Dos horas al día para sobrevivir

Hablamos de televisión

24 diciembre 2015

1. A debate

El otro empacho navideño: horas y horas de los niños ante las pantallas

Con las Navidades llegan las vacaciones para los niños y niñas. Y es verdad que tienen como oferta los parques infantiles y los desfiles de Olentzero y Reyes Magos. Pero el verdadero consumo de su tiempo es ante las pantallas: la televisión, los móviles, las tabletas y los videojuegos. Este exceso plantea muchas incógnitas y algún quebranto educativo a los padres y madres. ¿Qué hacer con el tiempo de los menores ante las pantallas?

Normalmente, los padres optan por fijar unos límites en el número de horas, por la mañana y por la tarde, de tal a cual hora. Y es una opción razonable. Sin embargo, el pediatra Dimitri Christakis, uno de los mayores estudiosos del mundo en esta materia, y director del Centro de Salud, Comportamiento y Desarrollo Infantil del Children Seattle Hospital (uno de los más prestigiosos del mundo) nos aporta otras opciones.

Sostiene este pediatra que durante los primeros años de vida el cerebro de los críos está en pleno desarrollo, multiplicando por tres su tamaño. Según Christakis, la exposición al vertiginoso ritmo que le ofrecen las pantallas les producirá una sensación de “lentitud” cuando se enfrenten al mundo real -que no gira a la misma velocidad que la televisión- y en muchos casos les creará problemas de aprendizaje y de déficit de atención.

Para este investigador, tabletas y smartphones cuentan con una gran diferencia respecto al televisor: la interactividad. Mientras que la tele es para el niño una experiencia pasiva, en las ‘touch screens’ se produce un interesante efecto de “lo he hecho yo”. Según sus primeros estudios, todo parece indicar que esa capacidad de interactuar tendrá efectos diferentes sobre el desarrollo y la cognición del cerebro infantil.

La recomendación de la Academia Americana de Pediatría cuantifica el tiempo de ocio de calidad de los niños delante de las diferentes pantallas en media hora diaria para menores de 3 años, una hora para los niños entre 3 y 5, y dos como máximo para los chavales de entre 6 y 18 años.

Christakis va más allá y se atreve a añadir que, además de este “tiempo de conexión”, es importante atender al tiempo diario de nuestros hijos apartados de todas las pantallas, es decir, el “tiempo de desconexión”: al menos dos horas diarias de completa desconexión entre niño y dispositivo.

Es decir, que es importante que exista al menos un tiempo de desconexión de dos horas entre el momento en que dejan una pantalla y vuelven a ellas. Es una recomendación muy interesante, más allá de las limitaciones en el tiempo de uso para su mejor formación y educación.

 

2. El impacto

Ridículo en la elección de Miss Universo.

Esto es como un reality, pero de verdad. Es la valoración que hace una comentarista de la televisión al contemplar lo que estaba sucediendo en la elección de Miss Universo. El presentador del espectáculo, celebrada en Las Vegas, proclama como ganadora a Miss Colombia. Y es coronada. A los cinco minutos es destituida porque todo había sido un erro y la ganadora real era Miss Filipinas. Impresiona la dignidad con que la chica destituida acepta el error. Esto es auténtica televisión: el ridículo no puede ser mayor.

 

3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

La Sexta se impone en la noche electoral

La Sexta ha sido la ganadora de las elecciones. Habrá que hacer un estudio algún día de cómo esta cadena se fue posicionando desde hace cuatro años como la cadena de la izquierda y de los indignados. Este posicionamiento es el que le ha permitido captar la atención de este sector social, ganador moral de las últimas elecciones general.

En la noche electoral, el programa “Al rojo vivo: Objetivo La Moncloa’ obtuvo un 17.6% y 2.758.000 espectadores, casi un millón más que TVE, que alcanzó 1.860.000 espectadores. Por su parte, Telecinco se quedó en el 9.7% y 1.461.000 espectadores, y la Cuatro, 5.2% y 934.000 espectadores.

Nueva temporada del gran fenómeno cultural de televisión.

Ayer, la familia de los hombrecillos amarillos, Los Simpson, uno de los fenómenos sociológicos y culturales de la televisión de todos los tiempos, estrenó su vigesimoquinta temporada en Antena 3.

