Un boicot o así

Sin buscarlo, esta columna enlaza con el final de la anterior. Ganándome la predecible colleja, señalaba el parecido como fenómenos mediáticos de Vox y Podemos. Cualquiera con una memoria mediana recordará cómo, igual que pasa hoy con los cavernarios de Abascal, hace cinco años era imposible sintonizar el canal de televisión LaSexta sin encontrarse a Iglesias, Errejón o Monedero, especialmente al primero. Y si no estaban ellos en carne mortal, los presentadores o los contertulios se dedicaban a glosar sus declaraciones, sus propuestas o las noticias falsas, ciertas o entreveradas que se publicaban sobre la formación morada.

A lo largo de todo este tiempo, ya con Podemos como fuerza de indiscutible peso en la escena política española, esa presencia se ha ido normalizando y diversificando, de modo que hoy es el día en que todos los espacios señeros de la cadena cuentan con una nutrida y variada panoplia de colaboradores obedientes en grado diverso a esas siglas. Y parece que va a seguir siendo así. Por eso se antoja particularmente divertido y chocante que todos y cada uno de esos rostros habituales de los programas de Ferreras, Wyoming, Pastor, Évole, Pardo o López anden promoviendo un boicot contra la cadena que les regala —o paga muy bien, según los casos— sus minutos de ego, fama y propaganda. Es verdad que la razón no es mala. Denuncian que LaSexta mantiene como colaborador de postín al cloaquero sin matices Eduardo Inda, según parece, partícipe en operaciones vomitivas para desacreditar a Iglesias y su partido. Claro que resultaría más creíble si todos a una se borraran de la pantalla ya no tan amiga.

El crimen de la candidata

Tiene su miga el caso de la candidata de Podemos a la alcaldía de Ávila, Pilar Baeza. Una persona condenada a 30 años de cárcel como cómplice de un asesinato encabeza una lista electoral y la obligación es asumirlo como algo absolutamente normal so pena de pasar por facha del copón y pico. Como lo leen. Resulta que es un escándalo intolerable estar en posesión de uno o varios títulos universitarios de la señorita Pepis —conste que yo estoy de acuerdo—, pero haberse llevado por delante la vida de un prójimo es una cuestión menor que solo puede poner en solfa un tiquismiquis, un tocapelotas o, ya les digo, un reaccionario.

Y sí, ya sé lo que viene ahora: la justificación del crimen bajo el argumento de que el tipo enviado a criar malvas había violado a Baeza. Aparte de que en las pormenorizadas investigaciones que se hicieron en la época no se llegó a encontrar el menor indicio y que todo apuntó a una estrategia de la defensa, incluso dando por cierto el testimonio de la condenada, nos encontramos ante una incómoda pregunta. ¿Acaso estamos dando por bueno un asesinato por venganza? Piense cada cual la respuesta y compárela con los discursos habituales sobre la proporcionalidad de las penas o el derecho a un juicio justo que tiene hasta el peor de los depredadores.

Hay algo que no cuadra… o que cuadra perfectamente con la acostumbrada querencia por la doble vara de medir que manifiestan los otras veces campeones mundiales de la rectitud y la moralidad. No resulta nada difícil imaginar lo que hubiera sucedido si la protagonista de los hechos perteneciera a otras siglas políticas. Creo que deberíamos reflexionar.

Un concejal agresor

Lo peor, como tantas otras veces, es que se veía venir. No era la primera, ni la segunda, ni la octava ocasión en que el concejal de Cambiando Huarte, Francisco Espinosa, montaba un cirio en el ayuntamiento de la localidad de la cuenca de Pamplona. Sus modos matoniles habían trascendido del ámbito municipal y hasta a ciento y muchos kilómetros, que es donde tecleo estas líneas, se tenía conocimiento de cómo las gastaba el electo —manda pelotas— de la marca local de Podemos. Podía tratarse solo de excentricidades, como la ególatra costumbre de transmitir sus intervenciones en el consistorio en modo selfi, pero también de otros comportamientos verdaderamente preocupantes.

