Independencia, ja, ja, ja, judicial

Después del chiste de Cipriano, que me contó alguien cuya identidad jamás revelaré, lo que más me está haciendo reír estos días -quien dice días, dice años- es la expresión “independencia judicial”. Les juro que es escucharla y empezar a derramar lagrimones acompañados de estertores histéricos que me dejan el estómago como si hubiera hecho ochocientas abdominales. Menos mal que luego pienso en la indecencia de quienes llevan permanentemente en los labios ese mantra y se me corta el vacilón de raíz.

“Independencia judicial”, sueltan con solemnidad, mientras tienen el rostro de cambalachearse jueces que cojean de su pie a la vista de todo el mundo. Tres años han estado en ésas PSOE y PP para renovar el Tribunal Constitucional hasta que los de la gaviota, no se sabe si por claudicación o por estrategia, han depuesto su intención de colocar en la alta magistratura a un togado cuyo mayor mérito es ser tertuliano lenguaraz de Intereconomía y escribir un artículo semanal en La Razón. Enrique López se llama el interfecto, que tiene escrito que habría que prohibir a la prensa informar sobre sumarios secretos, no sea que se alborote el patio.

¿A cambio de qué?

Habrá que ver la contrapartida del canje, porque estas cosas no se hacen gratis. Ya comprobamos en la reciente y rocambolesca elección del presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que la ideología de sus señorías sí importa. Que lleve tal o cual el teatral mazo de pedir orden en la sala no es anecdótico. Más de una vez y más de quince, supone la diferencia entre treinta años y un día o la absolución con todos los pronunciamientos favorables. No es precisamente una ingenua curiosidad la que lleva a los abogados a preguntar, como Perales, “¿Y quién es él (o ella)? ¿A qué dedica el tiempo libre?”

Si esto va a misa en la llamada justicia ordinaria, en la Champions League judicial -Superiores, Supremo y Constitucional-, donde las decisiones son pura política, se convierte en dogma de fe. Basta mirar la composición del sanedrín para adelantar, sin margen de error, su fallo. La única incertidumbre reside en si alguno de los juzgadores morirá antes de tiempo. Macabro, sí, pero ya ha pasado y, en el colmo del esperpento, los medios hemos subrayado en el titular de la necrológica la condición de progresista, conservador o tibio del finado.

Es muy comprensible el cabreo que provoca en los administradores de justicia este burdo etiquetado, pero en su mano está parar los pies a los políticos que los tratan como a cromos. ¿Lo harán?

Un comentario en «Independencia, ja, ja, ja, judicial»

  1. No se me pasa por la cabeza que JV no haya leído esta noticia o reparado en ella, pese a lo cual, me voy a referir a la misma.
    Voy a hacerlo aquí, justo aquí, en esta entrada que tanta risotada movió en JV a cuenta de una independencia judicial en la que no parece confiar nada, por más que a mí me resulte mejorable, manifiestamente mejorable en algún aspecto.

    Van en Gara y no se les ocurre otra que presentar la noticia como “OFENSIVA CONTRA EL INDEPENDENTISMO”
    “La Corte de Estrasburgo avala el veto a las candidaturas de EAE-ANV“

    He leído el pronunciamiento del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en este asunto y también los dos votos parcialmente discrepantes. Es un pronunciamiento no firme ya que cabe recurso en tres meses. Pero de momento los argumentos jurídicos del TEDH están ahí ya y los encuentro bien fundados. El TEDH sostiene que la defensa del sistema democrático requiere de vigilancia y de diligencia, en especial para evitar el fraude de ley, que es lo que se pretendía con las listas de las candiaturas de ANV anuladas en 2007.

    Es un pronunciamiento bien oportuno, este pronunciamiento del 7 de diciembre. Y algo tiene que ver con la independencia judicial de nuestro Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, o por lo menos, a mí me lo parece. Y al TEDH, también, cuando menos por lo que hace a este asunto, ¿no JV?

    Saludos.

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