Exhuma, que algo queda

Menos mal que el traslado de la momia del ferrolano de la voz aflautada iba a ser discreto para no dar tres cuartos al pregonero ultramontano. Pues solo ha faltado indicarnos qué marca de gayumbos llevarán los miembros del equipo exhumador habitual. Menuda profusión de detalles nos han suministrado los que ya para los restos —valga la redundancia— quedarán como los que sacaron la basura de donde llevaba cómodamente instalada desde hace cuarenta y cuatro años de vellón. Qué casualidad, pensará algún suspicaz, que el punto álgido de la tragicomedia coincida con unas elecciones inminentes y el (anunciado) incendio social en Catalunya tras la sentencia del Procés.

No cuela. O no debería. Lo que han hecho los amorrados al pilo monclovés en funciones roza el insulto a la inteligencia, a la dignidad y, en síntesis, a la tan cacareada Memoria histórica. Se ha convertido en espectáculo circense a mayor gloria de Ferreras, Ana Rosas e imitadores varios lo que debería haber quedado en un acto austero, casi de trámite, porque ni el abyecto matarife ni sus deudos podridos de pasta se merecen más. Qué asco da ver a los descendientes del carcamal de plató en plató reclamando, manda huevos, justicia y denunciando, jódete y baila, que se han vulnerado sus derechos. Pena de expropiación forzosa de todos sus bienes adquiridos por expolio y pena más grande, que antes de la reinhumación no le vayan a degradar al generalísimo a chusquero. A eso no ha habido bemoles. Y todo esto que voy anotando casi será mal menor si la nueva morada de los residuos no acaba siendo santo lugar de peregrinación de franquistas de viejo y nuevo cuño.

Ortega Smith, qué asco

Sabíamos, porque lo ha acreditado ampliamente en el corto espacio de tiempo desde que tenemos la desgracia de conocerlo, que Javier Ortega Smith es un memo ambulante. También un bocabuzón, un sobrado, un chulopiscinas y un analfabeto funcional con balcones a la calle. Ahora, la verdad es que sin gran sorpresa, podemos añadir al currículum de este pedazo de carne supurador de gomina a granel la condición de canalla cobarde sin matices. Hace falta serlo en dimensión superlativa para atreverse a vomitar que las conocidas como 13 Rosas Rojas, las jóvenes militantes de izquierdas ejecutadas por el régimen franquista, se buscaron su despiadado final porque “torturaban, asesinaban y violaban vilmente en las checas de Madrid”.

Espero que semejante fechoría dialéctica no quede impune. Leo que varias asociaciones memorialistas, empezando por la que lleva el nombre de las represaliadas y ahora manchadas con infundios, estudian emprender acciones legales. Me parece lo menos, aunque entiendo que el emplumamiento del fachuzo rebuznador —no llega ni a fascistilla— debería ser de oficio. Por bastante menos se han sentado en un banquillo o, incluso, han sido condenados, varios tuiteros. Y que no tenga nadie el desparpajo de sacar el comodín zafio de la libertad de expresión. No estamos ante una opinión. Ni siquiera ante un insulto grueso. El regüeldo del secretario general de VOX anda entre la injuria y la calumnia, si no es que incurre de lleno en lo uno y lo otro.

Eso, en sede judicial. El otro castigo debería ser social y, desde luego político, empezando por sus socios, PP y Ciudadanos, que guardan un vergonzoso silencio.

La Momia, capítulo ene

Quisiera compartir el alborozo por la decisión u-ná-ni-me del Tribunal Supremo es-pa-ñol —¿Esta vez no son una panda de fachuzos con toga?— respecto a la momia del bajito de Ferrol. Me alegro, claro que sí, por las víctimas del matarife y sus deudos, entre los que me cuento, pero tampoco acabo de ver los motivos para tanto festejo. Y menos, cuando los que se están atribuyendo el gol en Las Gaunas (ojo, que aún puede ser anulado por el VAR) obedecen a las cuatro siglas que, habiendo gobernado un kilo de años desde que se produjo “el hecho biológico”, no movieron un dedo por sacar los despojos del viejo dictador de su apartamento en el Valle de los Caídos. La misma Carmen Calvo que anda haciendo la conga de Jalisco era ministra de peso en el gabinete de Rodríguez Zapatero que, pese a ordeñar la Memoria Histórica sin rubor, jamás se atrevió a pasar la línea azul de Cuelgamuros.

