Diario del covid-19 (49)

En medio de la pesadilla se nos ha ido Julio Anguita. Esta vez no ha sido el maldito bicho sino un corazón que ya no daba más de sí, después de casi ocho decenios de uso intenso. Es una inmensa pena porque aún le quedaban muchos años de esparcir dignidad con ese verbo tan preciso y ese tono de voz que penetraba por los poros de la piel más que por los tímpanos. Ni siquiera hacía falta estar de acuerdo con él para sentir que sus palabras brotaban de lo más íntimo de su ser, aunque no eran pronunciadas sin pasar antes por su cerebro.

Discrepé mil veces con él y estuve de acuerdo muchas más. Le escuché, en todo caso, siempre con atención. O con fascinación, incluso, como en aquella primera entrevista que le hice a bordo de un coche hace ahora 31 años, siendo yo un pipiolo sin desbravar. Me dijo entonces, y quedó anotado, que ni en el paredón mismo quería ser un profesional de la política. Sus hechos lo confirmaron: cuando tocó, se hizo a un lado y volvió a dar clases, que era su gran vocación. Años después, exactamente el 26 de abril de abril de 2003, volví a hablar con él desde Gernika, en plena conmemoración del 66 aniversario del bombardeo de la villa foral y solo 15 días tras la muerte de su hijo en la guerra de Irak. El dolor del padre no ocultó la lucidez del pensador. Descanse en paz.

Brexit is Brexit

¡Vaya por God! Según se desprende del rasgado ritual de vestiduras y las coreografías de manos crispadas a la cabeza, el torpe pueblo británico ha vuelto a equivocarse al meter la papeleta en la urna. Y no será porque la legión sabionda que cacarea en Twitter, el programa de Ferreras y alguna que otra cátedra de postín no ha venido contando a los tozudos isleños qué era lo que les convenía y lo que no. Pues ahí tienen la enésima cuchufleta a los predicadores de lo correcto: victoria aplastante del presunto analfabeto que se desinflaría el segundo día de campaña y hostión histórico de la gran esperanza zurda europea. Sobre esto último, por cierto, no sé si reír o llorar cuando oigo o leo a los fans locales del trasnochado Corbyn que “no se trata solo de ganar elecciones”. Literalmente, el chiste de Eugenio: “Me gusta jugar al póker y perder”.

Pues no. Como ha quedado meridianamente claro, se trataba de ganar. Igual que en cualquier contienda electoral, pero mucho más en una como esta, planteada casi como ese segundo referéndum que ya sabemos que, salvo en Escocia e Irlanda del Norte, no tiene sentido celebrar ni pedir. El veredicto de la ciudadanía del Reino Unido ha sido contundente: su deseo es abandonar la Unión Europea, y de entre las fórmulas para la separación disponibles en el mercado, han optado por la que les proponía Boris Johnson. ¿Que va a ser un error del que se arrepientan? ¿Que la decisión va a perjudicar a terceros que pasaban por allí? Ni merece la pena planteárselo. Si, como tanto nos gusta proclamar, creemos en la soberanía popular, deberíamos simplemente asumir que se ha ejercido. Y ya.

Mesías Errejón

Eran pocos a la izquierda de Marx padre, y parió Errejón. O bueno, lo parieron a él en forma de cabeza de cartel para las elecciones repetidas del 10 de noviembre. Olvidadiza y haragana, la prensa patria presenta el fenómeno como un “salto a la política nacional”, como si el Peter Pan de la mirada perdida no hubiera estado en la política nacional hace apenas un par de Teleberris. Exactamente hasta que se cansó del ninguneo sádico al que lo sometía su anteriormente amigo del alma Pablo Iglesias Turrión. El repliegue matritense amadrinado por la entrañable a la par que venenosa Manuela Carmena fue un simple movimiento táctico, un arrieritos somos, a la espera del momento para cobrarse venganza.

Y ahí lo tienen, devenido en Mesías con poderes presuntamente adhesivos y disuasores de la tentación abstencionista que anida en muchas y muchos que se tienen por personas de progreso. Así lo andan vendiendo sus acólitos, casi todos, rebotados o directamente laminados por la ortodoxia pablista, y en mil y un casos, coleccionistas de escisiones sin cuento desde la reinvención del PCE en Izquierda Unida. ¿Será verdad que esta nueva resta tenga la vocación de sumar? Quizá es el deseo sincero que albergan los corazones de muchos de los bienintencionados rojos incurables que han hecho de Errejón su caudillo a falta de otro mejor. Sin embargo, asistiendo a las albricias desmedidas con que los portavoces más significados del PSOE han acogido la noticia del paso adelante del líder de Más Madrid, cabe, cuando menos, dejar lugar a una duda razonable. Algo no cuadra cuando uno de tus principales rivales te recibe haciendo la ola.

Des-cambio

¡Ay, el gobierno del cambio en Navarra, y nosotros, que lo quisimos tanto! Incluso para los que salimos satisfechos en la media de lo que ocurrió el domingo es imposible que no nos sintamos frustrados ante la pérdida de un instrumento que en los últimos cuatro años había servido objetivamente para mejorar la realidad de la Comunidad foral. Como en el verso de Kavafis, no podremos decir que fue un sueño. Ahí están los datos y los hechos contantes y sonantes que demuestran que durante un tiempo hubo unas mujeres y unos hombres que se empeñaron en buscar otro modo de gestionar el día a día de los ciudadanos.

Ocurre, me temo, que como recuerdo tantas veces, ninguna buena acción se queda sin castigo. Eso, claro, añadido a la abrumadora evidencia de que determinadas cuestiones se llevaron muy mal. Porque es muy fácil echar la culpa al empedrado, pero basta media migaja de sinceridad para ser capaces de reconocer los cómos y los porqués del enorme chasco. ¿Que no es momento de buscar culpables? Cierto, pero por si algún día se vuelve a presentar una conjunción similar de astros propicios, sería de gran provecho un diagnóstico autocrítco acompañado del correspondiente propósito de enmienda.

