como soñar con ser misionero, o monja, que ya no se llevan, porque son lo contrario del heroísmo. Cosas de gente rara, bastante frikis. Una de las ocupaciones a las que aspiran los niños es a ser veterinarios, médicos de los animales. Lo dicen muchos. Y me pregunto: ¿cómo es que un niño quiera ser torero, o matarife, cuando muchos quieren ser veterinarios? No creo que haya personas más conscientes de sufrimiento de los animales que los niños.

No es mi intención abrir aquí el debate toros sí-toros no. Esta es una cuestión que está en nuestra sociedad y que está adquiriendo un eco importante. Será lo que la gente quiera que sea. Pero lo del niño-torero da que hablar y que pensar.

El hecho es que el Ayuntamiento de Karrantza, en Bizkaia, suspendió un festejo taurino en el que estaba previsto que actuara Alberto Donaire, de 11 años. El Consistorio no tenía noticias de este festejo y, a instancias del Colectivo Antitaurino y Animalista de Bizkaia (CAAB), no se dio autorización, aplicando el reglamento vasco de Espectáculos Taurinos, de 2008, en el que se recoge la imposibilidad legal de que los menores de 16 años participen en un acto de este tipo. Causa estupor que el Ayuntamiento desconociera la celebración de este evento, previsto para el pasado domingo. Y que tuviera que mediar una denuncia previa para que el menor no participara en él. La ley en Euskadi señala taxativamente que no puede inscribirse en las escuelas taurinas –que las hay, como formidable paradoja de una sociedad pretendidamente ética- a los menores de 12 años. Y hasta los 16 no se les permite participar en espectáculos con ganado vivo.

La noticia se extendió a todos los medios: hay un niño torero en Bizkaia. Suena raro, suena incluso un poco exótico. Y ahí le han sacado en la prensa y hasta en la tele. Se ha visto como algo curioso y puede que hasta simpático. No sé. Mi perspectiva es diferente.

Hay dos dimensiones. La estrictamente educativa, relativa a la formación de este crío. Y la social o pública. En lo educativo, tendríamos que ver si cabe que un niño sea instruido para llegar a ser torero. Hay una cierta coherencia en este caso, porque el padre de Alberto fue novillero durante muchos años y, obviamente, ha inoculado en la mente de su vástago la afición a los toros. Suele ocurrir en todos los ambientes. Toreros de hoy fueron niños-toreros. El asunto es complicado, porque se trata de una afición sangrienta, de dudosa ética. Me atrevería a decir que hay motivos para cuestionar al padre y retirarle la custodia de su hijo, por inducir al menor a una actividad que pone en riesgo su vida y le infunde valores antisociales. En suma, le estigmatiza. Pero las corridas de toros son, todavía, una actividad legal y cuenta con no pocos partidarios. También aquí.

Y desde el punto de vista público, habría que discutir si se debe poner en la tribuna a un niño que tiene una afición tan exótica como ser torero. Alberto ya es un niño famoso. Gracias a los periódicos y a la tele. ¿Es aceptable? En primer lugar a los niños hay que protegerles de la terrible influencia de la fama, porque este hecho prematuro ocasiona males psicológicos profundamente negativos e irreversibles. Hay miles de casos en el mundo del cine y la música. Hemos discutido los programas de la tele en que los protagonistas y estrellas son los niños. También en este caso es discutible el tratamiento informativo del niño torero. Se ha frivolizado por un lado y, por otro, se le ha lanzado a una fama social de la que puede salir malparado.  

No es una buena noticia un niño torero. Es malo, creo yo, que su padre le promocione como tal; pero es peor que se le lance al estrellato como un personaje, sin contar sus pocos años y su inmadurez. Hay que dejar en paz a los niños, que jueguen, que se diviertan, que aprendan, que sueñen, que crezcan… pero no les contaminemos con nuestras violencias. Allá el padre con sus cosas. Pero una sociedad madura no puede ver con indiferencia, y menos con simpatía o curiosidad, que un niño quiera ser torero y se vista de matador de toros e imite a sus mayores en los quehaceres de un espectáculo sangriento.