En su regreso obtuvo un gran 15.5% y 1.772.000 espectadores. Es un valor seguro.

Tendremos que pararnos un día a analizar el porqué de su éxito en todo el mundo desde hace un cuarto de siglo. Porque la serie de dibujos es mucho más que dibujos animados.

 

4. La buena publi

Otra vez, Campofrío nos sirve una pequeña maravilla

La marca de embutidos sigue marcando su liderazgo en comunicación con este nuevo anuncio navideño. La película, de tres minutos, porque una pequeña película es, ha sido dirigida por Iciar Bollain y tiene como protagonistas a Enma Suarez y Tristan Ulloa. “Despertar” es precisamente la historia del despertar de un hombre que llevaba en coma varios años. Al regresar a la vida normal tiene que ir descubriendo, con asombro, todas las cosas de la vida que había olvidado. Y en esa explosión de la vuelta a la vida es donde está su impacto. Mientras nosotros olvidamos, por la rutina, las maravillas de cada día, el protagonista nos dice al final: “»El mundo no ha cambiado tanto, pero hay demasiadas cosas cada día por las que merece la pena abrir los ojos, levantarse y salir a vivir». Un mensaje obvio, es cierto, pero demoledor.

Hay que felicitar a Campofrío porque esta maravilla.

 

5. Recomendaciones para el fin de semana

Mucho cine en este fin de semana. Tenemos la repetición constante de la saga genial de Star Wars y mucha película de temática familiar.

Más allá de esto, me permito haceros dos recomendaciones:

– El domingo La Sexta estrena el concurso “¿Y tú qué sabes?”, a partir de las 21:30 horas, con nuestro Oscar Terol como presentador. Vamos a ver cómo es este concurso.

– Y hoy y mañana y mañana, Los Simpson. Creo que la familia amarilla es ya uno más de nuestras familias. Así que vamos a abrir la puerta y que nos haga reír con sus ironías.

Lo que no os recomiendo, para esta noche, es el mensaje del Rey de España, que para quien no lo quiera ver tiene la opción ETB, que un año más, con gran dignidad democrática, nos evita a los ciudadanos vascos el bochorno de un mensaje aburrido y previsible, además de obligatorio.

¡Feliz Navidad para todos!

 

Tras la batalla, llega la guerra

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¿De verdad alguien cree que bailar, cantar y mostrar su lado jocoso ante las cámaras han ayudado a los candidatos en sus resultados? ¿Era esta la solución para que la política recuperara su prestigio? ¿La proliferación de debates, junto con los nuevos formatos de entretenimiento, han aproximado a los dirigentes a la ciudadanía? ¿Se da por hecho que la tele ha sido decisiva en estos comicios y que al mayor uso del medio audiovisual hay que atribuir el aumento de la participación y el reparto de los votos? Que los asesores de imagen, tan despistados como sus clientes, validen este modelo de comunicación es normal; pero que la democracia haya pretendido salvar el desapego popular así, auxiliada por el espectáculo ridiculizante, es dramático.

Tras la batalla llega la evaluación de daños. Si la corrupción, los recortes, los desahucios, el empobrecimiento y la descomposición democrática no han sido impugnados en las urnas es que todo ha sido un pueril pasatiempos y la indignación ha quedado neutralizada por el miedo. Es relevante el fracaso estratégico de La Sexta, con sus tertulias a todas horas, ocurrentes ironías y aires renovadores, finalmente inútiles. Évole, Wyoming, Pastor, Ferreras y Mejide son los nombres del hundimiento de la utopía. Ganan Bertín Osborne, la Campos, Mariló, TVE, Pablo Motos… El triunfo es de Inda. Almudena Grandes se podría haber ahorrado «Los besos en el pan», formidable canto a la dignidad de un barrio cualquiera ante la ferocidad de la crisis. ¡Qué ingenuidad haber imaginado el poder revolucionario de la tele!

