Gobierno de coalición en crisis

Leo por enésima vez que la bronca entre los socios de gobierno en España no da más de sí. Esta, y no las otras mil anteriores, es la remadrísima de todas las batallas. Están a un tris de la ruptura. Tanto, que se ha convocado la comisión de crisis del pacto y en el congreso de Comisiones Obreras, Yolanda Díaz ha sido recibida al grito de “¡Presidenta, presidenta!”. Ella, claro, se ha sentido obligada y ha proclamado que a Marx (¿Karl o Groucho?) pone por testigo de que la reforma laboral de Rajoy se va a derogar, diga la diga la neoliberalota esa de Calviño. Creo que ni merece la pena recordar que la promesa lleva diez reediciones y año y pico de retraso. Y menos mal, porque si no es por los ERTE contemplados en esa malvada legislación, a ver cómo narices se había bandeado el tantarantán de la pandemia.

Y luego está lo de Batet haciendo lo que tenía que hacer porque será muy majo el diputado Rodríguez, pero quién le manda liarse a patadas con un uniformado. Hasta el que reparte los refrescos sabe que si el Supremo hubiera condenado a uno de Vox, todos estaríamos gritando con los ojos fuera de las órbitas que debía abandonar la casa de la soberanía popular. Concluyendo, que menos fingirse víctima de traiciones sin cuento. O dicho en plata, que ya está bien de tanta deslealtad. Si verdaderamente Unidas Podemos siente que está siendo objeto de ultrajes intolerables, la directa es romper el acuerdo con el PSOE de una pajolera vez y asumir el riesgo de retratarse frente a las urnas, donde amén de su propia hostia, quizá propiciaría un gobierno del PP con Vox. ¿Hay los bemoles suficientes para jugársela así? Pues háganlo o dejen de jorobar la marrana.

PSOE y PP tapan a Corcuera

De nuevo, la memoria escandalosamente selectiva. La Mesa del Congreso de los Diputados ha rechazado la solicitud de EH Bildu para que el siniestro ministro de Interior José Luis Corcuera compareciera en la Cámara para dar explicaciones sobre la campaña de envíos de cartas bomba a simpatizantes de la izquierda abertzale que se saldó con la muerte de un cartero de 22 años en Errenteria en 1989. En el mismo viaje, también se ha tumbado la petición de la coalición soberanista de que el actual ministro, Fernando Grande-Marlaska, informara sobre lo que piensa hacer o dejar de hacer su Gobierno tras las revelaciones que certifican que el Estado estuvo detrás de ese episodio de guerra sucia, o sea, de terrorismo institucional.

La peregrina excusa para el rechazo es que la demanda no se ajusta al reglamento del hemiciclo, manda narices. Lo triste es que ni siquiera podemos sorprendernos. El PSOE y el PP se pueden tirar los trastos a la cabeza en casi todo menos en lo que atañe a cualquier cosa que ameneace con poner al aire las vergüenzas de lo que con actuaciones como estas no cabe llamar sino régimen. Por la parte de los de Casado, no hay demasiado que decir. En cuanto a los socialistas, que tanto se llenan la boca hablando de la necesidad de esclarecer determinadas situaciones del pasado, resulta un escarnio que sigan optando por la mirada hacia otro lado, el despeje a córner o la puesta en duda de unos hechos que, como acaba de desvelar nada menos que el ABC, diario de orden donde los haya, están lo suficientemente documentados como para que, por lo menos, se investiguen. Así de triste

Negociaciones presupuestarias

El otoño es tiempo de setas, castañas y negociaciones presupuestarias. En cuanto a los de la demarcación autonómica, son habas contadas. La mayoría absoluta de la coalición de gobierno asegura la aprobación. Otra cosa es que siempre sea deseable sumar alguna sigla más al respaldo. ¿La de Elkarrekin Podemos? En el último ejercicio, los rojimorados se borraron del acuerdo. Vox y ese camarote de los Hermanos Marx que a la hora de escribir esta columna todavía se llama PP-Ciudadanos están descartados de saque. Mucho más todavía EH Bildu, que diría no, no y requeteno a lo que sea que le pongan delante. Por neoliberal, por austericida y hasta por españolazo, aunque luego los seis votos soberanistas vayan a estar en primer tiempo de saludo y a cambio de unas migajas para sacar adelante las cuentas del gran capitán Sánchez en el parlamento de la odiada metrópoli.

De acuerdo, quizá me adelanto a los acontecimientos y nos encontremos con una sorpresa. Me cuesta, sin embargo, imaginar la negativa de la autotitulada izquierda transformadora vasca. Y si les soy franco, tampoco soy capaz de componer un escenario en el que el PNV ponga proa. Algo me dice que habrá puñetazos en la mesa y amagos de ruptura, pero al final caerá el pacto por su propio peso. Quizá a cambio de una de las promesas recalentadas e incumplidas de la vez anterior, como el IMV, cuarto y mitad del TAV y un par o tres de novedades. La gran baza de Sánchez es que sus hasta ahora socios externos, los que le procuraron la investidura, no van a cargarse la baraja para dar vía libre a un cada vez más posible gobierno del PP con el apoyo, aunque sea fingiendo asco, de Vox.