Parece ser que ni uno solo de los ediles se ha librado de sus gritos, desprecios, o amenazas, aunque últimamente la tenía tomada especialmente con uno, el representante de Geroa Bai, Josean Beloqui. Y aquí merece la pena detenerse, porque cualquiera que conozca a Beloqui sabe que es un tipo cabal y contenido hasta la máxima expresión. Ni ante los embistes más fieros de la troleada tuitera pierde los papeles el que en esa red social conocemos como @General_RE_Lee. Esa templanza y esa paciencia que dejan a Job en aprendiz son la peor provocación para los marrulleros que siempre van al choque, como el energúmeno con derecho a asiento en el pleno. No le cabía otra al tal Espinosa, que encima va de progre pacifista, que pasar de los berridos a las manos. Por supuesto, como corresponde a los cobardes bravucones, por la espalda. Este es el minuto en que el agresor de un compañero de corporación no ha devuelto el acta. Y da mucho asco y mucha rabia.

¿Podremos?

Confieso que me sobra sueño y me falta paciencia. Empiezo a teclear sin esperar a que termine el gran sanedrín de Podemos en el que la hasta no hace tanto gran esperanza morada deberá decidir qué quiere ser de mayor después de la puñalada trapera del cofundador de la cosa, Iñigo Errejón, a su socio y parece que ya examigo, Pablo Iglesias Turrión. De saque, resulta entretenido que el causante de la implosión haya preferido no aparecer por el festorrio. El otro protagonista del astracán, el aún comandante en jefe de los asaltadores del cielo en la reserva y residente en Galapagar, tampoco ha estado en carne mortal. Cuentan las crónicas que para no romper su baja por paternidad —fíjense qué memez—, ha participado por vía telefónica.

A modo de anticipo, el concienciado papá había dejado escrita su doctrina en Facebook. Se trataba de que los tribuletes tuviéramos material para entretenernos. Gran hallazgo el suyo, seguramente inspirado por sus propios churumbeles, la denominación “los trillizos reaccionarios” para referirse al tridente del extremo centro. Claro que eso era la guarnición del mensaje principal de su epístola a los corintios, los tirios, los troyanos y los vallecanos: “Iñigo no es un traidor, sino que debe ser un aliado de Podemos”. El líder carismático le perdonaba la vida —y ya van dos veces— a su particular Bruto, en lo que más tres y más de cuatro han interpretado como templanza de gaitas o, incluso, como recule en toda regla. Si verdaderamente lo fuera, ahí estaría la novedad impredecible: el macho alfa se la envaina por primera vez desde que le conocemos. Hay algo que no termina de cuadrar.

El digno Echenique

Rastreen por ahí, que con un poco de paciencia y otro de suerte, quizá encuentren en una esquinita remota de la actualidad volandera la noticia de la ratificación de la multa a Pablo Echenique por no haber dado de alta en la Seguridad Social a su antiguo asistente personal. Cierto, no lo negaré, son mil eurillos, una minucia en el ránking de las corruptelas. Ni comparación con las millonadas que nos han rapiñado los profesionales del choriceo. Pero reflexionen media gota si esto va solo de cantidades afanadas. A ver si estamos diciendo sin decirlo, o sea, cobarde y vergonzosamente, que no está tan mal robar un poquito si hay quien roba a granel. O si reclamamos, poniéndonos dignos, el derecho de según quién a pasarse por el forro las obligaciones y, en el caso que nos ocupa, para más recochineo, a fumarse un puro con lo que se va proclamando y exigiendo a los demás.