A partir de hoy, cautivo y desarmado el cambio de sistema, los canales reducirán sus espacios de debate y las entrevistas de enfoque humano y la clase política volverá a sus despachos a gestionar los mandatos de Bruselas. Comienza el régimen de la derecha reciclada, el neocentralismo y la izquierda multicolor. ¿Será por eso que la imagen fija de esta campaña era la de los candidatos aplaudiendo a sus electores? Nos daban las gracias, anticipadamente, por dejar las cosas más o menos igual.

No pierdas tu identidad… olfativa

Hablamos de televisión en Onda Vasca

16 diciembre 2015

1. A debate

Los perfumes, los reyes de la tele en Navidad

Más que de cualquier otro sector o especialidad, más que de champanes, turrones o productos electrónicos o juguetes, la publicidad más abundante es la de los perfumes. Son cincuenta marcas las que se anuncian estos días en la tele. Cincuenta. No hay tantas marcas de coches. Esta realidad nos provoca varias preguntas: ¿Por qué los perfumes tienen tanta proyección? ¿Qué tiene este producto que se promociona tanto y que se vende tanto? ¿Qué significa el perfume en nuestra sociedad? Para mí es uno de los grandes mitos actuales, de ese tipo de hechos muy volátiles que se mueven entre la magia y el fraude.

En primer lugar, el perfume no es un producto de belleza. Es otra cosa. Es un producto de alto valor añadido, de propiedades atribuidas no objetivas. No hay otro artículo que tan poca cantidad valga tanto, salvo las joyas. Una gota de perfume cuesta su peso en oro. Estamos, pues, ante un producto mítico, en cuya envoltura nos sentimos mejor, más atractivos, más seguros y protegidos. Y esto afecta tanto a hombres como a mueres, aunque más ellas que ellos. El perfume tiene su propia historia, y creo que está perfectamente retratado, hasta la locura, en El Perfume, de Patrick Süskind. En realidad, es un producto nacido contra el hedor. Y se basa en una falsa creencia cultural: que hay que disimular el olor corporal. Dudo que haya un olor más arrebatador que el olor corporal. Y ahí podríamos hacer un tratado de seducción. Olor corporal no es mal olor, y ahí empieza el mito del perfume.

Los anuncios de perfumes tienen características comunes. Y un argumento colosal: el glamour, que es una referencia de elegancia, magia, misterios y singularidad aristocrática, capaz de atraer a cualquiera. Todo el mundo se rinde al glamour. Y esa es su fuerza. Y también su engaño. A partir de aquí empieza la elección de cada uno de su propio perfume: se tiende a que tengamos un olor propio. O varios. De día y de fiesta. Que influyen los olores en la seducción está más que demostrado. Otra cosa es que funcionen como dicen los anuncios.

Los anuncios venden sensaciones, porque el olor no tiene argumentos. Venden pasión, emociones, sueños… Lo normal es que haya actores y actrices cuya imagen promocionen esos valores inconsistentes. Se promueve una estética romántica, muy afrancesada. De hecho, las marcas se expresan en francés, porque Francia ha conquistado ese poder. Y así los anuncios nos convencen de que el perfume nos hace más atractivos y deseables, ese es el mensaje. Y nos lo creemos. Todo para conseguir que el perfume se convierta en el regalo comodín: siempre queda bien, mejor cuanto más potente y mágica sea la marca. Regalar Channel es acierto seguro. Y también las demás marcas. Hay cincuenta a elegir. Son los reyes de la Navidad.

 

2. El impacto

Rajoy-Sánchez: lanzamiento de misiles

El momento culminante del cara a cara entre Rajoy Sánchez fue cuando el candidatos socialista dijo al actual presidente que no es un presidente decente, a propósito de las acusaciones de corrupción. ¿Debe entenderse como un insulto? Yo creo que no, pero Rajoy acusó el golpe y por un momento pensé que el político gallego iba a abandonar el debate. Contra el calificativo de indecente, o no decente, Rajoy lanzó al oponente socialista tres misiles: ruin, mezquino y miserable. Y lo dijo en tono airado y visiblemente enfadado. Los repitió varias veces. Hay quien dice que este enfrentamiento verbal va a deteriorar sin remedio las relaciones entre el PP y el PSOE. Yo creo que no, pero quedará en la pequeña historia de la refriega política.

https://www.youtube.com/watch?v=56yT3aPqR30
3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

El debate logra el récord del año

Además del debate en sí, el cara a cara entre los dos candidatos, Rajoy y Sánchez, había otro reto: saber si este debate ganaría o no al celebrado, a cuatro bandas, una semana antes. Y ganó por medio millón de votos el debate a dos. En concreto, sumando las audiencias de todas las cadenas que quisieron emitirlo, el cara a cara obtuvo 9.728.000 espectadores, frente a los 9.233.000 que vieron hace una semana el debate a cuatro.

