Debates electorales

Debate sobre el debate, he ahí un género ya muy asentado y que reverdece en cada campaña electoral. Si tuviéramos la mitad de memoria de la que presumimos, seríamos conscientes de cómo las posturas de siglas y menganos han sido diferentes según su conveniencia. En general, cuando se se es oposición, se reclama con insistencia y aspavientos el duelo dialéctico, y cuando se es gobierno, se silba hacia la vía y se trata de evitar la confrontación en la medida de lo posible.

En estas últimas anda Pedro Sánchez. Tanto que en su día buscó el lengua a lengua (perdón por la perturbadora imagen mental) con Rajoy, Rivera, Iglesias o quien le pusieran por delante, para andar ahora racaneando los careos. Manda narices, por lo demás, que siendo quien es y defendiendo lo que dice que defiende, el único que había aceptado era un sarao a cinco en una cadena priovada de televisión. Tiene guasa que haya tenido que venir la Junta Electoral Central, con su normativa prehistórica, a poner las cosas en su sitio, borrando a Vox del festejo —favor que le hacen al indocumentado Abascal, que es un manta intercambiando argumentos— y obligando prácticamente a llevar la cosa a la televisión pública, que debió ser la opción de origen. ¿Y debería ser también la única? Por supuesto que no. En esto estoy muy de acuerdo con Pablo Iglesias. Todas las personas que se presentan a unos comicios deberían tener la obligación legal de vérselas con sus adversarios en un número razonable de debates. Otro cantar sería dar con el formato adecuado para que estuvieran representadas todas las opciones sin que los mensajes se perdieran en la polvareda.

¿Podremos?

Confieso que me sobra sueño y me falta paciencia. Empiezo a teclear sin esperar a que termine el gran sanedrín de Podemos en el que la hasta no hace tanto gran esperanza morada deberá decidir qué quiere ser de mayor después de la puñalada trapera del cofundador de la cosa, Iñigo Errejón, a su socio y parece que ya examigo, Pablo Iglesias Turrión. De saque, resulta entretenido que el causante de la implosión haya preferido no aparecer por el festorrio. El otro protagonista del astracán, el aún comandante en jefe de los asaltadores del cielo en la reserva y residente en Galapagar, tampoco ha estado en carne mortal. Cuentan las crónicas que para no romper su baja por paternidad —fíjense qué memez—, ha participado por vía telefónica.

A modo de anticipo, el concienciado papá había dejado escrita su doctrina en Facebook. Se trataba de que los tribuletes tuviéramos material para entretenernos. Gran hallazgo el suyo, seguramente inspirado por sus propios churumbeles, la denominación “los trillizos reaccionarios” para referirse al tridente del extremo centro. Claro que eso era la guarnición del mensaje principal de su epístola a los corintios, los tirios, los troyanos y los vallecanos: “Iñigo no es un traidor, sino que debe ser un aliado de Podemos”. El líder carismático le perdonaba la vida —y ya van dos veces— a su particular Bruto, en lo que más tres y más de cuatro han interpretado como templanza de gaitas o, incluso, como recule en toda regla. Si verdaderamente lo fuera, ahí estaría la novedad impredecible: el macho alfa se la envaina por primera vez desde que le conocemos. Hay algo que no termina de cuadrar.

Los egos de Podemos

Vaya, pues parece que esta vez sí, a Iglesias y Errejón se les ha acabado la amistad de tanto usarla. O dicho en menos fino, que han terminado de hincharse las pelotas mutuamente. Hora era, por cierto, porque como no se han cortado mucho en cuanto a exteriorizar sus enganchadas, sabíamos que la cosa viene de lejos. Quién no guarda en la memoria la reyerta de Vistalegre 2, solventada con victoria por goleada del gran líder carismático. Ahí el de la eterna cara de niño tuvo que tragar quina por arrobas. La humillación no se quedó en la derrota, sino en el perdón magnánimo del que había sido desafiado. A más de uno le sorprendió entonces que el levantisco no hubiera sido enviado a pegar sellos en el penúltimo círculo de Matalascañas, y quizá el señor de Galapagar se esté arrepintiendo tarde de no haberlo hecho. Si tan bien conocía a su antiguo íntimo, debía saber de sobra que una de sus características más acendradas es su tendencia al resentimiento y su gran memoria. Esta cuchillada por la espalda ha sido la puesta en práctica del clásico: la venganza es un plato que se sirve frío.