¿Quién quiere este cruel futuro para un niño?

Hasta el próximo jueves.

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Menú electoral: pan, acelgas, croquetas y cordero

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La tele se solivianta cada vez que tocan elecciones, ETB particularmente. Se vuelve hiperactiva y comienza a organizar debates y entrevistas y convoca a los sociólogos para realizar encuestas, esos anticipos del futuro que tantas angustias suscitan. Los partidos se toman los sondeos como si fueran una sesión de videncia con Rappel, un engaño por ansiedad. No entienden la ciencia de escuchar. La demoscopia no falla: es la gente que miente o cambia. Y si, algunas veces, resulta errónea es porque los encuestadores están mal pagados y chapucean. Las casas más limpias son aquellas donde no hay señoras de servicio con sueldos de miseria. Aún así EITB Focus ya es un clásico con una bien ganada relevancia.

A nuestra tele pública, sumida en su activismo, se le ocurrió enfocar la cámara sobre la vida de los candidatos e ideó La otra cara de los políticos, viejo intento de penetrar en su intimidad, ma non troppo. En una cadena anglosajona nos hubiesen presentado a sus parejas e hijos, al perro y a la abuela. Aquí eso está mal visto. ¡Pero si somos un país de cotillas, con altas audiencias en Sálvame y Gran Hermano! África Baeta y Julian Iantzi se fueron tras Urkullu, Mendia, Zabala y Otegi, a sus casas, quehaceres y cocinas. Iñigo amasó el pan, Idoia frió croquetas, Pili coció acelgas y Arnaldo asó cordero. Más allá de la sobreactuación de Iantzi, el reportaje mostró a seres humanos auténticos y líderes con bonitas historias personales. ¿Y Alonso, el del PP? No quiso estar, por no compartir pantalla con Otegi, lo que le hizo perder hora y media de televisión en prime time y una oportunidad única para enternecerse ante los vascos. ¡Alfonso, eres un fenómeno!

La segunda entrega está en la Junta Electoral, convertida en comité de programación. La ilegalización de Otegi como aspirante a lehendakari ha creado una situación inédita y sobrevenida. Si se suprimiera la parte del líder de Eh Bildu, el espacio sería un churro, indigno para su emisión. No hay plan B. Mejor que pase a la historia infame de la censura, fechoría de jueces.

Hacia una sociedad masturbatoria

EL FOCO

8 de septiembre 2016

En Onda Vasca, con Begoña Beristain

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El Foco es un espacio de radio para ver las cosas cotidianas, quizás no las más relevantes y reconocidas, con una mirada más penetrante. Quizás porque tienen un significado mayor que el aparente. Cosas que ocurren a nuestro lado, o a alguien en particular, pero que nos atañen a todos, de una u otra manera. Sobre estos hechos vamos a poner el foco y una atención especial. Para analizarlas y comentarlas en forma de diálogo. Sin más pretensiones.

Hoy, para empezar, podría haber elegido el comienzo del curso escolar, uno más, con 3.700 alumnos más en Euskadi que en el año anterior y con una serie de incógnitas derivadas de una ley educativa que seguramente será, como la anteriores, derogada y sustituida por otra, quién sabe si mejor o peor. Podríamos hablar también por qué miles de personas hacen cola en Bermeo para participar como extras en la serie “Juego de Tronos”. ¿Por qué hay personas que se afanan tanto en aparecer en una película, aunque sea como relleno? Podríamos hablar de la galerna o del calor extremo de estos días. O de los pisos más caros de Euskadi, a 6.000 euros el metro cuadrado. Pero no.

