Desde esta noche a las tres serán las dos en una decisión tan arbitraria como arbitraria es la medida del tiempo humano, en un brindis pretencioso al sol omnipotente de quienes la filosofía griega consideraba «seres de un día».
Y es que todo lo humano es arbitrario por artificioso en la medida en que intenta supuestamente abarcar lo inmundo convirtiéndolo en un ordenado mundo.
Y para esa ordenación se ha sumado a la lógica clásica , la empiria moderna y , después, la certidumbre crítica post-moderna.
Aún así, como ya adelantó Nietzsche y demostró Michel Foucault, cualquier arqueología genealógica muestra que la raíz de toda esta expansión lógica ( ¡ tantas variantes del logos! ) se hunde en la confianza extrema en el poder organizador de las palabras y su sintaxis elemental, o sea , en su capacidad narrativa ( ¡ ah, el viejo mithos!)
Pero, como ya avisó el lístisimo Platón al final de su República, esas palabras y esa sintaxis deben necesariamente ser las adecuadas al poder político vigente ,tan arbitrario por más que siempre interesado, pero que precisamente en la pura arbitrariedad ejecutiva, revestida de dudosas o ya caducas razones,muestra su verdadera fuerza.
Así la prohibición de llevar pelo largo, barba, mostachos o patillas que acaba de decidir el Estado de Texas (USA) para sus adolescentes, o la de aquellos munícipes que se esfuerzan en argumentar que quieren crear ciudades más amables y se dedican sotto voce a colmatar todos los espacios urbanos libres – probablemente porque , como decía Manuel Vázquez Montalbán en su célebre novela La Rosa de Alejandría, «estos chicos del ayuntamiento democrático deben ser de casa bien y han debido veranear desde pequeñitos en chalets con jard´ín…»
Así que, sin más, hoy «a las tres serán las dos», y punto (pelota/zo) . Pues eso…
El décimo aniversario del abandono de la actividad armada de ETA puede ser una buena ocasión para volver a ver Golfo de Vizcaya , un film de Javier Rebollo estrenado en 1985- y que yo he tenido la oportunidad de ver en el excelente ciclo Cine y Ciudad, organizado por el COAVN en su sede de Bilbao.
Y si la película tiene un interés específico – que se mantiene totalmente vigente – por ser un buen thriller al modo de Claude Chabrol, no resulta menos sugerente la larga lista de connotaciones urbanas, sociales y políticas que se refieren a aquellos convulsos años 80 del ya siglo pasado que muchos no conocieron por mor de la edad y que otros quieren olvidar interesadamente.
A todo ello contribuye, sin duda el hábil guión del mismo Rebollo junto con Juan Ortuoste,Santiago González y Joaquim Jordá – antiguo colega de El Viejo Topo y El Cárabo – la fotografía de Javier Aguirresarobe, y por supuesto ,las actuaciones precisas y estelares de Omero Antonutti y Silvia Munt , sin olvidar a Patxi Bisquert, Amaia Lasa o Mario Pardo.
Además, el film es una apología del periodismo de investigación tan profesional en aquellos tiempos y que debía lidiar no sólo con fuentes diversas, sino también con la policía, los violentos grupos de la ultraderecha, la izquierda y la derecha recientemente legalizadas y aquel mundo proteico que se movía entre la clandestinidad y el exilio escindiéndose continuamente desde sí mismo, y que era el mundo de ETA.
Así, Golfo de Vizcaya, puede ser, más allá de un hito no suficientemente reconocido del cine vasco, un material imprescindible para la reflexión y el debate en ese pendiente proceso de autorreconocimiento y aceptación que nos espera.
Decía Stendhal que no era suficiente con apuntar , que había que disparar ,y de la misma opinión era Franz Kafka aunque pudiera parecer inverosímil. Por supuesto ambos se referían al oficio de escribir y hoy en día estas afirmaciones parecen tener si cabe un mayor calado.
Viene lo anterior a que no me gusta abordar determinados temas , en su sentido etimológico de «insistencia», cuando el tono general recuerda a la luchas religiosas del Antiguo Régimen. Pero , como historiador y sociólogo, no puedo evitar reflexionar en alto – y desde cierta indignación.
El «tema» es el décimo aniversario de la declaración de ETA renunciando a la lucha armada , que ha generado una amplia panoplia de comentarios ,comunicados y reacciones diversas.
