A vueltas con el grupo

Que me corrijan los que tienen más canas, pero no creo que en el inicio de las nueve legislaturas precedentes de las cortes españolas la consecución de un grupo parlamentario haya dado lugar a un pifostio similar al que nos está entreteniendo estos días. Aunque siempre ha habido un par de formaciones o tres que han reclamado no ser condenadas al cajón de sastre del grupo mixto, la cuestión se ha dilucidado sin la mitad de ruido mediático que está generando la demanda legítima de Amaiur. En no pocos casos, además, se han alcanzado soluciones que se parecían bastante a aceptar pulpo como animal de compañía.

El dichoso reglamento del Congreso que ahora se enarbola como si fuera la verdad revelada ha sido forzado a modo sin que nadie se rasgara las vestiduras. Los intereses cruzados y el hoy por ti y mañana por mi han pesado más que la letra y el espíritu del manual de instrucciones de la cámara. Si prestar —¿o sería alquilar?— diputados durante un tiempo no es un truco del almendruco que canta a kilómetros, que baje el Dios de los culiparlantes y lo vea. Permitido y bendecido eso, se debería dejar que los ujieres participasen en los debates y votasen.

No descartaría al ciento por ciento que un minuto antes de que comience la sesión de investidura se reconozca a los siete representantes de la izquierda abertzale lo que cualquiera con sentido común sabe que no se les puede negar. Veremos. Mientras, me quedo con un puñado de enseñanzas que podemos extraer de este psicodrama bufo al que asistimos. Para empezar, queda claro que el PP sigue jugando con media docena de barajas y cambiando en cuestión de segundos de poli bueno a poli y malo y viceversa. Deprimente, aunque sólo un poco menos que lo del PSOE, que tiene las narices de abstenerse (que es igual que votar no), para luego salir a ciscarse de su propia decisión como si le fuera ajena. Que se aclaren los unos y los otros.

3 comentarios sobre “A vueltas con el grupo”

  1. Lo impresionante es que se llame hecho democrático a la posibilidad de que un partido político marque los derechos de otro (más bien de sus componentes). Sorprendente la endofagia que supone el que la interprestacion del reglamento de la Camara sea por la mesa de la propia Camara, lo cual da por supuesto que los derechos los concede una mayoria absoluta. Al final pasa lo que pasa: Se convierte en un hecho político, lo cual es legítimo, pero no lo es el enmascararlo como democrático. Pasa igual luego con el Consejo General del Poder Judicial, con la composiocion del Tribunal Constitucional, con el Gobierno. Todo sale de la misma fuente: Mayoria absoluta de escaños, previamente pasados por el cedazo del D’ont y sin tener en cuenta la abstención:
    Prácticamente todos los poderes del Estado representan aproximadamente a un 37 % de la población. Viva Montesquieu!.
    Aunque luego en realidad los verdaderos poderes no son elegidos:
    Los «media» y la superestructura financiera, la Casa Real…
    Por qué es tan importante que Amaiur no forme grupo? Porque así no accede a secretos oficiales, claro ¿Hay algún problema en que Amaiur sepa algun secreto oficial?
    Porque así habla menos que si fuera grupo. Muy democrático.
    Porque así no forma comisiones. Claro no hay que dejarle participar en política. Todo ejemplar, señor Aznar-Murdoch, Rajoy, Polanco. Hay cosas que no se deben cambiar.. Hay que silenciar al que dice que el REy está desnudo…
    Javier tienes razón: Qué depresión. Qué mayoria tan poco cualificada.

  2. Estimado Julián, no es cierto que representen al 37% de la población. Lo cierto es que solamente les voto el 30% del censo electoral:

    10.830.693 Votos
    34.273.503 Electores Residentes en España
    1.491.522 Electores Residentes en el extranjero.

    Haciendo un a simple regla de tres, el resulado es que les voto el 30,2% de las personas con derecho a voto.

    Las personas a las que representa, lamentablemente, probablemente sea superior 🙂

    Un saludo

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