Vamos a poner el foco sobre Irune, una joven de Arrigorrriaga que el pasado lunes murió arrollada por el tren de mercancías en Areta, Llodio, cuando atravesaba las vías de la estación y que no vio ni oyó llegar el convoy. 19 años tenía Irune y toda la vida por delante. Aparentemente, puede tratarse de un hecho trágico como otros de carácter accidental que de cuando en cuando ocurren entre nosotros. Pero puesto el foco sobre este suceso, vemos que hay unos datos que lo singularizan. A falta de una investigación definitiva, según los testigos que han hablado con la Ertzaintza, Irune pudo despistarse con el móvil, y quizá fue esta la causa por la que no escuchó el pitido del tren que se acercaba a la estación. A este dato se le añade, el hecho –decimonónico- de que el paso entre los andenes de ambos lados de la estación solo está señalizado con el cartel de “Cuidado al cruzar. Trenes circulando en ambos sentidos”. El accidente fatal se podría haber evitado si Rente no fuera tan rácana en sus infraestructuras.

Lo de Irune, con sus auriculares puestos escuchando la música de su móvil, es una imagen habitual en nuestras ciudades. Es lo que vemos también cuando viajamos en metro o en autobús: la mayor parte de la gente atiende la pantalla de sus Smartphone, ajenas al resto de las personas o a lo que sucede a su alrededor. Somos una sociedad pegada a los pequeños artilugios electrónicos. El martes yo mismo cruzaba Zugazarte, en Getxo, con mi Ipod musical. Abstraído en lo que escuchaba, no me di cuenta de que una moto venía hacía mí y estuvo a punto de arrollarme. Como el tren a Irune.

¿Qué le ocurre a nuestra sociedad a la que los instrumentos de comunicación hace que se vuelva más aislada y ensimismada? Efectivamente, lo de Irune es un caso de mala suerte, una fatal distracción en una estación decimonónica. Quizás le podría haber ocurrido a cualquiera. Lo relevante es que es un tipo de distracción que ya forma parte de la cultura social de nuestro tiempo, en el que nuestro mundo es lo que hay en las pantallas. Y creo que nos debería mover a la reflexión para recuperar la sintonía con el mundo exterior, más allá de los aparatos electrónicos y las tecnologías de la comunicación. O más bien, de la incomunicación.

Irune simplemente iba a su bola con los auriculares en los oídos. Irune, residente en La Peña, en Arrigorrriaga, tenía 19 años y era hija única. A eso de las 17:30, bajó del tren para encontrarse con su novio, que la esperaba al otro lado del andén. Iban a pasar la tarde en Orozko, donde eran las fiestas de San Antolín. Irune cruzó las vías tras el paso del tren de cercanías de Renfe del que acababa de descender. En el momento de cruzar fue arrollada por un convoy de mercancías que venía en dirección contraria. No se percató. No escuchó el pitido del tren. Irune murió allí mismo. El maquinista del tren fue atendido de una crisis de ansiedad y trasladado a un hospital, un aspecto colateral al trágico accidente.

Después de que ocurriera este suceso, vecinos de Llodio expresaron su repulsa por la falta de medidas de seguridad en la estación, que carece de pasos alternativos al cruce las vías. Renfe, ahora, ha señalado a la prensa local que está redactando un proyecto para solucionar el problema. En un periódico se indicaba que “la línea tiene 150 años y algunas estaciones son de los años 30”, como si esto fuese una excusa para justificar la existencia de una estación impropia de un país desarrollado. Pero siempre es así: para que haya soluciones, tiene que haber, previamente, unas cuantas víctimas del proceder negligente de la administración o de las empresas. La estación tampoco dispone de personal que regule el paso de los viajeros entre los andenes.

Ningún vecino, que sepamos, ha apelado al hecho del uso indebido del móvil en determinada situaciones que exigen atención plena.