No obstante, el debate electoral más visto hasta ahora es el celebrado entre Rajoy Rubalcaba en las elecciones generales de 2011, con 12.005.000 espectadores.

 

4. La buena publi

Armani tira de glamour

De entre todos los anuncios de perfumes que estamos viendo estas navidades en la tele, este podría ser representativo de su contenido habitual: una estrella de cine, en este caso, la actriz Cate Blanchett; unas imágenes sensuales, sin más historia; y un discurso netamente emocional, que apelan a conceptos como libertad, amor, etc. Y proclama: Sí a los sueños, Sí a la libertad, a la vida, la seducción, la emoción, la locura, el amor, Sí a un nuevo comienzo, a la serenidad, a la fuerza, Sí a nosotros dos y finalmente Sí a mí misma. Lo que no entiendo porque en medio de es conceptos tan románticos incluye Sí al silencio. No lo entiendo. El silencio es una catástrofe vital y en este anuncio está fuera de contexto.

El anuncio no es nuevo, pero este año tiene una nueva versión. Es de lo mejor en anuncios de perfumes. El día que, como se ha informado, exista la tele con capacidad para ofrecer olores y otras sensaciones, los perfumes serán aún más reyes de la tele, en Navidad y todo el año.


5. Recomendaciones para el fin de semana

Domingo electoral

Este fin de semana está marcado por las elecciones generales del domingo. Por lo tanto, la noche de este día 20 de diciembre va a ser larga y todas las cadenas se esforzarán en ofrecer la información más rápida sobre los resultados.

Mi recomendación es que se pongan delante del televisor no antes de las 21:30, porque los datos hasta entonces serán especulativos. Y la mejor opción sería ETB a nivel de Euskadi, porque sus datos y valoraciones serán más fiables e inmediatos. Y a nivel de estado yo optaría por TVE, porque es la cadena que más medios va a poner este domingo electoral al servicio de la información pública.

Será la noche en la que todos son ganadores. La noche de los datos, de las galletas de colorines y, aunque no se vea, la noche de las lágrimas, quizás de sonrisas y lágrimas.

¡Feliz semana!

Tele tricornio: la Guardia Civil también hace campaña

Tele Tricornio

Si quieres cambiar el relato de la historia, encarga una película o una serie. Solo hay que tener cierta desvergüenza y algo de presupuesto. Se ha hecho siempre así y a este viejo cinismo se ha aferrado la Guardia Civil para proyectar una realidad falsificada de su pasado y su presente. También puedes impedir por la fuerza que se sepa la verdad, si esta se presenta incómoda y sangrienta. Hubo que esperar dos años para que se estrenara «El crimen de Cuenca», que narraba las salvajes torturas sobre dos inocentes. ¡Hace un siglo! El film lo realizó Pilar Miró, posteriormente nombrada directora general de TVE, el mismo canal que ahora contribuye a la mixtificación de la Benemérita (sic) con la serie «Olmos y robles». La imagen divertida y leve de los tricornios no parece chirriar en la memoria colectiva, ni sus víctimas se han alzado de las tumbas.

La interminable lista de crímenes al servicio de la dictadura no solo no fue razón suficiente para su abolición, sino que se ha normalizado el horror de su historia. En este contexto cabe situar las andanzas del cuerpo militar en «Mar de plástico», en Antena 3, y sus cuatro millones de espectadores. La culminación es el nuevo espacio de laSexta, emisora de la izquierda, que ha parido «Comandancias», donde dicen que allí ya no cuelgan retratos de Franco, ni se enaltece a Galindo y el coraje levantisco de Tejero. Todo es, falazmente, moderno y democrático. Incluso como programa de publirreportajes es una infamia.