La mayoría de ellos ha tomado como eje las palabras de Arnaldo Otegi dirigidas explícitamente a las v´íctimas :»Queremos trasladarles nuestro pesar y dolor por el sufrimiento padecido. Sentimos su dolor y desde ese sentimiento sincero afirmamos que el mismo nunca debió haberse producido, a nadie puede satisfacer que todo aquello sucediera, ni que se hubiera prolongado tanto en el tiempo el sufrimiento…», palabras que tirios han considerado insuficientes y troyanos un gran paso hacia adelante.
Sin embargo , más allá de estas legítimas opciones ideológicas y políticas, la dinámica de la polémica ha tomado en ocasiones un rumbo inaceptable para cualquiera que tenga unas referencias históricas de nivel de la ESO.
Así, la cadena de televisión oficial autóctona ha tildado el aniversario como «la celebración del fin de la mayor tragedia de la historia vasca » , afirmación ciertamente excesiva con tan solo tener en cuenta la última Guerra Civil- por no mentar las anteriores.
Otro sí, unas declaraciones afirmando que «ETA fue un error desde el principio», en un brindis al sol histórico, al constatar que cuando se produjeron las primeras acciones armadas todavía coleaba el rastro del maquis republicano que se había enfrentado al franquismo a punta de fusil. Y sin mencionar que en aquellos primeros años sesenta del siglo pasado lo que luego se llamó terrorismo era una referencia en las luchas de liberación y descolonización – como bien se puede ver en Vasconia (1963), una obra clave de Federico Krutwig, de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento.
Por no hablar de quienes continúan pensando que los militantes de ETA eran simplemente unos asesinos patológicos. Y sí, asesinos habría, pero como en cualquier organización y en cualquier sociedad ( ¿ Nadie se acuerda ya de Queipo de Llano o del general Mola responsables de 100.000 ejecuciones, o de Gonzalo de Aguilera, tan amigo de los escarmientos del tiro en la nuca, como recuerda Paul Preston en su libro Arquitectos del terror?)
En fin , para comenzar, hay que admitir que ETA existió, que surgió en unas circunstancias históricas concretas, que se nutrió de las referencias ideológicas y organizativas contemporáneas, que prolongó su actividad en la convicción de que la situación politica en la que había nacido no había cambiado sustancialmente. Y que probablemente ,por intereses entreverados y que algún día saldrán a la luz, no fue capaz de admitir a tiempo su derrota militar como otras organizaciones similares y reconvertirse políticamente.
Y , finalmente ,que no debería haber ninguna «batalla por el relato» de todo aquello, sino un gran, grandísimo, esfuerzo de reconciliación, como, por otra parte se llevó a cabo en los estertores del tardo-franquismo. Y para ello será necesario llevar a cabo un plan ambicioso de información y formación, de poner en comunicación los diferentes registros de la memoria, de las víctimas y de los victimarios, individual y colectivamente…Y dejar de intentar sacar tajada política táctica de cada movimiento del contrario, asumiendo una estrategia global y desarrollando todos los gestos posibles de acercamiento y comprensión en el sentido más weberiano del término, pues todas las «explicaciones» son y serán siempre legítimas pero interesadas…Ten Years After!
Como ya comenté en otra ocasión, un colega del gremio, experto en materia audiovisual, clasifica las series en malas y muy malas. Aun así, y siendo consciente de que desde un punto pragmático, las series no vienen a ser sino las viejas radionovelas actualizadas que a su vez fueron la actualización de las novelas por entregas, hay algunas que pueden merecer la pena – recuerdo ahora por ejemplo la danesa Borgen– y otras particularmente curiosas y acaso hipersignificativas.
Entre estas últimas podría situarse The Crown, un drama histórico centrado en la figura de Isabel II ideado por Peter Morgan, y producida para Netflix, tomando como referencia una obra de teatro sobre la misma temática así como el film The Queen (2006) dirigido por Stephen Frears . Elogiada por su buena dirección , por el alto nivel de los actores y actrices y por la excelente ambientación , ha sido también muy duramente criticada por algunas licencias argumentales no sancionadas históricamente.
Y es que The Crown es un desfile continuo de conservadurismo casposo, infelicidad programada, oportunismo desafiante y, en muchos momentos , imbecilidad generalizada. Pues toda la ralea de los Battenberg transformados en Mountbatten y Winsord- el divertido Felipe de Edimburgo, la altisonante Margarita, el envidioso e inseguro Príncipe Carlos y su seductora a fuer de inculta Lady Di, o los sinsorgos Eduardo y Andrés- no aparecen mejor tratados que, por ejemplo, la Primera Ministra Margaret Thatcher , bruja piruja de afilada nariz a la que solo le falta la escoba , quedando siempre a salvo, en una prudente distancia, la todavía soberana Reina Isabel.