Pero más allá de las chapuzas que padecemos, de la que son responsables empresas públicas, en este caso Renfe, tenemos que poner el foco en el hábito de nuestros jóvenes de aislarse por medio del teléfono móvil u otros aparatos electrónicos. El mundo empieza y acaba en estos cacharros. Y esto está determinando una sociedad concreta que pierde, más que gana, con este uso –y abuso- de las tecnologías. El accidente de Irune es una consecuencia fatal; pero a mí me importa poner el foco en las consecuencias sociales de este fenómeno. Subes al metro o al autobús y más del 80% de los viajeros atienden su móvil, mensajeando, escuchando música o viendo vídeos. Cuando constato este hecho y me veo a mí haciendo lo mismo, dejo el móvil. No quiero ser partícipe de una sociedad aislada.

Me da miedo el resultado de este fenómeno de aislamiento en nuestros jóvenes. No tengo una visión negativa de la tecnología, todo lo contrario. Creo que es algo muy útil. Lo que observo, poniendo el foco en esta realidad, es que vamos hacia una comunidad más aislada e individual, y solitaria, que antes. En estos, tenemos un grave riesgo de pérdida de interrelación personal. No es solo que nos distraigamos cuando hay que estar atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Es que no vemos a la gente que está a nuestro lado. La ignoramos. No existe. Cada uno, está en su burbuja musical y tecnológica. Y así vamos hacia una sociedad masturbatoria, donde el disfrute de las cosas es individual y solitario.

Irune es una víctima de una distracción fatal. Y quizás también el símbolo de lo mucho que nos estamos alejando unos de otros. Estamos creando un mundo incomunicado.

Un par de días después de que la joven Irune muriera distraída con su móvil, llega el Iphone 7, un gran acontecimiento mundial. Ya lo puedes reservar, porque sale a la venta mañana, aquí y en los cinco continentes. Mundo feliz y solitario. Mundo algo estúpido.

firmaHasta el próximo jueves.

 

 

 

Rajoy y la risa

Rajoy

El humor es un refugio. La risa no requiere argumentos, ni está obligada a la coherencia. Así que si usted no tiene razón y quiere vencer sin convencer a sus rivales, haga un chiste con el asunto. Fue la opción de Rajoy en el turno de réplica a los grupos políticos en su fracasada investidura. El aún presidente era consciente de su debilidad y sabía que nada podía ampararle, por lo que subió a la tribuna como los cómicos en el venerable programa Club de la Comedia: a evadirse por vía jocosa. Y sus intervenciones fueron un sinfín de caprichosas ironías y fatuos chascarrillos que sus correligionarios aplaudieron como fervor y la prensa afín ponderó como mérito parlamentario. Aquello se convirtió en el plató de La Sexta, pero en versión depresiva. Fue una escenificación patética y sin honor, pues la honra hubiera estado, seriamente, en dimitir.

Cuando conocí a Rajoy, hace 35 años, era muy tímido, algo gangoso y bastante despistado. Corrigió después sus problemas de logopedia y adquirió descaro. Nunca imaginé que llegaría tan lejos con tan escaso bagaje. Tampoco que fuera a adoptar aires teatrales para escurrir el bulto de la historia de corrupción que le acompaña. Rajoy odia la estética, no cree en la belleza. No es ingenioso. Es disciplinadamente aburrido. Carece de ternura. Y así no puede ser más que mal gobernante y peor humorista. Su mayor equivocación en la sesión de investidura, pensando en los telespectadores-electores, fue creer que la risa detiene la indignación. Pues no, don Mariano, el humor es para alegrarnos la vida entre amargura y amargura. Y si lo utiliza para huir, asegúrese de que posee un corazón alegre.

Todos deberíamos hacer nuestros propios monólogos de risa. Si de mí dependiera, lo implantaría como asignatura en el ámbito del desarrollo de la creatividad. No contrataría en mi empresa a quien renunciara a actuar y divertir solo diez minutos, ni me casaría con la mujer que no se atreviese a subir al mágico escenario. El Club de la Comedia sería una fabulosa escuela de líderes y amantes.

