Rajoy se revuelve

Grandes momentos de la (tragi)comedia española: A Rajoy se le hinchan los pelendegues y le espeta en pleno Congreso de los Diputados al figurín figurón Rivera que es un aprovechategui o, si los puristas lo prefieren, un aprobetxategi. Al presuntamente ofendido le faltó cintura para ver en el epíteto el enésimo guiño del claudicante monclovita al nacionalismo vasco disolvente de patrias. “¡Al menos, insúlteme en buen español!”, podría haberle replicado el chaval del Ibex. Se contentó, empero, con fingir gesto de cabreo y amenazar al indolente fajador gallego con retirar su apoyo al Gobierno en la aplicación del 155, signifique eso lo que se signifique, que más bien es nada de nada. “Uh-uh, qué miedo, mira cómo tiemblo”, debió de ser la respuesta imaginaria de quien, a pesar de las encuestas que le vaticinan el castañazo del siglo, sigue teniendo la vara de mando.

En esas está el politiqueo hispanistaní, en un pressing catch de cuarta regional entre la vieja derecha y su marca blanca, es decir, naranja. Venga y venga amagar para no acabar dando nunca. Todo de boquilla, tal vez porque el joven heredero no se atreve a dar el zarpazo final, o quizá solo porque quienes lo financian no le dejan hacerlo. Estaría divertido el astracán si no fuera porque esta esgrima simulada se produce cuando hay políticos que chupan cárcel sin tener que hacerlo mientras otros que sí deberían estar entre rejas, o como poco, en un banquillo, siguen campando a sus anchas. Claro que uno mira en la acera ideológica de enfrente y todo lo que encuentra es una mezcla de resignación y galbana que, en parte, explica lo descrito.

Del selfi al hecho

En el principio fueron ojos como platos y bocas abiertas hasta el esguince de mandíbula incapaces de balbucear nada que no fueran obviedades de aluvión. ¿Cómo carajo había que reaccionar al ver que ese partidito del extrarradio con cinco votos le había sacado al ogro de la Moncloa lo que hasta un cuarto de hora antes era absolutamente imposible? ¿Quién se iba a imaginar que los malvados sacamantecas periféricos pondrían como condición indispensable para aprobar los presupuestos de Rajoy una que ni el más cabestro de los extremocentristas podría (des)calificar con la habitual sarta de bramidos sobre los privilegios, el egoísmo y la mancillada unidad de la nación española?

Y si a la piara naranja se le había quebrado la cintura, qué decir de la perplejidad en las amplias llanuras progresís que empiezan donde habitan los cofirmantes del 155 y terminan en los diversos mundos de Yupi. Vaya gol entre las piernas a los cazapancartas de lance. Del selfi al hecho va un buen trecho.

Era de cajón que la cosa no podía quedar así. Es el relato, amigo, se dijeron a lo Don Rodrigo los argumentistas de guardia. De entrada, también es verdad que porque el PNV lo había puesto a huevo, el recuerdo en bucle a la línea roja catalana como presunta muestra de falta a la palabra dada. Un tanto endeble el dardo, si se tiene en cuenta que la votación real de las cuentas será dos días después de que expire el plazo definitivo para convocar (o no) nuevas elecciones. Restaba, entonces, agarrarse a las enseñanzas de la zorra y sentenciar que las uvas están verdes, o en este caso, que el compromiso arrancado es una birria. Ajá.

Naranja come azul

De esas cosas divertidas que (todavía) ocurren en la política española: la bronca, cada vez menos sorda, entre el PP y Ciudadanos. Las lentejas se están pegando. Pues déjalas a ver si se matan. Metafóricamente, quiero decir, que enseguida viene un propio de la Audiencia Nacional a tomarte al pie de la letra.