Y ojalá la cosa se quedara ahí, en una disculpa difusa a modo de despeje a córner. Sin si ven el modo en que las pulcras y puras terminales mediáticas progresís han contado la vaina, comprobarán cómo han pretendido deslizar la culpabilidad hacia el empleado. Fue el cuidador del señorito Echenique, vienen a decirnos, quien, como trabajador por cuenta propia, debió haberse hecho cargo de la inscripción y las cotizaciones correspondientes. Qué mala suerte, la del pobre diablo; todo quisque es falso autónomo, salvo justamente él, que de entre todos los contratadores en negro fue a dar con uno con salvoconducto para hacer lo que salga de la sobaquera. Mal por el empleador fulero pillado en renuncio. Peor por quienes justifican su conducta trapacera.

Los egos de Podemos

Vaya, pues parece que esta vez sí, a Iglesias y Errejón se les ha acabado la amistad de tanto usarla. O dicho en menos fino, que han terminado de hincharse las pelotas mutuamente. Hora era, por cierto, porque como no se han cortado mucho en cuanto a exteriorizar sus enganchadas, sabíamos que la cosa viene de lejos. Quién no guarda en la memoria la reyerta de Vistalegre 2, solventada con victoria por goleada del gran líder carismático. Ahí el de la eterna cara de niño tuvo que tragar quina por arrobas. La humillación no se quedó en la derrota, sino en el perdón magnánimo del que había sido desafiado. A más de uno le sorprendió entonces que el levantisco no hubiera sido enviado a pegar sellos en el penúltimo círculo de Matalascañas, y quizá el señor de Galapagar se esté arrepintiendo tarde de no haberlo hecho. Si tan bien conocía a su antiguo íntimo, debía saber de sobra que una de sus características más acendradas es su tendencia al resentimiento y su gran memoria. Esta cuchillada por la espalda ha sido la puesta en práctica del clásico: la venganza es un plato que se sirve frío.

Comprendo que se me afee que haga chanza de algo tan serio como la ruptura no ya de una relación personal, sino de un proyecto que ha ilusionado a tanta gente. Del mismo modo, me parece humanamente comprensible que desde la organización en pleno proceso sísmico se pretenda explicar la cosa con claves de táctica y estrategia. Sin embargo, sorprende, de un lado, que esa gente tan ilusionada haya permitido con su ciega sumisión que las cosas lleguen a donde están. Y en cuanto a lo otro, cualquiera sabe que esto va mayormente de egos.

El cambio se enreda

A esos 150 kilómetros de distancia que más de una vez he citado aquí mismo, sigo con atención, perplejidad y unas gotas de cabreo cósmico los últimos enredos de las fuerzas que sustentan lo que seguimos llamando gobiernos del cambio en Navarra. Era de suponer que la proximidad de las urnas traería algún que otro roce o acentuaría los latentes, pero el valor de lo que está en juego en las elecciones hacía pensar que se actuaría como si se trasegara con nitroglicerina. Se ve, sin embargo, que en las alianzas de ranas y escorpiones prima el carácter sobre la necesidad, incluso al precio de dejarse la piel en el viaje.

Sorprende, por demás, que el ramillete de broncas que estos días deben de estar haciendo felices a Esparza, Beltrán y Chivite no se asientan en principios ideológicos básicos. El cristo de Podemos y su excrecencia bautizada Orain Bai es fulanismo de tomo y lomo, aderezado con una inmadurez de pantalón largo. La membrillada de cargarse el presupuesto de Iruña es un episodio de lo que acabo de citar, con la circunstancia agravante de una personalidad que me abstengo de calificar en estas líneas, aunque los que conocen el paño ya imaginarán por dónde voy.

Y luego está lo del autoproclamado Gaztetxe Maravillas, presunta experiencia de autogestión juvenil que, como ha quedado acreditado, no pasa de cansino cacaculopedopís de unos niños consentidos que quieren un palacio en lugar de cualquiera de los locales que se les han ofrecido. Claro que la actitud preocupante no es la de los rapaces sino la de las personas hechas y derechas que, sabiendo lo que hay y lo que está en riesgo, no les sueltan de la mano.