Hay que tener poca imaginación para creerse lo que cuentan las pantallas. Al menos las películas y series norteamericanas sobre el FBI y la CIA no nos han dejado un retrato idealizado de estas agencias. Han mostrado, a veces y con alguna honestidad, sus crímenes y miserias. A la Guardia Civil, cuya continuidad es una de las muchas concesiones de la transición española, aún no le ha llegado la hora de la verdad. Los muertos siguen por miles en las cunetas, mientras en la tele se alaban las hazañas de sus represores. A la verdad le gritan: ¡Alto a la Guardia Civil! Y disparan.

Feliz regreso a la radicalidad

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Que seamos una sociedad contradictoria, compuesta por personas regularmente incoherentes, no quiere decir que esta sea una realidad aceptable, ni siquiera inevitable. Más bien es una excusa para justificar nuestra inconsistencia y su larga lista de paradojas. ¿Qué piensan y, sobre todo, qué sienten los ciudadanos sobre la radicalidad como actitud política en el seno de la sociedad democrática? ¿Nos hemos consolidado como comunidad conformista en el fondo y blanda en la forma? ¿Hemos adquirido el miedo a cambiar por no arriesgar lo poco que tenemos? Lo que creo es que hay un gran equívoco no ya semántico, sino conceptual sobre el término de radicalidad y el enfoque de la rebeldía y su ejercicio positivo. No, no me refiero al significado de radical, ir a la raíz de los problemas, eso ya lo sabemos; y que ser radical no es sinónimo de extremista, fanático o intransigente. Esta confusión sería un problema de penuria de lenguaje en los medios de comunicación o una manipulación interesada. Lo preocupante es que se acepte que la democracia implica el repliegue de la radicalidad y la renuncia de los grandes objetivos de libertad e igualdad y la utopía de la humanidad satisfecha.

Es fácil reconocer que la idea de rebelarse (“oponer resistencia a algo o alguien, o no someterse a ciertas costumbres o imposiciones de la sociedad o el ambiente en que uno vive”) ha quedado atrapada en el relato romántico, estéticamente obsoleto, o destinada a la retórica de la publicidad para el estímulo de cambio de marcas y hábitos entre los consumidores. Y que radicalidad suena a exceso operativo y peligro de conflicto. Es que ahí está la cuestión: que se huya de los conflictos, como si estos aludieran a hechos indeseables. Y no. Los conflictos son lo mejor que tenemos, si la comunidad se concibe como una realidad perfectible, en la medida que existen injusticias, abusos y desequilibrios graves que enmendar. Ser rebelde no es quitarse la corbata, un nuevo protocolo. El problema no son los problemas, sino su rechazo o ceguera ante ellos. En este marco de valentía moral y entusiasmo por la libertad y otras liberaciones no alcanzadas es en el que hay que situar el sentido de la radicalidad como metodología y la rebeldía democrática como misión.

Nuestro Parlamento expresó hace poco una de las contradicciones que habita entre los vascos, fruto de la subcultura ideológica -la de los gestos- infundida desde las élites dirigentes. Convulsionados por los atentados de París, los partidos se obcecaron en una declaración conjunta de condena y solidaridad a partir de la exaltación de la unanimidad como ideal o tótem idolátrico. La unanimidad está sobrevalorada. Porque no es más importante que el caudal de las diferencias que mantenemos en la evaluación de los problemas. Somos una sociedad plural y no nos hace más democráticos, ni siquiera más dignos como colectividad humana poner de relieve que convivimos entre profundas divergencias. Es maravilloso discrepar. ¿Por qué hay que coincidir en un texto simbólico si no concordamos en el análisis de su contexto? Vale más una armonía crítica y precaria que una convivencia de acuerdos solemnes e infértiles. La radicalidad es el abrazo a la verdad y el repudio de la libertad a medias, además de la convicción de que los sueños son alcanzables si no renunciamos a sus altas metas. Y es también la aceptación de la complejidad de las cosas y la inherente dificultad de la lucha por lo imposible. Es una ética de autenticidad.
Hacia la sociedad-membrillo

Con la crueldad de nuestro mundo y las carencias de Euskadi, no es posible aspirar a su remedio sin ser radical. La actitud radical parte de esta insatisfacción y de que hay poderes, ocultos y tácitos, a los que oponerse con severidad para lograr su sometimiento a los poderes democráticos. La radicalidad es consecuencia de poseer criterio propio y bien informado sobre la realidad y sus causas. Lo radical rechaza el pensamiento eslogan y la credulidad de la que se nutre la ignorancia popular, tutelada desde las más altas instancias. No podemos vivir felices y engañados por lo poco que tenemos y lo mucho que nos negamos. Y eso nos lleva a la rebelión, a la agitación del cambio y a una actitud de crudeza que puede ser mal entendida. Ese es su riesgo y su valía.