Quién nos iba a decir que el experimento se iría de las manos y, a lo tonto, a lo tonto, tendríamos con las canillas temblonas a los berroqueños genoveses, tan acostumbrados a bregar lo mismo con pufos judiciales del quince en sus filas que con disolventes catalanes. ¡No te joroba que el Podemos de derechas fecundado in vitro va y se crece hasta amenazar con robarle la cartera a la costilla pepera de la que se hizo a imagen y semejanza del Ibex 35! Si es por El País y sus encuestas forofas, los pitimís naranjoides serían primera fuerza ya, y con territorio por delante para sacar aún media docena de traineras al partido que a la hora de escribir estas líneas mantiene el control del Consejo de ministros.

Es verdad que no es la primera vez que tanta euforia demoscópica para los rivéridos se queda en gatillazo a la hora de contar votos de verdad. Con todo, uno tiene una edad, y recuerda, allá por 1982, la estrepitosa debacle de la UCD. De 168 escaños, casi mayoría absoluta, a 11. No fue exactamente de un rato para otro, pero los sufragios en fuga recalaron en Alianza Popular, luego recauchutada en PP. La derecha en España ni se crea ni se destruye. Se transforma, y en cada reencarnación afina su carácter ultramontano. Por lo que pueda pasar, mejor estar prevenidos. Lo peor está por venir, me temo.

¿Todo sigue igual?

Tirando del clásico manido, la ciudadanía catalana ha hablado. Otra cosa es que vayamos a ponernos de acuerdo sobre lo que ha dicho. Por lo que voy viendo en los apenas minutos que han pasado desde que el escrutinio ha quedado visto para sentencia, casi todos pueden cantar su trocito de victoria. El que más, claro, Carles Puigdemont, a quien ya nadie podrá discutirle que es el líder del independentismo. Será difícil toserle, aunque tampoco está muy claro cuál es su futuro. ¿La cárcel? Con el batacazo que se ha pegado el PP, Rajoy le tendrá más ganas que antes.

En cuanto a Esquerra, para declararse ganador, deberá contarse en bloque. Es verdad que los soberanistas vuelven a ser mayoría absoluta. Pero con menos votos, y de nuevo dependiendo de una capitidisminuida CUP, que va a hacer valer sus cuatro escaños como si fueran oro.

Al otro lado, el constitucionalismo encabezado sin la menor duda por Inés Arrimadas dará por cautivo y desarmado al Procés. Lo que no podrá será hacer efectiva su victoria numérica. El éxito no le dará para ser presidenta. De los Comunes y el PSC, poco que decir. Poco pintaban y menos parece que van a pintar. No están los tiempos para los grises. O para las medias tintas, no sé bien.

¿Estamos donde estábamos el 27 de septiembre de 2015? La tentación es pensar que sí, pero luego uno se consuela pensando que no nos bañamos dos veces en el mismo río y que la experiencia es un grado. Muy pronto vamos a saber si se ha aprendido algo por el camino o si estamos condenados al día de la marmota en un bucle infinito. ¿Reservo hotel para dentro de seis meses? Más de uno me lo recomienda.

¿Dos bloques?

Simplifica, que algo queda. Leo, escucho y hasta en ocasiones digo y escribo yo mismo que en las elecciones impuestas del 21 de diciembre en la Catalunya de la DUI y el 155 habrá dos bloques frente a frente. Cuela, quizá, como verdad a medias, pero en cuanto te quitas las anteojeras y te sacudes las legañas, empiezan a no cuadrar los números. ¿En qué bando colocamos a los autodenominados comunes de Ada Colau y Pablo Iglesias? Según la costumbre, antes de votar, se les acusa de ser “de los otros”, y una vez contados los sufragios, pasan a ser “de los nuestros” para vender la sobada moto de la mayoría pro o anti. A no ser que pretendamos hacernos trampas en el solitario, parece razonable pensar que no son ni esto ni aquello exactamente.

Anotada la salvedad, procede ver si cada una de las dos facciones lo son con todas las de la ley. En la constitucionalista (o sea, unionista), se ven a kilómetros las navajas. Y el fulanismo, claro, que casi no se nota [ironía] lo que le revienta a Albiol salir de paquete de la advenediza Arrimadas. En cuanto a Iceta, ese baila solo. O, dándole la vuelta, solo baila. Su mensaje se reduce a eso.