Un cambio para seguir igual

Me da que hoy no voy a ser original al citar El gatopardo de Lampedusa y la máxima que lo ha hecho una obra universal: si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Es lo que ha hecho Pedro Sánchez con su crisis de gobierno sabatina. El culo importante del gabinete era el suyo, y ese continúa. A los cesantes, que son un porrón, gracias por los servicios prestados y ya veremos qué bicocas encontramos por ahí para la nueva vida como ex. Pierde el tiempo quien pretenda analizar con escuadra y cartabón la maniobra. Son, casi literalmente, las gallinas que entran por las que salen. Permítanme que me ría del rejuvenecimiento —¡cómo si fueran viejos los destituidos!—, del municipalismo o del feminismo que aportan los recién ungidos. No son más que nueva carne para la máquina, fusibles de recambio llamados a la mesa del señor bajo la condición de tener siempre la testuz presta para bajarla ante el amo y el lomo a punto para ser disciplinados en el lugar de quien los ha acarreado al Consejo de ministros. El o la que se mueva no saldrá en la próxima foto, si llega a haberla. Pero lo mejor es que tampoco los que batan récords de sumisión tienen asegurado su lugar entre los elegidos. Miren al pobre Iceta, que iba a ser el arquitecto de la federalidad y la hostia en verso, y habrá de conformarse con la cartera de Cultura y Deporte; los memes que le van a hacer al individuo. Claro que más allá de la subasta de nombres y cargos entre los miembros del partido del jefe, la jugada maestra ha sido no tocar la parte del gabinete que ocupan los socios. Unidas Podemos queda así retratada como casta que se atornilla a la poltrona.

Sostiene Denis Itxaso

Miren que uno lo ha escuchado casi todo en labios de la mediocre fauna política que padecemos. Y aun así, no pude evitar que me invadiera una mezcla de incredulidad, escándalo e indignación ante las palabras del delegado del Gobierno español en la CAV sobre la obcecación de Moncloa en sepultar en el olvido el Caso Zabalza. Sin medio temblor de voz, Denis Itxaso escupió dos demasías consecutivas que no sé si lo inhabilitan para el desempeño de su puesto, pero que, desde luego, muestran una falta de escrúpulos que, francamente, yo jamás habría esperado.

Sostiene Itxaso —primera de las bajezas— que no hay pruebas nuevas para que se reabra el sumario judicial. Según él, los bárbaros audios en que se certifica su muerte en la sala de tortura no aportan nada que no se supiera. Claro que peor fue una afirmación —segunda infamia— que contenía una velada denuncia. “La pelota sigue estando en el tejado del PNV”, porfió el militante del partido que gobernaba cuando Zabalza fue asesinado y arrojado al Bidasoa. Varios de los miembros de aquel Ejecutivo de Felipe González fueron condenados por atrocidades parecidas al caso que se pretende enterrar. Desconozco si técnicamente es posible, pero Itxaso debería comparecer en el Cogreso para explicar exactamente qué clave tiene el PNV para esclarecer el Caso Zabalza.

Madrid, batalla de egos

Caray con Murcia. Una chusca moción de censura —para colmo, pifiada— provoca la convocatoria de elecciones en Madrid y, en segundas nupcias, la salida del gobierno español del vicepresidente Iglesias para hacer frente al mal diestro que encarna Isabel Díaz Ayuso. Los que tenemos por vicio y por oficio comentar la actualidad no damos abasto con tanto material. Sería hasta divertido, si todo esto no ocurriera al cumplirse un año de una pandemia que ha provocado cien mil muertos en el conjunto del Estado. Eso, por no hablar de los estragos económicos y anímicos. Que no es cuestión de venirse arriba en la demagogia facilona, pero quizá no debería escapársenos el contexto. Se diría —yo lo digo— que están primando más los intereses electorales egoístas que la búsqueda de soluciones a las toneladas de problemas del común de los mortales.

En todo caso, ya que está servido el espectáculo, ocupemos nuestra localidad. Más allá de las palabras bonitas de primera hora, quiero ver cómo el PSOE, con 37 escaños, y Más Madrid, con 20, se dejan llevar del ronzal a una candidatura liderada por Podemos, que a día de hoy tiene 7. Y por lo demás, si se consuma el karate a muerte en la Puerta del Sol, me permito señalar que Iglesias y Ayuso son grandes catalizadores de votos a favor, pero ojo, también en contra.

España, política basura

El navarro Santos Cerdán, con amplísima bibliografía presentada en materia de enjuagues politiqueros, echaba las muelas contra los diputados murcianos de Ciudadanos que impedirán que triunfe la moción de censura al gobierno local del PP. Tirando de rostro de alabastro, bramaba que pasarán a la Historia como traidores y les acusaba de haberse vendido por un plato de lentejas. Se le olvidaba al fontanero de Sánchez que apenas 24 horas antes de la presunta felonía de los naranjas cambiados de bando, él mismo se había presentado en la capital pimentonera armado de una chequera. Lo que ocurrió fue que pagó un precio demasiado bajo. Al día siguiente se presentó el emisario de Casado, Teodoro García Egea, con unos billetes más y revertió el trato.

Tanto ofreces, tanto consigues. Por desgracia, ese sigue siendo el gran fundamento de la política española, que hace mucho dejó de ir de principios o ideologías. Y más, si por medio hay formaciones como Ciudadanos, supuestamente creadas en nombre de nobilísimos ideales, pero que en cuanto entran en descomposición, como es el caso, demuestran que atienden a lo más primario: salvar el culo y llenar el buche mientras se pueda. Lo acabamos de ver en Murcia, lo olemos en Madrid, y el espectáculo seguirá en cada gobierno pactado con el PP. ¡Más palomitas!