Paso por alto que en todo este zigzagueo posturero se ha conseguido resucitar, si no al fiambre, sí a sus adoradores y adoratrices. O casi peor, que se han creado ex-novo franquistas retrospectivos que no superan los treinta tacos en canal. Ya veremos cómo pagamos esa ligereza. Me conformaré con que el dictamen judicial sea firme y con que se cumpla. Llévense las rebañaduras del sátrapa a donde proceda, expídanse los frailes del Valle al rincón en que se los requiera (si es que tal sitio existe), y dinamítese sin escatimar en trilita el fantasmagórico parque temático de la humillación. A partir de ahí, podremos emitir el parte de guerra definitivo y aplicarnos a la jodidísima tarea de enfrentarnos al presente y el futuro, que ya toca.

Memoria arrojadiza

Lo último que nos faltaba es que también nos tirásemos a la cabeza la Memoria Histórica. Pero parece que por ese camino vamos en la demarcación autonómica. Es posible que ni se hayan enterado —y en el nulo relieve empieza la reflexión— de que EH Bildu y Elkarrekin Podemos han registrado en el Parlamento Vasco una Proposición de Ley, justamente, de Memoria Histórica. Quien no esté informado de los antecedentes se dirá, quizá, que ya era hora de dar un paso así, aplaudirá a las fuerzas que han tomado la iniciativa, y afeará al gobierno o a los partidos que lo apoyan, no haber liderado los trabajos.

Ocurre, sin embargo, que hace unos meses, ese gobierno que supuestamente está a uvas, anunció que se había puesto manos a la obra y prometió un borrador que este mismo mes se iba a compartir con los grupos parlamentarios. En honor a la verdad, lo que hacía el ejecutivo era cumplir la demanda de cuatro de esos grupos, incluidos EH Bildu y Elkarrekin Podemos, de emprender la tarea. Por medio, las asociaciones memorialistas que habían impulsado una iniciativa legislativa popular decidieron dejarla en el congelador a la espera de acontecimientos.

¿Por qué, entonces, nos encontramos ahora con este doble tirabuzón para la galería de la coalición soberanista y la entente roji-morada? Lo desconozco y, de verdad, me preocupa. Sin dejar de señalar que PNV y PSOE (o el gobierno en sí mismo) quizá han titubeado más de la cuenta y han fallado en la comunicación, no es en absoluto de recibo montar el pollo utilizando como coartada la Memoria Histórica del franquismo, una de las asignaturas que mejor llevamos desde hace mucho.

El retorno de la momia

Esta nueva adaptación de La momia ya tiene más secuelas que sus predecesoras. Aquí andamos ya por El retorno del retorno del retorno de la momia, y me llevo una. Quién le iba a decir al viejo criminal de Ferrol que sus residuos mortales iban a ser, así que pasaran 44 años del hecho biológico, combustible para la campaña electoral de un partido nominalmente socialista. Quién se lo iba a decir también, por cierto, a los dos presidentes de esa formación, Mister Equis y Mister Zetapé, que sumando un jartá de años en el gobierno de la nación, no se acordaron para nada de los huesos del caudillo de España por la gracia de Dios. Y ahora, en cambio, se agita a cada rato el espantajo. ¿Por qué?

La respuesta oficial, ya me la sé, es que por dignidad, por reparación a las víctimas y blablablá. Soy consciente de que ese relato cala entre mucha gente que tiene cuentas pendientes con el régimen asesino. Pero por eso mismo todo este baile con el difunto de hace casi medio siglo resulta más indecente. No se puede usar una cuestión tan seria para hacer electoralismo de aluvión. Menos, cuando todo lo que se ha hecho hasta la fecha es una sucesión de anuncios que siempre han resultado fallidos. Eso, sin contar con el buscado efecto —así de triste— de resucitar no a Franco sino a los franquistas. Incluso, de crearlos ex-novo entre chiquilicuatres que ni habían nacido cuando palmó el sátrapa.