 

En la teoría todo va bien: el caso Podemos

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Un día me iré a vivir a la teoría, porque en la teoría todo va bien…”. Así comienza Marc Levy su más reciente novela Ella y él, insinuando su reproche a la burbuja de los enunciados simples frente a la crudeza de la realidad concreta y la dificultad de las soluciones posibles y solventes. La candidez intelectual es la pose de los nuevos partidos para presentar su tarjeta de inocencia ante la crisis aún latente y distinguirse de la política previa a su llegada, la que ha empobrecido a la gente y aumentado las desigualdades sociales. Es su baza y su ventaja, pero no es mérito ni excusa ante la gestión de lo que viene. Viven en la teoría y viven cómodos, por ahora.

Las elecciones del 25-S en Euskadi plantean la posibilidad de que se produzca una alternancia en el Gobierno vasco en favor de Podemos, solo o en coalición, desbancando al PNV del liderazgo del país, en el caso de que los resultados de los comicios estatales de diciembre del pasado año y de junio del presente se repitiesen localmente. No es una quimera, porque los datos avalan esta opción y hay un atisbo de cambio sociológico que ahora, en las urnas vascas, ha de pasar su reválida. Los dirigentes de la coalición Elkarrekin-Podemos han declarado que aspiran a gobernar en solitario y se abren a pactar con socialistas y EH Bildu, una pirueta complicada pero factible. En teoría, donde todo va bien, hasta que se tope con la realidad.

La alternancia en el poder es consustancial a la democracia. Y ocurre cuando una mayoría social percibe la necesidad de un cambio por descontento con la situación presente. ¿Por qué no va a poder darse ahora una sustitución del PNV? En 2009 se realizó de forma tramposa e ilegítima, tras un tiempo de engaños y la extirpación del cuerpo electoral, por ilegalización calculada, del sector de la izquierda abertzale, lo que facilitó el acceso de Patxi López a la lehendakaritza con el abrazo del PP. Si entonces fue una chapuza, ahora podría darse limpiamente, si cuentan todos los votos y el pueblo vasco determina que es hora de dar nuevas oportunidades de gobierno. No hay problema. La cuestión es que no existe un clamor social, ni masa crítica para esta mudanza.

Euskadi no es España  

El problema es que, por mucho que se niegue, Euskadi es diferente a España. En política, como en tantos otros ámbitos. Podemos se equivoca al situar los comicios, ahora en clave vasca, en parecidos términos que los planteados en el Estado. Hay un abismo de diferencias entre los resultados y las actitudes del Gobierno presidido por Iñigo Urkullu y la gestión y el estilo de Mariano Rajoy. Aquí no hay un Gobierno atravesado por la corrupción, como en Madrid. Aquí no hay un partido a punto de ser imputado por graves delitos, como el PP. Hay una situación económica mucho mejor. Hay menos paro. Hay más coberturas sociales, que Pablo Iglesias pone como ejemplo a seguir. Tenemos problemas acuciantes, ciertamente; pero no hay reproche de mala administración. Por el contrario, se aprueba por amplia mayoría. Aquí se pacta, se dialoga, hay una cultura política más rica que en España, fruto de nuestra mayor diversidad y pluralismo político. No existe, en suma, una demanda de cambio como ha ocurrido en España y que ha fracasado por divisiones y ambiciones diversas. No se ve por ninguna parte una corriente anti-PNV sólida y consistente más allá de que ningún partido pueda presumir de invencible, lo cual no quiere decir que no haya muchos vascos que querrían otro Gobierno sin el PNV al frente; pero no lo señalan como prioridad, ni piensan que sea indispensable.

Los líderes de Elkarrekin-Podemos se equivocan al considerar que las elecciones del 25-S son para echar al PNV de Ajuria Enea. Hasta su candidata fallida, Garbiñe Biurrun, desmintió que este fuera el objetivo de la coalición, al igual que su nueva cabeza de cartel, Pili Zabala, para quien el derribo antinacionalista no está entre sus urgencias. La operación anti-PNV es una obstinación, quizás por impericia, de la secretaria general de la formación, Nagua Alba, y también del responsable estatal, Pablo Echenique. Estar «en condiciones de superar al PNV» no es más que un artificio de campaña, porque no se sostiene sociológicamente. Tiene argumentos numéricos a su favor -los de las elecciones generales-, pero se equivoca en su proyección local. Pero ya digo, en la teoría todo va bien.