Más sorprendentes se antojan las zancadillas cada vez menos disimuladas en el flanco soberanista, que es donde se diría que hace falta mayor unidad. Si ya resultó extraño que en las circunstancias en que se dio la convocatoria, fuera imposible consensuar una sola lista, la perplejidad ha crecido ante los mensajes algo más que contradictorios. Como coda, la competitividad imposible de ocultar y el intercambio de cargas de profundidad sobre quién debe ocupar la presidencia.

Ni con ni sin cupo

Vaya, vaya, con los alegres piadores. Tanto ponernos a los perversos vascones de vividores del sudor ajeno por nuestra peculiaridad fiscal, y cuando el lehendakari propone el supuesto chollo como modelo para la desastrosa financiación territorial española, piden a grito pelado que aparten de ellos ese cáliz. Alegan extravagantes motivos que, por más que disimulen, se reducen a uno: saben que recaudar y no poder gastar un euro de más es una jodienda sobre otra jodienda. Cuánto mejor pulirse lo que sea menester y cuando hay telarañas en la caja, extender la escudilla para que el camarero Estado la rellene de pasta fresca. Además, así no cabría la martingala de señalar como privilegiados e insolidarios a los que mal que bien tratan de apañárselas. ¡Los vascos nos quieren robar también el sacrosanto derecho a la demagogia y el populacherismo ramplón!

La respuesta al emplazamiento de Urkullu ha dejado ver por dónde derrotan los barones y baronesas de la mayoría de las ínsulas del todavía reino. Y al figurín figurón Rivera ha terminado de retratarlo como el memo ambulante a la par que malvado que ya sabíamos que era. Dice el cada vez más engorilado líder de Ciudadanos que solo faltaría extender el privilegio a todas las provincias para que la injusticia se multiplique por 50. Cómo explicarle al garrulo recadista del Ibex 35 que si todos tienen exactamente lo mismo, ninguno tiene más que otro, y por tanto, los únicos privilegios son los de su calenturienta imaginación. O sea, los de su falaz y haragán discurso para llevarse crudos los votos de paisanos artificialmente encabronados. Menudo rostro.

21-D, cuenta atrás

Una campaña electoral que comienza en martes. Se hace raro, ¿verdad? Cosas del creativo calendario de quien convocó los comicios. Porque supongo que eso lo tenemos claro. Si se vota en fecha tan extemporánea es porque así lo decidió Mariano Rajoy Brey. Él mismo va galleándolo de la Ceca a la Meca. Y eso duele y cabrea, pero es la puñetera verdad que no queda otra que asumir. Fue el inquilino de Moncloa el que se sacó las urnas del forro del 155. En el mismo viaje, mandó deponer a todo un Govern que en cuestión de días acabaría dividido entre la cárcel y la fuga, y disolvió el Parlament que a las tres y veintisiete minutos de esa tarde había proclamado —yo estaba allí— la República Catalana.

Miren que solo 24 horas antes pudo haber cambiado el cuento, pero ya no merece la pena llorar por la leche derramada. Quizá sí recordar que el 21-D habrá candidaturas de formaciones que dijeron que sería una traición presentarse. Reitero que no es para encabronarse, sino para no perder de vista cuál es la voluntad que se va cumpliendo por el momento y cuál es la que se ha visto, digámoslo de la forma más suave posible, relegada para mejor ocasión.

Por lo demás, gran comienzo. Como aperitivo, el juez Salomón (digo, Pablo) Llarena deja en libertad con fianza a la mitad del Govern depuesto y mantiene entre rejas a la otra mitad y, de propina, a los Jordis, cargando a los entrullados el mochuelo de no sé qué explosión violenta que nadie ha visto. Y luego, un CIS patrocinado por La Cocinera anunciando a todo trapo que Ciudadanos será la formación más votada y que el soberanismo perderá la mayoría absoluta. Jolín.