
«No vi nada al principio .El mar era un vacío yermo de colinas blancas y negras. De repente ,medio oculto en el tumulto de espumante oleaje, divisé a flor de agua algo enorme que se elevaba y caía: algo extendido, como una explosión de espuma, pero con un aspecto más azulado y más sólido. Era un témpano de hielo medio derretido, reducido a un fragmento, pero aún lo bastante grande para hundir un barco, y ,sobresaliendo del agua menos que cualquier balsa, avanzada recto en nuestra dirección, como si se hubiera emboscado entre las olas con propósitos asesinos»
Este pasaje, tomado de The mirror of the sea ,de Joseph Conrad , en la traducción de Javier Marías ( El espejo del mar), refleja muy bien la aparición inesperada de un peligro y la primera impresión que puede causar.
Ante todo, se trata de algo sorprendente aunque acaso previsto. Además resulta un tanto inconmensurable para los sistemas de medida habituales. Y, por fin, parece poseer una finalidad asesina por más que no tenga la menor conciencia de ello.
Pero si la sindéresis, esa cualidad que combina observación, reflexión y prudencia (y que defendía Baltasar Gracián en su Oráculo manual y arte de prudencia) es lo más propio del ser humano, la previsión es una obligación consecuente, la medición una necesidad, y la atribución arbitraria de una maldad en clave de guerra un desatino…
Que ante la aparición del COVID-19 no había previsión alguna a pesar de los avisos de los virólogos, que los sistemas de medición de su expansión han sido confusos e insuficientes, y que, por fin, no ha sido posible militarizar a una población cada vez más maleducada, son tan solo constataciones de que no había preparación alguna para la Nueva Normalidad.
Al final del texto arriba reproducido, comenta Conrad que por una rápida vuelta de timón consiguió eludir aquel enorme pedazo de hielo y que lo vio pasar «ya apenas distinguible, pero aún pegado a nuestra aleta».
Es de esperar que quienes gobiernan nuestro barco institucional aprendan la lección y no intenten de nuevo que se vuelva a navegar como si solo tuviéramos vientos a favor. Es decir que usen, sin abusar, de la sindéresis…