Podemos trae un mensaje renovador y grandes ilusiones; pero no lleva consigo un programa definido ni siquiera en los asuntos sustanciales. Está en construcción. Ahí está la señora Zabala aprendiendo poco a poco los rudimentos básicos de la política y la comunicación de masas, por lo que merece respeto y un plazo suficiente para que vaya cogiendo el tranquillo. Es respetable su ingenuidad y su buena voluntad, pero al Parlamento vasco, si allí va a liderar su proyecto, deberá llegar aprendida. Y con más respuestas concretas que teóricas.

¿Qué alternativa?

Todo parece estar abierto para después del 25 de septiembre. Según las encuestas, la formación jeltzale obtendrá una representación parlamentaria superior a la de sus oponentes; pero falta por saber con quién podría constituir un Gobierno estable. El más probable es el que resulte de la suma del PNV con el PSE; pero no sabemos si los socialistas escaparán de su crisis de identidad y detendrán la sangría de votos que comenzó con la gestión de la crisis emprendida por Zapatero y la irrupción de Podemos. Hay demasiadas incertidumbres sobre el partido de Idoia Mendia como para asegurar una legislatura controlada. Por tradición y cierta lógica, el acuerdo PNV-PSE es el más adecuado aunque menos ambicioso, pero para mí no resulta el más deseable, porque Euskadi necesita un horizonte de futuro que lo libere del lastre de España, nuestro verdadero problema. Un acuerdo así tiene aroma a pasado y naftalina.

¿Cabe una suma numérica y programática entre Elkarrekin-Podemos y EH Bildu que desbanque al PNV? Es posible y seguro que cuenta con muchos partidarios. La contradicción entre lo estatal y lo nacional vasco, más allá de los proyectos sociales y económicos, es profunda, por muy favorable que se defina la formación morada hacia del derecho a decidir que, se me antoja, más teórico que real y que saltaría por los aires el hipotético día en que esa potestad se pudiera ejercer. La izquierda fue siempre tan experta en retórica como incumplidora de sus poéticas teorías, incluso cuando se facultó en regímenes totalitarios. La libertad es más fuerte que el miedo.

Es visible que a Elkarrekin-Podemos le falta un hervor democrático y la demostración de su solvencia política en los gobiernos. Su previsible unidad con la izquierda abertzale quebraría al partido de Iglesias en España y esquilmaría el tejido industrial vasco. No parece un horizonte que contribuya a hacerlo atractivo a los ojos del electorado. Es en lo social donde está el máximo interés de la gente, el epicentro vital, por lo que el próximo Gobierno vasco deberá incrementar el peso de la economía social, la calidad y eficacia de los instrumentos de solidaridad y la creación de oportunidades para nuestros jóvenes. Se nos van irremediablemente. Hay mucho que hacer como para aventurarnos en quienes apenas traen livianas teorías donde vive acomodado.

Es conveniente, en mi opinión, que el PNV explore acuerdos institucionales y de gestión estratégica con EH Bildu. Hay que abandonar los oxidados conceptos de derecha-izquierda para penetrar en la reforma del sistema que, además, de profundizar en la cohesión social y en una economía de raíz humanista, actualice el modelo de EITB (porque no hay futuro sin una comunicación abierta y pública, liberada del condicionamiento de los medios privados), la cualificación de nuestra sanidad y educación, el problema de la cooperación territorial, la eficiencia administrativa y el envejecimiento de la población, esta sí, una urgencia absoluta. Va a resultar, mire usted por dónde, que Podemos no es necesario en Euskadi, pues solo va bien en la teoría.