Sospecho, sin embargo, que pido demasiado. De donde no hay no se saca. Así que no queda otra que aguardar los próximos acontecimientos. Quién sabe. Con suerte, esta vez el PSN tiene arrestos para estar a la altura de las circunstancias y hace lo que no hizo en tantas otras ocasiones. O tal vez Madrid le marca otro camino. Las actitudes y las declaraciones previas no parecen augurar que vaya a ser así. Y es una tremenda lástima.

¿Podremos?

Confieso que me sobra sueño y me falta paciencia. Empiezo a teclear sin esperar a que termine el gran sanedrín de Podemos en el que la hasta no hace tanto gran esperanza morada deberá decidir qué quiere ser de mayor después de la puñalada trapera del cofundador de la cosa, Iñigo Errejón, a su socio y parece que ya examigo, Pablo Iglesias Turrión. De saque, resulta entretenido que el causante de la implosión haya preferido no aparecer por el festorrio. El otro protagonista del astracán, el aún comandante en jefe de los asaltadores del cielo en la reserva y residente en Galapagar, tampoco ha estado en carne mortal. Cuentan las crónicas que para no romper su baja por paternidad —fíjense qué memez—, ha participado por vía telefónica.

A modo de anticipo, el concienciado papá había dejado escrita su doctrina en Facebook. Se trataba de que los tribuletes tuviéramos material para entretenernos. Gran hallazgo el suyo, seguramente inspirado por sus propios churumbeles, la denominación “los trillizos reaccionarios” para referirse al tridente del extremo centro. Claro que eso era la guarnición del mensaje principal de su epístola a los corintios, los tirios, los troyanos y los vallecanos: “Iñigo no es un traidor, sino que debe ser un aliado de Podemos”. El líder carismático le perdonaba la vida —y ya van dos veces— a su particular Bruto, en lo que más tres y más de cuatro han interpretado como templanza de gaitas o, incluso, como recule en toda regla. Si verdaderamente lo fuera, ahí estaría la novedad impredecible: el macho alfa se la envaina por primera vez desde que le conocemos. Hay algo que no termina de cuadrar.

Garzón contra Garzón

La primera vez que te engaña Baltasar Garzón es culpa suya. La segunda, la tercera, la cuarta, la quinta… qué quieres que te diga, amigo progresí. Quizá empieza a ser menester que le des una vuelta a cómo las gasta el fulano extogado que veía amanecer, según la almibarada biografía escrita por Pilar Urbano, también conocida como Pilar Suburbano entre los veteranos del gremio periodístico.

Es probable que ni sepan los lectores a santo de qué saco a coalición al creador de aquella religión que se basaba (y aún se basa) en el mantra único Todo es ETA. Por fortuna, más allá de sus bien pagadas presencias en platós, mesas redondas y bolos varios, las andanzas del tipo se quedan en el córner de la actualidad. La última consiste en secundar al simpar Gaspar Llamazares en la creación de una candidatura para las elecciones de mayo bajo la marca Actúa, que hasta ahora era una escorrentía de Izquierda Unida. Se trataba de competir contra el partido nodriza con su propia pasta, con Garzón in person encabezando la lista a las europeas.

Para que no falte ningún detalle chusco, han aparecido unas grabaciones al estilo Villarejo —no por casualidad, compañero de cloacas del exmagistrado— que prueban la fechoría. “Este señor y yo nos tenemos que comer las candidaturas más importantes”, dice Gaspar en alusión a Baltasar (se diría que solo falta Melchor Miralles para completar la tripleta de reyes magos) en uno de los audios. Ahora, el otro Garzón, Alberto, el de la boda a lo duque de Alba, que todavía manda en la actual excrecencia de Podemos llamada IU, está que fuma en pipa por la traición. Como si no se la hubiera buscado.

Más sobre fachas

Venga, sigamos con el amanecer zombi de la señorita Pepis que nos hemos sacado de la sobaquera. Hagamos un hombrecito a Abascal, ese mindundi resentido y ególatra al que un excolega de militancia pepera me describió, cuando todavía compartía con él bancada en el Parlamento Vasco, como un tonto con balcones a la calle. Démosle más minutos de gloria con acompañamiento de mesado de cabellos y gestos de infinita preocupación, que con un poco de suerte, en vez del par de escañitos que le vaticinan las encuestas acojonapardillos, conseguiremos que sean cuatro o cinco.

Todo, claro, con tal de no entrar en la incomodísima reflexión a calzón quitado sobre lo que hace crecer y multiplicarse por todo el mundo adelante —véase Brasil como ejemplo más reciente— movimientos que no se paran en barras ni en decimales.

¿De verdad hay tanto fascista desorejado en el mundo? Servidor, con su olfato de andar casa, diría que más bien no. El número de auténticos cenutrios ultraderechistas de cabeza cuadrada y vacía no creo que haya variado demasiado a lo largo del tiempo. Atendiendo a la teoría del Hay gente pa tó de aquel torero, siempre habrá unos cuantos, igual que seguidores de Pitingo o consumidores de Bitter Cinzano. Esos no deberían preocuparnos. Quienes sí opino humildemente que merecen una consideración son las legiones de personas que, no ya solo olvidadas sino groseramente insultadas por los partidos en los que venían confiando —mayormente, pro-gre-sis-tas—, no han encontrado mejor válvula de escape para su cabreo infinito que la que le ofrecen los que, por lo menos, no les niegan que les pasa lo que dicen que les pasa.