Any way, y visto lo visto ( en The Crown, of course) lo primero que se puede constatar es la imposibilidad ontológica actual de hacer algo similar en estos lares en los que la monarquía siempre ha sido más o menos constitucional y se ha impuesto frecuentemente a sangre y fuego tras breves, brevísimos, episodios republicanos. Y que a falta de un apoyo popular explícito- salvo aquel famoso «¡Vivan las caenas!»- ha sido balizada desde los Reyes Católicos por la Iglesia ad hoc y el generalato.
Sin embargo, materia para hacer una serie análoga no habría de faltar comenzando por el demérito Rey Emérito así como del entorno familiar inmediato y mediato y,análogamente, ascendiendo en la escala borbónica en un más bien descenso ad inferos.
Y si en algún otro momento histórico se diera la posibilidad de hacer un The Cronw hispano contemporáneo, y no esas apologías medievalistas tan típicas y tópicas – y tan estúpidas- propias de la mentalidad conservadora connespacial ( en palabras del sociólogo Karl Mannheim ) quizá fuera porque la monarquía se habría asentado tan definitivamente que ya no tendría necesidad de defenderse ni siquiera en la ficción, o porque hubiera desaparecido, también definitivamente…
Pero entre tanto… “Inquieto es el reposo de la testa coronada” como dijo William Shakespeare en su Enrique IV.
Carmen Mola ha resultado vencedora del último Premio Planeta por su novela La Bestia.La sorpresa se ha producido al comprobarse que Carmen Mola es el pseudónimo colectivo de Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez, conocidos por sus trabajos como guionistas y por ser los autores ocultos de una trilogía del género negro.
El desvelamiento de la autoría ha desatado toda clase de críticas , mayormente negativas, bien por considerar la operación una estafa literaria, una muestra flagrante de oportunismo ante el Me too o incluso un despropósito de una frivolidad hiperbólica ( “Y alguien dijo ‘Carmen’, así, sencillo, españolito, y nos gustó. Carmen mola, ¿no? Pues Carmen Mola. Y se acabó”, cuenta Antonio Mercero»)
Aun así, la polémica podría inscribirse también en el contexto de las actuales discusiones y matizaciones sobre las diferencias entre el género y el sexo que, por otro lado, tanto juego ideológico y social están dando en el ámbito del feminismo o en el mundo que se acoge a las siglas LGTBIQ+.
No obstante, también sería conveniente recordar que en el ámbito literario ha habido autorías disfrazadas famosas como las George Sand ( Amantine Aurore Dupin), Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber) o Victor Catalá ( Caterina Albert ) si bien es cierto que estos pseudónimos correspondían a momentos históricos de una fuerte impronta patriarcal
Por otro lado, tampoco se pueden olvidar viejas referencias, como la de Flaubert – «Escribir :una forma de ser mujer» o «Madame Bovary soy yo» que hace algún tiempo rescató Pierre Bourdieu en su Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario (1995) – o de aquel lúcido ensayo de Amparo Moreno Sardá titulado El Arquetipo Viril (1986) que todavía aportarían muchas pistas…
Así, aplicaciones como Calm o Headspace suman en conjunto más de 160 millones de descargas, pero se calcula que en las redes sociales hay aproximadamente unas 5.000 ofertas similares que pueden costar a cada participante unos 50 euros al año.
Este fenómeno no es de extrañar, pues durante el régimen de restricciones ocasionado por la pandemia, se multiplicaron las razones para experimentar más ansiedad que la habitual y, por otro lado, hubieron de suspenderse las terapias presenciales que quizás ahora vayan recuperándose.
Pero, como otros tantos fenómenos que han aparecido para quedarse – como el tele-trabajo o la tele-educación- estas prácticas meditativas que se acogen al término de «McMindfulness»- comida rápida espiritual – popularizado por Ronald Purser, están comenzado a ser enjuiciadas por profesionales de la psicología , la sociología, así como de la filosofía.
Psicólogos como el catedrático Miguel Farias – autor de The Buddha Pill– reconocen la posible complementariedad de estas terapias por vía digital, pero se muestran claramente partidarios de la presencialidad, pues ven un tono excesivamente comercial y en muchas ocasiones poco efectivo terapéuticamente.
