Tribulaciones de un fumador

Gran alarde de imaginación del Gobierno español para achicar con vasos de chupito el océano deficitario que conduce al temido rescate: subamos el impuesto sobre el tabaco. Dicho y hecho. Aunque en el primer anuncio habían amagado una moratoria hasta el inminente cambio de calendario, el nuevo sablazo se aprobó el funesto viernes 3 de diciembre, de matute junto al Decreto Ley que puso malitos de acostarse a los mártires de las torres de control aeroportuarias. Como los yonkis del trujas no tenemos la capacidad de paralizar nada que no sean nuestros pulmones o, un mal día, nuestras alquitranadas arterias, nos quedamos incluso sin la pírrica victoria de haber protagonizado los titulares del día siguiente. Un breve perdido en cualquier sitio de los papeles -lo ideal, junto a las esquelas- dio cuenta del edicto de los genios de las matemáticas: entre treinta y cincuenta céntimos más por cajetilla. El Estado de Alarma nos resultó una broma a los que hemos vuelto a ser sometidos a toque de queda en los bolsillos. El martes pasado el precio ya estaba actualizado en los estancos.

Con alguna razón se nos dirá que buena parte de la culpa es nuestra, por ser incapaces de poner a escuadra para siempre al vicio que nos mata y, como extra, nos saquea la hacienda. Ojalá fuera tan fácil como planteárselo, creérselo y levantarse al día siguiente sin la necesidad de atizarse una dosis cada media hora. Lo de la fuerza de voluntad es un bello concepto, pero hasta el más talibán de los expertos en deshabituación tabáquica les echará abajo ese mito. Contra la química sirve de poco luchar a pecho descubierto. Dicen los tratados -los escritos por especialistas, no por vendepeines- que quienes han dejado de fumar sin esfuerzo de un rato para otro no eran fumadores.

Siete mil millones

Ya les conté aquí mismo que no me cuento entre los botafumeiros andantes que se creen con licencia para emponzoñar al prójimo. De hecho, no tengo ni un cuarto de argumento que oponer a la vigente ley sobre el tabaco, ni a la vuelta y media de tuerca que se nos viene encima. Sé de sobra que hasta ahora se me ha permitido hacer lo que no debía y asumo con deportividad que se acabe el recreo.

Sin embargo, eso sólo no finiquitará el problema. Hablan los datos. Los que certifican que el número de fumadores ha aumentado en los últimos cuatro años, pero sobre todo, los que ponen negro sobre blanco cuánto ingresamos cada año al Estado: siete mil millones de euros. Como lo dejemos todos de golpe, prepárense de verdad para el rescate.

6 comentarios sobre “Tribulaciones de un fumador”

  1. Recuerdo en el Inste de Beasain, cuando llegaron los nuevos Licenciados y Catedraticos para ocupar sus puestos recien inagurados. Fumaman todos y a todas horas. Y nosotros, sus alumnos exigimos el mismo derecho ( yo no sabía fumar me era imposible tragar el humo), pero se exigia…. El Preu languidecia y las puertas del COU asomaba , pero era la muerte de garrote vil la que disputaba nuestras mentes.
    Tanta reunión, tanta socialización del humo, (cenicecos a doquier, excepto sala de cienes ) , y tanto abandono de nuestros paseos mañaneros.
    Sin humo vivimos todos mejor, y alde…. ? las tribulaciones desaparecen.

  2. Creo que a la hora de ahorrar para la Sanidad sería mejor que la gente pesara menos,adelgazara.
    Dejar de fumar supone un aumento entre 4ó 6 kilos de peso, (!cuidado que si dejaís de fumar todos a la vez, españa si que se puede hundir de verás!) entre los millones de obesos, y sobrepesos se puede montar un columpio de la leche.
    Si España se hunde por el sobrepeso y la obesidad añadido los ex-fumadores por millones, el agua en las costas arrasaría toda la península, tendríamos que tirar pa el monte…sería el caos.
    Por favor, no dejeís de fumar, os pagamos a escote los 30 ó 50 céntimos.
    El Fin del MUndo puede ser cercano, muriendónos todos sanos !qué despropósito!
    Fumar, fumar málditos!

    PS:
    Sí, se deja de un día para otro, tras 25 años de adicción.
    Así son las cosas.

  3. Javier, tengo muchos años. Empecé a fumar a los 10 años , escondidas, un paquete de bisonte que nos comprábamos en los estancos (Supongo que en aquellos años el estanquero pensaría que el paquete que le pedíamos era para aita, aunque quizás tampoco se lo cuestionara). La primera vez me maree, en aquellos tiempos habia algunos campas todavía en Bilbao y era relativamente fácil fumar fuera de las miradas de tus convecinos. Después en la adolescencia y juventud seguí fumando, yo era fumador de paquete y medio de cigarrillos, aunque cuando iba a San Mamés fumaba puros, y he tenido temporadas de fumar en pipa también. Al punto de levantarme, ya estaba con el cigarrillo en la boca, no me sentaba nada bien, especialmente las cajetillas de Habanos, que eran auténticos revienta pechos. Hasta que un buen dia, aprovechando el nacimiento de mi hijo mayor decidí dejarlo, y hasta hoy. Llevo casi 30 años sin fumar. Y creo que es posible para otras personas hacer lo mismo. Esta es mi experiencia.

  4. es difícil dejarlo pero también es posible. Lo que está claro es que dejar ese veneno es la mejor decisión que se puede tomar desde el cabo hasta el rabo de la vida de uno. La única decisión de la que jamás nadie se arrepiente. Es caro de cojones, huele fatal, le quita brillo a los ojos, nos pone cara de tristes, nos cercena la libertad ya que nos hace esclavos y lo que es peor, mata. Literal.

  5. Yo también lo dejé.Hace seis años me era imposible concebir una comida o una cena sin su puro posterior.Prefería no comer,ni cenar si tras la manduca no sentía el placentero golpe del humo del puro en mi torax…..bien adentro,sí señor,como el pésimo fumador de puros que fuí. Hace seis años,a un amigo mío que no llegaba a los cuarenta y con el que había compartido muchos puros,sufrió un infarto agudo.Nadie daba un duro por él,pero salió,bastante bien……
    Por supuesto que él dejó los cigarros y los puros.Yo «aproveche» el tirón para dejar los puros.Si mi amigo fue capaz,si yo fuí capaz,cualquiera es capaz,incluso diría más;Es mucho más fácil de lo que se dice.Cuestión de motivación,más que de química.
    Si a mí me dicen hace seis años que sería capaz de comer o cenar sin acordarme del puro posterior,me descojono de la risa.Si además me dicen que correr acabaría siendo una de mis principales aficiones,directamente me tienen que ingresar con un ataque de risa.El deporte ayuda mucho también en el empeño de dejar de fumar.
    Ánimo!.

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