Comprendo que se me afee que haga chanza de algo tan serio como la ruptura no ya de una relación personal, sino de un proyecto que ha ilusionado a tanta gente. Del mismo modo, me parece humanamente comprensible que desde la organización en pleno proceso sísmico se pretenda explicar la cosa con claves de táctica y estrategia. Sin embargo, sorprende, de un lado, que esa gente tan ilusionada haya permitido con su ciega sumisión que las cosas lleguen a donde están. Y en cuanto a lo otro, cualquiera sabe que esto va mayormente de egos.

Iglesias, el negociante

Asisto con divertida curiosidad al tour diplomático emprendido en las últimas fechas por Pablo Iglesias. La primera duda que me asalta es si se trata de una iniciativa propia a mayor gloria de su ego inmarcesible o si ejerce de correveidile de su socio presupuestario, el doctor Sánchez. Es verdad que el entorno monclovita se está cuidando mucho de tomar distancia del Marco Polo de Galapagar (anteayer, de Vallecas), y hasta exagera la nota al presentar a su partenaire de cuentas como una especie de metete que va por libre. Cuadra con esa forma de actuar de yo-mi-me-conmigo, pero igualmente es verosímil la versión del tonto útil enviado a sondear pero de modo que parezca un accidente.

Claro que también puede ser una mezcla de uno de lo otro: sabiendo de la querencia de Iglesias por figurar y consciente de la necesidad de un poquito de foco, Sánchez le deja hacer, a ver si suena la flauta y se suman los votos necesarios para aprobar los presupuestos. De momento, no parece. Sabemos que en el pomposo encuentro presidiario con Junqueras, el líder de Esquerra le cambió de conversación. En la charleta teléfonica con Puigdemont, ni siquiera hubo lugar a sacar el tema porque el expatriado en Waterloo no se deja marcar la agenda.

¿Y con el lehendakari? Pues hasta donde uno imagina, lo lógico es que antes de llegar a Gasteiz, alguien le explicara al líder de Podemos de qué va la bicefalia en el PNV y cuál es la diferencia entre la institución y el partido. Otra cosa es que en el encuentro, con la presencia del delegado de la sucursal local de la formación, se hablara de las cuentas vascas. ¡Pena de grabadora si fue así!

Buena jugada, Sánchez

Los muy cafeteros del politiqueo disfrutamos cual gorrinos en lodazal con las negociaciones presupuestarias. Aunque a veces se diría que vista una, vistas todas, lo cierto es que cada ceremonia de apareamiento de las cuentas públicas presenta peculiaridades que las hacen únicas para los paladares entrenados como el del que suscribe. Y qué gozada cuando, como es es el caso, coinciden varias al mismo tiempo y se aprecian las contradicciones, las incoherencias o directamente la bipolaridad soez de determinadas siglas. En este sentido, no deja de ser despiporrante cómo en Vasconia los de la piruleta y la gominola —Elkarrekin Podemos, en el registro de grupos del Parlamento— se ciscan en el mismo TAV que su metrópoli española, la del gran gurú de Galapagar apellidado Iglesias Turrión, ha bendecido, y no precisamente con con cuatro duros, en el acuerdo para las cuentas del Capitán Sánchez. Que tu mano pretendidamente izquierda no sepa lo que hace tu otra mano supuestamente zurda.