Desde la sociología, se contemplan estas prácticas como unas formas de supuesta espiritualidad ajustadas al captalismo neoliberal, y yendo aún más lejos, como una herramienta de control de la población y de pacificación social.
A todo lo cual se suma una radical crítica filosófica, pues estas y otras formas de retraimiento social, de paréntesis psicol´ógico, se evalúan como el abandono de la condición de «zoon politikón», de aquel animal cívico que proclamó Aristóteles en su famosa Política, pues abstraído el vínculo social , ya no quedaría sino el endiosamiento o la condición animal, en palabras de Homero: » Sin familia, sin leyes, sin hogar…»
Pero en fin , también es posible que, como afirmaba en un reciente reportaje una practicante digital , «a nadie le puede venir mal pasar cinco minutos al día consigo mismo…»
Un viejo amigo, reconocido historiador de la economía, me decía hace poco que la cuestión del precio de la electricidad viene a ser un a modo de golpe de estado de guante blanco que pretende enfrentar a la ciudadanía con el gobierno.
No siendo ,más allá de mis obsesiones académicas ,sino un modesto experto en generalidades, tan solo puedo constatar las porfías verbales a calzón quitado que se cruzan la cúpula empresarial de la industria eléctrica y algunos miembros ( mayormente miembras) del gobierno.
Así y como comentaba el economista – y antiguo colega setentero de El Cárabo Revista de Ciencias Sociales – Joaquín Estefanía Moreira recientemente, el paternalismo de algunos altos cargos de la industria energética – «Mira Teresa, lo que tienes que hacer…» – cuando no las amenazas veladas y terroríficas , llevan ya un tiempo enfrentándose a la palabra exacta y ordenada de las ministras del ramo, mientras la supuesta leal oposición no hace sino de corifeo de quienes fuera de la orchestra reclaman una mayor bajada de impuestos y que cada uno se arregle como pueda , en pleno éxtasis de neoliberalismo de baratillo.
No sé, pero se me ocurre que si Manuel Vázquez Montalbán viviera y viera esta tragicomedia tan hispana como picaresca, se habría atusado el bigote y quizás hubiera cambiado su célebre afirmación de que en España manda la derecha desde los reyes godos por la de que desde el franquismo acá han mandado las empresas eléctricas que, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de los países europeos, son mayormente privadas – o privatizadas durante el aznarato– a pesar de ser uno de los nutrientes b´ásicos de la actividad económica y de la vida ciudadana .
Pero, en fin, alguna ventajilla tendrá todo esto…Por ejemplo que ya nadie se atreverá a usar en las ejecuciones la silla eléctrica por el alto coste de cada descarga…Aunque , bueno, creo que en estos lares todavía sigue vigente el moderno garrote vil por defecto para el civil, y el fusilamiento al amanecer para el militar vil…O nada de nada…¿Pues no se abolió la pena de muerte?… Bueno, con tal de que este invierno no nos congelemos o acabemos electrocutades a base de hiperbólicas facturas…¡Ah las eléctricas, tan escalofriantes!
«Entre cuatro amigos hemos comprado una casa en la sierra para vivir juntos cuando nos jubilemos : seremos los últimos de nuestras respectivas familias ya que somos hijos sin hijos», me comentaba ayer una antigua colega de la universidad, cuando le llamé para felicitarle por su nuevo puesto como catedrática.
Y no sé porqué, pero he recordado aquella famosa película de John Ford titulada La taberna del irlandés (Donovan’s Reef, 1963) en la que un dulce John Wayne y una severa Elizabeth Allen disputan amorosamente por unos descendientes ajenos bajo la mirada de un siempre follonero Lee Marvin.
De manera que se me ha ocurrido que debe de ser muy dif´ícil tener algún sentimiento de futuro cuando se carece de descendientes biológicos o ideológicos, tal que le ocurrió al afamado neurólogo inglés Oliver Sacks, conocido por obras como El hombre que confundió a su mujer con un sombrero o Un antropólogo en Marte, que en una carta de despedida en la que comunicaba que tenía un cáncer terminal decía : «Dejaré de prestar atención a la política…No es indiferencia pero sí desprendimiento – todavía me preocupo profundamente por el Oriente Medio, sobre el calentamiento global, sobre el crecimiento de la desigualdad, pero esos ya no son mis asuntos: pertenecen al futuro».