Temo que vamos hacia una sociedad-membrillo, con líderes light, impulsada por programas sin ambición transformadora, con una cultura de empacho rápido, de ciudadanos ensimismados en su pequeña isla individual y hacia el ideal de una comunidad ingenua que se planta en sus límites y que, como mucho, apuesta por un reformismo parsimonioso dentro del sistema y sus penurias estructurales y viciadas en origen. Nuestra democracia no puede ser la gestión de lo tristemente viable y la negación de las inéditas posibilidades comunes. ¿Dónde está la radicalidad del Gobierno vasco, dónde el entusiasmo que cautive colectivamente y responda a objetivos arduos pero revitalizadores? Gestionar una crisis parece muy escaso proyecto. Al realismo del gobierno nacionalista, cuyo mérito reconozco, le falta la osadía de metas radicales que remuevan los cimientos de un Estado fallido, equilibren las desigualdades económicas y sitúe a los ciudadanos frente a sus contradicciones y mezquindades, que también esto forma parte de las obligaciones del liderazgo. Los radicales nos cuestionamos todos los días.

Cataluña nos ha dado una soberana lección en este sentido. Sí, se ha complicado la vida con una insuficiente mayoría independentista, pero le ha dado un meneo volcánico a España y su pacata Constitución. Se ha atrevido a plantar cara a las restricciones legales, pasando de las emociones a la acción y desestabilizando el presente para crearse otro futuro. Ha cruzado el Rubicón y no hay vuelta atrás que pueda ser peor que el infortunio pasado. Se supone que Euskadi no necesitaba ejemplos como este para traspasar similares fronteras. ¿Cuándo es el momento, si siempre aparece una oportuna disculpa para prorrogarnos?

Cuidado con la moderación

De lo peor que se puede calificar a una persona es de templado o moderado. Es un insulto a sus capacidades intelectuales. En el instante que nos sintiéramos asimilados por la falsa tranquilidad del sistema deberíamos acudir a las barricadas de nuestra grandeza como seres humanos y volver a rebelarnos por las mismas causas que en otras épocas de lucha. ¿Por qué Podemos va a quedar aminorado (así lo apuntan las encuestas) en su proyecto transformador del paradigma político? Porque ha perdido la radicalidad y se ha moderado. Se ha dejado la ilusión de mucha gente en su viaje al centro amembrillado.

Creo que no se ha entendido bien la radicalidad de ELA. Aunque su acción sindical y política sea en exceso egoísta (el beneficio de sus afiliados y no tanto el del conjunto de los trabajadores), sus métodos a veces crispados y sus desplantes en el diálogo con empresarios e instituciones tienen sentido si se pondera justamente la desigualdad en el pago de la factura de la crisis entre las partes. Un sindicalismo mendicante no se corresponde con una democracia respetable, por lo que es necesario una dialéctica distinta, en la que las personas sean el centro del negocio, no una herramienta. ELA se equivoca en su virulencia, pero acierta en el rechazo del actual modelo de relación (básicamente paternalista) entre empleados y empleadores. En la cuenta de resultados de las empresas nunca está el cálculo de la felicidad profesional de su gente.

Lo más inteligente es el regreso a la radicalidad, la de las ambiciones de una nación consciente de sus potencialidades, esas que hemos ido dejando en el camino a medida que desistíamos de nuestros sueños y admitíamos más límites de los existentes. Ser radical es más urgente que nunca. El temor a perder lo poco conquistado nos ha hecho cómplices de este mundo desencantado, ruin y violento; pero todas las estrategias de éxito se resumen en una sola: no rendirse.