Por lo demás, salgan o no salgan los números en el Congreso, ovación y vuelta al ruedo para el inquilino cada vez menos accidental de Moncloa. Ha conseguido unos presupuestos de lo más fotogénicos. No le arrienda uno la ganancia a las formaciones soberanistas catalanas, que pueden quedar en esta historieta como las que se cargaron por un quítame allá estos presos una serie de medidas que suenan a música celestial aunque sean de cumplimiento más bien dudoso. Hace bien el PNV, plusmarquista sideral de pactos beneficiosos, en mantenerse esta vez en discreto segundo plano. Cuando se aclare el panorama, tocará poner las cartas sobre la mesa.

Lo próximo, el yate

“No es un plebiscito sino un Pabloscito”, definió con gracejo y conocimiento del paño el portavoz crítico de Podemos en el Parlamento de Navarra, Carlos Couso. Y tal cual, oigan. El Juan Domingo y la Evita antes de Vallecas y ahora de Galapagar han salido bajo palio de su referéndum de la señorita Pepis, presumiendo, como si fuera algo de lo que enorgullecerse, de ser los únicos dirigentes del universo que han sometido sus caprichos burguesotes a la consideración de sus fieles. Y ha salido que sí, que sí y que más sí, a tal punto que si los cuestionantes lo llegan a saber, habrían aprovechado para preguntar por el yate, el Lamborghini y la tiara de diamantes que vendrán.

Con gran tino escribió Alberto Moyano que este episodio chusco no iba sobre la credibilidad de Iglesias y Montero sino sobre la credulidad de sus seguidores. Júzguese: un 68 por ciento de los que han pasado por la urna virtual creen que no hay contradicción en comprarse un chalé después de haber jurado a grito pelado que jamás dejarían su casa ni su barrio de siempre. ¿Por qué les aplaudieron a rabiar entonces? La respuesta es un beeeeee que cruza Madrid de la sierra al extrarradio o viceversa.

Claro que para quien no guste de la papilla oficial, quedan algunas interesantes consideraciones. Por ejemplo, qué implica que uno de cada tres participantes en la fiesta privada de la democracia podemosa se haya pronunciado por la dimisión. O ya que nos metemos con la cosa de los números, estaría bien explicar qué pintan 400.000 afiliados a una organización que sistemáticamente pasan de los procesos internos. Ah, ya: nueva política y tal.

Chaleteros

Confieso que he estado mordiéndome las teclas hasta ahora. Estas, digo, las de la columna, porque en ese desfogadero llamado Twitter ya he soltado un par de cargas de profundidad sobre el folletón del chalé que se han agenciado en Galapagar los que juraban —o sea, perjuraban— que nunca vivirían, vaya por Marx, en un chalé. No tenía la intención de pasar de ahí, pero la espiral de circunstancias y declaraciones psicotrópicas en que ha derivado el asunto me impide mantener por más tiempo la abstinencia.

También es verdad que no sé decirles qué es lo que más me desconcierta, cabrea o aluciflipa de todo el episodio. Quizá, que los superiormente morales nos riñan porque se supone que esta es una cuestión menor que no incumbe más que a los propietarios del casuplón. ¡Nos ha jodido el 50 aniversario de mayo del 68 con las flores! Menuda puñetera manía de dictarnos lo que es noticia y lo que deja de serlo. Si tan chorrada es, no se entiende que los émulos (ex)vallecanos de Juan Domingo y Eva Perón hayan montado un plebiscito para que su disciplinada grey avale sus querencias burguesotas. Qué bochorno, a todo esto, la sumisión perruna exhibida por los que saben que el que se mueve no sale en la foto. ¡Con lo feroces que son cuando los que incurren en fuera de juego son otros! ¿Será aplicable aquí lo de no morder la mano que te da comer que tanto les gusta balbucear a los monopolizadores de la dignidad planetaria?

Por lo demás, menuda guasa que dos de los seres tenidos por la hostia en verso de la politología no fueran capaces de oler la zapatiesta que se montaría por dar rienda suelta a sus caprichos.