Mi propuesta sigue siendo cortar el chorro económico al Valle de los Caídos y dejar que se venga abajo solito, allá cuidados. Las exhumaciones que de verdad me parecen urgentes son las de los miles de cadáveres que permanecen en las cunetas.

Otro vídeo con gresca

Cuántas ganas de barrila y yo, qué viejo. ¿De verdad es para tanto lo del vídeo almibarado de los dos entrañables viejos con que el Gobierno de Sánchez nos quiere vender (como se viene haciendo desde Suárez hasta hoy, por otra parte) la eterna moto de la modélica Transición y, más específicamente, de la supercalifragilística y chachipiruli Constitución del 78? Después de verlo un par de veces, todo lo que he conseguido experimentar es la misma sensación de pudor, casi de bochorno, que me recorre el cuerpo ante el muy frecuente uso de personas mayores (también me pasa con niños) para manosear la fibra sensible del personal. Ni por un segundo me ha ofendido, como veo que ha ocurrido con farfulladores de cutis finísimo o postureros del recopón y pico, la mención a los “dos bandos” que desliza, como quien no quiere la cosa, la voz en off.

Y sí, venga, va, si nos ponemos supertacañones, es cierto que en la guerra (in)civil no hubo estrictamente dos bandos. Cualquiera que haya leído una migaja —ese es el puñetereo problema, que los que regüeldan no han leído una mierda— sabrá que no fue así. Como poco, en cada una de las banderías hubo otras dos facciones que se limpiaron el forro entre sí, y a veces, hasta más. Pero incluso pasando por alto ese dato, y por mucho que también sea verdad que hubo una legalidad y unos sublevados a esa legalidad, la tristísima y cabrona realidad es que una y otra causa, la legítima y ilegítima, tuvieron respaldo popular. No aceptarlo ochenta años después es una demostración de ingenuidad en el mejor de los casos y de papanatismo pseudopolítico mondo y lirondo en todos los demás.

Franco, esa momia

Estuvo agudo el nietísimo del bajito de Ferrol en la entrevista-declaración de intenciones con la que Carlos Herrera inauguró su curso radiofónico en la emisora de los obispos españoles al precisar el término más adecuado para nombrar los (¡a buenas horas!) controvertidos despojos de su abuelo. “Momia, es una momia porque su cuerpo fue embalsamado y momificado”, aclaró airado el primer vástago varón de Carmencita y del doctor Martínez-Bordiú, aquel carota que, en su calidad de yerno y mandamás del famoso “Equipo médico habitual” que firmaba los partes, hizo las fotografías de la agonía del viejo asesino por las que años más tarde La Revista del inefable Peñafiel (*) pagaría 15 millones de pesetas.

¿Momia? Puesto que el segundo Señor de Meirás lo dice desde la autoridad consanguínea y la de llevar el mismo nombre y apellido (esto, con truco) que el dictador, habrá que comprarle el palabro y hacerlo de uso popular. Lo siguiente, como ya anoté aquí mismo cuando se servían los primeros capítulos del culebrón, es sacar esa peculiar versión galaica de Tutankamón del Valle de los Caídos y entregarla sin más miramientos a sus desparpajudos deudos para que dispongan de la reliquia como les salga de la sobaquera. Corriendo con los gastos, faltaría más, que bastante han venido chupando de la piragua las diferentes ramas de la familia del extinto.

Si lo hicieran dentro de un cuarto de hora, hasta podríamos dar por bueno este cansino episodio que nos ha servido para confirmar lo que sospechábamos: que 43 años después del “hecho biológico”, sigue habiendo un huevo y medio de franquistas, empezando por los jóvenes líderes de ya saben qué partidos.


(*) En el texto inicial decía que las fotos las había comprado Interviú. Sin embargo, aunque estuvo detrás de ellas, como me aclara mi compñaero Alberto Moyano, fue La Revista de Jaime Peñafiel quien pagó y las publicó. Busquen la historia en internet, porque merece la pena.