Pues a un futuro innominado parece pertenecer todo aquello que no se ajusta al presentismo narcisista que amparándose en viejas fraternidades y nuevas sororidades renuncia a cualquier tipo de descendencia en la horizontalidad general básica que nos informa y que es una y otra y vez sancionada por el algoritmo de las plataformas digitales…
Con la relajación del control social sobre la pandemia del COVID-19, parece haberse relajado también la tensión que a las autoridades y a algunos ciudadanos les ocasionaban los botellones, ahora reconducidos mayormente hacia los bares nocturnos y las discotecas.
Aun así la histeria procaz de que se ha hecho gala frente a este fenómeno en algunos momentos no ha ayudado nada a comprenderlo ,sobre todo cuando se ha hipersignificado criminalizando a la juventud.
A todo lo anterior ha contribuido sin duda la ausencia de profesionales de la psicología y la sociología en los comités de asesoramiento de la política anti-pandémica que se ha ido gestionando como si solo fuera una cuestión tecnocrático-sanitaria , pero también la desmemoria interesada de muchas de las personas implicadas respecto de su pasado juvenil o la estolidez cayetana de quienes jamás fueron de juerga.
Pues las imágenes que se han exhibido como muestras de degeneración y suciedad no son muy diferentes de las que habitualmente se han correspondido con las de las fiestas populares más tradicionales de ahora …y de siempre.
Además , es necesario considerar que , tras las restricciones del confinamiento y sus secuelas, un gran número de jóvenes ha debido renunciar a su salida a la vida social adulta en el tiempo y lugar que generacionalmente le correspondía, una salida en la que mostrar toda esa fuerza vital que, por otro lado y como se sabe, constituye la energía que alimentará la sociedad del futuro.
Pues, como decía recientemente el profesor Luis Alegre, de algo debe servir proclamar ese himno universitario por excelencia que dice » Gaudeamus igitur/ iuvenes dum sumus ( bis) / Post iucumdam iuventutem /post molestan senectutem/ nos habebit humus»…O sea : » Alegrémonos , por tanto /mientras seamos jóvenes (bis) /pues tras una divertida juventud / después de una incómoda vejez / nos recibirá la tierra…
Desde mi ventana todavía puedo ver una gran pancarta en la se lee: «AYUNTAMIENTO, MURIAS, OBISPADO: ¡NO AL DERRIBO DURANTE LA PANDEMIA!»
Se trata de una pancarta de la Asociación Abando Habitable que lleva varios años oponiéndose a una operación inmobiliara de tinte especulativo que pretende reconvertir la parcela de una Escuela de Magisterio diocesana en el lugar de construcción de un gigantesco edificio de siete plantas y cinco sótanos en pleno barrio bilbaino de Abando en el que escasean las zonas verdes.
A estas alturas, el derribo ya se ha llevado a cabo, la pandemia parece estar llegando a su fin, el Ayuntamiento no ha cejado en apoyar el proyecto por activa y por pasiva, el nuevo obispo no se ha dado por aludido y Murias … Murias, la constructora que financió el equipo ciclista profesional Euskadi Basque Country-Murias fue absorbida hace un año por la empresa madrileña Urbas – del grupo liderado por Robisco Capital Markets, y Quamtium Venture – que recientemente también se ha hecho con el 100% de Jaureguizar,otra inmobiliaria vasca.
Sin tener grandes conocimientos acerca de este sector que desde el Bel Ami de Guy de Maupassant ya se sabe que es el más especulativo de todos, todo indica que el caso de Murias es uno más de aquellos que están reconfigurando el mundo inmobiliario tras la crisis de las subprime de 2008 y con gran ingenuity of the market.
Pero, claro, para el profano estos galimatías de fontanería empresarial no dejan sino un mar de dudas sobre quién realmente acabará de construir ese gigantesco edificio – que, por cierto, en un primer proyecto iba a albergar viviendas de alto standing y ¡ una parroquia!- si los beneficios obtenidos cotizarán aquí ,allá o acullá, y si , en fin , de verdad terminará por construirse teniendo en cuenta que la Audiencia Nacional ha abierto recientemente un expediente judicial contra el presidente de Urbas , Juan Antonio Acedo Fernández, su antecesor, Juan Antonio Ibañez Fernández, y otras 12 personas del grupo.
Y entre tanto, cualquier paseante puede contemplar con perplejidad cómo se van elevando muros de viviendas hasta la colmatación de cualquier metro cuadrado de terreno libre, en una ciudad en la que según The Lancet,el 67,45% de los bilbaínos tienen los espacios verdes demasiado lejos de su domicilio… Y es que el mercado inmobiliario, como Murias, eppur si muove…
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