Disparen al no adepto

Con una inmensa pereza bañada en un tanto de bilis, sigo donde lo dejé ayer. No contento con los avisos a navegantes de los Obergruppenführer Echenique y Monedero, el líder máximo Iglesias Turrión salió en persona mesándose la coleta a advertirnos a los periodistas de que tendremos que acostumbrarnos a que nos critiquen y nos insulten cuando hayamos mostrado un comportamiento desviado. Y miren, aunque no me gusta cómo lo dijo, ni siquiera es eso el origen de mi cabreo. Faltaría más que nuestro trabajo no pudiera ser objeto de la crítica y, metidos en gastos, del insulto de quien solo es capaz de argumentar a base de escupitajos dialécticos. La mano de collejas la tenemos asumida desde que tecleamos la primera letra o se pone en rojo la luz del estudio.

Lo que no cabe, y menos, si eres vicepresidente de un gobierno que se dice democrático, es azuzar a tu jauría de chacales furiosos porque un fulano del gremio plumífero no dobla el espinazo ante tu augusta figura. O, simplemente, porque tiene una ideología y unas creencias que no son las tuyas. Y esto lo escribe alguien que cada dos por tres es hostiado a modo por hatajos de matones de obediencias políticas diversas. A ver si los justicieros zurdos aprenden de su venerado Chomsky, que en USA acaba de pedir a los partepiernas que se corten un poco.

Rompedores de piernas

Proclama el fallido defraudador de Hacienda Juan Carlos Monedero que la libertad de prensa no es de los periodistas sino del pueblo. Lo ladra el muy miserable ricachón dizque zurdo después de que mi admirado compañero de fatigas plumíferas Vicente Vallés le haya vuelto a cantar las verdades del barquero al intocable vicepresidente Iglesias Turrión. Al gulag con el indócil tribulete, que osó piar desde su informativo de Antena 3 Televisión lo requeteobvio: que el señorito de Podemos le echa un morro que se lo pisa al culpar a no sé qué cloacas de los mil y un marrones contantes y sonantes en los que está envuelto. Porque sí, habrá mucho facha hijo de mala entraña, pero la actuación del vecino de Galapagar en el culebrón del robo de la tarjeta telefónica de su antigua asesora y más cosas no hay Perry Mason que la limpie.

Miento. En realidad, todo apunta a que los lavajes incluso inguinales de la defensa de Iglesias con el fiscal del caso van a acabar con el tipo marchándose de rositas. Ya quisieran otros señalados como corruptos poder tirar del comodín de la injusta persecución de los oscuros tentáculos del estado para tapar sus mierdas. Pero no. Eso solo les vale a los que, como el individuo en cuestión, disponen de una legión de adoradores dispuestos a partir las piernas de quienes no tragamos.

Diario del covid-19 (33)

Vuelvo a revelarme como pésimo profeta. Cuando a primera hora de la mañana de ayer vi que ElDiario.es publicaba que la Guardia Civil incluía tuits corrientes y molientes de EH Bildu en sus informes sobre el clima contrario al gobierno español en la gestión de la crisis, pensé que a lo largo de la jornada ardería Troya. En mi, por lo visto, desfasada visión de lo que es un escándalo de pantalón largo, la información tenía la misma gravedad que otras que acabaron en días o semanas con carreras políticas. De entrada, quedaba confirmado que la bocachanclada del baranda de la Guardia Civil no fue un lapsus ni un error de expresión: en el documento reproducido se lee claramente un epígrafe que reza “Creación de clima contrario a la gestión de la crisis”. Por si eso fuera poco, en el caso de la coalición soberanista, el material recopilado estaba constituido por tuits con los que se puede estar de acuerdo o no, pero que no pasan de opiniones o legítimos posicionamientos políticos.

Para mi perplejidad, a la hora en que tecleo, más allá de los afectados directamente, el asunto no ha tenido mayor relieve ni siquiera entre los habituales denunciadores de mordazas. Casi es natural que el ministro Grande-Marlaska, autor de la orden, haya bramado en público que el filtrador de los papeles se la va a cargar.

¡Será por fascistas!

Qué oportuno y qué incómodo para los campeones galácticos de la resistencia. Justo cuando todo quisque se hace lenguas sobre los ultras presuntamente recién salidos del armario allá en la Bética y la Penibética, acá en el norte irredento ma non troppo, varios encapuchados —dicen que hasta quince— inflan a hostias a un chaval de 19 años por integrar un grupúsculo ínfimo que pregona la unidad de España. El escenario de la valiente hazaña de esta (también) manada de niñatos es el campus de la universidad pública vasca en Gasteiz, donde ya hay cierta costumbre de similares ceremoniales violentos. La novedad es que en esta ocasión se ha cruzado la pantalla de los cuantiosos y carísimos daños al mobiliario que pagamos todos y hay una víctima de carne y hueso.

Se mire por donde se mire, es una acción neta y genuinamente fascista que pretende pasar, faltaría más, por antifascista. Quisiera fingir sorpresa, pero me siento incapaz. Cómo contarles a quienes parece que acaban de descubrir a los camisas pardas que el pisaverde Abascal es solo otro de los muchos y diversos fachas que venimos sufriendo por aquí arriba desde hace un carro de quinquenios. De hecho, la diferencia con el ahora convertido en hombrecito es que el baranda de Vox todavía no ha pasado de las bocachancladas incendiarias, mientras sus gemelos del extremo opuesto llevan acreditadas toneladas de iniquidades contantes y sonantes. La brutal e inconmensurable indecencia es que son ellos y sus mayores los que en estos días de rasgado de vestiduras han tenido el cuajo de ponerse en la primera línea de la lucha contra sus paralelos del otro lado del espejo.

La persecución del ‘Txori’

Habrá enorme algarabía hoy en las sedes de UPN y PP. Cautiva y desarmada la perversa herramienta de propaganda vasquizante, las tropas regionalistas han alcanzado uno de sus más ansiados objetivos: los canales de EITB han desaparecido de los mandos a distancia de uno a otro confín de la foralidad.

En lo sucesivo, como en los tiempos en que se cruzaba la muga del norte buscando alegrarse el ojo con El último tango en París, será menester traspasar la raya con la CAV para ver programas de dos rombos ideológicos como el de Xabier Lapitz o el de Klaudio Landa. Y no digamos los que se expelen en la lengua del diablo que es, ¡ay!, la navarrorum, esa en la que cada vez más padres y madres, ¡ay, ay, requeteay!, matriculan a sus hijos en el más vetusto que viejo reino.

Morrocotudo éxito del navarrisímo Esparza y la cofradía que desde hace nueve meses no ha parado de ladrar su rencor por las esquinas. Logro, por demás, póstumo, pues como se sabe, el cese de las emisiones es consecuencia de una denuncia que dejó escondida —a modo de esas bombas-trampa de las pelis de mafiosos o de la tierra quemada de Gengis Kan— el gobierno de Barcina cuando ya olía a cadaverina. Una bajeza del quince que retrata a sus perpetradores, sí, pero más que eso, una torpeza inconmensurable. Aparte de la memez de poner literalmente puertas al campo en un tiempo en que cualquiera puede acceder sin demasiado esfuerzo a la televisión local de Pernambuco, la persecución enfermiza del Txori lo único que consigue es elevarlo a la categoría de símbolo y hacerlo, por lo tanto, más peligroso. O dicho en menos fino, un pan como unas hostias.

3.300 personas escoltadas

Empezaré por el final. De hecho, por el final del final, es decir, por determinados comentarios que sé que inevitablemente recibirán estas líneas. Ojalá fuera una venda antes de la herida, y no la confirmación regular y hasta cansina de la brutal cantidad de tipejos que aún justifican el matarile a granel que practicó ETA. ¡Ah, claro, el de ETA! ¿Y qué pasa con el de…? Exactamente a eso me refiero, a la mandanga argumentativa que disculpa a unos sanguinarios sin matices pretextando que los de enfrente no eran mancos.

Pues no, no cuela. No hay absolutamente nada que sirva como pretexto o contrapeso a la incontestable injusticia que supuso que entre 1990 y 2011 en este trocito del mapa hubiera 3.300 personas escoltadas las 24 horas del día. Lo recoge el informe que ha elaborado el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto por encargo de la Secretaría para la paz y la convivencia del Gobierno vasco. Me consta que varios lectores conocen en dolorosa carne propia de qué hablo. Al resto le pido que trate de imaginarse lo que es no poder siquiera bajar a tirar la basura sin compañía. Quizá provocando un grado de incomodidad mayor, les invito no ya a imaginar, sino a recordar —porque seguro que lo han vivido— cuántos se cambiaban de acera al ver aparecer a esta especie de leprosos sociales. Eso, si el valiente del lugar, siempre en compañía de otros de su ralea, no les soltaba las bravuconadas de rigor.

Así que podemos silbar a la vía, tirar del comodín de las otras injusticias impunes o incluso negarlo, que seguirá siendo vergonzosamente cierto que ocurrió. Y apenas ayer.